Heritage Online - Capítulo 44
- Inicio
- Todas las novelas
- Heritage Online
- Capítulo 44 - 44 CAPÍTULO 44 — “No entres al abismo”
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
44: CAPÍTULO 44 — “No entres al abismo” 44: CAPÍTULO 44 — “No entres al abismo” La cueva quedó tan silenciosa que apenas se oía la respiración de Yūki.El Libro Sabio reposaba abierto sobre su palma, con letras que titilaban como brasas frías.
A lo lejos, el Primordial de la Tierra seguía erguido, su cuerpo de roca exhalando polvo antiguo.
—“Yūki…” —dijo la voz grave del Primordial—.
“No te recomiendo ir a los Nueve Infiernos.
Y menos con tu nivel actual.” Yūki tragó saliva.
El brillo del libro iluminó su rostro juvenil.
Había un fuego en sus ojos —curiosidad, coraje— pero también la prudencia que le había inculcado el Primordial.
—“Está bien… ¿pero qué me recomiendas entrenar?” —preguntó Yūki con honestidad.
No era una pregunta de deseo, sino de necesidad.
El Primordial inclinó la cabeza, como si removiera capas de memoria milenaria.
—“En realidad… ya eres bastante fuerte.
No necesitas forjar más músculos.
La única forma de aumentar tus niveles actuales es mediante ayudas externas.” Yūki parpadeó, sorprendido.
—“¿Ayudas externas?” —“Sí.” —el Primordial golpeó la palma contra su pecho pétreo—.
“Artefactos, pactos antiguos, el Libro Sabio mismo… o la alianza con seres que mantengan poderes transdimensionales.
Pero escucha con atención: cuando empiece la guerra entre gigantes y dragones, no hagas nada.” La frase cayó como un trapo frío.
—“¿No hacer nada?” —repitió Yūki, sin comprender del todo.
“¿Y si la gente sufre?
¿Y si alguien necesita ayuda?” El Primordial cerró los ojos un instante y su voz se volvió aún más profunda.
—“Lo peor que puedes hacer es lanzarte solo al frente por valentía.
Estas criaturas —dragones y gigantes— poseen forces que podrían extinguir ciudades con un solo choque.
Si intervienes sin la preparación o sin un plan, provocarás más destrucción.
Lo sensato es advertir: avisa a la gente, organiza evacuaciones, prepara refugios y reparación de muros.
Si puedes, busca alianzas: magos antiguos, la orden de paladines, o incluso a los herederos de Zhalk.
Tu papel no debe ser el de un guerrero caótico, sino el de quien salva a millones con cabeza fría.” Yūki cerró los puños.
Era una verdad amarga: su instinto heroico quería luchar, pero la imagen de ciudades hechas polvo le clavó los pies al suelo.
—“¿Así que… seré cobarde?” —murmuró, la voz quebrada.
—“No.” —el Primordial negó—.
“Serás estratégicamente sabio.
A veces salvar requiere no blandir espada, sino mover piezas en el tablero.
Tu fortaleza ahora es coordinar.
Aprenderás a usar el Libro para localizar recursos, convocar ayuda y mostrar rutas seguras.” Yūki respiró, cerrando los ojos.
El Libro en su mano pareció palpitar, como si entendiera y aprobase.
En su pecho algo se calmó; la carga dejó de ser solo suya.
—“Entonces… comenzaré por avisar.” —dijo con decisión—.
“Iré a Baldurs, buscaré a Doric y a mis amigos.
Haremos rutas de evacuación.
Y si encuentro aliados poderosos, los traeré.
Seré la voz que avise antes del estruendo.” El Primordial asintió, como si pudiera ver una línea de futuro que se abría con ese acto pequeño pero crucial.
—“Haz eso.
Y usa el Libro con prudencia.
Él te guiará sobre dónde están los artefactos que potencian a los mortales; te indicará quiénes deciden aún hoy en las sombras.
Pero recuerda: aún con ese conocimiento, no entres a la guerra sin plan.
Tu misión —por ahora— es salvar vidas.” Un aire pesado se disipó en la cueva.
El murmullo del mundo volvió a sonar: aves en la superficie, pasos lejanos, algún pregón de mercado que viajó como un hilo de vida hasta ese hueco en la montaña.
Yūki cerró el libro, lo apretó contra el pecho y se enderezó.
—“Lo haré.” —dijo con firmeza.
—“Seré la alarma antes de la tormenta.” Salió de la cueva con el Primordial observando su silueta alejarse.
La luz del atardecer bañó el sendero; las hojas brillaron con un oro triste.
Mientras descendía, su cabeza ya trazaba rutas: Baldurs, la Gran Rueda, Neverwinter.
Pensó en mapas, en voces que tendría que convencer; pensó en la gente simple que debía proteger.
Su papel no era ahora el de un héroe ruidoso, sino el de un faro que avisara a otros antes de que el trueno regresara.
Al cruzar el último portal de la cueva, Yūki susurró al Libro: —“Enséñame las rutas seguras.
Dime dónde están los que pueden ayudar.” La página se iluminó, y una tinta azul empezó a trazar puntos en la palma del mapa que Doric le había dado.
Era el primer paso de una guerra que no se ganaría con fuerza bruta… sino con la sabiduría de quien previene la catástrofe.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com