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Heredero de la sombras - Capítulo 81

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Capítulo 81: CAPÍTULO 81 — El Despertar del Que Ya No Es el Mismo

La luz blanca del techo se reflejó en sus ojos al abrirlos.

Gael despertó sin sobresalto ni confusión.

No había miedo.

No había ansiedad.

Solo una calma inquietante, como el silencio después de una tormenta que arrasó con todo.

Intentó moverse.

Su cuerpo respondió con precisión.

Sin dolor.

Sin temblores.

Con más firmeza que antes.

El sistema habló dentro de él, su voz más clara:

[Reinicio completado.]

[Canales energéticos estabilizados.]

[El usuario ha alcanzado un nuevo estado de equilibrio.]

Gael no sonrió.

No suspiró.

Solo asintió con un leve movimiento de cabeza.

Sí… algo había cambiado.

Y no pensaba volver atrás.

La puerta se abrió.

EL ENCUENTRO QUE REVELA UN CAMBIO

Max entró primero, corriendo.

—¡Gael! ¡Por fin! ¡Estábamos—!

Gael levantó la mano, apenas un gesto.

Max se congeló.

Había algo distinto.

Algo más profundo.

Más serio.

Más… frío.

—Estoy bien —dijo Gael con voz firme, inalterable.

Max retrocedió un paso sin entender por qué sus palabras dolían un poco.

Laly entró detrás, con ojos brillosos y el ceño fruncido.

—¡Gael! No vuelvas a dormirte por días, ¿me oyes?

Gael la miró.

Sus ojos no mostraban la calidez de antes.

Pero tampoco rechazo.

Solo una firmeza tranquila.

—No pienso volver a caer así —respondió.

Laly frunció los labios.

—Hablas como si fueras alguien más.

Gael bajó la mirada… no hacia el suelo, sino hacia su sombra.

Estaba quieta.

Sumisa.

Esperando.

—Aprendí algo —dijo sin emoción evidente—. Allá afuera hay fuerzas que pueden destruirnos con solo existir. No puedo permitirme ser débil nunca más.

Laly sintió un escalofrío.

—¿Gael… estás seguro de que estás bien?

—Nunca estuve mejor.

Max miró a su amigo fijamente.

—Te ves… diferente.

Gael clavó los ojos en él.

—Diferente no significa mal. Significa preparado.

Y por primera vez, Max entendió que su hermano de vida había cruzado un umbral del que ya no volvería.

Gael seguía siendo él…

pero algo dentro de él había despertado con objetivos más grandes.

Y más oscuros.

EN LAS PROFUNDIDADES DEL EJÉRCITO MUNDIAL

Un pasillo restringido.

Una puerta sin identificación.

Y un hombre de uniforme negro que no debería estar ahí.

Era un asistente del Consejo.

Uno que no destacaba en nada.

Uno que nadie recordaría si lo vieran de nuevo.

Precisamente por eso había sido reclutado.

Se aseguró de estar solo.

Desactivó sensores locales.

Y sacó de su bota un pequeño dispositivo negro con un símbolo grabado:

**Un círculo dividido en tres segmentos.

Tres sombras entrelazadas.

El emblema del GREMIO DE LA NOCHE.**

Lo activó.

Una figura envuelta en oscuridad apareció, distorsionada.

Una voz profunda habló desde el otro lado:

—Reporta.

El infiltrado respiró hondo.

—El Ejército Mundial tiene un sujeto de interés. Estudiante. Humano.

Nombre: Gael. Aparentemente terrícola.

La voz respondió:

—Continúa.

—Sobrevivió en Kraylos.

El escuadrón Espectro trajo información fragmentada.

No hay registros oficiales, pero… destruyó a cuatro entidades del Núcleo en segundos.

Silencio.

Un silencio pesado, ominoso.

La voz volvió a hablar, lenta:

—¿Dijo “sombras”?

El infiltrado bajó la mirada.

—Eso indican los fragmentos que pude obtener. Un tipo de poder oscuro. No hay detalles técnicos.

La energía de la figura del otro lado tembló, como si su interés hubiera aumentado.

—Escucha con atención —ordenó la voz del Gremio de la Noche—:

Ese chico podría ser… un eco del pasado.

O un error que debemos corregir.

El infiltrado tragó saliva.

—¿Debo seguir observándolo?

—No. Envíame coordenadas exactas. Rastros de energía. Cualquier patrón.

Nos encargaremos nosotros.

El infiltrado dudó.

—¿Para qué lo quieren?

La voz respondió, seca:

—Para averiguar si es uno de los nuestros…

o un enemigo que debe morir antes de que recuerde demasiado.

El dispositivo se apagó.

Y la filtración marcó el principio del interés del Gremio de la Noche por Gael Zomun.

DE REGRESO EN LA SALA MÉDICA

Laly se acercó a Gael otra vez.

—No actúes tan duro. No tienes que cargar todo tú solo.

Gael la miró con una seriedad tranquila.

—Sí tengo que hacerlo.

Ella se quedó sin palabras.

Max se acomodó al borde de la cama.

—Mira, hermano… no sé qué viste allá. Pero… no dejes que eso te aleje de nosotros.

Gael lo analizó unos segundos.

No por maldad.

No por frialdad real.

Sino porque ahora veía el mundo en otra escala.

Pero aun así dijo:

—No se preocupen. No los dejaré. Solo… ya no soy el mismo.

Laly bajó la cabeza.

—Eso… ya lo notamos.

Gael se recostó un poco, mirando el techo.

Por dentro pensó:

“No dejaré que nada les pase.

No dejaré que nadie los toque.

Ni en este mundo…

ni en ningún otro.”

Pero no lo dijo.

Porque había cambiado.

Porque ahora entendía que las palabras eran débiles.

Y el poder… era lo único que los mantendría vivos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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