Heredero de la sombras - Capítulo 48
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Capítulo 48: CAPÍTULO 48 — Ecos de un Lugar que No Debería Existir
El cuerpo de Max descansaba, inmóvil, bajo la manta que Laly había colocado sobre él.
Por fuera parecía tranquilo…
…pero por dentro, su mente estaba atrapada en un lugar que no pertenecía al mundo físico.
Un lugar que lo había reconocido.
Un lugar al que había regresado en sueños.
No era oscuridad… era algo vivo
Max abrió los ojos dentro del sueño.
No había cielo.
No había suelo.
Todo era una extensión infinita de color negro profundo, pero no vacío:
la “oscuridad” se movía, respiraba, se expandía como si tuviera pulso.
Max sintió que su cuerpo flotaba.
—¿Esto… otra vez? —susurró, aunque no recordaba exactamente cuándo había estado allí.
Un temblor suave sacudió el espacio.
Como si el mundo mismo respondiera a su presencia.
A lo lejos —si es que existía algo como distancia en esa dimensión— vio fragmentos flotantes:
Pedazos de roca suspendidos, trozos de luz partida, líneas energéticas deformadas como hilos sueltos del tejido del universo.
Todo pulsaba…
como si esperara algo.
Como si lo esperara a él.
Max sintió un escalofrío.
—¿Qué es este lugar…?
No hubo respuesta.
Pero sí un eco.
No una voz.
Ni un sonido.
Un sentimiento.
Regresaste.
El pecho de Max se tensó.
Un segundo eco llegó, más fuerte, distorsionado, imposible de ubicar.
Eres… parte…
Max respiró con dificultad.
—¿Parte de qué?
El eco no respondió con palabras.
Respondió con un impulso.
La dimensión vibró como si se expandiera hacia él.
Max retrocedió instintivamente, aunque no había suelo del cual alejarse.
—¡No! ¡Aléjate! ¡No quiero esto!
Pero el lugar no lo obedeció.
Era como si la dimensión lo reconociera.
Como si supiera su nombre…
antes de que él lo hubiera aprendido.
Algo se acerca
Una figura comenzó a formarse en la distancia.
No caminaba.
No volaba.
Simplemente emergía, moldeándose de los mismos hilos oscuros que conformaban ese espacio.
Max sintió que el corazón se le detuvo.
La figura no tenía rostro.
Ni ojos.
Ni forma definida.
Pero irradiaba poder.
Un poder que no era humano.
Ni mágico.
Ni de Ki.
Era un poder crudo.
Primigenio.
La figura extendió un “brazo”, o algo parecido, hacia él.
Y Max sintió un tirón dentro del pecho, como si una parte de él quisiera fundirse con ese lugar.
—¡Aléjate de mí! ¡NO!
Los fragmentos alrededor se quebraron como vidrio.
La figura se dispersó…
Pero una última vibración llegó a su mente, suave como un susurro:
Despierta.
El regreso violento
Max abrió los ojos en la cama.
Jadeaba.
Sudaba.
Su corazón latía tan rápido que pensó que iba a romperse.
Se incorporó de golpe…
Y Laly, que se había quedado dormida en la silla, reaccionó inmediatamente.
—¡Max! ¿Qué pasa? ¿Qué ocurrió?
Max no pudo responder.
Se llevó ambas manos al pecho, intentando recuperar el control.
Gael, que también había despertado, se acercó de inmediato.
—Max… hermano… ¿qué viste?
Max tembló.
No sabía explicarlo.
No sabía ponerle palabras.
Solo logró decir tres, con voz quebrada:
—No era… un sueño.
Gael y Laly intercambiaron miradas alarmadas.
Max continuó:
—El lugar al que fui…
me llamó.
Laly abrió los ojos, horrorizada.
Gael sintió un escalofrío.
Max bajó la mirada, con una mezcla de miedo y vergüenza.
—Y creo que…
volverá a hacerlo.
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