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Hierro y Sangre - Capítulo 89

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Capítulo 89: Capítulo 89: Carne y Sangre

(Narra Einar)

El beso fue el detonante. Valka mordió mi labio inferior con fuerza suficiente para sacar sangre, y el sabor metálico me encendió como una antorcha en brea. La empujé contra el muro ennegrecido del bastión, sintiendo cómo su cuerpo se arqueaba contra el mío, desafiante. Mis manos bajaron a sus caderas, clavando los dedos en la carne bajo el cuero, y la levanté del suelo como si no pesara nada. Ella envolvió sus piernas alrededor de mi cintura, despojándome de la túnica de cuero para arañarme la espalda con uñas que dejaban surcos rojos y ardientes.

—No te contengas, druida —gruñó contra mi boca, jalándome el cabello desde la nuca para obligarme a mirarla a los ojos. Sus pupilas eran pozos de lujuria cruda, sin una pizca de ternura.

No lo hice. La dejé caer al suelo nevado, que se derretía bajo mi calor residual, y la volteé de espaldas. Le arranqué la ropa interior bajo la falda de guerra de un tirón, exponiendo su piel pálida marcada por cicatrices de batallas pasadas. Di una nalgada fuerte, el sonido resonando como un latigazo en el silencio del bastión destruido. Valka soltó un gemido ahogado, no de dolor, sino de aprobación salvaje, arqueando la espalda para invitar a más.

(Narra Aelnora)

Raven me besó de nuevo, pero esta vez sus labios fueron precisos, explorando sin prisa, como si midiera cada pulso bajo mi piel. Sus manos subieron por mis brazos, deshaciendo los lazos de la túnica con una delicadeza que contrastaba con la oscuridad de su magia. La tela cayó al suelo del laboratorio, dejando mi cuerpo expuesto al aire cargado de azufre. Hacía tiempo que no sentía esto, recordé el tacto de Einar en los baños, pero esto era diferente, el roce de dedos ajenos, el calor de otra piel contra la mía, un calor que buscaba más, que no se detiene por miedo. No era amor lo que buscaba; era reclamar lo que el celibato de la fe me había robado.

—Relájate —murmuró él, su voz un susurro controlado mientras me guiaba hacia la mesa de trabajo, apartando viales y reactivos con un gesto—. Deja que tu cuerpo hable.

Raven se despojó de su ropas y sus manos recorrieron mis costados, trazando las curvas de mis caderas con una lentitud que me hacía consciente de cada terminación nerviosa. Su tacto era deliberado; una exploración sutil, como si estuviera mapeando mi sangre misma. Sentí un pulso extraño en él, un calor que se concentraba donde su cuerpo se presionaba contra el mío. Usaba su magia manipulando el flujo sanguíneo para agrandar su virilidad, endureciéndola como hierro forjado, lista para perdurar sin flaquear.

(Narra Einar)

Baje mis pantalones con urgencia y entré en ella de un solo empujón, crudo y sin preámbulos, sintiendo cómo su calor me envolvía en un vicio que borraba todo pensamiento. Valka jadeó, clavando las uñas en la tierra congelada, y empujó hacia atrás con la fuerza de una guerrera. Jalé su cabello hacia atrás, exponiendo su cuello, y mordí la piel allí, dejando marcas rojas que se hinchaban al instante. Ella rió, un sonido gutural y desafiante, y me arañó los muslos, dejando rastros de sangre que se mezclaban con el sudor.

—Más fuerte, maldito lobo —exigió, girando la cabeza para morder mi antebrazo.

Respondí con otra nalgada, más dura, el impacto reverberando en su carne. Nos movíamos como animales en celo, cada embestida un golpe de furia acumulada: por Nereida, por Aelnora, por la vida que me había masticado y escupido. No había palabras dulces, solo gruñidos, jadeos y el golpe húmedo de piel contra piel en la nieve derretida.

(Narra Aelnora)

Raven me recostó sobre la mesa, su cuerpo cubriendo el mío con una precisión calculada. Entró en mí despacio, permitiéndome sentir cada centímetro, su virilidad endurecida por la magia sanguínea manteniéndose firme, inquebrantable, prolongando el placer sin esfuerzo aparente. Era como si controlara el tiempo mismo, extendiendo cada movimiento para que durara, para que mi cuerpo redescubriera sensaciones olvidadas. Mis manos se posaron en su espalda explorando los músculos tensos bajo mi tacto.

No era romántico; era clínico en su intensidad, una reconquista metódica. Sentí el placer construir en oleadas sutiles, como un río que se desborda lentamente. Raven manipulaba su propia sangre para mantener el ritmo perfecto, sin fatiga, permitiéndome perderme en la sensación después de años de negarme esto. Jadeé cuando ajustó el ángulo, tocando puntos que me hicieron arquear la espalda, pero no gritamos; solo respiraciones controladas, un intercambio de placer puro sin promesas ni ataduras.

(Narra Einar)

Cambiamos posiciones con brutalidad: le arranque el peto con un solo movimiento y la puse de espaldas contra el muro, levantando una de sus piernas para penetrar más profundo. Valka mordió mi hombro, sus dientes hundiéndose hasta que sentí el calor de la sangre brotar. Respondí con un jalón de cabello que la obligó a exponer el cuello de nuevo, y mordí sus pechos repetidamente mientras empujaba, cada mordida sincronizada con mis embestidas. Ella arañó cada parte de mi piel que tenia a su alcance, dejando líneas rojas que ardían como fuego, y su risa se mezcló con gemidos roncos.

Era salvaje, crudo, un desahogo de rabia y lujuria que no dejaba espacio para nada más. Culminamos en un clímax violento: yo gruñendo como una bestia, ella clavando las uñas en mi espalda mientras su cuerpo se convulsionaba. Colapsamos en la nieve, exhaustos, sin abrazos ni palabras suaves. Solo el silencio roto por respiraciones agitadas y el olor a sexo y sangre.

(Narra Aelnora)

Raven mantuvo el control hasta el final, su magia asegurando que su dureza no flaqueara, prolongando el acto hasta que el placer se volvió casi tortuoso. Culminé en un orgasmo sutil, un estallido interno que me dejó temblando, reconectada con mi propio cuerpo después de tanto tiempo. Él se retiró con la misma precisión, sin efusiones, solo un asentimiento de reconocimiento mutuo.

Nos vestimos en silencio, el laboratorio volviendo a su orden habitual. No era amor; era un acto de liberación, un paso hacia reclamar mi voluntad sin cadenas divinas ni emocionales. Salí de allí con el cuerpo relajado, pero el corazón aún pesado, sabiendo que esto era solo un respiro en la tormenta mayor.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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