Heritage Online - Capítulo 123
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- Capítulo 123 - 123 CAPÍTULO 123 — “El Precio de la Paz”
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123: CAPÍTULO 123 — “El Precio de la Paz” 123: CAPÍTULO 123 — “El Precio de la Paz” La tormenta de energía era tan densa que el aire parecía sólido.
Cada tajo del Rey Lich abría surcos en el espacio mismo, dejando grietas azules que chispeaban como relámpagos atrapados.
La Katana Sagrada vibraba, cantando una melodía que sólo los condenados podían entender.
Yuki y el Heredero estaban cubiertos de polvo y sangre seca.
El suelo bajo ellos se fracturaba con cada paso, como si el mundo mismo rechazara el peso de esa batalla.
—No te acerques, Heredero… —dijo Yuki, respirando con dificultad.
Pero el Heredero ya avanzaba, tambaleándose, su cuerpo envejeciendo por segundos.
Su cabello se tornaba más pálido, sus ojos más opacos.
Cada segundo que pasaba parecía arrancarle un año de vida.
—No me importa morir —susurró—.
Si eso te da una oportunidad, entonces vale la pena.
El Rey Lich los miró, sereno, casi compasivo.—Esa es la mentira más dulce de los mortales —murmuró—.
Creer que morir por otro purifica el alma… cuando en realidad sólo prolonga el sufrimiento ajeno.
La Katana Sagrada volvió a moverse.
Un solo tajo, un solo suspiro.
Y el Heredero cayó.Su pecho se abrió con una línea perfecta, sin sangre… sólo luz.
Como si su vida no fuera cortada, sino borrada.
—¡HEREDEROOOOOO!
—gritó Yuki, su voz quebrándose.
El Rey Lich bajó la mirada.—No llores por él.
Él eligió ser un recuerdo en tu historia.
Eso también es una forma de paz.
Yuki apretó los dientes.—¡No llames paz a lo que destruye todo lo que amo!
Entonces el aire tembló.Yuki elevó la mano, reuniendo su energía.
Magia de refuerzo, nivel 8.
Su cuerpo se cubrió de un aura blanca que ardía como el amanecer.El Rey Lich lo miró con un dejo de tristeza.
—Así que este es tu límite… Un alma que aún cree que puede cambiar la historia.
La espada descendió, y el tiempo se detuvo.El impacto fue tan brutal que los árboles cercanos se disolvieron en polvo.Yuki desvió el golpe, pero el filo le rozó el pecho.
La herida no sangró; su energía vital se fugaba, invisible, como humo.
Ambos se separaron, tambaleando, respirando apenas.
—¿Por qué sigues luchando?
—preguntó el Rey Lich, jadeando.—Porque no quiero aceptar un mundo donde morir sea la única forma de tener paz —respondió Yuki, con la mirada encendida.
El Lich sonrió.
Una sonrisa rota, sincera.—Entonces… somos iguales.
Y cargó de nuevo.El choque final fue una explosión de luz.
El suelo se partió, las montañas temblaron, y el cielo se abrió mostrando el vacío entre planos.El Heredero, moribundo, los observaba desde el suelo, extendiendo una mano inútil hacia ellos.
El filo de la Katana se detuvo a un milímetro del cuello de Yuki……al mismo tiempo que la daga de Yuki se hundía en el pecho del Rey Lich.
El silencio fue absoluto.Ambos quedaron quietos, mirándose fijamente, respirando entre jadeos.La katana cayó al suelo, clavándose como una cruz.
El Rey Lich habló por última vez:—Tal vez… la paz que buscas… sólo pueda nacer del dolor de quienes la intentan… Yuki, sangrando, respondió con un hilo de voz:—Entonces… moriré buscándola.
Ambos cuerpos se desplomaron al mismo tiempo, el viento barriendo las cenizas de sus pasos.El eco de sus respiraciones se perdió entre los árboles, y la Katana Sagrada, ahora quieta, comenzó a absorber su propia luz……como si el universo quisiera borrar el recuerdo de esa batalla.
Y entre los restos, la voz del Heredero susurró con su último aliento: —Al final… ninguno ganó.
Pero ambos entendieron… La pantalla del mundo se volvió blanca.Y la historia, una vez más, volvió a comenzar.
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