high school dxd: Sombras de un dios errante - Capítulo 44
- Inicio
- Todas las novelas
- high school dxd: Sombras de un dios errante
- Capítulo 44 - 44 Capítulo 43 El paso al multiverso 3
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
44: Capítulo 43: El paso al multiverso 3 ( Balance breaker personalizado) 44: Capítulo 43: El paso al multiverso 3 ( Balance breaker personalizado) —Día 59.672.
Hoy, como todos los días, he volado por el vacío del espacio, observando los distintos planetas distribuidos en los múltiples sistemas solares que hemos visitado.
Creemos que la vida proveniente de estos planetas es bastante salvaje y subdesarrollada.
Guardé silencio mientras continuaba volando, siguiendo el rumbo del único circuito mágico restante luego de pasar completamente el Árbol del Mundo.
—Además, la comida de estos planetas es bastante mala… extraño la comida de Akeno.
Suspiré con cansancio mientras frenaba en seco, observando, luego de mucho tiempo, la herramienta triangular que se suponía abriría una apertura directa hacia la grieta dimensional.
“No ha pasado tanto tiempo, solo han sido algunos años…” Ddraig bostezó, volviendo a dormir.
Desde que perdimos la noción del tiempo, la única forma en la que logramos distinguir su paso fue meramente el crecimiento de mi propio cuerpo.
Aparentemente, ya había terminado mi crecimiento corporal y la maduración en mis líneas de sangre.
Además de la línea dracónica, que estuvimos puliendo junto a Ddraig, también descubrimos una leve línea de sangre angelical.
Tal vez la bendición de Gabriel y Michael, en su momento, me dio la capacidad de usar poder divino.
Incluso, si lo deseaba y me concentraba, podría expandir un par de alas de ángel.
Podía expandir un total de doce pares de alas: uno de ellos angelical, nueve pares de dragón —cuatro de un rojo semejante al de Ddraig en su Balance Breaker, y cinco de un tono azul oscuro, casi púrpura— y los dos pares restantes, de demonio.
Otro descubrimiento que jamás quise investigar fueron los residuos demoníacos en mi alma, luego de que los recuerdos de otros mundos llegaran a mí.
Después de todo, el uso del ki y el Touki, junto al núcleo espiritual —o núcleo de ki como tal— estaban presentes.
Residuos demoníacos también, aunque bastante leves, debido al entrenamiento realizado por mí y Ddraig mientras pasábamos el tiempo en el espacio.
Ddraig avanzó en el conocimiento de su principio, alcanzando el quinto múltiplo cualitativo por aumento.
Tal vez fue debido a mi crecimiento natural, o quizás a un efecto secundario del principio de dominación de Ddraig.
Sea como fuere, las líneas de sangre aumentaron rápidamente, creciendo de forma absurdamente brusca junto a mi poder base.
Aunque todo el tiempo permanecía en estado de Balance Breaker, al solo poder volar por el espacio meditaba y controlaba mi poder.
Podría asegurar fácilmente que mi nivel básico había pasado de un demonio de clase media a uno de clase suprema media.
En retrospectiva, no sería erróneo decir que ahora mismo podría luchar contra cualquiera de los Maou sin usar el Boosted Gear.
Claro… podría resistir, pero nunca ganar.
Por otro lado, debido a los mismos motivos, al pasar tanto tiempo meditando mientras volaba, absorbía el abundante maná del ambiente, transformándolo y expulsándolo continuamente, forzando su circulación por los distintos circuitos mágicos de mi cuerpo.
Especialmente lo retenía en mi núcleo antes de expulsarlo, obligando a dicho núcleo a expandirse constantemente.
Al mismo tiempo logré adquirir una idea clara de mi Balance Breaker personalizado: requería un uso de maná mayor al Scale Mail común.
Su diseño sería cualquiera que pudiera visualizar con claridad, usando poder mágico específico —por ejemplo, poder demoníaco para reforzar el poder dracónico, moldeando ciertas zonas de la armadura, y lo mismo con el poder sagrado—.
Aunque aún no podía probarlo debido al ambiente, estaba ansioso por salir de este mundo.
Poder probar el Balance Breaker personalizado era excitante, aunque debía esperar a que la maldita herramienta de Azazel funcionara.
El objeto continuaba absorbiendo energía cósmica sin detenerse.
Al paso que iba, sería mejor forzar mi propio poder para rasgar el espacio.
“Ten cuidado.” El repentino gruñido de Ddraig me sacó de mis pensamientos, obligándome a observar mejor mi alrededor.
Frente a nosotros, a varios cientos de miles de kilómetros, el circuito mágico se detenía en seco frente a lo que parecía ser una barrera espacial.
Funcionaba como un espejo reflejante.
Al acercarme más, se evidenciaba que reflejaba el universo: la vista de mi Balance Breaker frente a mí, como si fuese otra persona, fue extrañamente inquietante.
Extendí lentamente mi mano, introduciéndola en la barrera.
La sensación era como sumergirse en agua gelatinosa.
Al confirmar que no me dañaba, atravesé el umbral completamente, observando el nuevo entorno.
—Curioso… se podría decir que sigue siendo el maldito espacio —gruñí molesto.
Si esto era la grieta dimensional, no era tan magnífica como decían.
Había pasado por tormentas cósmicas y nebulosas estelares más impresionantes.
Podría decir fácilmente que este lugar estaba cubierto por tormentas cósmicas puras, polvo estelar comprimido por la presión mágica del entorno.
El lugar se teñía de tonos púrpuras, rojos y azules.
Parecía haber múltiples estrellas jóvenes, pues la luz era tan intensa que era difícil creer que aún estuviéramos en el espacio.
—Esto tardará demasiado… —negué con cansancio mientras analizaba el área con mi percepción.
Localicé rápidamente el punto central de la grieta dimensional.
No estaba demasiado lejos, tal vez medio sistema solar.
Antes de avanzar, un rugido primigenio resonó a lo lejos.
Un pequeño dragón rojizo se acercaba.
—¿Por qué se escucha tan…?— Antes de terminar la pregunta, el supuesto “pequeño” dragón comenzó a crecer.
No era pequeño… solo estaba demasiado lejos.
Mis pupilas se dilataron.
Mi cuerpo empezó a temblar.
Frente al gran dragón rojizo, unos puntos se movían a gran velocidad.
Usé maná en mis ojos, ampliando mi visión.
Un grupo de personas huía del dragón.
Entre ellos, reconocí a Kuroka.
Hacía mucho tiempo que no la veía.
A su lado, supuse que Valí Lucifer era quien sonreía como un maníaco.
Mi perspectiva se quebró cuando vi que sostenían una herramienta triangular, idéntica a la mía.
Quebraron el espacio y desaparecieron en la grieta, dejándome solo con el gran dragón que rugía mientras se acercaba.
A pesar de la distancia, era colosal: una montaña viva.
Al principio creí que medía cientos de metros, pero su tamaño aumentaba con cada segundo.
No lograría alcanzar el centro sin enfrentarle.
Pero tampoco sería tan imbécil como para quedarme esperando la muerte.
—¡Ddraig!
—grité alarmado, levantando mi brazo izquierdo— ¡Aumento!
¡Aumento!
Sangre emanó de mi nariz y ojos.
Un dolor de cabeza brutal me golpeó cuando Ddraig y yo usamos el principio de dominación al unísono.
Su aumento en el quinto múltiplo, el mío en el segundo.
Mi poder base se duplicó, luego se quintuplicó.
Volvió a duplicarse y quintuplicarse de nuevo: cien veces mi fuerza original en menos de un segundo.
El daño fue inmenso, pero forcé mi maná para curarme al instante.
Y repetí el proceso.
—¡Aumento!
¡Aumento!— Dos aumentos más estallaron, multiplicando mi poder de forma cualitativa.
Mi energía base pasó a doscientas veces, luego mil, luego dos mil… finalmente diez mil veces su punto original.
Cuatro aumentos continuos, dobles o no, eran cuatro aumentos.
—Bien, Gran Rojo… veamos qué puedes hacer.
Gruñí mientras sentía la tensión de mis músculos al estallar en poder mágico comprimido a nivel molecular.
El estallido sónico resonó tras de mí.
En un instante estaba frente al dragón, mi puño extendido como un resorte hacia su rostro, la Scale Mail brillando.
La armadura creció, sus placas reconfigurándose en movimiento líquido.
Pasó de su tono rojizo a un negro profundo con matices lilas, semejantes a la grieta dimensional.
Dos largas púas metálicas emergieron de mis antebrazos, cubiertas de energía sagrada moldeada con Touki.
Doce pares de alas extendidas: grises, negras, moradas y rojizas, tres de cada color, batiéndose con violencia.
El casco se cerró completamente, sin ojos ni marcas visibles, solo un negro absoluto.
Desde dentro, mi visión se dividió en cuatro aberturas como ojos.
Un nuevo estallido sónico sacudió el espacio.
El impacto fue seco, un golpe sordo que hizo retroceder ligeramente al Gran Rojo.
Sangre —que se evaporó antes de mostrar su tono— brotó de su rostro.
—Un gusto conocerte, Gran Rojo —sonreí, saliendo disparado hacia el centro de la grieta dimensional.
Aprovechando el espacio ganado, forcé mi avance.
—Funciona… funciona… ¡funciona!— repetí con euforia, temiendo quedarme atrapado con dos dragones divinos en la grieta.
Al llegar al núcleo, detoné toda la energía de mi cuerpo, fusionándola con la del entorno.
Perspectiva en tercera persona Universo Origen N44 — Vía Láctea, borde galáctico norte, frontera con el sector universal este.
—Aún no podremos expandirnos.
La comunicación con Deviluke no es factible fuera de la galaxia, y los bastardos de los Green Lanterns no permitirían la expansión.
El hombre de cabello azul oscuro y piel pálida, con vestimenta extravagante, frunció el ceño con fastidio.
Sus pupilas se dilataron repentinamente.
—¡Su majestad!
Hemos detectado fluctuaciones dimensionales.
Una fuente de energía masiva está intentando forzar el tejido espacial.
El grito del soldado resonó en el puente de mando ante Gid Lucione Deviluke, actual rey del planeta Deviluke.
Antes de que alguien más hablara, las pantallas visuales que mostraban la extensión galáctica y el mapa holográfico —con cientos de sistemas solares marcados como sectores— comenzaron a parpadear.
Un brillo rojizo emergió de la nada.
Ondas de energía se expandieron como olas solares, azotando las naves cercanas.
Tras varios segundos de turbulencias y una tormenta cósmica artificial, la energía se desvaneció.
Flotando en medio del vacío, un hombre malherido.
Gid entrecerró los ojos.
Las cámaras ampliaron la imagen.
Un hombre casi desnudo, apenas cubierto por los restos de una armadura negra.
El material y el tono del metal sugerían tecnología kriptoniana.
La energía generada en su cuerpo mostraba que se alimentaba de una fuente externa, como si drenara el entorno.
Un kriptoniano.
Esa raza se había extinguido hacía dos décadas, cuando el planeta Kriptón explotó.
Guerreros capaces de dominar razas enteras, seres que absorbían radiación solar para ser inmortales.
Su extinción dio paso al dominio galáctico de Deviluke.
Ni la Patrulla Galáctica ni los Green Lanterns habían vuelto a pisar ese sector.
Incluso Darkseid, el conquistador universal, había desistido de atacar esa región por culpa de los kriptonianos y los dioses planetarios.
Y sin embargo, allí estaba: un kriptoniano vivo.
Podría ser una amenaza… o una oportunidad.
—Tráiganlo a la nave.
Llévenlo a las cámaras de recuperación.
Gid dio la orden sin dudar.
Un kriptoniano sin planeta podía convertirse en el mayor aliado de Deviluke… o en el fin de su imperio.
Fuese lo que fuese a suceder, si un Kriptoniano que pudiese sobrevivir en el vacío cósmico se uniese a deviluke, incluso si solo conviviera allí, sería un perfecto efecto repelente para cualquier imperio en múltiples sectores…
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com