high school dxd: Sombras de un dios errante - Capítulo 31
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- Capítulo 31 - 31 Capítulo 30 Todoes un juego
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31: Capítulo 30: “Todo…,es un juego?” 31: Capítulo 30: “Todo…,es un juego?” “Exactamente, Hyoudou-san, somos demonios.” Rías Gremory y Akeno Himejima, como adolescentes o adultas con cuerpos exageradamente voluptuosos, hablaron.
Intenté llamar a Ddraig, pero no respondía a mis llamadas.
La voz robótica del sistema me hizo fruncir el ceño.
—Anfitrión, el sistema habilitará el viaje dimensional cuando la habilidad Ruptura del Espacio se eleve al nivel 3 —informó la voz.
Presioné fuertemente mi mandíbula mientras sentía todo mi cuerpo.
Me sentía jodidamente débil.
Mis reservas mágicas eran bastante bajas, casi inexistentes.
Mi conexión con Ddraig no era igual, no tenía el mismo acceso al Boosted Gear que antes.
Rías me miró con esa sonrisa que me asqueaba, mientras las tan familiares alas de murciélago negro, delgadas, largas y asquerosamente raras de los demonios se desplegaban.
—Sistema… ¿en qué punto del universo me encuentro actualmente?
—pregunté mentalmente con frialdad, cansado de esta situación.
—Universo 21.000.009 actualmente, anfitrión.
Me levanté tranquilamente del sofá en el que había aparecido.
Aunque aún no entendía la situación, simplemente caminé al lado del grupo de personas frente a mí: Rías Gremory, Akeno Himejima, Koneko Toujou y Yuuto Kiba.
Caminé por la extraña habitación en la que me encontraba, una habitación oscura y elegante.
—¿Hyoudou-san?
—¿Issei-kun?
Las voces de las mujeres cercanas llegaron a mí, pero simplemente las ignoré.
Aún seguía confundido por lo que acababa de suceder desde que llevé a Thalia, Annabeth y Luke al Vaticano con los demás.
¿Cuánto tiempo había pasado…?
Ni siquiera un día… *Flashback* —Bien, coman cuanto quieran.
Ellos pagan —dije juguetonamente, sonriendo felizmente al señalar a Gabriel y Azazel a mi lado.
Esto provocó que ambos fruncieran el ceño ligeramente mientras todos comíamos tranquilamente.
Thalia y Annabeth aún se veían tensas después de mi magnífica entrada y mi espectacular acto de secuestro infantil divino.
Luke, por otro lado, me miraba como si fuera basura.
Los demás semidioses que aún estaban conmigo en el Vaticano estaban sentados en la mesa, visiblemente incómodos por el ambiente.
—¿No te gusta el puré de papa?
—pregunté fríamente mirando a Luke, mi paciencia agotándose lentamente al ver cómo todos dejaban la comida a un lado por su maldito acto de adolescente ofendido.
Especialmente cuando hacía poco hablaba sobre cómo no podían confiar en sus padres, pero tampoco en seres ajenos como yo.
Eso molestó a los semidioses que salvé de una muerte segura hace años.
Luke me miró irritado.
Justo cuando abrió la boca para hablar, lo interrumpí: —Piensa lo que digas…
Castellan —advertí con suavidad mientras tomaba un trozo de queso de la mesa y lo comía tranquilamente, sin apartar mi mirada de él.
Luke frunció aún más el ceño, pero se mantuvo callado.
Thalia evitó mirarme.
La promesa que le hice después de su insistencia pareció afectarla más de lo que esperaba: prometí traer a su hermano de regreso cuando fuera lo suficientemente fuerte como para atacar el Campamento Júpiter y salir con vida junto a Jason.
No me enfrentaría estúpidamente a un campamento militar de semidioses y a un panteón de dioses mucho más duros que los griegos.
El tiempo pasó hasta que terminé de comer.
No me interesaba esperar a que los demás lo hicieran; no era mi problema.
Si querían comer, bien.
Si no, también.
Si tenían lo que necesitaban frente a ellos, pero no lo tomaban con agradecimiento, simplemente me daba igual.
Esto fue algo que Gabriel me sigue reprochando, pero bueno…
es mi forma de ser.
—Gracias, Dios, por esta comida —murmuré tranquilamente mientras saludaba con una cruz hecha de energía sacra a la estatua del Dios bíblico en el salón secreto del Vaticano.
Tal vez el Dios de este mundo esté muerto, pero eso no significa que el Dios bíblico de otros mundos lo esté.
Odín me demostró que un ser omnisciente lo sabe todo respecto a otros mundos, así que…
hey, lo primero es el respeto.
Me teletransporté a mi habitación.
Esa que solía ser algo fría y básica, lo normal en una residencia católica.
Aunque ahora era un poco diferente.
Solía molestar a Azazel y apostar con Baraqiel y Shemhazai para conseguir cosas para mi habitación, como la cama con colchón suave en la que dormía…
o la ropa mágica que se ajusta a mi cuerpo, creada por Azazel.
Por otro lado, mi relación con Penemue…
es una mujer bastante peculiar.
Agradable, inteligente y jodidamente dura.
Si ella quiere, puede poner patas arriba a todo Grigori.
¿Por qué?
Simplemente porque quiere, y ya.
Es bastante estricta, lo que es jodidamente sexy.
Tiene buen cuerpo, buena personalidad…
Lo que me lleva nuevamente al problema de las hormonas de dragón.
Con todas las demás puedo entablar conversaciones normales, pero con ella no puedo hacerlo sin mirar sus pechos…
—Bien…
a dormir —murmuré sonriente, pensando en el entrenamiento del día siguiente por la mañana.
Retiré todas mis ropas con tranquilidad.
Magia de teletransportación instantánea en la ropa.
Antes de dormir, coloqué un sello mágico alrededor de mi habitación.
La última vez que olvidé usarlo, tres semidiosas y una humana de mi edad (un poco mayores) terminaron desnudas en mi cama.
Sí, un sueño para cualquiera, ¿no?
Bueno, para alguien con problemas hormonales de tipo dragón y un cuerpo más maduro de lo normal…
es un problema.
Aunque el hecho de que aún las vea como niñas ayuda.
Pero bueno, no me agrada que eso suceda, realmente.
Se vuelve incómodo.
Para ellas, tal vez no.
Para mí, sí.
—Ddraig…
duerme cuando yo despierte, ¿sí?
—dije tranquilamente, dejándome caer sobre mi cama.
Caí dormido instantáneamente debido al cansancio mental de no dormir las últimas dos semanas, estudiando teoría mágica y mitológica.
Abrí los ojos tranquilamente, bostezando al pensar que ya había despertado de mi sueño.
Estaba aún en mi habitación.
Cuando intenté abrir la puerta del armario, solo había un vacío negro al otro lado.
Lo mismo ocurrió con la puerta principal y cualquier lugar que me sacara de la habitación.
Eso me hizo entender que algo había sucedido.
—¿Sistema?
—pensé con inquietud, observando todo a mi alrededor.
Una luz blanca apareció repentinamente, tomando la forma de una mujer voluptuosa, hecha completamente de una luz que parecía surgir de las mismas estrellas.
—Se ha detectado la intrusión de una entidad cósmica en el universo del anfitrión.
—Se ha bloqueado un intento de manipulación mental de dicha entidad.
—Se han bloqueado múltiples intentos de manipulación mental de la entidad cósmica.
La voz del sistema resonó múltiples veces, mientras la mujer frente a mí comenzaba a acercarse lentamente.
—Issei Hyoudou —dijo con una voz femenina, suave y etérea.
Mi alerta creció.
¿Cuántas entidades cósmicas femeninas conocía de otros mundos?
Estaría jodido si se trataba de alguien como Nyarlathotep.
—Una entidad cósmica de otro multiverso está intentando poseer el cuerpo del anfitrión.
El intento ha sido bloqueado.
—La entidad ha sido reconocida: Diosa Chimume Chipaoti, realidad duplicada N° 21.927.090.
—La Diosa Chimume Chipaoti ha intentado retirar la bendición del sistema dada al anfitrión.
El sistema se encuentra actualmente en estado de alerta.
Esa diosa… sabía quién era.
La escuché alguna vez de un compañero de trabajo en mi vida pasada.
Una de las autoproclamadas diosas verdaderas del universo DxD.
No sabía mucho de ella, pero sí que era una jodida loca pervertida, una que daba misiones extrañas al protagonista, manipulándolo para salvar su realidad.
—El administrador del sistema ha dado permiso especial para evaluar este plano.
El cuerpo del usuario será retenido en un sistema macroespacial seguro.
La conciencia del usuario será transportada a una variante multiversal del usuario.
Un último mensaje del sistema llegó antes de que mi visión se nublara repentinamente.
*Fin del flashback* Y bien…
esa mierda fue lo que sucedió.
¿Por qué el sistema me trasladó?
No lo sé, pero bueno…
—¡Alto, Issei-san!
Una voz masculina, pero ligeramente femenina, llegó a mí mientras sentía un fuerte agarre en el brazo.
Giré mi rostro ensombrecido en dirección a Yuuto, quien me sostenía firmemente, mientras Rías me miraba con confusión.
—Hyoudou-san, sabes, podría darte un regalo si dejas que termine lo que estaba por decirte —dijo Rías de forma seductora, sonriendo suavemente mientras comenzaba a desabrochar su uniforme escolar.
—Sistema…
¿qué sucedió con mi Ddraig?
—pregunté mentalmente, respirando hondo para relajarme.
—Ddraig del universo 21.927.090 se encuentra actualmente en el cuerpo original del anfitrión.
¿Desea realizar una transferencia de la conciencia del ser ligado a su alma?
—Sí —respondí tranquilamente, mirando a Yuuto con molestia.
—Proceso finalizado —confirmó el sistema.
—¿Issei, qué sucedió?
—preguntó Ddraig, aturdido.
—Mis recuerdos —respondí con simpleza, mientras comenzaba a manipular el maná de dragón del que ahora disponía con el despertar de Ddraig.
Llené todo mi cuerpo con él, especialmente el corazón, forzándolo a adaptarse al maná de dragón antes de simplemente apartar el brazo de Yuuto con un manotazo.
—Sistema… ¿puedes retirar las piezas malignas?
—pregunté mentalmente con irritación, sintiendo el poder demoníaco en forma de fichas que lentamente infectaban mi cuerpo como un cáncer.
—Es posible.
Sin embargo, afectará la integridad del anfitrión —respondió la voz fría del sistema.
Sabía que las piezas malignas aumentaban hasta quince veces el poder mágico.
Conté ocho peones dentro de mí, pero el incremento era ridículamente bajo… Podía decir con seguridad que, con el poder que tenía a los tres años, podría destrozar mi cuerpo actual.
—Puta madre… —murmuré, suspirando con frialdad, y me giré hacia Koneko—.
Disculpa, ¿podrías…?
—¡Baka!
¡Maldito pervertido!
—interrumpió la pequeña albina con frialdad, fulminándome con la mirada.
La observé con sorpresa.
—Entonces… ¿esto es otro mundo, eh?
¿Qué carajos está sucediendo?
Las voces superpuestas me sacudieron.
Ambas eran de Ddraig: una calmada y curiosa, la otra áspera y furiosa.
—¿Sistema?
—El sistema atrajo el alma y la conciencia de Ddraig del universo 21.927.090.
Sin embargo, el Ddraig del universo actual, 21.000.009, sigue presente en el mismo recipiente temporal del anfitrión.
Arqueé una ceja, sorprendido.
¿Dos Ddraig?
Eso sería interesante… —Lagartija perezosa, habla con tu doppelgänger, por favor —burlé mentalmente mientras sonreía suavemente, sintiendo cómo mis reservas mágicas crecían lentamente… aunque, en este cuerpo, todo avanzaba más rápido.
—¿Alguien puede decirme cómo salir de este lugar?
—pregunté, alzando una ceja hacia Yuuto.
Era extraño ver su expresión de desconfianza hacia mí.
Las otras tres apenas me importaban.
Akeno, casi ni la conocía; Koneko, nunca hablé con ella; y Rías… apenas la vi el día que acompañé a Cleria al Inframundo.
Todos parecieron sobresaltarse por mi pregunta.
Rías y Akeno se miraron disimuladamente (o al menos, lo intentaron).
Yuuto frunció el ceño.
Akeno inclinó ligeramente la cabeza.
Al no recibir respuesta tras unos segundos, suspiré con frialdad, envolví mi cuerpo en una barrera de energía dracónica y me lancé por la ventana, rompiéndola.
En el aire, lancé una ilusión, una barrera mágica y me teletransporté a las montañas de Kuoh.
—Carajo… Han pasado años —murmuré al ver la ciudad desde las alturas.
Los recuerdos del alma original se asimilaron con facilidad.
Me inquietaba.
Ahora tenía otro abuelo.
Otra abuela.
Mi abuela… tiene veinte años y es la amante real de mi abuelo.
¿Cómo este Issei terminó por el camino de la perversión?
¿Qué fueron estos dieciséis años?
Llevaba años sin ver a mis padres desde el conflicto con los nórdicos y los sintoístas.
Desde que me olvidaron.
¿Ahora podría volver a verlos?
—Mierda… —balbuceé, dejando el pensamiento a un lado antes de teletransportarme de regreso al club del ocultismo.
—¿Cómo es posible?!
¡No está en Kuoh!
—¿A dónde fue?
—¡Presidenta, iré a buscarlo!
—¡Los informes dicen que no es usuario de magia!
—¡Akeno, tú…!
Al llegar, escuché las discusiones.
No habían pasado ni diez segundos.
Entendible.
—Gremory, ¿podemos hablar?
—pregunté con tranquilidad, cruzando los brazos.
Todos se giraron hacia mí.
Koneko se lanzó al instante con el puño en alto, buscando generar un impacto brutal.
—Vaya, qué agresiva, niña —dije burlón.
Moví el cuerpo ligeramente, levanté el brazo y la detuve.
Aún no me adaptaba del todo a este cuerpo, pero era suficiente para frenar a una torre de rango medio-bajo.
—¡Pervertido!
—gruñó la albina, lanzándome con fuerza al suelo.
Me tomó por sorpresa.
Suspiré con frialdad, imbuí mi dedo con energía dracónica densa y presioné el nervio cerca de su carótida.
Su cuerpo se paralizó de inmediato.
El resto se puso en guardia.
—¡Oh, la puta madre!
—grité furioso—.
¿Podrían escucharme, mierda?
Rías y Akeno se detuvieron, Yuuto invocó su espada y se lanzó contra mí.
—Jamás aprenden la lección —murmuré.
Lancé un hechizo de gravedad.
El peso de Yuuto se multiplicó por cincuenta.
Cayó al suelo de inmediato.
—Mal momento para cargar una espada de sesenta kilos —dije con desdén.
—¿¡Qué fue eso!?
—Rías activó su poder de destrucción, Akeno sus rayos.
—Este ni siquiera es mi universo.
Me da igual si lo saben o no —dije, molesto—.
Digamos que soy Issei Hyoudou… pero no su Issei Hyoudou.
—¿Crees que soy idiota?
—Rías frunció el ceño.
La observé unos segundos en silencio, luego giré hacia Akeno.
—En mi mundo, Shirone y Kuroka están juntas, huyendo de los demonios que experimentaron con ellas.
Odiando a los Gremory.
Después de enterarse que Sirzechs lo sabía todo y lo ocultó solo para poder conseguir una pieza para su querida hermana… incluso amenazó a su propia raza por diversión.
Koneko empezó a temblar.
—Akeno Himejima y Shuri Himejima viven tranquilamente en Grigori con Baraqiel, mi maestro.
Azazel, mi tío, me salvó.
Estuve a punto de morir cuando Susano me atravesó el estómago por destruir el clan Shinra y salvar a Tsubaki… y también a Akeno y su madre.
Eso provocó mi juicio ante Odín y los sintoístas.
Akeno se estremeció.
La miré con frialdad.
—Y tú, Yuuto… allí, intervenimos en todo lo relacionado con las espadas sagradas.
Te salvamos a ti y a tus amigos.
Eres exorcista.
Humano.
Sin odio.
Aunque sigues siendo débil.
Le lancé una mirada de lástima.
—Y en mi mundo… por culpa de Rías Gremory y su familia, Cleria Belial y su nobleza estuvieron a punto de morir.
En este universo, sé que sí murieron.
Eso impulsó el matrimonio con Riser Fénix.
Por cierto, fue idea de Sirzechs Lucifer, con el respaldo de sus padres, la casa Gremory y la casa Bael.
Rías tembló.
Todos parecían quebrarse.
—Mientes… —susurró ella, visiblemente perturbada.
—No tienes pruebas… No te atrevas a hablar de mi Oka-san… —la voz de Akeno temblaba.
—Claro, es falso —me burlé—.
¿Cierto, Rías?
Como el trato entre los Gremory y el clan Himejima.
¿Cómo se llamaba el tío de Akeno?
Sus pupilas se dilataron.
Akeno se congeló.
—O el hecho de que sabías sobre Yuuto y sus amigos… pero solo te interesaba él.
Así que esperaste.
Esperaste a que todo saliera mal.
¿No es eso lo que dicen?
La familia Gremory no es un orfanato.
—No tienes pruebas —repitió Rías.
Su voz sonaba más vacía que desafiante.
Aparecí a su lado en un instante.
—Tus recuerdos… puedo recrearlos con magia de ilusión.
¿Te atreves a dejarme mostrarlos?
Levanté su mentón con suavidad y rocé sus labios con los míos, en una burla ligera y amarga.
—Joder… Incluso a mí me salvaste para que te ayudara con tu compromiso, ¿no?
Rías se apartó bruscamente, abofeteándome con fuerza.
—¡Mientes!
Temblaba de ira.
Su rostro rojo, de rabia… y de vergüenza.
Miré a Akeno directamente.
—¿No se supone que es tu mejor amiga?
Aquí tienes el fragmento corregido y mejor estructurado, manteniendo el tono oscuro, sarcástico y emocional, pero con mejor puntuación, gramática y fluidez: —¿Tu familia?
—repetí con curiosidad, mirando a Koneko antes de acercarme a ella.
Toqué suavemente su cuello una vez más, permitiendo que pudiera moverse.
Instantáneamente lanzó un golpe hacia mi rostro, el cual esquivé por apenas unos centímetros, con dificultad.
Se alejó, colocándose al lado de Rías.
—Ella me abandonó.
Es una criminal —siseó con molestia.
—Esto no tiene sentido —dije con cansancio, retirando el hechizo de Yuuto sin más.
Me acerqué a Rías nuevamente.
—Princesa, por ahora no haces nada contra mí —murmuré con tono juguetón—.
Y no me importaría ayudarte, ¿sabes?
Como dije, este no es mi mundo, y sinceramente… me importa una mierda lo que suceda aquí —añadí, encogiéndome de hombros—.
Si por mí fuera, este mundo podría implosionar de repente y no me importaría.
Pero ya que estoy aquí… no puedo quedarme de brazos cruzados, ¿cierto?
Mientras hablaba, acaricié suavemente la barbilla de Rías, quien pareció pensar seriamente, aunque me miraba con incomodidad.
—Con solo diez palabras puedo desglosar lo que realmente deseas —dije tranquilo—.
O, si prefieres, con una sola palabra… y una acción.
Rías apartó mi mano con molestia, aunque su inquietud era evidente.
—¿Una palabra y una acción?
—dijo con burla, pero su voz temblorosa me hizo sonreír levemente.
Me incliné hacia ella, abrazándola con suavidad y besé sus labios de forma gentil.
—Te amo —murmuré con cariño, observando cómo sus pupilas se dilataban.
Pasaron algunos segundos.
Nadie se movió, lo que lentamente comenzó a irritarme.
—Carajo… ¿por qué siempre me topo con traumaditos?
—gruñí, visiblemente molesto—.
Este ni siquiera es el puto mundo principal.
Debería haberlo esperado, pero… ¿por qué son todos tan jodidamente diferentes?
Estaba frustrado.
Esperaba encontrarme con una Rías Gremory más seria, fría, cordial… más manipuladora, como en el anime.
Una Akeno más coqueta y amable.
Un Yuuto… no sé, ya me acostumbré al de mi mundo.
Pero una Koneko menos estúpida y emocional, al carajo…
Gruñí y me alejé de Rías… o eso intenté.
Ella sostuvo firmemente mi muñeca.
—Espera… ¿cómo sabes…?
—balbuceó, bajando la mirada.
La interrumpí.
—Eres una burla, Gremory.
Lo único para lo que serviste fue para ser la imagen sexualizada con la que se complacen adultos y adolescentes —solté con frialdad, levemente irritado—.
¿Quieres que te vean como eres?
Como Rías Gremory.
Pero pretendes que nadie te vea por tu familia, por tu clan, por tu hermano.
Entonces dime… ¿qué eres sin ser una Gremory?
¿Una otaku estúpida esperando a su príncipe azul mientras actúa como una bruja malvada disfrazada de princesa?
Gruñí, frustrado.
—¿En serio estás tan dolida por Riser?
¿Porque solo te ve como una esposa trofeo?
¿Y qué eres tú además de eso?
Los problemas no se subestiman ni se exageran.
Son solo eso: problemas.
Afróntalos, carajo.
Los recuerdos, los traumas, lo que nos pasa en la vida… solo tienen la importancia que tú decidas darles.
Dime, Rías Gremory… ¿seguirás buscando poder en otros, escudándote en tu familia para seguir siendo “la Rías Gremory”?
¿O vas a demostrar que puedes ser algo más que la estúpida Rías Gremory?
Retiré mi mano con brusquedad.
—Tú… no tienes idea de lo que es no poder elegir tu propio destino —dijo Rías en voz baja.
La miré, expectante.
—¿Quién eres tú para hablarme así a mí, a Rías Gremory?
—continuó, con rabia.
Suspiré, hastiado.
—Al carajo, haz lo que quieras —dije con desdén, colocando una mano sobre mi pecho—.
Busca nuevos seguidores.
Canalizando mi energía dracónica, corté temporalmente mis propios nervios.
Me atravesé el pecho con violencia, arrancando las piezas malignas.
Ocho piezas negras de ajedrez, todos peones, cayeron al suelo entre sangre, y escupí una bocanada de sangre.
—Habría preferido morir en ese puto bosque, o en manos de Susanoo, que soportar estupideces como estas —pensé con irritación, maldiciendo al sistema y a quien fuera que me trajo aquí.
Aunque mi vida pasada fue una mierda, al menos no tenía que pensar que un idiota allá arriba controlaba todo.
Aunque creyera en Dios, no creía en esa basura del “camino destinado”.
El único camino que vale es el que tú mismo creas.
—Sistema… regrésame al universo principal… o al menos a uno fuera de DxD —exigí mentalmente, agotado.
Ignoré todo a mi alrededor.
La sangre en mi boca y pecho, las voces de Ddraig, las palabras de los demás.
—Anfitrión, la petición es actualmente imposible de llevar a cabo —dijo la fría voz del sistema.
—Me sacaste de mi mundo sin preguntar.
Pudiste dejarme hablar con esa diosa… ¡Así que devuélveme ahora mismo!
—grité mentalmente, cada vez más harto.
—Anfitrión, el host ha dado la orden.
No es posib— —¡Vete a la mierda, puto sistema!
—grité con furia en la sala del club.
Rías y los demás quedaron atónitos, pero no me importó.
Infundí mi mano con maná dracónico y formé una cuchilla.
—Dije… regrésame ahora mismo.
O acabaré con esto aquí.
Si tu host realmente me necesita tanto como me han hecho creer, no me dejarán ir.
Pero si no… al menos podré descansar.
—Anfitrión, el host ha negado.
Sin dudarlo, me corté el cuello con la cuchilla de maná.
Me decapité a mí mismo.
Todo se volvió oscuro.
No había voz de Ddraig, ni del sistema.
Nada.
Solo el vacío.
No sentía mi cuerpo.
Y era… relajante.
Pasaron horas, o tal vez años.
Hasta que… —Jamás vi a alguien tan loco —una voz macabra, suave, resonó en la nada.
La oscuridad se transformó.
Estrellas flotaban, planetas a lo lejos.
Frente a mí, se abrieron dos grietas en el espacio: una horizontal, otra lateral.
Una gigantesca boca repleta de colmillos amarillentos y azulados apareció, junto a un ojo inmenso de tono violeta con pupila azul.
Poco a poco, sus colores cambiaron, mimetizándose con el ambiente.
Era masivo.
Más grande que Ddraig, incluso en su plano de conciencia.
—¿No vas a hablar?
—la voz resonó, aunque la boca no se movía.
Solo sonreía.
Lo miré, aturdido, incrédulo.
No tenía cuerpo, pero sentía cómo un frío aterrador me recorría… algo.
Algo que no existía pero estaba atado a mí.
—¿Qué demonios… eres?
—pensé, confundido.
—Podría retener tu alma y torturarla por infinitas eras.
Podría extinguir tu ser, tu alma, tu esencia… y luego recrearte, arrebatándote del vacío —dijo la voz.
—¿Azathoth?
—fue lo único que pensé.
Un fulgor maligno brilló en la pupila del ojo.
—¿El dios retrasado?
¿Es alguna clase de insulto lo que acabas de pensar?
—rió la voz—.
Él no es más que un ser débil.
Apenas controla un pequeño espacio de este macroverso.
Uno que podría destruir multiversos con su estupidez.
—Yo, por otro lado… bueno, tengo muchos nombres, humano.
La voz sonaba divertida.
—No tengo un nombre real.
Pero uno de mis antiguos peones me llamó Yog-Sothoth.
Tal vez hayas oído de mí.
La criatura cambió.
Miles de tentáculos, bocas infinitas, cuerpos deformes, ojos con alas, miembros sangrantes, cuernos, personas.
Su forma se transformó tantas veces que apenas podía comprender lo que estaba viendo.
—No eres nada para la creación.
Existen quintillones de estructuras, cada una con miles de millones de multiversos.
Y tú… tú eres solo otro idiota que cree estar fuera del todo —susurró la voz.
La voz fue burlona.
—Que estés fuera del alcance de la realidad…
no significa que estés fuera de mi alcance.
Una risa tenebrosa resonó, vibrando en mi alma.
Y entonces, lo sentí.
Como si mi cuerpo fuese quemado y reventado una y otra vez, con una sensibilidad potenciada hasta el infinito.
No era dolor físico.
Era como si quemaran mi alma, una y otra vez, sin descanso.
Y no podía gritar.
No podía pensar en nada más que eso.
El ser frente a mí dejó de cambiar de forma.
Ya no era caos ni distorsión.
Se detuvo.
Se quedó en una figura que conocía mejor que nadie: Issei Hyoudou.
El cuerpo que yo cuidé.
Que yo formé.
Sonrió levemente, con una burla cruel en los labios.
—Sé una buena hormiga…
y divierte a tu amo.
Esa voz…
mi voz.
Burlona.
Sádica.
Y entonces, el cuerpo cambió.
Ya no era Issei.
Era Damian Sitsebans, mi primer cuerpo.
Y con él, como una maldición, llegaron miles de recuerdos.
Miles de vidas.
Todas de golpe.
Todas mías.
El dolor fue indescriptible.
Y de pronto…
estaba ahí.
De nuevo.
En el mismo maldito sillón, respirando con dificultad.
Frente a mí, Rías Gremory.
El Club de Ocultismo.
Todos mirándome.
—Así que, Hyoudou-san…
somos demonios.
Otra vez.
Las mismas malditas palabras.
Las mismas alas negras desplegándose.
Lo único que pude pensar fue —Qué mierda… — Y entonces lo sentí.
Ddraig.
Dentro de mí.
Otra vez.
Rías Gremory continuaba hablando, soltando información inútil sobre el mundo sobrenatural, palabras vacías que se deslizaban por sus labios mientras yo apenas podía mantenerme consciente.
Un ardor masivo estalló de pronto en mi pecho, robándome el aliento.
Me incliné hacia adelante justo antes de vomitar de forma violenta.
Un charco oscuro de sangre negra, mezclada con fragmentos de dientes y coágulos densos, cayó a los pies de los miembros del Club del Ocultismo.
Mi visión comenzó a volverse borrosa.
—Anfitrión, el host ha enviado una advertencia.
— La fría voz del sistema llegó de la nada.
Y entonces, lo escuché de nuevo.
Ese maldito ser.
—Segunda oportunidad.
No tendrás nada relacionado con tu universo de origen… El alma del dragón estuvo deliciosa.
— Un líquido caliente bajó por mis oídos.
Sentí los tímpanos arder.
Un pitido ensordecedor llenó mi cabeza mientras su voz finalmente se desvanecía.
Pasé mis manos por las orejas, y al mirarlas, mis dedos estaban manchados con una sangre espesa, negruzca.
El clan Gremory no pareció notar nada.
Seguían hablando con normalidad… como si nada estuviera pasando.
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