Heritage Online - Capítulo 30
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- Capítulo 30 - 30 CAPÍTULO 30 El Último Encuentro — Asmodeo y la Caída de Ren
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30: CAPÍTULO 30: El Último Encuentro — Asmodeo y la Caída de Ren 30: CAPÍTULO 30: El Último Encuentro — Asmodeo y la Caída de Ren Ren caminaba por la inmensidad de Nessus, la novena capa, con su poder infinito emanando a cada paso.
Sus sentidos abarcaron todo el plano celestial, desde la luz más lejana hasta las vibraciones más sutiles de energía.
Nada podía detenerlo… o eso pensaba.
De repente, un silencio absoluto descendió.
Ninguna vibración, ningún sonido, solo la sensación de que el universo mismo contenía la respiración.
“¿Qué… es esto?” —murmuró Ren, consciente de que algo muy poderoso estaba cerca.
Un resplandor oscuro apareció frente a él.
Una figura imponente, más grande que cualquier ser que Ren hubiera visto, se materializó: Asmodeo, el dios de los Nueve Infiernos.
Su presencia distorsionaba la realidad misma, y el aire parecía vibrar con un poder que ni siquiera Ren podía comprender.
I.
La Confrontación Asmodeo habló con una voz que resonaba en todas las dimensiones a la vez: —“Así que tú eres el humano que ha llegado hasta aquí… tan lejos, y con un poder que ni yo imaginé que alcanzaría.
Interesante… pero hasta aquí llega tu historia, Ren.” Ren, confiado en su poder infinito, alzó la vista.
Su aura destellaba por todo Nessus, y su mente procesaba cada posibilidad, cada estrategia.
—“No… puedo ser detenido… tengo todo… nivel, fuerza, espíritu… infinito…” Asmodeo sonrió, una sonrisa que no era humana, que trascendía tiempo y espacio.
—“Ah, ¿infinito?
Yo creé este sistema… pero nunca pensé que un mortal llegaría tan lejos… déjame enseñarte lo que realmente significa ser un dios de los infiernos.” II.
La Muerte Absoluta Antes de que Ren pudiera reaccionar, Asmodeo extendió su mente y su poder: Con un simple pensamiento, el dios borró toda existencia de Ren en el plano: su cuerpo, su energía, su percepción, todo fue desintegrado instantáneamente.
Incluso su sistema, creado por Asmodeo y que había permitido a Ren alcanzar niveles infinitos, fue arrancado de su esencia.
Ren cayó de rodillas, incapaz de mover un músculo, incapaz de procesar la magnitud de lo que estaba sucediendo.
—“Yo creé este sistema… yo lo administré… y tú, un simple humano, lo llevaste hasta el límite.
Me has sorprendido… pero esto termina aquí.
Ningún mortal puede desafiar a un dios de los infiernos.” —dijo Asmodeo, mientras el poder de Ren se desvanecía.
III.
La Humillación de la Inmortalidad A pesar de todo su entrenamiento, de su nivel y stats infinitos, Ren no pudo resistir el poder de Asmodeo.
En ese instante comprendió algo crucial: “No importa cuán fuerte me haga… hay fuerzas que simplemente trascienden todo lo que puedo imaginar.” La sensación fue devastadora: la seguridad de infinito, el control absoluto sobre la realidad, se desvaneció en un instante.
Ren, la hormiga que había conquistado los infiernos, ahora era un polvo cósmico frente al dios que lo había creado todo.
IV.
Ketheric y la Matanzas en la Superficie Mientras Ren desaparecía en Nessus, en la superficie, Ketheric observaba todo desde su posición estratégica: —“Perfecto… mientras Asmodeo se encarga del humano, yo puedo comenzar la verdadera cacería.” Los aliados y enemigos de Ren —Lae’zel, Dark Urge, Elminster, Zariel, Minthara, Bestia Trémula, los Gnolls, la Falsa Hydra, Tiamat, los Tabaxi y el Aboleth— comenzaron a ser atacados sin piedad por Ketheric y su ejército de élite, quienes aprovecharon la desaparición de Ren para desatar la guerra definitiva en la superficie.
El choque era inevitable: el héroe que había alcanzado el poder infinito estaba ahora fuera de juego, y la humanidad y los mundos que dependían de él estaban en peligro inmediato.
V.
Cierre del Capítulo Asmodeo se quedó observando donde Ren había estado, mientras su aura de supremacía llenaba todo Nessus: —“Nunca subestimen a un dios… ni siquiera aquellos que creen tener infinito poder.
La historia del humano Ren termina aquí… y un nuevo orden comenzará.” En la superficie, la guerra definitiva comenzaba, y la caza de Ketheric prometía ser implacable.
Sin Ren, sus aliados tendrían que sobrevivir por sí mismos o perecer ante un enemigo que ya no tenía miedo.
El universo estaba en vilo.
Todo dependía de los que quedaban vivos y de si podrían enfrentar a Ketheric y sus fuerzas sin el poder del héroe que una vez desafió a los dioses.
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