high school dxd: Sombras de un dios errante - Capítulo 5
- Inicio
- Todas las novelas
- high school dxd: Sombras de un dios errante
- Capítulo 5 - 5 Capítulo 4 regresores
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
5: Capítulo 4: regresores.
5: Capítulo 4: regresores.
*Perspectiva de Damián / Issei* El resto del día fue… extraño.
Entre los juegos improvisados, la comida casera y los gritos de los otros niños, había una paz que no lograba comprender del todo.
Irina no se despegó de mí ni por un segundo, como si el más mínimo espacio fuera una traición a algo más grande.
Me abrazaba, me miraba, y yo solo podía apartar la vista, confundido.
Me sentía observado.
Más de lo normal.
No solo por ella… sino por algo más.
Una sensación en la nuca, como si alguien estuviera midiendo cada uno de mis movimientos.
Mi antigua vida me enseñó a desconfiar de esa sensación, pero ahora, en este cuerpo diminuto, apenas podía moverme como antes.
“¿Todo bien, cariño?” preguntó mi madre mientras acariciaba mi mejilla con cariño, antes de acomodar el gorro de cumpleaños en mi cabeza.
Asentí, con esa pequeña mueca que había aprendido a usar.
La máscara de bebé feliz.
No era difícil, sobre todo cuando el aroma de la comida flotaba por toda la casa.
Irina me ofreció un trozo de pastel con sus manos torpes, y aunque quería rechazarlo, no lo hice.
Ella lo intentaba… eso lo veía en sus ojos.
Y yo, por más incómodo que me sintiera, estaba empezando a entender algo.
Ya no podía escapar del pasado.
Ni del mío… ni del de los demás.
Y, después de todo, ella estaba allí, y yo ya había decidido que aprovecharía esta vida, que correspondería al amor y la protección que me daban los demás.
Y entonces… lo sentí.
Un cambio en el ambiente.
Como una brisa helada que se coló entre las risas infantiles.
Noté cómo Irina se tensaba instantáneamente, frunciendo el ceño con fastidio antes de embutir el trozo de pastel en mi boca desde sus manos.
Sentí vergüenza al ser alimentado de esa manera, ignorando directamente el sentimiento en mi nuca que me avisaba de alguien observándome.
Después de todo, es una fiesta.
Soy el cumpleañero, ¿es normal, no?
Perspectiva de Grayfia Lucifuge Desde la sombra que proyectaba el árbol más alejado del jardín, permanecía quieta.
Oculta.
Inmóvil.
Como una estatua esculpida por el mismo silencio.
Grayfia Lucifuge.
La perfecta sirvienta del Inframundo.
La Reyna del demonio más noble.
La asesina más silenciosa de los Lucifuge.
…Y una regresora.
Había despertado en este mundo con sus recuerdos intactos.
Sin advertencia.
Sin explicación.
Pero con una sola certeza ardiendo en lo más profundo de su alma: la promesa de jamás volver a dejarlo ir.
El recuerdo de su mirada distante y su voz que resonaba como trueno sobre la guerra.
No.
Esta vez era solo un niño.
Un bebé con ojos antiguos y una presencia que no sabía ocultar, una que, de alguna manera, le decía que él también había regresado.
“Issei…” susurró para sí misma, como si decir su nombre fuera una traición al destino.
No debía estar aquí.
No tenía razones para acercarse.
No existía lógica que justificara seguirlo durante días, observarlo desde lejos y calcular cada detalle de su nueva vida.
Pero lo hacía.
Porque no podía evitarlo.
Aquel que fue el peón de los Gremory… su aliado… su esposo.
El mismo que la había hecho sentir humana entre demonios.
El mismo que murió con una sonrisa rota, sus últimas palabras prometiéndole un mañana que jamás llegó.
Y ahora estaba allí, en brazos de una humana, con una niña abrazándolo como si fuera suyo desde siempre.
Grayfia apretó los puños.
No por celos.
No por rabia.
Sino por la insoportable necesidad de hablar con él.
De decirle que no estaba solo.
Que ella también volvió.
Que lo recuerda.
Pero no lo haría.
No aún.
Había jurado no interferir.
No hasta estar segura de algo, si ese niño seguía siendo el mismo Issei que conoció… o si era solo una sombra rota de lo que fue.
O tal vez… si todo era una mentira que se decía a sí misma, una cruel mentira del destino.
¿Y si él no hubiera regresado como ella?
¿Qué le diría?
¿La odiaría si irrumpía en su vida?
Y así, mientras las risas continuaban y el sol comenzaba a descender, Grayfia Lucifuge desapareció entre sombras, dejando tras de sí un solo pensamiento.
“Te encontraré de nuevo… y esta vez, no te dejaré morir.” *Perspectiva de Rías Gremory* El sentimiento de irritación marcaba mi rostro.
Habían pasado casi dos años desde mi regresión, y en ese tiempo jamás pude verlo.
Aquel chico pervertido que soñaba con mis pechos.
Aquel que yo reviví de la muerte.
Aquel que fue el primero y único a quien amé.
Issei.
Su nombre.
El portador del Dragón Emperador Rojo, Ddraig.
Mi peón más fuerte.
Aquel que siempre fantaseaba con ser el rey del harem y que siempre, siempre, se metía en problemas de una u otra forma.
El recuerdo de aquel que fue mi único amor me sacó una sonrisa.
Había notado que en esta nueva oportunidad, las cosas eran diferentes.
Primero, mi mejor amiga, Sona Sitri, heredera del Clan Sitri y hermana de Serafall Leviathan, ambas eran distintas esta vez.
Sona era más expresiva, sonreía más en comparación con su vida anterior.
Seguía siendo tan inteligente como siempre y, extrañamente, parecía ser igual de alguna manera a la última vez que la vi en nuestra vida pasada.
Creía que ella también había regresado.
Pero… ¿qué posibilidad hay?
Por otro lado, Serafall Leviathan, uno de los Cuatro Maou del Inframundo… todo en ella parecía igual.
Pero siempre se quedaba observando la nada con una mirada vacía.
No trataba a Sona de la misma manera que en su vida pasada.
Como si Sona no fuera lo suficientemente importante para ella.
Incluso, una vez le pregunté a mi hermano, Sirzechs Lucifer, nuevamente uno de los Cuatro Maou del Inframundo.
Él dijo que siempre había sido así, en los cientos de años que habían compartido como compañeros y durante su tiempo como soldados.
Las historias contaban cómo una agresiva guerrera arrasaba con los demonios de la facción del Viejo Satán.
Y junto a ella, como su compañera Grayfia Lucifuge.
Quien, inicialmente, era parte de la facción del Viejo Satán, se unió a nuestras filas, luchando codo a codo junto a Serafall.
Ambas compartiendo el apodo de “Diosas del Hielo” y “Las Damas de Hielo”, aquellas que, curiosamente, eran capaces de congelar todo el Inframundo si querían.
O… eso es lo que él decía.
Muy diferente a mi vida anterior.
Otra diferencia en Grayfia es que, en esta vida, no era la esposa de mi hermano.
Era simplemente su Reina.
Pero mi hermano tenía su propio harem.
Muchos de sus peones que tanto recordaba ya no formaban parte de su nobleza, esta vez siendo compuesta solo por mujeres.
Un suspiro se escapó de mis labios mientras analizaba todas las diferencias.
Por ahora, no había notado nada más extraño.
Quisiera ir inmediatamente a buscar a los miembros de mi nobleza, pero realmente debo esperar.
Kiba, aunque aún debe ser un bebé, todavía no debe haber quedado huérfano.
Por otro lado, Akeno debe estar viviendo con sus padres,Shuri Himejima y Baraqiel.
Aunque no quería ver sufrir nuevamente a su Reina, realmente no deseaba alejarla de su familia, y, sobre todo, negarle la oportunidad de estar con su madre.
“Shuri… debería salvarla ” el pensamiento cruzó por mi mente.
Quizás… sería un buen regalo para mi Reina.
Por otro lado, las relaciones entre las facciones principales del panteón bíblico eran tensas, y, extrañamente, algunas personas de la facción de los ángeles caídos deseaban formar una alianza con nosotros, los demonios.
El Inframundo, a simple vista, es el mismo… pero se siente incluso más tranquilo que en mi vida pasada.
Koneko… o bueno, Shirone.
Actualmente sé dónde se encuentra.
Debería haber sido llevada hace poco por la familia Naberius.
Tengo entendido que están a punto de entrenarlas para convertirlas en peones, al menos en el caso de Kuroka.
Aún deben faltar algunos años para que ocurra el incidente con ella.
Lamentablemente, no puedo hacer nada para ayudar.
Sin pruebas, mi hermano no moverá un dedo… Asia… ella aún no debería haber nacido.
Tal vez dentro de un año, o algunos meses.
Incluso si quisiera ir por ella, sería un problema con la facción de los ángeles.
Mientras tanto, las facciones nórdicas, griegas y sintoístas han estado discutiendo.
Tal parece que un yokai de la facción sintoísta robó algo a uno de los dioses griegos y, como no podía ser de otra forma, la facción nórdica intentó robar lo que fuera que el yokai haya tomado… para quedárselo.
Al mismo tiempo, se rumorea que Hades ha estado paseando por las zonas del Inframundo controladas por distintos clanes demoníacos.
Mi hermano dice que ha estado algo aburrido últimamente.
Aparentemente, algo pasó con Perséfone, su esposa.
Hace unas semanas los escuché hablar en la mansión Gremory.
Se mencionó algo sobre uno de los tantos hijos no reconocidos de Hades y… parece que también hay otros dos: uno hijo de Zeus y otro de Poseidón.
Hades dice que quiere el apoyo de los demonios para formar un tratado,nadie toca a los hijos de los demás.
Creo que quiere que escondamos a algunos de sus hijos… Aunque parece un dios malévolo… es un buen padre.
Aunque aún recuerdo cómo fue él, junto con sus compañeros, quienes causaron la muerte de Issei… y también la nuestra.
Aparentemente, algo se avecina.
No es solo el asunto con las facciones o los tratados con dioses antiguos.
Hay algo más… algo que incluso los dioses temen.
He oído rumores de una antigua profecía, una que involucra a los descendientes directos de los Tres Grandes: Zeus, Hades y Poseidón.
Según dicen, uno de ellos decidirá el destino del mundo entero… y otro podría destruir el equilibrio de todos los panteones si llegara a morir fuera del tiempo previsto.
Sé que muchos creen que es solo una historia antigua para mantener a raya a los semidioses.
Pero si los dioses buscan ocultar a sus hijos… si incluso Hades viene en persona a pedir ayuda a los demonios… entonces no es algo tan sencillo… Quizás… solo quizás… en esta nueva vida, pueda evitar que la historia se repita.
Y si no puedo… entonces me aseguraré de estar allí cuando el caos comience.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com