Heredero de la sombras - Capítulo 62
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Capítulo 62: CAPÍTULO 62 — La Huida Impuesta
El silencio en Kraylos no era un silencio común.
Era denso, aplastante, como si cada árbol, cada roca, cada sombra contuviera un propósito escondido.
La criatura alada —el lobo de alas oscuras— permanecía quieta, a pocos metros de ellos, con los ojos fijos en Gael.
No atacaba.
No gruñía.
No retrocedía.
Solo observaba.
Laly se puso frente a Gael en postura defensiva.
—¿Qué quiere de nosotros?
La criatura movió sus alas lentamente… como un gesto de advertencia.
Max tragó saliva.
—No sé ustedes, pero siento que… nos está midiendo.
Gael lo sintió también.
Era como si la bestia alada pudiera ver dentro de él…
dentro de su sombra.
El sistema emitió una vibración tenue.
[Entidad no hostil.]
[Propósito: guía.]
[Advertencia: obedecer o enfrentar riesgo crítico.]
Gael entrecerró los ojos.
—No es un enemigo.
Laly lo miró incrédula.
—Entonces ¿por qué apareció con esos humanoides que querían matarnos?
—No los trajo para matarnos… —susurró Gael—.
Los trajo para ver si podíamos sobrevivir.
Max se quedó helado.
—¿Estás diciendo que… nos estaba probando?
La criatura alada elevó la cabeza al cielo, olfateando algo.
Sus alas se tensaron como si hubiese detectado un peligro cercano.
Y de pronto…
rugió.
Un rugido que no era amenaza.
Era una orden.
Gael sintió la vibración en los huesos.
—Quiere que nos movamos.
Ahora.
Laly frunció el ceño.
—¿Y si nos lleva directo a una trampa?
Gael miró el bosque.
Los árboles pulsaban con luz rojiza.
El suelo comenzaba a vibrar bajo sus pies.
Max retrocedió instintivamente.
—¿Qué está pasando…?
EL PLANETA RESPONDE
Un trueno salió del subsuelo.
Grietas se abrieron rápidamente, extendiéndose entre la vegetación como serpientes vivas.
Algo gigantesco respiró desde abajo.
La criatura alada rugió de nuevo, esta vez golpeando el suelo con sus alas ensangrentadas, señalando una dirección.
Gael entendió al instante.
—¡Si no nos movemos YA, este planeta nos va a devorar!
Laly tomó a Max del brazo.
—¡Corre!
El lobo alado giró y comenzó a avanzar entre los árboles, sin volar, asegurándose de que los tres lo siguieran.
Gael no dudó.
Corrió detrás de él.
LA CARRERA
La vegetación se movía como si tuviera vida propia.
Lianas negras buscaban aferrarse a sus tobillos.
Hojas filosas se abrían a su paso como cuchillas naturales.
Max jadeaba.
—¡Este maldito bosque quiere matarnos!
Laly esquivó una raíz que emergió del suelo como una lanza.
—¡No mires atrás! ¡Mantente cerca!
Gael corría al frente, guiado por la bestia alada.
El sistema marcó un pulso urgente.
[Movimiento sincronizado recomendado.]
[Distancia con la criatura guía: no exceder 8 metros.]
Gael gritó:
—¡No se separen de mí!
De pronto, la criatura alada saltó un barranco natural.
Gael no tuvo tiempo de pensar: saltó detrás.
Max llegó al borde.
—¡NO NO NO NO—!
Laly lo empujó.
—¡Saltamos!
Cayeron rodando por una ladera, frenando contra un tronco hueco.
La criatura los esperaba abajo, completamente inmóvil.
Gael se levantó tosiendo.
—Nos está… llevando a algún lugar.
Max, con tierra en la boca:
—Sí… ¡al infierno, quizá!
La criatura soltó un gruñido grave.
Parecía disgustada con el comentario.
Gael se acercó lentamente.
Y entonces la escuchó.
No con los oídos.
Con algo más profundo.
Una voz sin lenguaje:
“Muévanse.
Los Altos vienen.”
Gael sintió un escalofrío intenso en la columna.
—Los Altos…
¿Quiénes… son?
Laly ladeó la cabeza.
—¿Gael? ¿Qué escuchaste?
Gael tragó saliva.
—No lo sé.
Pero sé que no podemos quedarnos aquí.
EL REFUGIO OCULTO
La criatura alada caminó hacia una pared rocosa cubierta de enredaderas.
Luego rugió suavemente.
La roca… se abrió.
Un acceso.
Un túnel.
No oscuro:
iluminado desde dentro por cristales rojos.
Max abrió los ojos como platos.
—No pienso entrar ahí.
La criatura alada lo miró directamente.
Max tragó saliva.
—Ok… quizá un poco.
Gael respiró hondo.
—Si esta cosa quisiera matarnos, ya lo habría hecho.
Laly colocó una mano en su hombro.
—¿Estás seguro de seguirla?
Gael asintió.
—Es la única que no intentó matarnos… todavía.
Entonces entró.
Y la criatura alada lo siguió.
Laly y Max entraron después.
La puerta de roca se cerró detrás de ellos.
Al adentrarse, Gael sintió algo en su sombra.
Un eco.
Una llamada.
Como si ese lugar… lo conociera.
O peor:
Como si ese lugar
lo hubiera estado esperando.
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