Heredero de la sombras - Capítulo 43
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- Capítulo 43 - 43 CAPÍTULO 43 — La Píldora de Recuperación Intermedia
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43: CAPÍTULO 43 — La Píldora de Recuperación Intermedia 43: CAPÍTULO 43 — La Píldora de Recuperación Intermedia Laly logró llevar a Max hasta la habitación sin que nadie los viera.
Cerró la puerta con el pie y lo apoyó suavemente sobre la cama de Gael, que seguía dormido y agotado por el entrenamiento de la mañana.
Max respiraba con dificultad, pero al menos estaba consciente.
Laly buscó una silla, la acercó y se sentó justo frente a él.
—Max… ¿puedes oírme?
—preguntó en voz baja.
Max abrió los ojos apenas.
—S… sí… estoy… —No, no estás bien —lo interrumpió Laly con firmeza—.
Pero voy a ayudarte.
Solo necesito que no te desmayes.
Abrió una pequeña caja metálica que siempre llevaba en el bolsillo interno de su chaqueta.
Dentro había cuatro píldoras medicinales de distintos colores.
Todas eran caras.
Y difícilmente accesibles para estudiantes comunes.
Ella tomó la azul oscuro.
—Esta es una Píldora de Restauración Intermedia —explicó, mientras Max la observaba con debilidad—.
Repara huesos fracturados, detiene hemorragias y regenera tejido dañado.
Pero no toca tu energía.
Tu Ki seguirá por el suelo.
Max tragó saliva, entendiendo que apenas podría mantenerse consciente.
—¿Es… segura?
—Para alguien normal, sí —respondió Laly—.
Pero tú no eres exactamente normal, Max.
Él no supo qué decir.
Laly soltó un suspiro frustrado.
No era momento de preguntas.
Le sostuvo la mandíbula suavemente.
—Ábrela.
Max obedeció.
Laly colocó la píldora en su lengua y le acercó un vaso de agua.
Él la tragó con dificultad.
Al principio no pasó nada.
Pero unos segundos después… Su piel comenzó a recuperar color.
Las heridas profundas se cerraron como si alguien cosiera carne con hilos invisibles.
Los moretones desaparecieron.
Las costillas fracturadas se reacomodaron solas con un chasquido sutil.
Max jadeó.
—Dios… eso… arde… Laly lo sostuvo del hombro firmemente.
—Aguanta.
Esa reacción es normal.
El proceso duró apenas diez segundos.
Para alguien que había estado al borde del colapso, Max ahora parecía un joven relativamente sano.
Pero Laly notó algo preocupante al instante: Los ojos de Max, aunque físicamente recuperados, estaban vacíos, sin brillo energético.
Su Ki estaba casi inexistente.
Como si hubiera sido drenado.
O usado a la fuerza.
—Max —murmuró ella, examinándolo con ojos expertos—.
Tu cuerpo está bien… pero tu energía está hecha trizas.
Esto no lo causan golpes comunes.
Max apartó la mirada.
Laly sintió un escalofrío.
—Max… —dijo con voz baja— ¿qué hiciste?
Él tardó en responder.
Muy despacio, movió los labios.
—Me… defendí.
Laly entrecerró los ojos.
—¿A quién enfrentaste?
Silencio.
Max tembló, no de dolor físico… sino por el agotamiento interno.
—A ellos… —susurró finalmente.
Laly apretó los dientes.
Los mismos tres estudiantes que habían atacado a Gael.
La rabia subió por su pecho como fuego.
Pero respiró hondo.
No podía descontrolarse.
No ahora.
—Max… escuchame —dijo con voz firme pero suave—.
Sea lo que sea que pasó, no vuelvas a enfrentar a sujetos con ese nivel tú solo.
Tus heridas físicas se curaron… pero tu Ki está al borde del colapso.
Max asintió apenas.
—Lo sé… Laly lo tomó de la muñeca para verificar el pulso energético.
Estaba tan débil que era casi imperceptible.
—Dios mío, Max… —susurró ella, más para sí misma que para él—.
¿Cómo sigues consciente?
Max cerró los ojos.
—Porque… no podía dejar que lo lastimaran otra vez… Laly levantó la mirada.
La sinceridad en su voz la golpeó más fuerte que cualquier herida.
Max estaba dispuesto a pelear contra tres estudiantes de nivel avanzado… solo para proteger a Gael.
Y eso la conmovió.
Pero también la aterrorizó.
—Descansa —dijo finalmente—.
No tienes permiso para moverte hasta que tu energía se estabilice.
Entendido.
—Sí… Laly… Ella acarició su cabello, un gesto extraño en ella, pero genuino.
—Hiciste algo muy estúpido… —susurró, conteniendo las emociones— pero muy valiente.
Max sonrió débilmente.
Y se durmió.
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