Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

high school dxd: Sombras de un dios errante - Capítulo 19

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. high school dxd: Sombras de un dios errante
  4. Capítulo 19 - 19 Capítulo 18 Traumas Pasados
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

19: Capítulo 18: Traumas Pasados 19: Capítulo 18: Traumas Pasados *Perspectiva de Issei/Damián – Espacio mental* “Mierda… “murmuré adolorido mientras me incorporaba.

Me encontraba en un lugar completamente blanco.

“Genial… ¿algún imbécil me encerró en una prisión?

Oye, Ddraig, ¿qué sucedió?

“ pregunté, irritado y curioso, mientras miraba a mi alrededor.

Vi una puerta a lo lejos, así que comencé a caminar hacia ella.

Pasaron varios segundos, pero Ddraig no respondió.

Fruncí el ceño.

“Oye, Ddraig… Ddraig, ¡ey!

¡Ddraig!

“repetí, cada vez más molesto.

Al pensar que me estaba ignorando, apreté los dientes y avancé con pasos más pesados.

“¡Mierda!

¡Maldita lagartija ególatra!

“grité furioso al no recibir respuesta.

Al llegar a la puerta, intenté abrirla, pero no cedía.

La perilla giraba, pero no abría.

“Tsk… lo que faltaba “dije con cansancio.

Intenté usar un círculo mágico… nada.

Fruncí el ceño, tratando de activar el Boosted Gear… pero tampoco pasó nada.

Una idea me atravesó la mente y sentí cómo mi corazón comenzaba a palpitar con fuerza.

“Ddraig… “susurré con voz temblorosa ”Ddraig… amigo… ¡DRAIG!

“comencé a gritar desesperado, pensando que tal vez todo había sido un sueño, o una mala broma de algún dios bastardo.

“¡¿Alguien?!

¡Ayuda!

¡AYUDA!

“grité con miedo mientras golpeaba la puerta con fuerza.

Las lágrimas se acumularon en mis ojos por primera vez en mucho tiempo.

La idea de estar solo… otra vez… me aterraba.

Cerré los ojos con fuerza, tratando de buscarlo dentro de mí… desesperado… y no había nada.

“Ddraig… “repetí sin poder evitar que mi voz se quebrara.

Cuando abrí los ojos, ya no estaba frente a la puerta, ni en ese maldito vacío blanco.

Estaba recostado contra un árbol, en medio de lo que parecía un bosque… o tal vez una selva.

Miré confundido a mi alrededor y me levanté con dificultad.

“¿Qué…?

“balbuceé, desorientado.

Mi confusión se intensificó cuando noté que mi cuerpo había cambiado.

Era más alto.

Levanté las manos y las miré, mis viejos brazos musculosos, desnudos.

Las manos manchadas de sangre.

Revisé mi torso, heridas de corte, una herida de bala aún sangrante… mi camisa empapada en sangre, rasgada.

Mis pantalones estaban apenas manchados, y mis botas negras… lo recordaba.

“Yo… no morí… “balbuceé, reconociendo la ropa.

Era la que llevaba antes de morir en mi vida pasada.

O tal vez… antes de alucinar al borde de la muerte.

“No… no, no, no… “murmuré incrédulo antes de empezar a correr por la selva.

“¿Crees que ese anciano pague más si entregamos el cuerpo de su hijo?

“una voz femenina, tan familiar, resonó en mis oídos.

Me detuve en seco.

Giré la cabeza en esa dirección y avancé lentamente entre la maleza.

“No lo sé.

Pagó por matar a su propio hijo… ¿crees que le importa si entregamos el cuerpo o no?

“respondió otra voz masculina.

“Ortega… “murmuré el nombre del bastardo que me disparó.

“Los ricos son raros.

Ese bastardo lo tenía todo y aún así escapó.

Parecía normal cuando lo conocimos… luego entendí por qué nunca decía su apellido “otra voz, también masculina, se escuchó burlona.

“Rico… “susurré, sintiendo cómo la rabia se encendía en mi pecho mientras apretaba los puños.

“Da igual.

Mencionó algo sobre entregar su cuerpo como regalo de bodas a su otro hijo.

Habló sin pelos en la lengua.

Dijo que una chica… Cecil… fue la razón por la que Damián abandonó a su familia.

Se casará con su hermano “la voz de Valeria retumbó en mi mente, provocando que mi pecho latiera con violencia.

“¿Abandonar a tu familia por una puta?

Qué imbécil.

Yo habría esperado hasta heredar todo, y luego me habría deshecho de esos bastardos.

Los ricos son unos hijos de puta” rio uno de ellos con desprecio.

Avancé, rompiendo la maleza.

Ahí estaban… los tres.

Los malditos que acabaron con mi vida.

“Fui un imbécil… “murmuré mientras caminaba hacia ellos.

“¿¡Qué carajos!?

“gritó Rico, apuntándome con su rifle” ¡No murió el bastardo!” “¡¿Qué?!

¡¿Está vivo?!

“Ortega retrocedió, tomando sus cuchillos y adoptando postura de combate.

“Por eso dije que debiste apuntar a la cabeza, imbécil.

¿Ni siquiera aseguraron que estuviera muerto?

“dijo Valeria con frialdad, acercándose a mí.

“Está herido.

No será un prob” no terminó de hablar.

Me lancé sobre ella, tomándola del cuello con fuerza.

“Fui un imbécil… fui un imbécil… un imbécil… “repetía aturdido, apretando más y más.

“¡Disparen!

¡Maldita sea!

“gritó Valeria con voz entrecortada.

Rico comenzó a disparar.

No me importó.

No sentía los golpes desesperados de Valeria ni las balas.

Yo solo quería acabar con ellos.

“¡Hijo de perra!

“grité furioso mirando a Rico.

Solté a Valeria, le arrebaté el arma de su cinturón y le disparé en la cabeza a rico, Cayó muerto en el acto.

Volví a tomar a Valeria del cuello y le apunté a la boca.

Miré a Ortega.

“Lo desollaré “dije con una sonrisa fría, y apreté el gatillo.

La cabeza de Valeria estalló.

Me giré hacia Ortega y comencé a reírme… maniáticamente.

“¡Cabron!

“gritó, lanzándose hacia mí.

Me cortó la muñeca… vi cómo mi mano caía.

Sin sangre.

Sin dolor.

Giré la cabeza sin expresión y lo miré.

Sonreí.

“Bastardo… bastardo… maldito bastardo… hijo de perra… “repetía entre carcajadas mientras me acercaba.

Él intentó otro ataque.

Lo esquivé.

Le tomé la muñeca y la torcí con fuerza, quebrando su antebrazo.

El grito fue ahogado.

“Cecil… “susurré, recordando a esa perra que alguna vez amé.

Recordé a Cleria… y las lágrimas comenzaron a caer.

Golpeé el rostro de Ortega con velocidad, lanzándolo al suelo.

“¡Maldito!

¡Si nosotros no pudimos matarte, alguien más lo hará!

¡Te detendrán!

“gritó con desesperación.

Me coloqué sobre él, lo miré fijamente y sonreí.

“Incluso si muero… arrastraré a los dioses al Averno si me detienen” Comencé a golpearlo sin piedad.

Una y otra vez.

El rostro de Ortega se hundía con cada golpe.

La sangre salpicaba.

Pero no me detenía.

“Greta… Cleria, María, Clara, Cecilia… “murmuré mientras golpeaba, pensando en todos aquellos nombres que dolían como un maldito puñal.

“Greta… Cleria, María, Clara, Cecilia… “repetí mientras sollozaba.

Los sonidos húmedos de mi puño contra su carne se mezclaban con mis sollozos.

Probablemente ya estaba muerto… pero seguí.

Seguí golpeando hasta que ya no pude más.

“Issei… basta… “una voz lejana susurró.

Agitado, jadeando, dejé de golpearlo.

Me levanté, mi puño ensangrentado, y sin mirar atrás, comencé a caminar por la selva, con la mirada perdida.

“Cecil… “pensé, sintiendo cómo el vacío se hacía más profundo.

Aquella perra se casaría con mi hermano.

Continué caminando, escuchando cómo murmullos de voces que hace tiempo no escuchaba llegaban a mí, incitándome repetidamente a dejarme caer en el abuso y surgir con poder.

Continué vagando por varios minutos.

En algún momento, sin darme cuenta, el ambiente volvió a cambiar.

Esta vez, me encontraba en un barrio que hace mucho no veía.

Era el barrio en el que crecí.

Frené en seco al ver el asfalto del suelo, levanté la mirada, y allí, allí estaba… aquella maldita mansión de la que escapé hace casi 8 años.

Caminé aturdido hasta la puerta, frenando en seco mientras la miraba.

Levanté mi brazo con mi mano intacta, antes de golpear suavemente.

Esperé por varios segundos sin respuesta.

Aún estaba agitado por mi anterior arrebato.

Golpeé nuevamente con tranquilidad.

Nuevamente, no hubo respuesta.

Mi cuerpo comenzó a temblar por la furia.

Apreté fuertemente mis dientes antes de patear con fuerza esa maldita puerta.

La puerta se abrió inmediatamente con brusquedad.

Allí vi a varios bastardos que hicieron un infierno de mi vida múltiples veces.

Mi padre, ese anciano cabrón, me miró fijamente con frialdad, con superioridad.

Se levantó y se acercó en mi dirección.

“¿Qué crees que estás haciendo?

¿Estás interrumpiendo nuestra reunión?

¿No sabes que una reunión entre las tres… “el bastardo continuó hablando, antes de que le propinara un golpe en el rostro.

Extrañamente, el bastardo salió disparado por los aires.

No le di importancia.

Lo tomé por uno de sus tobillos antes de lanzarlo contra el suelo.

Sentí un ardor en la garganta, queriendo vomitar.

“Cabrón… “murmuré antes de vomitar un líquido rojizo, negruzco y viscoso.

El bastardo en el suelo que solía llamarse mi padre no se levantó.

Dirigí la mirada a los demás, buscando con ella a la perra con la que quería acabar… y allí, allí estaba.

Cecil.

Cecil Hernández, esa chica de cabello albino y ojos oliva.

Había cambiado mucho.

Había crecido mucho.

Me acerqué lentamente, y la imagen de una mujer se superpuso con la de Cecil.

Una mujer con los mismos rasgos, pero un cuerpo más voluptuoso y una sonrisa que hizo latir mi corazón.

“Cleria… “balbuceé mientras me acercaba.

Ella me miró fijamente antes de sonreír y abrir sus brazos hacia mí.

La imagen de Cleria desapareció, y vi nuevamente a esa maldita perra, Cecil.

“Cecil, Cecil, Cecil… “murmuré, repitiendo una y otra vez.

Llegué frente a ella y correspondí el abrazo.

La abracé cada vez más fuerte.

“Eres… una maldita… una… maldita… “balbuceé, aturdido, mientras mordía repentinamente su hombro, provocando un grito de dolor en ella.

Aun así, no me soltó.

Me abrazó fuertemente.

“Tranquilo “dijo suavemente.

Las lágrimas se acumularon nuevamente en mis ojos.

“Maldita… tú… me abandonaste, Cecil “dije con voz ronca”Me hiciste a un lado y te fuiste… me dejaste con ellos… por dinero “dije furioso mientras sollozaba”.

Me abandonaste, Cecil.

Me abandonaste.

¿¡Por qué!?

¿¡Por qué!?” grite desesperado, queriendo aplastarla con mi abrazo hasta la muerte “Tranquilo… Issei, estoy aquí.

Confía, ¿bien?

Todo estará bien.

Tranquilo…” Su voz me tranquilizó.

No sabía por qué, pero su voz me parecía bastante familiar, aunque no podía decir de dónde.

Además… Issei… ese nombre… “Cleria… “balbuceé aturdido, mientras me sentía extrañamente pequeño frente a ella”.

Cleria… “susurré entre sollozos mientras finalmente me rompía, deseando que aquella mujer que se parecía tanto a Cecil, aquella que me ayudó, me protegió… aquello que era lo más similar al amor de mi vida, una patética broma divina de una hermana mayor… me cuidara.

De repente, se mentí mareado.

Cerré los ojos fuertemente.

Cuando los abrí, nuevamente cambié de lugar.

Ahora estaba en una habitación negra, bastante grande, más bien un salón.

Muchas personas me miraban aturdidas.

Mi cuerpo nuevamente era pequeño.

“¡Issei!

¡Issei!

¡Reacciona, Issei!

“los gritos repetidos de Ddraig llegaron a mis oídos.

Miré mi mano, la mano que Ortega me había cortado… y allí estaba, el Boosted Gear, con la gema verde brillando de una forma que jamás había visto.

Miré nuevamente al frente.

Vi a Cleria.

Estaba arrodillada, abrazándome fuertemente.

Vi su cuello.

Una mordida con sangre saliendo estaba marcada entre su cuello y hombro.

Miré su rostro.

Cleria estaba sollozando en silencio mientras me abrazaba con aún más fuerza.

*Perspectiva de Cleria Belial* “Dios…” murmuré con cansancio, soportando el dolor de cabeza causado por mencionar a aquella figura divina.

Dos demonios de alto rango me escoltaban hasta el salón donde se llevaba a cabo la reunión entre las tres facciones con respecto a Issei.

Llevaba poco más de un día sin verlo a él ni a mi nobleza.

Las órdenes de Sirzechs habían sido claras,mi retención temporal hasta que las tres facciones tomaran una decisión final, debido a mi corrupción y traición por hacer un acuerdo con los ángeles a causa de Issei.

Llegamos rápidamente a la entrada del salón.

Justo antes de que uno de los demonios empujara la puerta, sentí dos miradas distintas: Gabriel me observaba fijamente, con confusión y compasión; por otro lado, Sirzechs me miraba con clara molestia.

Avancé con tranquilidad… pero una energía masiva explotó de pronto.

Era una presión descomunal, Sirzechs miro con frialdad en dirección a la puerta, antes de simplemente volver a mirarme, “Hemos llegado a una decisión”, dijo Sirzechs con irritación.

“¿Cuál fue el resultado?” pregunté con calma, justo antes de que golpes suaves llegaran desde el otro lado de la puerta.

Todos los ignoraron.

“El chico decidirá qué sucede con el agresor… y será compensado por el Inframundo”, respondió Azazel con tono juguetón.

“¿En serio?” pregunté incrédula, sabiendo lo difíciles que eran los malditos Mahous.

Una segunda tanda de golpes llegó desde la puerta.

“Tsk, ¿no podrían esperar?” se quejó un noble de la casa Bael, alejándose de su grupo.

Esta vez, un fuerte golpe retumbó antes de que la puerta se abriera bruscamente.

Issei entró repentinamente.

Su cuerpo estaba cubierto de vendajes, una energía carmesí densa recorría su cuerpo.

El Boosted Gear brillaba en su brazo derecho.

La gema del artefacto resonaba con fuerza.

Ddraig gritaba, rogando y suplicando que Issei se calmara, lo cual me sorprendió.

“¿¡Qué crees que estás haciendo!?

¿¡Estás interrumpiendo nuestra reunión!?

¿¡No sabes que esto es una reunión entre las tres¡?”, comenzó a decir el demonio de la casa Bael, acercándose a Issei con superioridad.

Pero de repente, Issei lo interrumpió con un certero puñetazo en el rostro, lanzándolo por los aires.

Lo tomó por el tobillo e inmediatamente lo estampó contra el suelo.

Luego lo miró fijamente, respiró profundo y murmuró.

“Cabrón” Acto seguido, exhaló una intensa llamarada, carbonizando al demonio en segundos.

Poco después, Issei comenzó a mirar a su alrededor, hasta detenerse en mí.

Un escalofrío recorrió mi espalda.

Comenzó a acercarse lentamente.

Yo solo pude sonreír, extendiendo los brazos.

Estaba realmente preocupada, y deseaba más que nada abrazarlo… aunque él no quisiera.

Me arrodillé esperándolo, esperando que aceptara mi preocupación.

“Cleria…” susurró Issei mientras se acercaba más.

“Cecil, Cecil, Cecil…” murmuraba repetidamente ese nombre mientras se colocaba frente a mí.

Entonces me abrazó con fuerza… cada vez más fuerte.

“Eres… una maldita… una… maldita…” balbuceó antes de morder mi cuello con fuerza.

Contuve un gemido de dolor mientras las lágrimas se acumulaban en mis ojos.

“Tranquilo…” murmuré con suavidad mientras lo abrazaba aún más fuerte.

“Maldita… tú… me abandonaste, Cecil…” dijo mientras comenzaba a sollozar.

“Me hiciste a un lado y te fuiste… me dejaste con ellos… por dinero”, gritó.

“Me abandonaste, Cecil.

Me abandonaste.

¿¡Por qué!?

¿¡Por qué!?” continuó, hasta que su voz se fue apagando poco a poco.

“Tranquilo, Issei… estoy aquí.

Confía, ¿bien?

Todo estará bien.

Tranquilo…” susurré mientras acariciaba suavemente su cabello.

Los rugidos de Ddraig cesaron por un instante mientras Issei seguía temblando y sollozando, repitiendo mi nombre una y otra vez.

Sonreí con tristeza, antes de inclinarme y besar su frente.

Él me miraba fijamente, aturdido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo