high school dxd: Sombras de un dios errante - Capítulo 41
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41: Capítulo 40: la cita 2 ” un enamorado racional?” 41: Capítulo 40: la cita 2 ” un enamorado racional?” “ ya que 5 besos no han funcionado, tal vez 6 lo hagan, no es cierto?” La coqueta voz de akeno me provocó un escalofrío, sudor frío bajo por mi frente mientras su cálido aliento chocaba contra mi mejilla “ como sea” suspiré fríamente mientras evitaba mirarla, la cita del día de ayer termino con normalidad luego de algunas horas, el día de hoy, comenzó directamente con nuestra segunda cita, el saludo de akeno fue directamente un fuerte beso frente a mis padres, la felicidad de mi madre aún me conmueve , sin embargo, la recomendación de protección dada por mi padre resultó bastante incómoda, en el transcurso de la mañana a la tarde, akeno estuvo llevándome por toda la ciudad de Kuoh, robándome besos cada que intento negarme a cualquiera de sus peticiones.
“ Hoy te vez muy guapo, realmente te molesta que te pruebe un poco?, que malo “ akeno dijo juguetonamente, con su tono burlesco y dramático, antes de morder suavemente mi mejilla, el sentimiento ligeramente pegajoso de su labial aún Quemaba en mis labios, y ahora, sentir la humedad y sus pequeños dientes en mi mejilla era…, excitante “ deja de jugar así, pervertida “ reproche avergonzado al empezar a sentir lar reacciones de mi cuerpo a sus avances, la sonrisa coqueta de akeno se volvió aún mas descarada, mientras tomaba mi mano, entre lanzando nuestros dedos mientras me arrastraba cerca a una fuente en uno de los tantos parques de Kuoh.
“ Que harías si un día de estos yo desapareciese, me extrañarías?” akeno preguntó juguetonamente, forzando me a sentarme sobre el borde de la fuente, mientras ella se subía sobre mi regazo, la pregunta me tomo por sorpresa, mantuve el silencio algunos segundos mientras su mirada dulce penetraba mis ojos “ que harías, si algún día yo me olvidará de ti?
“ murmuré dudoso, apretando inconscientemente mis manos sobre su suave cintura.
Temprano en la mañana, antes de salir en nuestra cita, Ddraig converso conmigo, finalmente encontró una forma de probar el método del horrocruxes, aparentemente, el fragmento del alma que se cortaría, sería la que se quedaría en este mundo, o al menos, ese es el plan principal, sin embargo, el fragmento de alma no contaría con ningún recuerdo.., tendría que implantar recuerdos nuevos, y, debido a ser un fragmento pequeño de alma, sería incapaz de sostener tanta información como lo es mi vida y conocimiento, incluyendo la magia, el clon sería incapaz de usarla, por lo tanto, de participar en el mundo sobre natural, y, posiblemente…, no podría recordar muchas personas, como por ejemplo akeno, mi crecimiento depende de avanzar, de mirar adelante ,aprender y experimentar, sería difícil dejar a mis padres, Pero, sería aún mas dificil dejar a alguien como akeno…, aunque es jodidamente molesta, es…..
“ jodidamente importante” murmuré mientras evitaba mirar a akeno, quien aún no respondía, no tenía realmente pensado decirle a akeno lo que haría o por qué lo haría, sin embargo, tampoco tenía pensado dejarla de un día para otro sin ninguna razón.
“¿Importante, eh?” la voz de Akeno salió suave, como un susurro apenas cargado de burla, pero en sus ojos no había picardía esta vez.
Solo un brillo curioso, casi expectante.
Su sonrisa se ladeó apenas, esa sonrisa que siempre parecía estar al borde entre la broma y algo más profundo.
Me removí incómodo, apartando la vista hacia la fuente.
“No pongas palabras en mi boca.
Fue un desliz.” “Un desliz muy lindo~.” Akeno inclinó su frente contra la mía, obligándome a verla.
“Si soy tan molesta, ¿por qué te cuesta tanto soltarme, Issei-kun?” No respondí.
Mis manos seguían firmes en su cintura, y por más que quisiera soltarla, mi cuerpo no obedecía.
Ella rio suavemente, ese murmullo travieso que me hacía hervir la sangre.
“Me pregunto…” Su aliento rozó mis labios mientras acercaba la boca, lenta, provocadora.
“¿Qué pasaría si el día de mañana, al despertar, yo no recordara nada de ti?
¿Me besarías para hacerme recordarlo?” Sentí un nudo en la garganta.
“No bromees con eso.” “¿Quién dijo que bromeaba?” replicó con una seriedad fugaz que me heló.
Pero en el mismo instante, me mordió el labio inferior con suavidad, como si nada hubiera pasado.
“Quizás tendrías que volver a conquistarme… o quizás yo volvería a enamorarme de ti, una y otra vez.” El calor en mis mejillas me traicionó, y ella lo notó.
Siempre lo nota “¿Sabes lo que pienso?” susurró, recostando su cabeza en mi hombro como si de pronto estuviera cansada de tanta picardía.
“Que, aunque te olvidaras de mí… aunque tú fueras el que desaparece… yo seguiría buscándote.” Tragué saliva, endureciendo el gesto.
“Hablas demasiado.” Ella rio suavemente, entrelazando sus dedos con los míos de forma casi infantil.
“Y tú escuchas demasiado poco, Issei-kun.” Me quedé callado, observando su rostro, observando esa dulce sonrisa que, aunque burlona, realmente hacia que mi corazón latiera como loco, Pero dentro de mí, la certeza crecía: si alguna vez daba ese salto, si dejaba atrás este mundo… Akeno jamás me dejaría ir tan fácil.
“¿Por qué me miras así?” preguntó Akeno con esa sonrisa ladeada, la que usaba cuando sabía que tenía el control de la situación.
Se acercó más de la cuenta, inclinándose hacia mí en la banca del parque, y la curva de su cuerpo me obligó a desviar la mirada hacia la fuente cercana.
“No te estoy mirando de ninguna forma especial”, respondí seco, con la intención clara de cortar ahí cualquier ilusión que tuviera en mente.
Ella rio suave, una risa que parecía cosquillear en el aire.
“Siempre tan distante… aunque en el fondo, no lo eres tanto.
Ya lo comprobé.” Me crispé un instante, recordando el beso que me había robado antes, en esa calle llena de luces y risas ajenas.
Aún podía sentir el calor en los labios, ese descaro suyo que no había sabido rechazar a tiempo.
“Eso fue un impulso tuyo”, contesté, cerrando los ojos un segundo.
“No pienses que significa algo.” “Claro, claro” respondió burlona, como si ya hubiese ganado una pequeña guerra.
Se recostó contra mi hombro sin pedir permiso, y esta vez no la aparté.
El silencio entre ambos se alargó, acompañado del murmullo del agua y de las luces de Kuoh reflejadas en ella.
Quise decir algo más, algún comentario cortante que rompiera la tensión, pero me encontré a mí mismo respirando más lento, escuchando sus palabras sueltas, esas pequeñas historias cotidianas que soltaba como si nada: la profesora que la había regañado en el instituto, el clima extraño de esa semana, incluso un comentario sobre el pastel que había comprado a escondidas para mí.
Me descubrí respondiendo, no con frases largas, pero tampoco con el filo que solía usar.
“Ese pastel es demasiado dulce para ti”, le dije cuando mencionó que casi se lo come todo antes de traerlo.
“¿Y tú cómo lo sabes?
¿Acaso me observas más de lo que admites?” respondió con esa malicia juguetona.
Negué con la cabeza, pero la sonrisa se me escapó, mínima, casi imperceptible.
Ella lo notó, claro, lo notaba todo.
El problema era ese: ella no veía solo lo que mostraba.
Parecía querer forzar que yo dejara de ocultar lo demás.
Y yo… yo no podía dárselo.
No ahora.
Porque en el fondo, mientras la escuchaba hablar y reír, lo único que pensaba era en la distancia inevitable: en lo que pasaría cuando el horrocruxes quedara atrás, cuando este clon se convirtiera en su nuevo “Issei”, y yo… yo sería solo un recuerdo desplazado en un mundo diferente.
Y esa idea pesaba tanto que, sin darme cuenta, mi mano se movió apenas, rozando la suya en la banca.
No retiré la mano.
Akeno dejó escapar una risita triunfal, pero no dijo nada.
Se limitó a entrelazar sus dedos con los míos, suave, como si temiera que los apartara.
Por primera vez en mucho tiempo, no tuve la fuerza ni la voluntad de soltarme, “ eres, tan….., jodidamente molesta “ murmuré con cansancio mientras dejaba caer mi rostro sobre su pecho, cerré mis párpados mientras abrazaba un poco más fuerte su cintura, sintiendo sus suaves pechos contra mi rostro, está era la primera vez, y quizás la última, que me permitía un desliz así “ issei- Kun…., pareces un dulce bebé” la dulce voz de akeno llegó a mi oído junto a su cálido aliento, mientras sentía como sus dedos acariciaban mi cabello con suavidad El silencio de la calle se volvía cada vez más pesado, solo roto por la respiración acompasada de ambos.
Akeno mantenía esa sonrisa traviesa, pero en sus ojos había algo más, un brillo que no se podía disfrazar con coquetería.
“Siempre escondes todo detrás de esa mirada fría… pero al final, no eres tan diferente a los demás, ¿verdad, Issei-kun?” susurró, inclinándose un poco más hacia mí, como si buscara que esas palabras quedaran grabadas en mi piel.
No contesté.
No tenía nada que decir.
Y aunque hubiera querido, mi rostro hundido en su pecho me lo impedía.
Solo apreté con más fuerza su cintura, dejando que el silencio hablara por mí.
Akeno rio suavemente, un sonido bajo, casi maternal, pero con esa chispa provocadora que nunca dejaba de mostrar.
“Si sigues así… terminaré acostumbrándome demasiado a ti.” Sus dedos bajaron desde mi cabello hasta mi mejilla, rozándola con lentitud, y luego levantaron mi rostro con suavidad.
Nuestros ojos se encontraron.
Yo, con el cansancio pintado en cada línea de mi mirada; ella, con un torbellino de emociones ocultas tras esa sonrisa juguetona.
“Issei-kun…” murmuró, inclinándose de repente.
Antes de que pudiera apartarme o decir algo, sus labios atraparon los míos en un beso suave, lento, pero cargado de intención.
Por un segundo, mi mente gritó que debía alejarme, que no debía permitirlo.
Pero mi cuerpo… mi cuerpo simplemente se quedó quieto, sintiendo el calor de sus labios y el leve temblor de su respiración contra la mía.
Cuando se separó apenas unos centímetros, pude ver el leve sonrojo en sus mejillas.
“Ah… al fin dejaste de ser tan cortante conmigo.
No sabes cuánto tiempo llevaba esperando este momento…” La sangre me hervía, no por vergüenza, sino por la mezcla de emociones que me golpeaban, fastidio, cansancio, y un extraño consuelo en aquel contacto, Sin apartar la mirada, suspiré con pesadez “…Eres increíblemente molesta, ¿lo sabías?” Akeno sonrió más amplia, sus labios aún húmedos por el beso.
“Lo sé.
Pero también sabes que te gusta, Issei-kun.” Y, aunque quise negarlo, mis brazos no se soltaron de su cintura “ dos años “ murmuré “ dos años están bien “ la gruesa voz de Ddraig resonó en mi cabeza, mientras mis ojos aún se encontraban fijos en los ojos de akeno “ si en dos años te pidiera ir conmigo…., dejarías a tus padres por mi?” pregunté con cansancio, habían pasado varios meses desde que accidentalmente observé los recuerdos de akeno, sabía perfectamente que ella era una regresora, que amaba profundamente a sus padres y, que incluso sin rías como su mejor amiga en esta vida, era realmente feliz…., y yo me estaba aprovechando de eso, ella amaba a issei hyoudou en su vida pasada, y en esta vida, issei hyoudou también se estaba enamorando profundamente de ella, alejarla de lo que más añoro en una vida entera… era completamente egoísta El silencio que se formó tras mis palabras se sintió más pesado que cualquier conversación que pudiéramos tener.
Su respiración se entrecortó apenas, un detalle que cualquiera más habría pasado por alto, pero no yo.
“¿Dos años…?
“ susurró finalmente, su voz temblaba entre incredulidad y ternura.
Sus dedos no dejaron de recorrer mi cabello, como si buscara calmar algo en mí que ni yo podía comprender, No respondió de inmediato.
Y en ese lapso en el que pensé que simplemente sonreiría para evadir el tema, la sentí tensarse apenas contra mi abrazo.
“Si en dos años… “ repitió, con una dulzura que intentaba disfrazar el temblor “.
¿De verdad crees que podría dejar a mis padres tan fácilmente?” La pregunta fue un dardo disfrazado de caricia.
Una contraofensiva suave, pero clara.
Ella quería saber qué tan serio era yo… o qué tan cruel podía llegar a ser.
“Lo sé “murmuré, cerrando aún más los ojos contra su pecho, como si con eso pudiera esconderme del mundo “Por eso dije dos años” Akeno rio muy bajito, esa risa que siempre parecía jugar con la línea entre lo inocente y lo provocador.
Pero esta vez no había picardía en ella, sino un dejo de melancolía.
Issei-kun… “ dijo con un cariño que dolía “ No deberías decir cosas tan serias así, de repente.
Eres un chico demasiado cruel cuando te lo propones.” Mis brazos apretaron su cintura con un impulso instintivo.
No quería soltarla.
No quería permitir que esa sonrisa dulce que ahora escondía tanto peso desapareciera otra vez.
Sabía que no debía.
Sabía que estaba pidiendo lo imposible.
Pero también sabía que, aunque ella jamás lo admitiera, algo en su corazón ya estaba temblando de la misma manera que el mío.
La voz de Ddraig rugió suavemente en mi mente “ te estás apegando demasiado a ella..,niño “ no respondí , no tenía nada que responder a temas como esto directamente a Ddraig , “ tienes razón” murmuré mientras levantaba nuevamente mi rostro “ jamás podría ser tan cruel contigo “ sonreía suavemente, antes de que, por primera vez, fuese yo quien robara un beso a akeno, me impulse suavemente, mordiendo gentilmente sus labios, saboreando lo que podría ser nuestro último beso “ Gracias…., por todo, hoy y ayer…, fueron, grandiosos “ murmuré mientras continuaba besando suavemente sus labios, antes de finalmente separarme de ella con vergüenza “ esto es lo que querías, no?” pregunté, forzando a salir el poco orgullo que quedaba en mi Akeno se quedó unos segundos en silencio, mirándome con esos ojos que parecían leerme mejor de lo que yo mismo podía hacerlo.
Sus labios temblaron apenas antes de que una pequeña risa escapara de ella, dulce y ligera, como si quisiera disipar la tensión.
“Ara ara… ¿eso significa que al fin conseguiste atraparme, Issei-kun?
“ Susurró, inclinándose apenas para rozar mi mejilla con un último beso, mucho más casto que los anteriores, como si quisiera equilibrar mi arrebato con su propia calma.
No supe qué contestar.
Mi garganta estaba seca y mi pecho se sentía demasiado apretado, así que solo me levanté lentamente del banco, ofreciéndole una mano para ayudarla a incorporarse.
Ella la tomó sin dudar, entrelazando sus dedos con los míos como si fuera lo más natural del mundo.
El camino de regreso fue silencioso, pero no incómodo.
Akeno no soltó mi mano en ningún momento, incluso cuando pasamos por calles iluminadas y tranquilas.
Parecía disfrutar de esa cercanía simple, sin adornos, mientras yo luchaba internamente con cada pensamiento que se acumulaba en mi mente.
Cuando por fin llegamos frente a mi casa, me detuve y solté un suspiro pesado.
Ella, en cambio, se giró hacia mí con una sonrisa tranquila.
“Descansa, Issei-kun.
Y sueña conmigo, ¿sí?
“dijo con esa dulzura que me rompía por dentro.
No respondí.
No podía.
Solo asentí, girándome rápido para no dejar que viera la expresión en mi rostro.
Crucé la puerta, cerré tras de mí y apoyé la espalda contra la madera, deslizando el aire que no sabía que retenía.
Ddraig permanecía callado ahora, como si entendiera que cualquier palabra sería inútil.
Subí a mi habitación en silencio, me dejé caer en la cama aún con la ropa puesta y cerré los ojos.
El calor de sus labios, el roce de su mano, su voz… todo seguía allí, grabado en mi piel como fuego.
Y, al mismo tiempo, la amarga certeza de que nada de eso podría durar.
“Maldita sea… “murmuré al techo vacío, dejando que el sueño me arrastrara con la última sensación de ella aún aferrada a mí, esa pequeña sensación que me mantenía emocional, a mi, un ser tan racional…
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