Heredero de la sombras - Capítulo 55
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Capítulo 55: CAPÍTULO 55 — Voces que Envenenan
La Academia Orlan llevaba horas en cuarentena.
El Ala Norte seguía humeando, soldados patrullaban cada pasillo y los estudiantes se agrupaban en silencio, aún temblando por la tragedia.
Pero entre todo ese caos, lo más peligroso no era el daño estructural…
Eran los rumores.
Los susurros.
Las conclusiones apresuradas.
El miedo buscando culpables.
En el comedor improvisado, los estudiantes hablaban bajo, pero con tensión marcada en sus rostros.
—Dicen que fueron tres de los desaparecidos los que provocaron la explosión.
—¿Gael, Max y Laly?
—Sí. Estaban en esa zona.
—Gael siempre fue extraño… nunca mostró su habilidad.
—Y ese tal Max… algo raro tenía.
—Laly es fuerte, demasiado fuerte para una estudiante común.
Algunos asentían.
Otros bajaban la mirada.
Pero todos querían creer algo que les diera una sensación de control después del desastre.
En una esquina, dos soldados del Ejército Mundial observaban la escena.
—Tienen 18 y 22 años —dijo uno—. A esa edad, las habilidades inestables son una amenaza real.
—Eso piensa el Alto Mando. Tres adultos jóvenes desaparecidos justo en el epicentro… no es coincidencia.
El tercero intervino sin bajar la voz:
—Si la opinión pública los considera responsables, nos facilitará el trabajo.
Podremos clasificarlos como sujetos peligrosos hasta que se demuestre lo contrario.
Para ellos, no eran estudiantes.
Eran variables.
La profesora Karelys avanzaba entre las mesas, escuchando más de lo que quería.
—Si el Ejército dice que ellos lo hicieron, debe ser cierto.
—Estaban demasiado cerca.
—Tal vez ocultaban algo.
—Si vuelven… deberían responder por lo que hicieron.
Karelys apoyó con firmeza ambas manos sobre la mesa del grupo que hablaba.
—Cálmense —dijo con voz firme—.
Gael, Max y Laly eran estudiantes disciplinados y no tienen antecedentes de conducta peligrosa.
No atribuyan culpas sin pruebas.
Los jóvenes bajaron la vista…
pero apenas ella se alejó, uno murmuró:
—Ella los protege mucho. Qué raro…
Karelys cerró los ojos, respirando hondo.
Sabía que esos murmullos podían convertirse en cuchillos cuando los desaparecidos regresaran.
En la sala de control temporal, el director Orlan discutía con Valen Aerhart, quien analizaba los datos del desastre con fría precisión.
—No aceptaré que conviertan a mis estudiantes en culpables —dijo Orlan con rabia contenida.
Valen respondió sin emociones:
—Director, todos ellos son jóvenes adultos.
Con 18 y 22 años, ya son responsables de sus habilidades.
Si ocultaban capacidades inestables o no registradas, es obligación del Ejército clasificarlos como amenazas potenciales.
Orlan golpeó la mesa.
—¡No tenemos prueba alguna de eso!
¡Fueron arrastrados por una fuerza externa!
Valen inclinó la cabeza.
—Tampoco tenemos pruebas de que NO estuvieran involucrados.
Un silencio pesado invadió la sala.
Valen continuó:
—La energía se activó justo cuando ellos desaparecieron.
La correlación es evidente.
Y hasta que el Alto Mando determine la causa, serán tratados como objetivos de interés de Nivel Rojo.
Orlan apretó los puños, conteniendo la furia.
En los dormitorios provisionales, otro grupo murmuraba:
—Gael era reservado… demasiado.
—Max tenía ataques raros. Nadie sabía qué era eso.
—Y Laly… una de las más fuertes.
—Si fueron ellos, deberían pagar.
—Si regresan, no serán bienvenidos.
Karelys escuchó esto desde el pasillo.
Su corazón se hundió.
La desconfianza ya había echado raíces.
Horas más tarde, Valen observaba los tres registros vitales fluctuantes proyectados sobre una pantalla holográfica:
GAEL — 18 años
MAX — 18 años
LALY — 22 años
Los tres… vivos.
Pero no localizables en ninguna parte del planeta.
Valen murmuró para sí:
—Tres adultos con potencial desconocido sobreviven a un desgarro dimensional de clase Roja…
Esto no es azar.
Sus ojos brillaron con una mezcla peligrosa de interés y sospecha.
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