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Hermanado - Capítulo 61

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  3. Capítulo 61 - 61 CAPÍTULO 61 Líneas de fractura
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61: CAPÍTULO 61 Líneas de fractura 61: CAPÍTULO 61 Líneas de fractura PDV de Isla
El rostro de Sienna no se correspondía con el suave brillo romántico de una novia recién casada.

Estaba tormentoso.

Cortante, vibrante, a punto de resquebrajar los muros del salón.

Permaneció de pie, rígida, durante exactamente tres segundos después de que el fotógrafo nos despidiera.

Luego se inclinó hacia Vincenzo, le susurró algo que no alcancé a oír y se giró bruscamente hacia mí.

Sus ojos se clavaron en los míos.

Una señal: Ven.

Antes de que pudiera procesar nada, sus dedos se aferraron a mi muñeca con una urgencia familiar y tiró con fuerza.

Con la otra mano, agarró a Zayne por la manga.

—Muévete —le siseó.

Zayne parpadeó, claramente molesto, pero la siguió de todos modos.

Rico me lanzó una mirada preocupada, pero yo articulé con los labios: «Estoy bien».

Aunque no estaba segura de estarlo.

Los tres nos escabullimos del salón, dejando atrás el murmullo de los invitados y el zumbido de las luces, hacia un pasillo más tranquilo con suelos de mármol pulido y retratos enmarcados.

En cuanto Sienna encontró una sala contigua vacía, abrió la puerta de un empujón e irrumpió en ella.

—Adentro —espetó.

Zayne entró con ese paso lento y obstinado que siempre usaba cuando intentaba no responderle de malas.

Entré detrás de ellos y cerré la puerta en silencio.

Sienna se revolvió contra su hermano en cuanto sonó el pestillo.

—¿Qué demonios fue eso?

—escupió.

Zayne se limitó a mirarla, con el rostro inescrutable y las manos en los bolsillos del traje.

—¿Qué?

—dijo él secamente.

—No te hagas el tonto conmigo —espetó Sienna, dando dos pasos hacia él—.

¿Por qué estaba Silas en la foto familiar?

Me tensé por instinto.

Silas.

El simple hecho de oír su nombre hizo que se me hiciera un nudo en el estómago.

Zayne enarcó una ceja, aburrido.

—No se coló en la foto.

Estaba con Pierce.

No puedo sacar al doctor Pierce de la foto a rastras.

—¡Podrías haber dicho algo!

—exclamó Sienna, alzando las manos—.

Podrías haberlo detenido, evitado, o al menos haberle avisado a alguien…

—¿Avisado a quién?

¿Al comité nupcial?

—masculló Zayne.

—¿Lo dices en serio?

—Siempre hablo en serio.

—¡Dejaste que saliera en la foto el día de mi boda!

—Y te repito —dijo Zayne cruzándose de brazos—, que ÉL vino con el doctor Pierce.

Por lo visto, es su nuevo yerno.

—No me hables en ese tono —dijo Sienna entre dientes—.

Sabes perfectamente por qué Silas no debería ni siquiera estar en este edificio, y mucho menos de pie detrás de mí, sonriendo como un perfecto imbécil.

A Zayne se le contrajo la mandíbula.

Apenas.

Pero fue la única señal de irritación que se permitió mostrar.

—Yo no lo invité.

—¡Eso no importa!

—Sí que importa.

—Zayne hizo una pausa, y su voz sonó más grave—.

No puedo controlar a todo el que aparece en una lista de invitados que yo no he hecho.

Mamá invitó a Pierce, así que supongo que él se vino de acompañante.

Sienna soltó un bufido de frustración y se apartó, yendo de un lado a otro de la habitación antes de volverse de nuevo hacia él.

—De acuerdo.

Entonces, ¿dónde estabas cuando Isla te buscaba?

Zayne parpadeó.

—¿En serio?

—Muy en serio.

—Salí un momento.

—¡¿A qué?!

—A fumar.

Las fosas nasales de Sienna se ensancharon.

—Incluso en un día como este.

—Sí —dijo él con voz cortante.

Sentí que se me encogía el corazón al oír eso.

«¿Por qué estoy en medio de esta discusión?».

—Y de entre toda la gente con la que podrías haber vuelto —continuó Sienna—, ¿tenías que entrar con Nero?

Ah.

El chico larguirucho de antes.

Zayne soltó un suspiro lento y cargado de fastidio.

—¿A ti qué te importa con quién entre?

Nero estaba fuera.

—Es problemático.

—Yo también lo soy —dijo Zayne.

Eso la hizo callar por un segundo.

Pero solo por un segundo.

Sienna se acercó más, hundiéndole un dedo en el pecho.

—Esta es mi boda, Zayne.

El único día, UN ÚNICO DÍA, en que podrías fingir que no cargas con el peso del mundo a tus espaldas.

La mirada de Zayne se agudizó, gélida.

—Estás proyectando.

Sienna bufó.

—¿Perdona?

—Estás estresada, asustada, probablemente te arrepientes de la mitad de la gente que ha venido, y la estás pagando conmigo.

La voz de Sienna se alzó.

—¡Porque me lo pones MUY FÁCIL!

Zayne ladeó ligeramente la cabeza, una señal de advertencia que yo ya había visto antes.

Y, aun así, Sienna continuó.

—Te dije que no quería a Silas cerca de mí —dijo, con la voz temblorosa de rabia—.

Y aun así dejaste que se colocara detrás de mí como si ese fuera su lugar.

Desapareciste cuando doblaron la seguridad.

Llegaste tarde.

Con Nero.

Ni siquiera te quedaste a mi lado como debías durante las fotos…, parecía que querías salir corriendo…

—Basta ya —dijo Zayne.

—No —espetó Sienna—.

No basta.

Se supone que hoy el día trata SOBRE MÍ.

Y, sin embargo, de alguna forma, te las arreglas para hacer que todo se sienta…

La voz de Zayne restalló como un látigo.

—¿POR QUÉ siempre vienes a por mí?

La habitación quedó en un silencio sepulcral.

Contuve la respiración.

Sienna se quedó paralizada, con la boca entreabierta, pero sin que saliera ningún sonido de ella.

Zayne se acercó, bajando la voz, pero, de algún modo, volviéndola más cortante.

—Como si para mí fuera más fácil —dijo—.

Como si yo fuera el niño mimado que va por la vida sin problemas.

Te veo…

—se dio un golpecito en la sien—.

Pero no puedo VERTE con claridad, Sienna.

Sabes de puta madre que odio las fotos.

SABES que no puedo ver los colores sin las lentillas.

Pero, aun así, me quedé ahí.

¿Por qué?

Porque eres mi hermana.

Porque para ti era importante.

Sienna tragó saliva; la furia de su rostro flaqueó.

Zayne soltó una risa; un sonido quebrado y sin una pizca de humor.

—¿Y cómo me lo pagas?

Culpándome de tu puta actitud la mitad del tiempo.

—Zayne…

—No.

—Su voz sonó queda, pero letal—.

No tienes derecho a atacarme hoy.

Hoy no.

Sienna retrocedió un paso, atónita.

—¿Así que a esto hemos llegado?

Zayne la miró fijamente.

Cada fibra de su ser estaba tensa, vibrando de frustración y de algo más oscuro.

Entonces, su mirada se desvió hacia mí.

Solo un segundo.

Lo suficiente para rasgar el aire entre nosotros.

Había dolor en esa mirada.

Mucho dolor.

Y entonces exhaló.

No fue una exhalación suave.

Ni calmada.

Fue áspera.

Definitiva.

—¿Sabes qué?

—dijo, girándose hacia la puerta—.

Arregla tú sola tus líos.

Estoy harto de ser el villano en la historia de los demás.

—Zayne…

—Sienna alargó la mano.

No se detuvo.

Ni siquiera aminoró la marcha.

Abrió la puerta de un empujón y salió al pasillo…

Entonces hizo una pausa.

Solo un instante.

Sin mirar atrás, dijo una frase que me heló hasta la última gota de sangre en las venas:
—Y, Isla…, puedes elegir a quien quieras.

De todos modos, soy un desastre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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