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Heredero de la sombras - Capítulo 40

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  4. Capítulo 40 - 40 CAPÍTULO 40 — El Silencio También Es un Arma
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40: CAPÍTULO 40 — El Silencio También Es un Arma 40: CAPÍTULO 40 — El Silencio También Es un Arma Max regresó al dormitorio sin decir palabra.

Gael aún dormía profundamente, respirando con cansancio.

Laly estaba en la cafetería, seguramente esperando que él y Gael se recuperaran.

Max se quedó quieto junto a la puerta.

Pensó en contarle a Gael lo que había descubierto.

Los nombres, sus niveles, el enfrentamiento con Rurik… Pero algo dentro de él dijo que no.

Gael tenía suficiente sobre sus hombros.

Demasiado.

Y además… Max sintió orgullo por primera vez en su vida.

Orgullo por no temblar.

Por no huir.

Por no ser el mismo chico que se escondía detrás de otros.

“Esta… la hago yo.” No despertó a Gael.

No buscó a Laly.

Se puso la chaqueta, respiró hondo y salió otra vez.

El seguimiento comienza Los pasillos estaban más llenos ahora.

Estudiantes caminando de un salón a otro, conversaciones, risas, pasos acelerados… Pero Max tenía un objetivo fijo: Encontrar a Aren, Demer y Rurik.

No tardó mucho.

Los vio cruzar el segundo pasillo del ala este, conversando entre ellos como si nada hubiera ocurrido.

Aren caminaba rápido, Demer revisaba una tableta, y Rurik iba al frente, con orgullo militar.

Max mantuvo distancia, mezclándose entre otros estudiantes.

No era un experto en espionaje.

Pero tenía algo nuevo: voluntad.

Ellos no lo miraron ni una vez.

No esperaban que un chico de primer año tuviera las agallas de seguirlos.

Eso jugaba a su favor.

Técnicas improvisadas Max tomó rutas laterales para no llamar la atención.

Se escondió detrás de columnas.

Pasó por grupos de estudiantes para camuflarse.

En un momento, incluso fingió estar revisando una máquina expendedora para que no lo notaran.

Se sorprendió de sí mismo.

“¿Desde cuándo soy tan sigiloso?” No sabía la respuesta.

Solo sabía que, al pensar en Gael en el suelo, algo se encendía en él.

Un impulso que no era miedo.

Era protección.

¿A dónde van?

Los tres agresores no se dirigían a clases.

Tomaron un camino distinto.

Uno que bajaba hacia las áreas de práctica cerradas: las salas privadas del piso -1, usadas para entrenamientos especiales y evaluaciones avanzadas.

Max sintió un escalofrío.

Ese lugar no era común para estudiantes de primer año.

Se acercó un poco más, agachándose detrás de una baranda.

Aren habló primero: —Rurik, ¿crees que deberíamos reportar lo del novato curioseando?

Rurik respondió: —No vale la pena.

No puede hacer nada.

Max contuvo el aire.

Demer añadió: —Igual… no me gustó cómo nos miró.

Algo tiene ese chico.

No es normal.

Rurik soltó una risa corta.

—No te preocupes por él.

El que nos interesa es su amiguito.

Ese sí es un problema.

Max sintió cómo la sangre se le calentaba.

Apretó los dientes.

Lo estaban vigilando.

Estaban vigilando a Gael.

Y lo decían con una tranquilidad repugnante, como si fuera parte de su rutina.

Un descubrimiento… a medias Los tres entraron a una sala privada.

Max se pegó a la pared y se inclinó lentamente para ver por la rendija.

No mucho… pero lo suficiente.

Vio: Un salón cerrado.

Poco mobiliario.

Una mesa de evaluaciones.

Pantallas apagadas.

Y Rurik diciendo: —Mañana recibiremos instrucciones.

No la arruinen.

Max abrió los ojos.

¿Instrucciones de quién?

El resto de la conversación se perdió cuando la puerta se cerró por completo.

Max retrocedió silenciosamente, el corazón acelerado.

No tenía nombres.

Ni grupos secretos.

Ni jerarquías ocultas.

Nada de eso.

Pero tenía algo igual de valioso: ellos recibían órdenes.

Golpear a Gael no había sido casualidad.

Y si recibían nuevas instrucciones… Gael estaría en peligro otra vez.

Una decisión peligrosa Max volvió al dormitorio, respirando fuerte.

Gael seguía durmiendo.

Max lo observó.

—No te voy a decir nada todavía —susurró—.

No quiero que te preocupes.

Pero no voy a dejar que te hagan daño otra vez.

Lo juro.

Se sentó en su cama, mirando hacia la puerta.

Aren, Demer y Rurik no sabían que él los seguiría.

Y no tenían idea de que Max… ya no era el mismo chico que habían ignorado.

Algo en él había cambiado.

Y aunque no sabía qué era, una cosa estaba clara: No pensaba detenerse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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