Heritage Online - Capítulo 102
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- Capítulo 102 - 102 CAPÍTULO 102 — “El Décimo Mural”
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102: CAPÍTULO 102 — “El Décimo Mural” 102: CAPÍTULO 102 — “El Décimo Mural” El silencio cayó sobre Sigil como un manto de hierro.
Ren mantenía la mirada fija en Yūki, y en sus ojos ya no había ni enojo ni tristeza, sino resignación.
—Entonces no me crees, ¿verdad?
—dijo con calma.Yūki lo observó, apretando los puños—.
No es eso, Ren.
Pero si hay una verdad más allá… quiero verla con mis propios ojos.
Ren suspiró.—Muy bien, Yūki.
Pero recuerda mis palabras: una vez que veas este mural, ya no podrás desverlo.
No hay marcha atrás.
Antes de que Yūki pudiera responder, Ren extendió la mano y pronunció palabras que retorcieron el tejido mismo de la realidad.Un círculo dorado, cubierto de runas imposibles, apareció debajo de los pies de Yūki.
El aire tembló.
Las luces se curvaron.
—Inmundus Decima Strata: Apertura Inferni.
—susurró Ren.
Yūki sintió su cuerpo disolverse en fragmentos de energía, su alma estirarse más allá de lo tridimensional.
Su mente comenzó a percibir colores que no existían, sonidos que se sentían en los huesos, pensamientos que no eran suyos.
Cuando abrió los ojos, ya no estaba en Sigil.
Estaba en la última capa de los Nueve Infiernos.
El aire era denso, pesado, como si cada respiración costara una eternidad.
No había cielo ni suelo, solo un vacío ardiente lleno de fragmentos flotantes de piedra y fuego negro.
Y de pronto, escuchó la voz de Ren resonar dentro de su mente:—Te he convertido temporalmente en un ser de doce dimensiones, Yūki.
Es la única forma de que puedas sobrevivir aquí sin ser borrado por la presión existencial del plano.
Yūki miró sus manos… o lo que parecía serlas.
Su cuerpo brillaba con líneas doradas que se movían como constelaciones vivas.
Cada partícula era una puerta, cada célula contenía un universo.
Frente a él se alzaba el Mural del Fin de los Dioses.
Era infinito.
Tallado en la nada misma.
Cada símbolo que contenía se movía, cada palabra cambiaba con el tiempo.
Parecía estar escrito por algo que no comprendía el concepto de principio o final.
Y mientras se acercaba, su mente comenzó a llenarse de visiones:—El nacimiento del Todo.—Los dioses primordiales creando universos como niños jugando con arena.—La traición de uno de ellos, un ser que decidió observar en lugar de crear.—El primer “error” del cosmos.—Y el precio de conocer la verdad.
La voz de Ren volvió, más distante, casi rota:—Yo vi eso, Yūki.
Lo vi todo.
Y no volví a ser el mismo.
Ese mural no cuenta una historia… cuenta el destino de todo lo que existe.
Yūki, temblando, extendió la mano hacia el mural.
Cada línea que tocaba le revelaba un recuerdo que no era suyo, una emoción que no pertenecía a ningún ser vivo.
Su mente comenzaba a romperse, su alma a temblar.
—Ren… —susurró—.
Esto… esto no es historia.
Es… un juicio.
El mural lo miró.Por un instante, Yūki sintió que el mural lo estaba observando a él.
Y en ese momento, comprendió por qué Ren le había suplicado no buscar más.
Porque la historia del mundo no era un relato de héroes y dioses…Era un ciclo de creación, traición y olvido.Un ciclo que ahora, él también había visto.
La voz de Ren resonó una última vez:—Bienvenido a la verdad, Yūki.
Ahora… decide si puedes soportarla.
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