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high school dxd: Sombras de un dios errante - Capítulo 30

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  4. Capítulo 30 - 30 Capítulo 29 aquí vamosuna vez más
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30: Capítulo 29: “aquí vamos…,una vez más” 30: Capítulo 29: “aquí vamos…,una vez más” *Perspectiva en tercera persona* Issei mantenía la mirada fija en el docente exorcista, ausente, mientras el murmullo de los demás chicos llenaba la clase.

De vez en cuando, alguno respondía mecánicamente a las preguntas del instructor, pero su atención real estaba en otra parte.

—Oye… ¿en serio lo viste en su habitación?

—susurró Mia, su voz apenas audible.

La pequeña semidiosa de antes se había convertido en una joven vivaz, con trenzas cuidadas y mejillas siempre sonrosadas.

—Sí… pero, ¿crees que se dio cuenta?

Está más frío desde que empezó a crecer —contestó Bella con un leve gesto hacia Issei, sin dejar de lanzar miradas rápidas a Tsubaki.

La joven humana observaba al híbrido dragón con un brillo discreto en la mirada.

—Yo no tengo ese problema… siempre ha sido muy amable —dijo Tsubaki, sonriendo con una dulzura casi ingenua.

—Aún son jóvenes, pero ya son unas pervertidas —murmuró Yuuto, soltando una risa ahogada mientras se alejaba un poco, divertido por el cotilleo de las tres chicas.

Al mismo tiempo, al otro lado del mundo , Virginia, EE.UU.

Dos adolescentes corrían a toda velocidad a través de un bosque espeso.

El primero, un joven rubio con ropas rasgadas y manchadas de barro, cargaba en brazos a una niña de no más de siete años.

Su cabello dorado ondeaba al ritmo de la carrera, y en sus manos temblorosas llevaba una mochila maltrecha… y un cuchillo bien sujeto.

—¡Thalia!

¡Necesitamos perderlos!

¡Haz algo!

—gritó el chico, echando un vistazo nervioso por encima del hombro.

—¡Luke!

¡Carajo!

¡No tienes que decírmelo dos veces!

—gruñó Thalia, una joven de mirada feroz y ropas de cuero oscuro.

Con un movimiento rápido, desenvainó una lanza de su espalda.

Chispas eléctricas comenzaron a recorrer su punta con intensidad.

Dando media vuelta, se preparó para enfrentar a lo que los perseguía.

—¡Luke!

¡Podemos acabar con ellos!

—gritó la niña, apretando la mandíbula mientras se removía en los brazos de su protector.

—¡Annabeth, basta!

—replicó Luke, endureciendo su mirada.

Siguió corriendo, dejando a Thalia atrás para enfrentarse sola a lo que parecían ser cinco árboles… árboles que se movían con una velocidad antinatural.

*Perspectiva de Issei* —Por fin… —suspiré con cansancio mientras salía del salón de clases.

Los demás venían tras de mí; las chicas, especialmente, se acercaron rápidamente—.

Sistema, ¿tienes un mapa o algo para encontrarlos?

—pregunté nerviosamente antes de teletransportarme instantáneamente a las afueras de la ciudad del Vaticano.

—No, anfitrión.

Deberá buscarlos usted mismo —la voz mecánica del sistema me hizo fruncir el ceño.

—Carajo… Bueno, veamos —murmuré molesto mientras corría velozmente por las calles de la ciudad—.

Thalia era de Los Ángeles… Luke, no sé, creo que era… ¿Florida?

No, ese era otro semidiós —murmuré pensativo, ignorando todo a mi alrededor—.

Annabeth… vivía con su padre y madrastra en Virginia.

No recuerdo el lugar exacto… y Luke y Thalia deberían haberla encontrado cerca de esa ciudad —pensé con duda—.

Bueno, comencemos con Virginia.

De todos modos, debo buscarlos —dije sin importancia, justo al llegar a unas colinas con poca vegetación.

—Bien… Supongo que debería ir como Sekiryutei —suspiré con cansancio antes de entrar directamente en mi modo Balance Breaker.

La armadura rojiza metálica me cubrió velozmente; mis alas de dragón, recubiertas con la armadura, surgieron de inmediato antes de salir disparado hacia los cielos.

—¿Por qué no simplemente te teletransportas?

—preguntó Ddraig con curiosidad.

—¿Quieres que penetre la barrera de Estados Unidos, llame la atención de los griegos y romanos?

No, gracias.

No soy Gabriel —dije con cansancio mientras aumentaba mi velocidad de vuelo, superando instantáneamente la barrera del sonido, acelerando más y más.

—¿Aún intentas llegar a eso?

—Ddraig preguntó con duda.

—Amigo, es la velocidad de la luz.

Claro que quiero alcanzarla —dije, ligeramente irritado, mientras observaba todo bajo mis pies: ciudades, pueblos y montañas pasaban rápidamente ante mi vista—.

Quiero intentarlo.

Tres, por favor.

—¡Aumento, aumento, aumento!

—la voz de Ddraig llegó rápidamente, con los tres aumentos.

Mi poder se multiplicó absurdamente, y mi velocidad también.

Todo se convirtió en colores borrosos.

En cuestión de segundos, comencé a sobrevolar el mar, alejándome de Europa como un cometa rojo.

Mi destino… América del Norte.

—Issei…, a veces dudo si eres idiota o si simplemente buscas problemas naturalmente —Ddraig dijo con cansancio, lo que me confundió ligeramente.

—¿Por qué lo dices, amigo?

—pregunté curioso.

Pero la respuesta jamás llegó.

—¿Ddraig?

—insistí nuevamente.

—Estás volando a una velocidad cercana a lo que los humanos llaman Mach 800.

Es más rápido que la velocidad de vuelo que yo sostenía en mi juventud… y lo haces sin ninguna barrera, imbécil —gruñó irritado.

Me detuve en seco, flotando en el aire.

—Amigo, pero no pasó nada.

Mira —dije juguetonamente mientras observaba detrás de mí.

Nada parecía suceder, ni siquiera se formaron olas tras el sobrevuelo—.

Ahora, amigo, no sé dónde estamos… ¿cuánto tiempo volé?

—El anfitrión sostuvo un vuelo de 24 segundos —respondió la voz robótica del sistema.

Justo en ese momento, lo que pareció ser un tsunami extremadamente fuerte llegó de la nada, acompañado de algo similar a un tornado unidireccional de vientos violentos.

—Carajo… Greta me va a matar —murmuré al darme cuenta de mi error.

Inmediatamente formé una barrera mágica masiva, encerrando el desastre natural antes de que iniciara por mi imprudencia.

Obligando a la mayor parte de la reacción marítima y el tornado a permanecer dentro de la barrera, comencé a reducirla tanto como pude: un pequeño truco que había preparado para lidiar con Vali Lucifer.

Una copia de su División Absoluta: infundir una barrera con aumentos simultáneos forzados mientras la comprimía.

Hacerla más pequeña, más densa, más fuerte, con mayor reserva mágica, mientras aplastaba al enemigo… o al menos, esa era la idea.

—Qué carajos… —murmuré asombrado al reducir el desastre natural dentro de la barrera.

Miles de kilómetros de vientos agresivos, tormentas eléctricas en formación y un supertsunami, reducidos a una esfera de 30 centímetros sobre mi palma, que aún reaccionaba dentro como una maldita fusión nuclear.

Me quedé pensativo unos segundos antes de simplemente dejarla en el inventario del sistema.

—Servirá como ataque… tal vez —pensé curioso, antes de envolverme en una barrera mágica, sobrevolando a baja velocidad para no llamar más la atención… de la que ya debía haber llamado.

—¿Cómo crees que sea la hija del grandulón?

—pregunté curioso a Ddraig mientras continuaba volando, observando a lo lejos la tierra apenas visible.

—No lo sé, muchas de sus hijas varían —gruñó con desinterés.

—Thalia… revisa mis recuerdos de cuando tenía 13 años —dije juguetonamente mientras reía entre dientes.

Luego de algunos minutos sin respuesta, Ddraig comenzó a reír agresivamente.

—¿En serio te enamoraste de un personaje de un libro?

—dijo en tono burlón.

—Ey, era linda… especialmente su versión mayor, luego de que dejó de ser un árbol —dije tranquilamente.

—Pero no te gustó porque fuera linda.

Te gustó por su estilo de cabello, el labial negro y el estilo rockero, ¿eh?

—añadió, burlón.

Guardé silencio unos segundos.

—Cecil fue… alguien a quien le encantaba el piano.

Fue la única persona que estuvo a mi lado.

Por eso me enamoré perdidamente de ella —dije suavemente—.

Pero Thalia, en los libros, era todo lo contrario.

Todo lo contrario a lo que yo era y a lo que yo odiaba… Tardé 15 años en escapar de una vida que no me apreciaba —continué con calma—.

Una familia que solo me veía como un objeto… y tardé 6 años en alejar los pensamientos de Cecil.

Cuando Thalia me gustó… platónicamente —reí entre dientes—.

Era, de alguna forma, todo lo que yo quería… El rock me encantaba, ¿sabes?

Aunque apreciaba mucho más el metal.

Vivir con poesía y estupideces nobles es realmente molesto —negué con la cabeza mientras preparaba rápidamente una ilusión para hacerme invisible.

Ya había llegado a América del Norte.

—Carajo, ¿qué está sucediendo?

—murmuré, confundido, al sentir una acumulación masiva de energía mágica, similar a la de los semidioses—.

Creo que ya los encontré —suspiré, sonriendo suavemente mientras aumentaba mi velocidad de vuelo, acercándome cada vez más a ese lugar.

*Perspectiva en tercera persona* —¡Thalia!

—gritó Annabeth, corriendo desesperadamente hacia su amiga.

Thalia estaba herida en el abdomen, atrapada por gruesas raíces que trepaban por su cuello, asfixiándola.

—¡Espera, Annabeth!

—gritó Luke, adelantándose a ella con rapidez.

En su mano brillaba una daga pequeña, con la cual saltó y comenzó a apuñalar con furia el torso de un árbol que se retorcía con una mueca macabra tallada en su corteza.

A su alrededor, cuerpos de otros árboles similares yacían destrozados, calcinados, y partidos por la mitad.

—T-tú…

idiota…

—gruñó Thalia, su rostro enrojecido por la falta de aire.

—¡Grover!

¡Carajo, haz algo!

—gritó Luke, dirigiéndose a la figura temblorosa de un pequeño sátiro de cabello rizado que, paralizado por el miedo, miraba con terror la escena.

Annabeth también se había detenido, indecisa, atrapada entre el impulso de ayudar y el pánico, mirando a sus amigos… y luego a Grover.

Thalia sujetó con fuerza la raíz que la ahogaba.

Con rabia, mordió la madera viva.

Sus ojos brillaron con un intenso fulgor azul y, en un instante, nubes oscuras comenzaron a acumularse sobre el cielo.

Los relámpagos cruzaban las nubes con furia, respondiendo al llamado de la sangre divina.

*Perspectiva de Thalia* ¿Entonces… así es como todo termina?

Ese maldito pensamiento no dejaba de cruzarme la mente.

Estaba atrapada por un árbol parlante.

Jamás había oído de un monstruo así.

Luke intentaba ayudarme como podía y Annabeth… ella todavía es una niña.

Ninguno de ellos debería pasar por esto.

Grover… ese estúpido sátiro… Él nos metió en esto.

Apareció en la mañana, siguiéndonos, diciéndonos que nuestros padres querían que fuéramos al Campamento Mestizo.

Que debíamos seguir su “voluntad divina”.

La estúpida voluntad de mi padre… Él dejó morir a mi hermano… a Jason… Y ahora… ¿me dejaría morir a mí también?

¿Es que los dioses nunca se cansan de ponernos a prueba?

Como si en algún momento les importáramos… —Mierda… ¿por qué demonios hay bestias de otra mitología aquí?

—una voz extraña, grave, interrumpió mis pensamientos.

Una explosión resonó a pocos metros.

Algo—o alguien—había caído del cielo.

El polvo cubrió el área, ocultando su identidad.

Por un instante, pensé… ¿mi padre?

No… ese idiota jamás se molestaría.

Quizás era otro monstruo.

Una ráfaga de aire nos envolvió.

En un parpadeo, la raíz que me ahogaba se volvió cenizas calientes y caí al suelo, tosiendo con fuerza.

—¿Qué… demonios…?

—balbuceé, apenas recuperando el aliento.

—Oye, ramitas… creo que tienes algo que me pertenece —dijo la voz juguetona nuevamente.

Alcé la vista.

Un ser, más alto que Luke o yo, caminaba hacia nosotros con paso firme.

Era una figura completamente cubierta por una armadura roja, adornada con orbes verdes incrustados en varias partes del cuerpo.

Dos enormes alas, oscuras con bordes dorados, se extendían desde su espalda, como las de una criatura infernal.

Su casco rojo estaba decorado con detalles dorados que recordaban a los bigotes de un escarabajo, y sus “ojos” brillaban con un resplandor verdoso que desprendía energía desconocida.

Vapor salía de su boca metálica.

¿Dijo que el árbol tenía algo suyo?

—¡Llevo casi un milenio sin probar semidioses!

¿¡Cómo te atreves, bestia!?

—gruñó el árbol, retrocediendo con evidente temor.

—Vamos, ramitas… no me digas que fue el imbécil de Susano quien te envió.

Estás muy lejos de casa, ¿sabes?

—respondió el ser de la armadura, extendiendo su mano como si fuera a recoger basura.

—Un Kodama… —dijo, con tono frío—.

Si destruyo tu alma aquí… nadie del panteón sintoísta lo sabrá.

—¡Tú… tú…!

¡Lord Kami-sama tenía razón!

¡No habías muerto!

¡Pero eso es imposible!

¡Lord Susano dijo que te eliminó!

¡Dijo que acabó con el Sekiryutei!

¿Sekiryutei?

¿Qué está diciendo?

—Ve a ver a mami, bestia —dijo el ser de la armadura con una frialdad inquietante.

En un instante, apareció a mi lado.

No vi cuándo se movió.

No sentí la transición.

Solo estaba ahí.

De su boca surgió un torrente de llamas anaranjadas con destellos azules.

El árbol fue reducido a cenizas en un suspiro.

Estamos jodidos… Me levanté de un salto, corriendo hacia Luke, que seguía en el suelo.

—¡Corre!

—le grité, pasándolo de largo mientras me dirigía hacia Annabeth y Grover.

—Oye, podrías relajarte un poco.

Solo quiero hablar —dijo con calma, lo que solo hizo que el pánico creciera más dentro de mí.

Recogí mi lanza del suelo, cargué a Annabeth y comencé a correr de nuevo.

—¡Grover!

¡¿Qué mierda es eso?!

—le grité, furiosa por su inmovilidad.

—¡N-no lo sé!

—balbuceó, corriendo tras de mí.

Luke nos alcanzó enseguida, pero justo cuando creímos que podíamos escapar… El ser apareció frente a mí.

No lo vi moverse… Me estrellé contra él, protegiendo a Annabeth del impacto.

Caí de espaldas y apunté mi lanza contra el monstruo, temblando.

—Jason estaría decepcionado si viera que su hermana mayor apunta así a su salvador —dijo con tranquilidad.

Jason… —¡Jason está muerto, bestia!

—le grité, herida por dentro, furiosa por cómo se burlaba de mí.

—¿Quién lo decidió?

—preguntó con una sonrisa que no podía ver, pero que sentía.

Tomó mi lanza.

Esta se desintegró al contacto.

Me quedé helada.

Las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos.

—Dije… ¿quién decidió que Jason Grace está muerto?

Entonces, Luke apareció, lanzando una patada directa al rostro de la armadura.

Sonó un golpe seco… que no hizo absolutamente nada.

—¡Maldito!

—gritó Luke, alzando su daga para atacar.

—Si vuelves a hacer eso… tendré que disculparme con tus hermanas cuando el correo entregue tus restos en sobres a tu padre —respondió el ser de armadura, con voz completamente helada.

Y fue entonces cuando entendí… que no teníamos idea de lo que estábamos enfrentado… La armadura desapareció.

Ahora estaba a algunos metros de nosotras, sosteniendo por el cuello a Luke.

—Escúchame, bastardo.

Tres semidioses y un sátiro no sobrevivirían normalmente… ¿sabes cuántos semidioses, cuántos de tus hermanos y hermanas mueren al año?

—dijo la armadura con frialdad mientras seguía sosteniéndolo.

Yo no sabía qué hacer.

—Vuelve a tocarme, sucio mensajero, y los dioses serán la mejor de tus alternativas, ¿entiendes?

Dejó caer a Luke, que cayó al suelo, aterrado.

—Hades… —gruñó al aire—.

Si vuelves a intentar hacerle daño a los semidioses que están conmigo, no me importa si estás en el Inframundo: solo eres otro dios menor.

La armadura se acercó a mí nuevamente.

—Thalia Grace, hermana de Jason Grace, hija de Zeus —dijo con calma al detenerse frente a mí—.

Tienen dos opciones, los tres.

—¿Dos opciones…?

—La primera: vienen conmigo.

Cumpliré uno de sus deseos a cada quien y los llevaré a un lugar seguro.

La segunda: se niegan, mueren… y llevaré yo mismo sus almas al Tártaro.

Comenzó a acariciar el cabello de Annabeth, quien lo miraba incrédula, tal vez demasiado asustada para reaccionar.

—¿Puedes… puedes traer de vuelta a Jason?

—pregunté, curiosa, esperanzada.

—Jason no está muerto —respondió la armadura, molesta.

—Yo lo vi… cuando murió.

¡Él murió!

—No.

Eso es lo que Zeus quiso que vieras, ¿sabes?

El grandote tiene problemas mentales.

Su contraparte se llevó a tu hermano.

Está en un campamento con chicos con problemas paternales… como tú.

—¿En serio…?

Antes de poder decir algo más, ya nos encontraba en sus brazos, junto a Annabeth.

Volábamos por el cielo.

—Luke… —susurré, mirando desesperada a mi alrededor.

Luke gritaba detrás de nosotras.

Una cuerda rojiza envolvía su pierna.

Volaba atado, arrastrado.

Grover… Grover no estaba con nosotros.

—Si de algo te sirve… soy menor que tú —dijo el monstruo con tranquilidad.

El casco rojizo de la armadura brilló y se desvaneció en partículas.

En su lugar apareció un chico.

—Hola, preciosa —dijo con una sonrisa burlona.

Era un chico lindo: ojos ámbar, mandíbula marcada, pequeñas cicatrices, cabello castaño atado en una coleta.

—¿Todo el tiempo fue un chico…?

—pensé, aturdida.

Dijo que era menor que yo.

Su rostro parecía el de alguien de 16 o 17 años, y su cuerpo, alto y macizo, no coincidía con su edad aparente.

—Imposible —murmuré.

—Cuando lleguemos al Vaticano, puedes hacer lo que quieras —dijo tranquilamente.

Vaticano.

En un instante, sobrevolábamos un lugar muy distinto.

Caímos en picada hasta aterrizar.

—Bien, chicas.

¿Qué quieren comer?

Yo invito —dijo con tono juguetón, mientras la armadura desaparecía en partículas verdosas y rojizas.

Ya sin armadura, lo vi con claridad.

Casi tan alto como Luke, un poco más bajo que nosotras, pero su cuerpo era más robusto.

Llevaba el uniforme típico de un diácono.

—¿Dijo… Vaticano?

—murmuré, confundida.

¿Volamos medio mundo en segundos?

¿Cómo era posible?

—Luke —balbuceó Annabeth en mis brazos.

Giré la cabeza.

Luke yacía inconsciente en el suelo, herido, con la cuerda aún atada.

¿Cómo cayó?

¿Por qué?

Todo me paralizó: el aturdimiento, la confusión, la felicidad, la esperanza… el miedo.

—¿No van a venir?

—preguntó el chico, girándose levemente.

—Yo… tú… ¿cómo llegamos aquí?

—logré preguntar.

—Simplemente fue teletransportación —respondió con desinterés.

Se acercó a nosotros y, sin mayor ceremonia, tomó a Luke por la pierna y empezó a arrastrarlo hacia una capilla enorme.

—Zara será jodidamente molesta si no le entrego a su hermano entero —gruñó.

¿Zara?

¿Hermano?

¿Decía la verdad sobre Jason?

Me recompuse, corrí tras ellos.

—Hija de Atenea —murmuró, como para sí—.

Una de tus hermanas también está aquí.

Bella me castraría si supiera esto —susurró, aunque lo suficientemente alto como para que lo oyera.

—¿Cómo te llamas?

¿Qué hacemos aquí?

¿Cómo sabes nuestros nombres?

—disparé preguntas, mientras caminaba a su lado.

—Yo llevaré a Luke —dije con firmeza, bajando a Annabeth.

Lo subí a mi hombro.

Él seguía agarrado al pie de Luke.

Me miró fijo.

—Llámame Issei.

Vivirán aquí.

Vengo del futuro.

—¿Fu… futuro?

Issei frunció el ceño, suspiró.

—Issei Hyoudou.

El actual Sekiryutei.

Están aquí porque deseamos ofrecerles una vida mejor y una oportunidad para unirse al Vaticano, a nuestro panteón.

Conozco todo lo que pasará.

Todo lo que pasará contigo.

Me miró con una frialdad cansada.

—La primera vez que te conocí, eras más alta, unos años mayor, con un primo que olía a atún y una fe estúpida en una profecía.

Soltó la pierna de Luke y siguió caminando.

No sé por qué, pero esta vez… le creí.

No por lo que dijo, sino por cómo lo dijo.

Mi intuición de semidiosa no fallaba.

—¿Qué es un Sekiryutei?

—pregunté.

—Descúbranlo ustedes mismas, chicas —dijo, aumentando el paso.

*Perspectiva de Issei* Eso fue realmente fácil… La misión temporal más rápida que he completado.

—Sistema, ¿cuánto tiempo ha pasado desde que se me dio la misión?

—pregunté mentalmente, ignorando las pantallas holográficas que flotaban frente a mí.

Ya estaba cerca del nivel 90.

Cada vez se requería más experiencia en cantidades absurdas.

Los puntos de estadística apenas hacían diferencia.

Lo único realmente útil eran los puntos del sistema.

Había comprado algunos linajes del multiverso a lo largo del tiempo.

Nada demasiado impresionante; cosas simples, aunque aún no las implementaba.

Después de todo, se supone que puedo lograr lo mismo simplemente manipulando sangre.

En el caso de los dioses, con Igor como intermediario.

Me pregunto si existirán saiyajins en este multiverso…

No he encontrado nada referente aún, pero no pierdo la esperanza.

En fin…

Todavía me impresiona lo linda que es Thalia Grace con apenas doce años.

Y Anabeth…

bueno, es adorable a su modo.

Como un pequeño peluche dorado con ojos fulminantes.

Estoy tratando de encontrar una forma de explicarle todo esto a las chicas… Con Gabriel no hay problema, ella es comprensiva.

Pero… ¿cómo le explicaré a Bella, Zara y las demás que simplemente me fui, secuestré a sus hermanas, primas y hermano, y luego los traje como si nada?

Como sea… ese será problema del Issei del futuro.

—Sí…

definitivamente es problema de él —murmuré juguetonamente, lanzando una mirada de reojo a Thalia.

Luke seguía desmayado sobre su hombro.

Después de todo, lo llevé volando a velocidad supersónica, me teletransporté sin previo aviso y caímos en picada.

Fue una pequeña lección por la patada en la cara que me dio.

Tal vez no me hizo daño real, pero… ¿qué es más honorable?

¿Dejarlo pasar porque es un adolescente con menos edad mental que yo, o hacerlo pagar porque, físicamente, es mayor?

Sea como sea… La cabra parlante tal vez sea un problema.

Y me sorprendió encontrar una bestia sintoísta fuera de su panteón.

¿Ya fue enviada a buscarme?

Cuatro años atrás, cuando estuve en Estados Unidos, mi aura y mi aroma no estaban del todo suprimidos.

Tal vez solo estaban buscando pistas… De todos modos, eso es lo que menos importa ahora.

Primero, iré a comer.

Hablando de eso… ¿qué les gustará a estas dos chicas?

Bueno, supongo que pronto lo sabré.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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