Héroe de la Oscuridad - Capítulo 583
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Capítulo 583: 2 Enanos
Kahn siguió caminando descalzo mientras el calor abrasador de la atmósfera lo envolvía y sus piernas ardían al pisar las baldosas candentes del camino que conducía a las zonas interiores de aquel gigantesco castillo cuyo final no podía ver.
A diferencia de los edificios de fuera, que eran del tamaño normal de cualquier otro asentamiento del Imperio Vulcan… Incluso la puerta de entrada de este castillo medía un par de kilómetros de ancho y el diminuto Kahn, del tamaño de una hormiga frente a estas masivas construcciones, solo podía ver sus extremos.
Pasaron las horas y luego los días, pero Kahn siguió caminando incansablemente por el interior de aquel castillo que, a juzgar por los sonidos que podía oír, parecía ser la residencia de seres insondables.
Su expresión demacrada y abatida bastaba para comprender la presión que estaba soportando, pero aun así… sus pasos no se detuvieron en absoluto.
¡BUM!
¡BUM!
Los anteriores ruidos metálicos del martilleo y el temple se habían vuelto demasiado fuertes, y podía sentir las ondas de choque viajar por el aire y el suelo.
Y finalmente un día… Kahn llegó a un terreno ancho y llano con dos extremos situados a solo un kilómetro de distancia el uno del otro, y su mirada se posó en dos figuras gigantescas.
En realidad, Kahn solo estaba en la entrada de una pequeña puerta. Y frente a él, había dos Enanos gigantescos ocupados forjando.
Según sus cálculos, cada uno de los Enanos medía un kilómetro de altura. Incluso los enormes martillos y el equipo que sostenían en sus manos medían entre 200 y 300 metros de largo.
Y solo después de ver a estos dos individuos… Kahn por fin recuperó la consciencia por completo y empezó a comprender la situación a su alrededor.
Rápidamente intentó emanar su presión santa, pero no salió nada de su cuerpo. Su ropa, sus armas, el anillo espacial… no llevaba nada de eso consigo.
—¿Eh?
¿Cómo es esto posible? ¿Después de tantos años? —dijo uno de los Enanos, que vestía una brillante armadura plateada, de su casco salían dos cuernos y sostenía un martillo en la mano izquierda y una larga alabarda en la derecha.
Este Enano titánico tenía una barba blanca trenzada y de vez en cuando relámpagos recorrían su cuerpo acorazado como si fuera algo muy natural.
Pero el aura que este Enano desprendía… era algo inexplicable para Kahn. Algo que había sentido antes, pero no podía recordar exactamente dónde ni cuándo.
—¿Dos a la vez? —dijo el otro Enano, que lucía una armadura marrón y verde con dos alas amarillas en el casco.
Este segundo Enano gigantesco sostenía un martillo de guerra dorado en la mano y llevaba un libro atado a la cintura.
La larga y trenzada barba castaña y la capa de lana blanca diferenciaban su aspecto del anterior.
—Esto no había pasado nunca —dijo el primer Enano mientras le lanzaba una mirada de sorpresa al otro.
—Han pasado más de doce mil años desde que un humano apareció por aquí. Supongo que no son un caso perdido, después de todo —dijo el segundo Enano gigantesco.
Kahn, que había salido de su trance, por fin recuperó el control de sus pensamientos.
«¿Dos?»
Justo entonces, miró a su izquierda.
Y a la izquierda y al lado opuesto de la puerta por la que había entrado estaba… Muro Negro.
Muro Negro también estaba desconcertado y acababa de recuperar el control de su cuerpo. Y él también estaba completamente desnudo, igual que Kahn.
—Muro Negro, ¿puedes oírme? —preguntó Kahn a través de su enlace telepático.
—Maestro, ¿dónde está? —preguntó Muro Negro con sorpresa.
—A tu derecha —respondió Kahn.
Comparados con las dos figuras gigantescas, sus cuerpos eran como pequeños granos de arena.
¡¡BUM!!
Al instante siguiente, el cuerpo de Muro Negro desató una explosión masiva de aura marrón y su figura entera comenzó a transformarse.
Y en solo un minuto… Muro Negro volvió a su forma original de Kronos y se convirtió en un titán primordial, mientras su altura también aumentaba hasta alcanzar un kilómetro e igualar a los dos Enanos.
—Oh, este… no es un humano.
Bueno… no es un verdadero ser vivo. Una creación… un linaje de sangre de titán, habilidades y las destrezas de un Caballero.
Qué extraño —dijo el primer Enano.
Pero sin perder más tiempo, el general titán se movió rápidamente y recogió a Kahn mientras hundía la mano en el suelo y, usando sus habilidades innatas, sacaba un hacha de batalla de la tierra.
Colocó a Kahn en su hombro y adoptó una postura defensiva contra los dos Enanos, con las mentes de ambos alerta y recelosas de estas dos figuras gigantescas.
Justo entonces, el segundo Enano entornó los ojos y centró su mirada en Kahn y, un instante después, estos se abrieron de par en par.
—¡Ja!
¡Hermano, por primera vez… tenemos a un Héroe elegido entrando en nuestro reino! —exclamó con alegría.
—¿Qué? —preguntó el primer Enano, y también él centró su atención en Kahn y se quedó con la boca abierta después de juzgar también las características de Kahn.
—¡Espera! Están conectados por una cadena de almas.
Este joven Titán es la creación de ese Héroe elegido —continuó el primer Enano de la armadura plateada.
—Qué raro y asombroso al mismo tiempo —dijo el segundo Enano, que parecía ser el hermano del primero por sus palabras.
—¿Quiénes sois? ¿Y qué es este lugar? —preguntó Kahn con voz perpleja, porque no tenía ni idea de lo que estaba pasando.
Lo único que recordaba era que estaba absorto en sus pensamientos mientras realizaba el temple y, de repente, perdió la consciencia y el mundo a su alrededor se quedó en blanco.
—¿Que quiénes somos? Haces esa pregunta justo dentro de nuestro castillo —dijo el segundo hermano con una risita.
Tanto Muro Negro como Kahn estaban indefensos en ese momento y, de no ser por el general Caballero del Abismo, ni siquiera podrían hablar con estas figuras gigantescas a la misma altura.
Por lo tanto, estaban preparados para hacer frente a cualquier tipo de ataque si la situación lo requería.
Sin embargo, en lugar de mostrar hostilidad alguna hacia estos nuevos invitados inesperados, los hermanos enanos no mostraron ningún recelo.
—Me llamo Brokkr —se presentó el primer Enano de la armadura plateada y con un martillo.
—Me llamo Eitri —dijo el segundo Enano, el de la armadura marrón y verde con un martillo de guerra dorado en la mano.
—Podéis llamarnos…
Ambos esbozaron una sonrisa de suficiencia y hablaron al unísono.
—Deidades de la Herrería.
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