Heredero del abismo - Capítulo 1
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1: El despertar del hierro oxidado.
1: El despertar del hierro oxidado.
Capítulo 1: El Despertar del Hierro Oxidado El cielo sobre la ciudad no era negro, sino de un color violeta eléctrico que presagiaba desgracias.
Las nubes se retorcían como si algo invisible las estuviera desgarrando desde las alturas.
Leo caminaba a casa con las manos hundidas en los bolsillos de su chaqueta, tratando de ignorar el zumbido estático que le erizaba el vello de los brazos.
Siempre se había sentido un extraño en su propia piel, como si fuera una pieza de un rompecabezas que alguien había forzado en el tablero equivocado.
Al cruzar el callejón de la calle Cuarta, un anciano de un solo ojo le cerró el paso.
El hombre vestía harapos que olían a ozono y a tierra antigua.
Con manos temblorosas pero sorprendentemente fuertes, el viejo le entregó un bulto envuelto en tela sucia.
—Tu linaje te reclama, Leo —susurró el anciano con una voz que vibraba como un trueno lejano—.
Los Olvidados ya vienen, y tú eres lo único que se interpone entre ellos y el fin de este mundo.
Antes de que Leo pudiera protestar, el hombre se fundió con las sombras.
Leo desenvolvió el paquete.
Dentro, una espada oxidada y pesada parecía latir al contacto con su piel.
No sabía si salir corriendo o llamar a la policía, pero había algo en el peso del arma que se sentía extrañamente familiar, como si su mano hubiera sido diseñada desde el inicio de los tiempos para sostenerla.
De repente, las farolas de la calle parpadearon y se apagaron de golpe.
Un silencio antinatural cayó sobre el barrio, y desde la oscuridad del callejón, dos figuras más altas que cualquier ser humano empezaron a emerger.
No caminaban; flotaban como el humo negro de un incendio que no se puede apagar.
Eran los Olvidados, criaturas de un tiempo en que los dioses aún caminaban entre los hombres.
Leo sintió que el corazón le golpeaba las costillas como un animal enjaulado.
Los espectros se acercaban, y el aire a su alrededor se volvió tan frío que su aliento formaba pequeñas nubes blancas.
—Esto no puede ser real —susurró, pero sus dedos se cerraron con fuerza sobre la empuñadura.
En ese instante de terror puro, Leo no huyó.
Sintió un calor repentino naciendo en su pecho, un fuego que recorrió sus venas hasta llegar a la espada.
Una chispa, pequeña pero intensa como una estrella naciente, brotó de la punta del metal oxidado, iluminando el callejón con un resplandor dorado.
El hijo del dios había despertado, y la guerra de los cielos acababa de llegar a la puerta de su casa.
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REFLEXIONES DE LOS CREADORES Yoany “Escribir esta obra fue entender que nadie nace en la luz por mérito, ni en la sombra por castigo; todos somos, de alguna forma, herederos de un vacío que intentamos llenar.
Con este libro, busco explorar qué sucede cuando dejamos de huir de nuestra oscuridad y decidimos gobernarla.
El Abismo no es el final, sino el origen de una fuerza que solo los que se atreven a caer pueden reclamar.” — Yoany