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Heritage Online - Capítulo 127

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  4. Capítulo 127 - 127 CAPÍTULO 127 — “El Castillo Infinito”
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127: CAPÍTULO 127 — “El Castillo Infinito” 127: CAPÍTULO 127 — “El Castillo Infinito” El Yuki viejo chasqueó los dedos con una calma que no admitía réplica.

En un parpadeo, la habitación quedó vacía: Yuki joven y el Heredero ya no estaban frente a él.

—Ve con cuidado —susurró el anciano, mirando la puerta por la que habían desaparecido—.

Y recuerda lo de Shadar-Kai.

El mundo se reconfiguró en un parpadeo de luz azul.

Yuki emergió en Greyhawk con el sabor del viaje aún pegado en la lengua: un aroma a pan recién horneado, gente en las calles, niños corriendo entre puestos de mercado.

Casas impecables se alineaban en calles tranquilas; por un momento, Yuki pensó que había caído en un sueño donde la guerra nunca había existido.

Caminó, observando con ojos de desconocido.

Preguntó por Shadar-Kai a un vendedor de hortalizas: el hombre lo miró como si hubiera pronunciado un tabú, casi con miedo.

Preguntó en la herrería: el herrero apartó la vista, apretando una tuerca con demasiada fuerza.

En una taberna, voces callaron al escucharlo.

Cada vez que pronunciaba ese nombre, una nube de silencio parecía caer sobre la gente.

La sensación de que tiraba de un hilo peligroso le erizó la piel.

No era sólo la curiosidad; era una palabra que traía recuerdos que nadie quería desempolvar.

Al borde de la plaza, un muchacho delgado jugaba con una hoja de papel.

Tenía los ojos brillantes de quien ha oído historias que asustan.

Yuki se acercó con cautela.

—¿Shadar-Kai?

—preguntó sin rodeos.

El chico lo miró fijamente, evaluando si aquel extranjero era problema o salvación.

Por fin habló, en voz baja: —¿Shadar-Kai?

—repitió—.

Está… en el Castillo Infinito.

Nadie puede entrar.

La barrera es tan densa que la magia revierte en quien la toca.

Dicen que el castillo no termina nunca.

Es una leyenda, tal vez.

Nadie lo sabe.

Esas palabras se clavaron en Yuki como una aguja.

Castillo Infinito.

Un lugar sin fin.

Una barrera impenetrable.

Todo encajaba con la advertencia del Yuki viejo y con la historia del Rey Lich: algo tan poderoso que rompía la lógica misma.

Yuki no tuvo miedo, pero sí un frío en la nuca que le recordó lo frágil de su plan.

Dio un paso atrás, cerró los ojos y respiró hondo.

Su mente repasó rutas, conjuros, alternativas; todas terminaban en la misma línea: la única forma de avanzar era hacerlo ahora, sin demora.

Sus labios formaron la frase como si fuera una oración y un sello a la vez: —Magia de teletransportación, nivel 5.

Teletransportarme al Castillo Infinito.

La palabra explotó en su garganta.

Un violento tirón, un zumbido que dobló la realidad, y el mercado de Greyhawk se disolvió en un torbellino de viento y luz.

Cuando la luz cesó, Yuki se encontró en la fría explanada ante el Castillo Infinito.

No había guardias, ni puentes levadizos; sólo una mole de piedra que se alzaba hacia un cielo siempre encapotado.

Sus muros parecían hundirse y crecer al mismo tiempo; la arquitectura se repetía en ángulos imposibles, como si el propio castillo jugara con la geometría.

A la distancia, la niebla se arremolinaba y, en su centro, una muralla de energía vibraba como una membrana.

Era la barrera: visible, palpable.

Un pulso fino de luz que rechazaba todo intento de penetrarla.

Yuki tragó saliva.

No había bravuconería ahora, sólo determinación fría.

Sabía lo que se jugaba: no solo su vida, sino la posibilidad de que la paz que buscaba no se convirtiera en una maldición.

Miró la barrera, sintiendo cómo ésta le devolvía una pregunta muda: ¿estás dispuesto a pagar el precio de cruzarla?

Yuki apretó los puños, dejando que la respuesta ardiera en su pecho.—Estoy listo.

El Castillo Infinito le devolvió su silencio, y en ese silencio, Yuki comprendió que el verdadero laberinto no era de piedra, sino de decisiones —y que cada paso hacia dentro podía cambiarlo todo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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