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Heredero de la sombras - Capítulo 76

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  4. Capítulo 76 - Capítulo 76: CAPÍTULO 76 — La Formación Gravitacional
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Capítulo 76: CAPÍTULO 76 — La Formación Gravitacional

El mundo volvió a materializarse tras el salto de Lunaris.

Gael cayó de rodillas, mareado.

Laly sostuvo a Max antes de que se desplomara.

—¡¿Qué demonios… fue eso?! —jadeó Max.

Lunaris giró sobre sí misma como si hubiera dado un paseo turístico.

—¡Teletransporte sensorial!

Duele en el ego al principio, pero uno se acostumbra.

Gael se levantó, sacudiéndose el polvo.

—¿Estamos seguros aquí?

Lunaris abrió la boca para responder…

Pero una voz profunda y molesta habló antes:

—No. No lo están.

Especialmente contigo brincando por el planeta como si esto fuera un parque infantil.

Los tres chicos giraron de inmediato.

Tharos emergió de entre los cristales fracturados, con su campo gravitacional ondulando alrededor como un halo oscuro.

Parecía molesto.

Muy molesto.

Lunaris sonrió.

—Llegas tarde, gravedad-man. Yo ya salvé el día.

Tharos la ignoró por completo mientras examinaba a los tres estudiantes con una mirada severa.

—¿Saben lo difícil que es rastrear firmas humanas en este planeta? ¿Saben cuánto caos provocaron al aterrizar? ¿Saben cuántos Heraldos acaban de activarse por su culpa?

Gael apretó la mandíbula.

—No pedimos estar aquí.

—Pero LO ESTÁN —interrumpió Tharos—.

Y eso ya es suficiente problema.

Max respondió con un hilo de voz:

—¿Entonces… vinieron a rescatarnos?

Tharos soltó una risa fría, sin humor.

—Rescatarlos, investigarlos, posiblemente arrestarlos…

Eso se decide después.

Laly frunció el ceño.

—¿Y ahora qué?

Tharos chasqueó los dedos.

—Ahora intentamos no morir, por si todavía no lo habían notado.

La tierra vibró.

El aire se deformó.

Los Heraldos habían localizado su posición nuevamente.

Lunaris soltó un “¡ups!” demasiado alegre para la situación.

Tharos cerró los ojos un segundo…

y cuando los abrió, la gravedad explotó a su alrededor en forma de una cúpula oscura.

—FORMACIÓN GRAVITACIONAL: BASTIÓN PESADO.

Un domo gravitacional surgió alrededor de todos, curvando la luz, el aire y las piedras.

Gael sintió como si estuvieran dentro de un corazón de metal líquido.

Lunaris se cruzó de brazos.

—Mira tú, sí que andas serio hoy.

—Porque alguien tiene que estarlo —respondió Tharos.

Los Heraldos golpearon la cúpula.

El impacto hizo temblar todo el terreno.

La barrera gravitacional resistió, pero se cuarteó ligeramente.

Tharos apretó los dientes.

—No puedo retenerlos mucho tiempo.

Si quieren vivir…

van a tener que moverse también.

Gael sintió la sombra despertar en su brazo.

Laly activó su energía interior, formando filamentos de luz rojiza.

Max abrió un portal pequeño, inestable, apenas un fragmento de su magia real.

Tharos los miró con una mezcla de irritación y… ¿respeto?

—¿Piensan pelear? —preguntó incrédulo.

Laly respondió con firmeza:

—¿Qué otra opción tenemos?

Max tragó saliva.

—Si nos quedamos quietos… morimos.

Gael avanzó un paso.

—Y si peleamos… tal vez tengamos una oportunidad.

Tharos parpadeó, sorprendido.

—Ustedes tres son… más tontos de lo que parecían.

Lunaris aplaudió alegremente.

—O valientes. ¡O ambas cosas!

Los Heraldos golpearon de nuevo.

La barrera casi se rompió.

Tharos habló rápido:

—Está bien.

Si quieren jugar a soldados… yo los dejo.

Pero sigan MIS órdenes o los aplastarán en segundos.

Gael asintió.

—Dinos qué hacer.

Tharos levantó ambas manos.

—Cuando abra una fisura…

Salgan.

Ataquen rápido.

No intenten ser héroes.

No intenten derrotarlos.

Solo manténganlos ocupados.

Max levantó una ceja.

—¿Y tú qué harás?

Tharos mostró una sonrisa tan fría que los tres sintieron escalofríos.

—Yo los voy a contener.

O a morir intentándolo.

Gael murmuró:

—Eso… suena peligroso.

Tharos lo miró en silencio por un segundo.

—¿Les da miedo la muerte?

Max respondió:

—¡SÍ!

Laly:

—¡CLARO QUE SÍ!

Gael:

—Es normal temerla.

Tharos negó con la cabeza.

—Entonces no son soldados todavía.

Lunaris rió a carcajadas.

—¡Ay, Tharos, siempre tan motivador!

La cúpula se rompió.

El cielo se abrió.

Cuatro Heraldos rugieron al mismo tiempo.

Tharos gritó:

—¡AHORA!

La gravedad se dobló, generando un túnel de oscuridad.

Gael saltó con la sombra extendiéndose en su brazo.

Laly corrió con energía ardiente a su alrededor.

Max lanzó una explosión de portales diminutos que entorpecieron la estabilidad de uno de los Heraldos.

Los tres ataques, aunque pequeños comparados al poder del escuadrón, fueron precisos.

Fueron rápidos.

Fueron valientes.

El Heraldo rojo retrocedió medio paso.

El azul levantó un brazo para defenderse.

El blanco se inclinó, sorprendido por el ataque a su núcleo.

El Heraldo original giró la cabeza hacia ellos.

Tharos vio todo desde atrás…

y por primera vez… sonrió con genuino respeto.

—Míralos…

Los críos sí saben golpear.

Lunaris asintió.

—Te lo dije.

No son normales.

Gael, Laly y Max se reagruparon, respirando agitados.

Gael levantó la mirada hacia los Heraldos.

—Esto apenas empieza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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