Heritage Online - Capítulo 62
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- Capítulo 62 - 62 CAPÍTULO 62 “El Mural de Toril”
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62: CAPÍTULO 62: “El Mural de Toril” 62: CAPÍTULO 62: “El Mural de Toril” El aire era suave y templado aquella mañana.
Entre los árboles antiguos de la Primera Floración, los rayos del sol se filtraban como destellos dorados que acariciaban las hojas esmeralda.
Yuki, vestido con una capa ligera de viajero, caminaba lentamente hacia un enorme muro cubierto de raíces y flores azules.
En su superficie tallada, descansaban los grabados más antiguos de la historia élfica.
Yuki (susurrando): —Así que… esto es Toril… Pasó su mano sobre las runas talladas en la piedra.
Al tocarlas, un brillo suave emanó del mural, y las imágenes comenzaron a moverse, narrando una historia perdida en el tiempo.
(Hace un millón de años…) Los elfos eran una raza pacífica, protectores de la naturaleza y guardianes del equilibrio.
Pero en aquellos tiempos, el cielo ardía con fuego y el suelo temblaba con los pasos de titanes.
La Gran Guerra entre los Dragones y los Gigantes había comenzado, y ninguna criatura, ni siquiera los elfos, podía escapar de su destrucción.
Los mares se partieron.
Los continentes se quebraron.
La reina de los elfos, Elyndra la Sabia, observaba desde el bosque de Lunaris cómo su pueblo moría sin sentido alguno.
Fue entonces cuando tomó la decisión más grande de su era: crear una tierra sagrada donde los elfos pudieran sobrevivir.
—“La llamaremos Toril… el refugio eterno de nuestra esperanza” —declaró Elyndra.
Con la ayuda de los antiguos espíritus del bosque y los fragmentos de energía celestial, la reina dio origen a nuevas ramas de su raza: los Altos Elfos, los Elfos Oscuros, los Elfos del Alba y los Elfos Silvanos.
Cada uno sería un pilar en la reconstrucción del orden natural.
Pero los dragones y los gigantes no se detuvieron.
La guerra se extendió como un incendio, devorando montañas y mares.
Las islas élficas, una por una, cayeron en ruina.
Finalmente, el rugido de un dragón negro atravesó los cielos, y Toril… fue reducido a cenizas parciales.
El mural se detuvo.
Yuki permaneció en silencio, observando la última imagen: la reina Elyndra mirando el horizonte mientras un dragón envuelto en fuego descendía sobre su reino.
Yuki (en voz baja): —Así que… incluso ellos perdieron contra la guerra… Igual que nosotros… El viento sopló con fuerza, moviendo su capa.
En ese instante, Yuki comprendió algo: la historia siempre se repetía, solo cambiaban los nombres.
Yuki: —Toril… Baldur’s… el Reino Olvidado… todo está conectado.
Y mientras la luz del mural se apagaba lentamente, una hoja cayó sobre su mano.
En ella, un grabado élfico decía:“De las ruinas florecerá la paz, si el corazón del hombre no olvida.” Yuki cerró los ojos.
Por primera vez en meses, sintió algo diferente a la soledad: una diminuta chispa de esperanza.
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