Heredero de la sombras - Capítulo 46
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Capítulo 46: CAPÍTULO 46 — Cuando Despierta el Que No Debía
Después de la reunión en el patio, Gael y Laly regresaron rápidamente al dormitorio.
La alarma seguía activa, y los profesores patrullaban los pasillos, buscando cualquier pista sobre los tres estudiantes desaparecidos.
Laly abrió la puerta y entró primero.
Max estaba exactamente donde lo habían dejado:
Acostado.
Cubierto por la manta.
Respirando despacio, muy despacio.
Gael se acercó de inmediato.
—¿Crees que ya…?
—Espérate —susurró Laly, revisando su pulso.
De pronto, Max movió ligeramente los dedos.
Laly se incorporó un poco, atenta.
—Max. —Le tocó la frente—. ¿Puedes oírme?
Max frunció el ceño.
Su respiración se aceleró de golpe, como si luchara por salir de un sueño demasiado profundo.
Gael se acercó más.
—Hey, tranquilo. Estamos aquí.
Los ojos de Max se abrieron… apenas.
Eran los ojos de alguien que había visto demasiado en muy poco tiempo.
—G… Gael… —susurró, como si su voz viniera desde un lugar lejano.
Gael sintió un vuelco en el pecho.
—Sí, soy yo. Todo está bien. Relájate.
Max intentó incorporarse, pero Laly lo detuvo con firmeza.
—No te muevas. Tu energía sigue por el suelo.
Max miró sus manos, como si esperara verlas rotas.
Pero su cuerpo estaba casi completamente curado.
—¿Qué… pasó? —murmuró, confundido—. ¿Dónde estoy?
Gael intercambió una mirada rápida con Laly.
Ella negó apenas, indicándole que no revelara nada todavía.
Laly habló primero:
—Llegaste herido. Te curé con una píldora intermedia. No muevas tu Ki. Te vas a desplomar otra vez.
Max respiró hondo.
—No… no recuerdo bien…
Hubo una pelea…
Algo enorme…
Y después…
Se llevó una mano a la cabeza, apretando los ojos.
—No puedo… —susurró— siento que algo se… rompió.
Gael se inclinó un poco más.
—No intentes forzar nada. Solo dinos qué recuerdas.
Max tragó saliva.
—Recuerdo… un lugar raro…
Oscuro…
Pero no oscuro como una cueva.
Oscuro como… como si el espacio estuviera vivo.
Gael y Laly se tensaron al mismo tiempo.
—¿Un portal? —preguntó Gael en voz muy baja, casi inaudible.
Max negó.
—No lo sé… —susurró, temblando—. Solo sé que estaba peleando… y luego… me encontré allí.
Y… ellos también.
Laly sintió cómo la piel se le erizaba.
Max continuó:
—Y después… volví aquí.
Pero… no entiendo cómo volví.
Gael puso una mano en su hombro.
—No tienes que entenderlo ahora.
Max lo miró con ojos temblorosos.
—Gael… yo no quería…
No quería que te lastimaran otra vez.
Gael apretó el hombro con más fuerza.
—Lo sé. Pero no vuelvas a pelear solo contra gente así.
Podría haberte matado.
Un silencio pesado cayó en la habitación.
Max miró sus manos con miedo.
Miedo no a los otros…
Sino a sí mismo.
—Yo… hice algo… ¿verdad? —susurró sin levantar la vista.
Laly inhaló profundamente.
—Sí —dijo con sinceridad—. Algo muy peligroso.
Y no sabemos qué fue.
Max tembló.
Gael le habló con calma.
—Vamos a ayudarte. Pero tienes que ser honesto con nosotros.
¿Sientes algo raro ahora?
Max dudó.
Luego, lentamente, dijo:
—Siento…
como si algo dentro de mí siguiera despierto.
y quisiera salir otra vez.
Gael y Laly se miraron.
El corazón de ambos latía con fuerza.
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