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Heredero de la sombras - Capítulo 44

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  4. Capítulo 44 - 44 CAPÍTULO 44 — La Guarida del Arcángel
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44: CAPÍTULO 44 — La Guarida del Arcángel 44: CAPÍTULO 44 — La Guarida del Arcángel El bosque estaba en silencio absoluto.

Ni el viento se atrevía a soplar con fuerza.

La luna iluminaba apenas el claro donde horas antes cuatro presencias habían chocado como tormentas.

Seraphis caminaba entre los árboles sin hacer ruido.

Cada paso suyo parecía no tocar el suelo.

Sus ojos dorados examinaban el entorno con precisión quirúrgica.

El aire seguía temblando.

Como si la realidad aún estuviera acomodándose tras el desgarre dimensional que Max había provocado sin saberlo.

—Interesante… —murmuró Seraphis, inclinando la cabeza.

El suelo estaba marcado con curvas deformadas, como si hubiese sido blando durante unos segundos.

Fragmentos de energía distorsionada se adherían a las raíces.

Ningún estudiante de la academia podría provocar algo así.

Ningún humano común, al menos.

—Ese chico… —susurró Seraphis, ajustando la capa sobre sus hombros— no debería poseer esta clase de poder innato.

Siguió caminando.

Y entonces los vio.

Los tres cuerpos, dispersos entre los árboles.

Aren.

Demer.

Rurik.

Tirados en el suelo como muñecos rotos.

Respiraban… pero apenas.

El Ki de los tres estaba desestabilizado, como si hubieran sido sacudidos por fuerzas que sus cuerpos no estaban diseñados para soportar.

Seraphis se detuvo frente a ellos y chasqueó la lengua.

—No deberían estar vivos —dijo con toda naturalidad—.

Pero se supone que ustedes tres son “talentos especiales”.

Qué decepción.

Se arrodilló y levantó a Rurik del cuello de la camisa con una sola mano, como si fuera peso ligero.

Rurik gimió inconsciente.

Seraphis lo observó uno o dos segundos, indiferente.

—Al menos servirán para estudiar la reacción de un humano frente a una dimensión primitiva.

Dejó a Rurik colgando sobre su hombro.

Luego tomó a Aren y Demer usando un hilo de energía suave que los elevó del suelo sin esfuerzo.

—Si los dejo aquí, los encontrarán en la mañana —dijo, caminando entre los árboles—.

Y eso arruinaría mis planes.

Giró hacia un punto específico del bosque.

No hacia la academia.

Sino hacia abajo.

A un acceso casi invisible: una abertura natural entre rocas, cubierta de raíces gruesas.

Nadie sabía de ese lugar.

Nadie.

Seraphis pasó la mano frente a la entrada.

Un sello dorado brilló y se deshizo.

El interior se iluminó automáticamente, revelando un espacio amplio, limpio, lleno de runas angelicales, paneles flotantes y cápsulas de recuperación avanzadas.

La guarida secreta del arcángel.

Seraphis arrojó a Rurik dentro de una de las cápsulas.

El cilindro se cerró herméticamente y comenzó a regenerar tejido dañado y estabilizar presión interna.

Aren y Demer fueron colocados en otras dos.

Los tres quedaron flotando en gel curativo mientras máquinas silenciosas analizaban sus condiciones.

Seraphis cruzó los brazos.

—Tuvieron suerte de no morir —dijo sin emoción—.

Aunque, después de verlos pelear, no estoy seguro de que eso hubiera sido una pérdida para el Ejército.

Una pantalla se activó automáticamente con lecturas.

Energía detectada: DESCONOCIDA Origen: inestable Clasificación: no humana Riesgo: extremo Seraphis observó los resultados con calma.

—Así que… Max es un catalizador dimensional —susurró—.

No un simple mago perdido.

Sus ojos brillaron con interés.

—Gael por un lado.

Max por otro.

Dos piezas sobresalientes en el mismo tablero.

Una sonrisa lenta se dibujó en su rostro.

—Orlan, Orlan… no sabes lo afortunada que eres.

Caminó hacia la salida.

Justo antes de cerrar la guarida, dijo en voz casi inaudible: —Sigan vivos, niños.

Aún los necesito.

La puerta rocosa se selló sin dejar rastro alguno.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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