Heritage Online - Capítulo 95
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- Capítulo 95 - 95 CAPÍTULO 95 — El Último Golpe del Humano
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95: CAPÍTULO 95 — El Último Golpe del Humano 95: CAPÍTULO 95 — El Último Golpe del Humano Yūki seguía tirado en el suelo, su cuerpo dolorido, su respiración entrecortada, mientras Vecna lo miraba con una mezcla de desprecio y curiosidad.
Cada segundo parecía eterno; cada recuerdo lo atravesaba como cuchillas invisibles.
Entonces, una luz cálida y familiar iluminó su visión.
Ren estaba a su lado, observando con una calma imponente.
—Yūki… —dijo Ren, su voz profunda y serena—.
Recuerda quién eras… recuerda cuando no te rendías, incluso cuando todo parecía perdido.
Recuerda la fuerza que llevas dentro.
No es solo tu cuerpo… es tu voluntad.
Esas palabras atravesaron el corazón de Yūki como un rayo.
El recuerdo de su infancia, sus primeras aventuras, sus amigos, su madre… todo lo que había aprendido, todo lo que había sentido, se condensó en un solo impulso.
Yūki cerró los ojos, respiró hondo, y dejó que la furia, la frustración y el amor por todo lo que había perdido se fusionaran en un solo grito silencioso: —¡Gracias a todos!
¡Gracias a Doric!
¡Gracias a Edgin!
¡Gracias, Xenk!
¡Gracias, Holga!
¡Gracias, Simon!
¡Gracias a mis primeros amigos!
¡Gracias a mi mamá!
¡Gracias a todos!
Sus lágrimas rodaban por su rostro mientras levantaba la mano temblorosa, y en ese instante, el odio y la frustración que había acumulado durante todo el conflicto se convirtieron en un poder que ningún ser del multiverso podría contener.
Con un golpe que emanaba la furia de todo su ser, Yūki liberó toda la energía que había contenido: una onda expansiva que sacudió los planos, haciendo temblar a Vecna y resquebrajando la realidad misma a su alrededor.
El golpe no era solo físico; era un acto de humanidad, un recordatorio de que incluso un simple humano podía desafiar a un semidiós si llevaba consigo la fuerza de su corazón, su historia y su voluntad.
Vecna se tambaleó, sorprendido, incapaz de comprender cómo alguien tan aparentemente débil podía generar tal poder.
El suelo vibraba bajo sus pies, las paredes del plano temblaban, y los murmullos de los planos superiores resonaban con la fuerza del último golpe de Yūki.
En ese momento, todos entendieron algo fundamental: la fuerza no siempre viene de los dioses, ni de los semidioses, ni de la magia infinita.
A veces, la fuerza más pura viene de la determinación humana, del amor, de la gratitud y del espíritu que no se rinde.
Yūki cayó de rodillas, agotado, pero con una sonrisa llena de lágrimas.
Había demostrado algo que nadie, ni siquiera Vecna, podría olvidar: así es como un humano le gana a un semidiós.
FIN DEL CAPÍTULO 95
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