Heredero de la sombras - Capítulo 50
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Capítulo 50: CAPÍTULO 50 — La guarida secreta
En lo profundo del bosque, oculto bajo roca y raíces, la guarida secreta de Seraphis permanecía silenciosa.
Tres cápsulas de recuperación resonaban con un zumbido constante, cada una iluminada con luz pálida.
Rurik.
Aren.
Demer.
Tres talentos avanzados.
Tres candidatos del Ejército Mundial.
Tres instrumentos moldeables.
Y, por ahora… tres cuerpos suspendidos entre la vida y la inconsciencia.
Seraphis revisaba una pantalla holográfica mientras el espectro dorado de sus ojos analizaba cientos de lecturas simultáneas.
Presión sanguínea.
Estructura muscular.
Reparación celular.
Flujo energético.
Y, lo más importante:
Lecturas residuales dimensionales.
En la pantalla aparecían como manchas amorfas de colores imposibles.
—Interesante… —murmuró el arcángel.
Acercó la mano a la cápsula de Rurik.
Este se movió ligeramente.
Los dedos temblaron.
—Ya casi —dijo Seraphis—. Tu alma está tratando de volver a tu cuerpo por completo.
Caminó hacia Aren.
El muchacho, aunque inconsciente, tenía el ceño fruncido como si reviviera la batalla una y otra vez.
Luego revisó la cápsula de Demer.
Este respiraba profundamente, pero su pulso energético era errático.
Seraphis ajustó algunos parámetros manualmente.
—No deberían haber sobrevivido —susurró con media sonrisa—. Max los lanzó a un plano que habría destruido a la mayoría de los humanos.
Tocó la pantalla y esta proyectó un mapa energético en 3D.
Tres núcleos energéticos humanos aparecieron deformados, rodeados de una especie de halo oscuro e inestable.
—Pero ustedes tres… —dijo, caminando lentamente frente a las cápsulas—
Resistieron.
Se rompieron.
Y ahora… se están reconstruyendo.
Seraphis entrecerró los ojos.
—El trauma dimensional suele desbloquear potencial oculto. Los hará más fuertes, más receptivos…
Más peligrosos.
La guarida vibró suavemente.
Un sonido agudo se activó.
Alarma de recuperación avanzada.
Rurik abrió los ojos.
No despierto.
No consciente.
Pero su cuerpo reaccionó.
Su respiración se aceleró.
Su Ki, antes débil, mostró un repunte súbito.
Aren gimió dentro de su cápsula.
Demer apretó los dientes con fuerza.
La energía residual en los tres comenzó a fluctuar.
Seraphis observó la escena con absoluta calma, aunque una chispa de satisfacción brilló en su mirada.
—Perfecto… —susurró—.
Muy pronto no serán simples estudiantes.
Serán soldados templados por el miedo de un lugar que jamás deberían haber visto.
Rurik soltó un alarido ahogado dentro de la cápsula.
Aren golpeó el interior con el puño.
Demer apretó los ojos como si la luz lo torturara.
Seraphis activó un sello tranquilizador.
Las cápsulas envolvieron a los tres con un brillo azul.
El alboroto se calmó.
—Descansen un poco más —dijo el arcángel—.
Cuando despierten, quiero ver hasta dónde pueden llegar después de haber tocado… aquello.
Se dio la vuelta.
Su capa dorada rozó el suelo de la guarida.
—Y entonces —susurró con una sonrisa fría— veremos si están listos para mi siguiente fase.
La puerta pétrea se cerró detrás de él sin dejar rastro.
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