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Hierro y Sangre - Capítulo 91

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Capítulo 91: Capítulo 91: Agua, Vapor y Acero

(Narra Aelnora)

El vapor de los baños era tan denso que apenas podía ver mis propios pies al caminar. El olor a pino y eucalipto intentaba, sin mucho éxito, enmascarar el aroma a hierro y sudor que todavía impregnaba mis poros. A través de la bruma, divisé a Valka. Estaba sumergida hasta los hombros, con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en el borde de piedra.

Me quité las últimas piezas de mi ropa interior y caminé hacia el agua.

—Gracias, Valka —dije en voz baja.

La duelista abrió un ojo, observándome con curiosidad. —Lindas tetas elfa, pero…¿Por qué me agradeces?

Me quedé quieta un momento, sintiendo el calor del agua y el del vapor en mis mejillas

—Gracias, Valka, por tu comentario…y por ser siempre tan impulsiva. Por correr tras Einar para que no luchara solo en Pinogris. Gracias por mantenerlo a salvo.

Valka soltó una pequeña risa, esta vez sin rastro de su habitual burla ácida. Se pasó una mano por el cabello empapado, apartándolo de su rostro lleno de cicatrices. —Hice un poco más que eso, clériga.

Me detuve un segundo antes de entrar al agua, sosteniéndole la mirada con una calma que ella no esperaba. —Lo sé. Y mientras tú y tu lindo trasero se revolcaban con Einar entre sangre y nieve… yo me acosté con Raven en su laboratorio. Se puede decir que también me cubrí de sangre, pero en un sentido mucho muy diferente.

Valka se incorporó de golpe, salpicando agua y mirándome con un asombro genuino. Sus labios se abrieron en una “O” perfecta. —¡No lo creo! Por fin te permites vivir el momento… la santa ha dejado el altar.

Me reí mientras me sumergía en el agua caliente, sintiendo cómo mis músculos se relajaban por primera vez en días. —Tu beso me abrió los ojos, supongo —admití, soltando un suspiro de alivio al sentir el calor envolviéndome—. Me di cuenta de que no quería seguir esperando a un fantasma.

—Ya era hora, clériga —dijo ella, nadando un poco más cerca—. El acero protege el corazón, pero es la piel la que siente el mundo. Me alegra que por fin hayas decidido salir de tu armadura.

Valka se inclinó y me preguntó en un susurro cargado de picardía: —Dime… ¿cómo la tiene?

La miré, y por un momento, la imagen de Raven en el laboratorio cruzó mi mente. Le respondí con el mismo susurro cómplice: —¿Cómo crees que la tiene alguien que puede manipular su propia sangre?

—¡Noooooo! —exclamó Valka, echándose hacia atrás y golpeando el agua con la mano.

—Si, Valka —me reí, sintiendo cómo mis mejillas se calentaban no solo por el vapor—. Es enorme. Y tan dura como el metal forjado por Ulm.

—Nada es tan duro como el metal que hace mi gigante con sus manos —dijo una voz aguda desde la entrada.

Aeris entró al baño, cargando unos aceites aromáticos. Al verme allí, desnuda y compartiendo confidencias con Valka, me puse roja como un tomate de inmediato. Pero la pequeña artífice no parecía escandalizada.

—Tranquila, Aelnora. No diré nada —dijo Aeris mientras se desvestía con naturalidad y entraba al agua con nosotras.

Valka no perdió el tiempo. Soltó una carcajada y señaló a la pequeña. —Aeris…

Aeris la interrumpió con una sonrisa de suficiencia, sin dejar espacio a la imaginación. —Tan grande como mi antebrazo.

—¡No jodas! —exclamé, olvidando mi decoro clerical por completo—. ¿Por eso caminabas con la cadera chueca el otro dia?

Las tres estallamos en una carcajada que resonó en las bóvedas de piedra. El momento de camaradería se extendió entre anécdotas de guerra y confesiones que nunca habríamos hecho bajo el estandarte de la Dama.

(Narra Ulm)

El agua en el baño de hombres ya estaba hirviendo cuando llegué. Al entrar, vi una silueta familiar sentada en el banco de piedra, frotándose la cara con energía.

—¡Einar! ¡Volviste! —exclamé con entusiasmo—. Me tenías preocupado, amigo. Pensé que tendríamos que ir a recoger tus pedazos al valle.

Me quité la toalla de la cintura, disponiéndome a entrar en el estanque principal. Einar levantó la vista y, al verme, sus ojos se abrieron de par en par.

—¡Wow! ¡Ulm, apunta esa arma hacia otro lado! —gritó, levantando las manos en señal de defensa.

Me carcajeé, mi risa retumbando en el recinto como un trueno. —Es solo el equipo de minería, druida.

Entré al agua de un salto, provocando una ola que casi empapa las túnicas que Einar había dejado en el banco. Él se acomodó, mirándome con una mezcla de respeto y espanto.

—Pobre Aeris… ¿cómo logran…? —murmuró Einar, negando con la cabeza.

Me reí de nuevo, recostándome contra el borde de piedra. —Ella es… flexible, Einar. Muy flexible. Además, ella es quien diseña los mecanismos, ¿recuerdas? Sabe cómo manejar la presión.

—Si tú lo dices… —respondió él, dejando escapar un suspiro largo.

Lo observé con atención. Ya no tenía esa mirada perdida y grisácea de las últimas semanas. Había algo más vivo en él, como una brasa que finalmente ha encontrado aire para respirar. —Te noto un poco más animado, querido amigo.

—Ya no había nada más de mí que se pudiera romper, Ulm —dijo Einar, mirando sus propios nudillos marcados—. Supongo que finalmente estoy poniendo las piezas de nuevo en su lugar. Ya no busco lo que perdí, ahora trato de ver qué puedo construir con lo que me queda.

—Me alegra, druida. Mucho.

De repente, un estruendo hizo que ambos nos pusiéramos en guardia. Las puertas del baño se abrieron de golpe y Berg, el ariete de seis patas entró corriendo con la lengua fuera. Antes de que pudiera gritar su nombre, la bestia saltó al agua con un entusiasmo suicida, salpicando una cantidad increíble de agua caliente sobre nosotros y fuera del estanque.

—¡Por los dioses, Ulm! ¡Controla a tu amigo! —gritó Einar, escupiendo agua y riendo a pesar de sí mismo.

—¡Tú no puedes controlar a Fenrir! —le respondí, tratando de quitarme los pelos mojados de la cara.

—Fenrir soy yo —replicó Einar con orgullo.

—Y eso no cambia en nada lo que dije —solté una risa burlona mientras Berg empezaba a juguetear con sus seis patas en el agua, tratando de atrapar las burbujas que yo mismo provocaba al moverme.

Nos quedamos allí, bajo el vapor, compartiendo el silencio de la supervivencia. La guerra seguía afuera, pero en el agua caliente del Colmillo de Wyvern, por un momento, fuimos simplemente hombres y bestias disfrutando de la paz antes de la próxima tormenta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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