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Heritage Online - Capítulo 120

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  4. Capítulo 120 - 120 CAPÍTULO 120 — La Elección del Filo
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120: CAPÍTULO 120 — La Elección del Filo 120: CAPÍTULO 120 — La Elección del Filo El castillo entero parecía escuchar la conversación.Las piedras, las gárgolas y la niebla que se enroscaba por los muros guardaban silencio, expectantes, como si el mundo mismo contuviera el aliento.

El Rey Lich, sentado en su trono de hueso y hierro ennegrecido, alzó la katana con un gesto solemne.

Su voz resonó como un eco antiguo entre los pasillos vacíos: —Quítame la katana si no… —murmuró—.

Aquí morir era destino.Otra persona más que vino buscando paz… y todas terminan igual.

Muertas.

Su mirada vacía, sin pupilas, se clavó en Yuki con un peso abismal.—Dime, Yuki.

¿Quieres tu paz solo para ti?

¿O acaso la quieres para todos?¿Estarías dispuesto a sacrificarte para que los demás la obtengan?¿O es este un deseo egoísta, un mérito que quieres presumir ante el mundo?Sea cual sea tu respuesta… ya estás aquí.

Perdón.

El aire se volvió denso, frío, inmóvil.Cada palabra del Lich parecía tallada en piedra, imposible de ignorar.

Yuki, con la mirada firme pero el corazón acelerado, dio un paso al frente.El Heredero, tras él, se mantenía en silencio, observando la escena con tensión contenida.

El joven respiró profundo.

Su voz, aunque temblaba un poco, sonó sincera.

—Quiero la paz para todos —respondió con serenidad—.No solo para mí… sino para los que nunca tuvieron oportunidad de conocerla.

El Rey Lich bajó ligeramente la cabeza, como si estudiara el peso de sus palabras.—¿Y quién pagará ese precio?

—preguntó, con voz grave—.¿Tú?

¿Los inocentes?

¿Los que vivan bajo tu decisión?¿De verdad estás dispuesto a soportar el peso de ser el que decida quién vive y quién muere… por paz?

Yuki no desvió la mirada.—Si es el precio, sí.

Pero no lo haré matando.Si consigo la katana, no la usaré para destruir… la usaré para proteger.Si existe un modo de traer equilibrio sin sangre, lo encontraré.

El Lich lo observó largo rato.

En sus ojos vacíos brilló algo casi humano: una sombra de respeto.

—Tienes buena intención, muchacho… —susurró—.

Pero la intención no cambia el destino.La paz no se obtiene sin dolor.

Todo reino que la buscó terminó pudriéndose desde dentro.¿Y tú?

¿Qué harás cuando veas que ni siquiera la verdad trae consuelo?

El Heredero dio un paso al frente, interrumpiendo por primera vez.—Entonces que la busque igual —dijo con voz firme—.Porque si nadie más lo intenta, el mundo seguirá siendo el mismo pantano de guerra que tú ayudaste a crear.Tal vez no encontremos la paz hoy, pero alguien tiene que comenzar el camino.

El Rey Lich desvió la mirada hacia él.Su rostro cadavérico pareció sonreír, con un dejo de amargura.

—Hablas como si aún creyeras en la esperanza… curioso, viniendo de un Heredero.Tú también sabes que los caminos del poder no llevan a la salvación, sino al olvido.

El Heredero respondió con un brillo en los ojos:—Entonces que me olvide el mundo, pero no mi causa.

Yuki levantó el rostro.

La luz de las antorchas reflejaba en sus ojos una mezcla de miedo y resolución.—No vine a morir aquí, Lich.

Vine a probar que incluso en el lugar más oscuro… puede haber una chispa que aún crea en la paz.

Por un instante, el silencio dominó el salón.Solo el eco del viento colándose entre los ventanales acompañaba sus palabras.

El Rey Lich bajó lentamente la katana.—Tú… realmente crees en eso —dijo, casi para sí mismo—.Crees que el mundo puede cambiar… aunque ya esté roto.

Yuki asintió.—Porque si dejo de creerlo, me convierto en ti.

El trono crujió.

El Lich soltó una carcajada hueca, sin alegría.—Quizá por eso sigues vivo, Yuki.

Quizá por eso aún no te he matado.—No por poder… sino por convicción.

El Heredero, a su lado, murmuró con un tono apenas audible:—Entonces esto no es el final… es el comienzo.

El Rey Lich se levantó de su trono, su sombra extendiéndose por todo el salón como si abarcara siglos de historia.—Muy bien, viajeros.

Si de verdad buscan la katana sagrada… vayan a encontrarla.Pero recuerden mis palabras: la paz nunca fue gratis.Cada universo que buscan sin guerra… tuvo que pagar un precio.

Yuki dio un paso atrás, en silencio, sin miedo.Su mirada no reflejaba duda, sino una determinación que trascendía incluso el miedo a la muerte.

El viento entró por las grietas del castillo, haciendo ondear su capa.El Heredero lo miró y dijo, apenas en un susurro: —¿De verdad crees que la encontrarás?

Yuki sonrió apenas, cansado pero firme.

—No lo sé.

Pero si dejo de buscarla, todo lo que viví… no habrá valido la pena.

El Rey Lich cerró los ojos.—Entonces que los dioses tengan piedad de ustedes… porque el mundo no la tendrá.

La niebla cubrió la sala.Y mientras la silueta de Yuki y el Heredero se desvanecía en la oscuridad, el eco de sus pasos resonó como una promesa: Buscaré la paz, incluso si el mundo se destruye intentándolo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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