Heritage Online - Capítulo 118
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- Capítulo 118 - 118 CAPÍTULO 118 — “El Reino del Lich”
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118: CAPÍTULO 118 — “El Reino del Lich” 118: CAPÍTULO 118 — “El Reino del Lich” El aire olía a humedad, a tierra vieja y hojas marchitas.
El cielo, cubierto por nubes negras, apenas dejaba pasar un hilo de luz pálida.
A cada paso, el suelo crujía como si caminara sobre huesos antiguos.
Yuki salió de la casa con el ceño fruncido, la mirada fija en el horizonte.
El Heredero lo siguió, silencioso, sabiendo que no había vuelta atrás.
—Magia de teletransportación, nivel cuatro —susurró Yuki, levantando la mano.
Un círculo de runas azules se encendió bajo sus pies, girando a una velocidad imposible.
La realidad se dobló como un cristal roto, y en un solo parpadeo, ambos desaparecieron del universo 43.
El viento los recibió con violencia.
Al abrir los ojos, Yuki y el Heredero se encontraron en un bosque denso, cubierto por una niebla gris que parecía moverse como un ser vivo.
—¿Dónde… estamos?
—preguntó el Heredero, mirando a su alrededor.
—Ravenloft… o eso espero —respondió Yuki, observando los árboles que se inclinaban como si escucharan.
Pero algo no cuadraba.
El lugar era demasiado oscuro, demasiado silencioso.
No se oían animales, ni agua, ni vida.
Solo un susurro tenue que el viento traía desde lo profundo del bosque.
De pronto, un sonido seco.Un hombre cayó frente a ellos.
Su cuerpo estaba cubierto de polvo y heridas, y sus ojos temblaban de puro terror.
—¡Ayuda!…
por favor… —balbuceó con la voz quebrada—.
Él… el… Yuki se arrodilló frente al desconocido.—Tranquilo, ¿quién?
¿Quién te hizo esto?
El hombre tragó saliva, su respiración era errática.—El… Rey Lich… Esa palabra cayó como un trueno.
—¿Rey Lich?
—repitió Yuki, con la mirada seria—.
¿Dónde está y qué está haciendo?
El comerciante tosió, un hilo de sangre escapó de su boca.—El… Rey Lich gobierna todo Ravenloft… con hierro y muerte… quiere todo para él… dicen que posee una katana… una espada que ningún mortal puede sostener… la llaman la Katana Sagrada… El corazón de Yuki se detuvo un segundo.El eco del Yuki mayor resonó en su mente: “Si realmente buscas paz, arráncasela a los demás.” —¿Katana sagrada…?
—murmuró—.
¿Dónde se encuentra ese rey?
El comerciante levantó un dedo tembloroso, apuntando hacia el norte.—En la ciudad central… en el castillo… allí gobierna desde su trono de huesos… por favor… hagan… algo… El cuerpo del comerciante se derrumbó, pero antes de que la vida lo abandonara por completo, Yuki levantó la mano.—Magia de sanación, nivel cuatro.
Una luz dorada envolvió al hombre, cerrando sus heridas, dándole un respiro más.
El comerciante lo miró, los ojos llenos de una gratitud muda.
—Gracias… viajero… —susurró antes de perder el conocimiento.
El Heredero lo observó, cruzando los brazos.—¿En serio vas a hacerlo?
¿Vas a enfrentarte a un Lich?
¿Por una espada?
Yuki se puso de pie, el viento agitando su abrigo.
En su mirada se encendió una determinación fría.
—No hay otra forma de llegar más rápido a Ravenloft —dijo sin dudar—.
Y si ese rey posee la katana sagrada, entonces es ahí donde debo ir.
El Heredero suspiró.—Sabes que un Lich no es cualquier enemigo, ¿verdad?
Son inmortales.
No tienen alma que matar.
—Entonces la encontraré —respondió Yuki, mirando hacia el norte—.Y si la Katana Sagrada puede matar con solo tocar… tal vez sea el arma que pueda terminar lo que ni los dioses pudieron.
El viento sopló con fuerza, y por un momento, entre la niebla, se divisaron las siluetas de torres lejanas.
Una ciudad oculta en la oscuridad, cubierta por una niebla densa y un silencio absoluto.
El Heredero sonrió apenas.—Bienvenido a Ravenloft, entonces… el reino donde la muerte gobierna como un rey.
Yuki asintió.Sus manos se cerraron con fuerza.Y con una voz firme, como si hablara al destino mismo, susurró: —Rey Lich… voy por ti.Y por la katana que traerá… mi paz.
El bosque respondió con un susurro, como si el mundo entero hubiera escuchado su declaración.Desde lejos, en lo alto del castillo, una figura esquelética abrió los ojos por primera vez en siglos.La cacería… había comenzado.
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