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high school dxd: Sombras de un dios errante - Capítulo 7

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7: Capítulo 6:la anomalía 2 7: Capítulo 6:la anomalía 2 “Perspectiva de Michael- séptimo cielo” Me encontraba sentado en mi oficina, revisando una pila de documentos.

Mi ánimo, como siempre, bastante bajo.

Desde que padre murió, mantener el cargo de líder de facción y mantener a flote el cielo ha sido un verdadero reto.

Muchos de mis hermanos han caído, otros han muerto, y unos pocos simplemente desaparecieron sin dejar pistas que seguir.

Mi pequeña hermana, Gabriel, ha estado más imperativa de lo normal últimamente.

Normalmente estaría junto a algunos de mis hermanos restantes visitando la ciudad del Vaticano.

Como siempre, Gabriel cumpliría el papel de “santa”, revisando que todo vaya bien.

Aunque es algo inmadura e inocente, es realmente responsable cuando es necesario.

Y ahora, con la situación de nuestro panteón, cualquier ayuda es bienvenida para mí.

“Por padre…”, murmuré con irritación y cansancio, antes de suspirar pesadamente.

Unas vacaciones luego de mil años trabajando no estarían mal… pensé, sonriendo ligeramente.

Habían pasado ya casi mil años desde la Gran Guerra, y por tanto, mil años desde que padre, Dios, murió.

“¡Hermano!” Un grito familiar llegó a mis oídos mientras una chica rubia alada volaba agresivamente dentro de mi oficina, enviando a volar todos los documentos que estaba revisando.

Solté un segundo suspiro de cansancio.

“Uno de los sacerdotes se comunicó con el Vaticano.

¡La ciudad del Vaticano está volviéndose un desastre!” El grito de Gabriel, claramente enojada, llegó a mí mientras golpeaba con fuerza el escritorio con las palmas de sus manos.

“Gabriel, cálmate un poco.

¿Qué sucedió?”, dije tranquilamente, tratando de mantener la cordura.

Ahora mismo, el Cielo estaba en declive.

Realmente no necesitábamos que yo, el líder actual del cielo, terminara cayendo de la gracia de padre por estrés.

“El sacerdote encargado de la ciudad de Kuoh volvió a comunicarse.

Es sobre aquel niño con energía de dragón”, dijo Gabriel, ya un poco más calmada.

Bien, eso llamó mi atención.

Casi me había olvidado de ese niño.

Supusimos que sería el portador de algún Sacred Gear basado en dragones, tal vez Vritra o alguno de los otros.

En el peor de los casos, podría ser el portador del Boosted Gear o del Divine Dividing.

Lo último que necesitábamos era que un humano con delirios de grandeza llevara un Longinus.

Sería un desastre total para nuestro panteón.

Aún estamos en una situación tensa con el panteón griego, especialmente desde que uno de los anteriores portadores de Ddraig terminó en manos del ejército espartano, causando grandes bajas e incluso amenazando a uno de los hijos de Hermes.

Ese recuerdo hizo que mi cabeza doliera ligeramente.

“Dicen que el niño aumentó su poder casi cincuenta veces.

La energía mágica residual lo clasifica al mismo nivel de un mago de clase media en entrenamiento”, dijo Gabriel, visiblemente inquieta.

“¿Cuál fue la última comparación?”, pregunté con cansancio mientras frotaba mis sienes.

“Hace un año, el niño, con apenas unos días de nacimiento, estaba al nivel de un mago de bajo nivel sin entrenamiento”, murmuró Gabriel, jugando con sus dedos.

“¿Ha demostrado algún descontrol?”, pregunté con curiosidad, apartando por completo los documentos.

“El informe dice que no ha hecho nada.

Aparentemente, la reacción mágica varía con sus emociones, pero no ha habido ningún problema en que la magia actúe por sí sola debido a su inexperiencia”, respondió Gabriel mientras tomaba fuertemente mi brazo, obligándome a levantarme del asiento.

Guardé silencio, pensando seriamente cómo proceder, mientras Gabriel me arrastraba fuera de la oficina.

“Aún es un bebé… no ha demostrado ser un peligro… Sin embargo, ha demostrado ser una anomalía.

¿Ha habido alguna respuesta del sistema?”, pregunté, deteniéndome de golpe.

Gabriel también se detuvo.

“Esto… revisé antes de venir aquí… Vritra y Albion están inactivos, pero dieron señales hace algunos meses.

Los otros Gears basados en dragones han sido iguales, variando la señal de hace algunos años hasta incluso hace pocos días… pero…” Balbuceó Gabriel, y luego se sonrojó levemente.

“¿El Boosted Gear?

¿Ddraig?”, pregunté con seriedad al notar su expresión.

“No ha dado señal desde que su último portador murió”, murmuró nerviosa Gabriel, provocando que me confundiera ligeramente.

“¿Lograron definir de qué clase de dragón proviene la señal dentro del chico?”, pregunté con solemnidad.

Una posibilidad empezó a tomar forma en mi mente: ¿el sistema estaba fallando?

Sin padre, era solo cuestión de tiempo… “Uno rojo… un dragón rojo”, murmuró Gabriel, mirándome directamente a los ojos.

Suspiré ligeramente mientras miraba a Gabriel.

“Es un bebé aún… podemos manejarlo “murmuré, pensativo”.

¿Cuál es la situación del sacerdote y la familia del niño?

¿Cuál es la situación general de la familia?” “Si es necesario, quiero a ese chico en las filas de nuestros exorcistas “dije tranquilamente, considerando todo lo que podría pasar con ese niño.

“Dices que todos los Gears han estado respondiendo, menos el Boosted Gear…” continué, cruzando los brazos” supondré que el chico es su portador.

Que el sistema falle no es de extrañar… sería más raro si funcionara bien.” Me giré y comencé a caminar por los silenciosos y vacíos pasillos del Séptimo Cielo.

“Envía algunos ángeles a una reunión con el supervisor de esa ciudad.

Quiero que hablen tanto con el supervisor demoníaco como con el de la iglesia” ordené, con tono firme.

“¡¿Puedo ir con ellos?!

¡Quiero ver cómo es!

“gritó felizmente Gabriel, retomando su actitud juguetona.

Eso sacó de mí una pequeña sonrisa.

“¿Por qué quieres ver a un bebé?

“pregunté, curioso.

“¡Es un bebé con un Longinus!

¿Cuándo has visto a un bebé con un Longinus?

” dijo emocionada Gabriel”.

¡Además, es un bebé!” “Ya sé, ya sé.

Te encantan los bebés “dije tranquilamente, negando suavemente con la cabeza *Perspectiva de Cleria Belial– Territorio Bael, Inframundo* “Malditos… “murmuré con irritación mientras caminaba por las calles del Territorio Bael.

Las calles estaban concurridas, repletas de demonios de sangre pura, reencarnados, niños, e incluso algunas bestias contratadas.

Mis pasos resonaban pesadamente entre la multitud.

“Algún día me lo pagarán… “gruñí en un susurro bajo, dirigiéndome a la estación de tren más cercana para regresar al mundo humano.

Repentinamente, alguien de mi nobleza intentó comunicarse conmigo.

Toqué mi oído y activé un círculo mágico de comunicación sin detener mi paso.

“¿Qué sucede?

“pregunté con tono serio.

“Señora Cleri…, un mensajero del Vaticano ha venido a verla.

Dice que esperará.

Trajo consigo los cuerpos de varios demonios renegados ” la voz de una de mis torres resonó con formalidad.

Mi ceño se frunció ligeramente.

“¿Qué es lo que quiere?” “Es sobre el niño.

Dice que los Cielos desean formar un tratado más formal con usted, señorita Cleria”respondió con seriedad.

“Dile que regrese mañana en la mañana.

Aún estoy en el Inframundo.

Tardaré en volver “respondí antes de cortar la conexión mágica.

Gruñí por lo bajo.

Aún no me acostumbraba a tener que caminar o usar ese maldito tren.

La prohibición de magia de teletransporte, impuesta por los Mahous, ha ralentizado muchas cosas.

La excusa de que podrían ser usados para una emboscada de alguna facción enemiga ha recorrido todo el Inframundo… Perspectiva de Azazel – Inframundo – Grigori “Michael…

Michael, ¿qué está sucediendo?”, murmuré para mí mismo con frialdad, la mirada fija en los exteriores del castillo, observando a soldados, magos contratados y ángeles caídos yendo y viniendo mientras bebía tranquilamente una copa de vino.

“¿Qué demonios tiene que estar pasando como para que todos estén tan alborotados?”, murmuré nuevamente.

Hace poco, uno de mis infiltrados en el Vaticano me informó sobre un revuelo.

Aparentemente, una anomalía peligrosa había aparecido.

Dicen que incluso Michael y Gabriel la atenderán personalmente.

Una pequeña sonrisa se formó en mis labios mientras entrecerraba los ojos…

justo cuando un círculo mágico apareció a pocos metros detrás de mí.

De él emergieron Shemhazai y Baraqiel.

“¿Qué sucede, Azazel?”, preguntó la voz fría y grave de Baraqiel, mientras Shemhazai se acercaba a mí y, con toda la calma del mundo, retiraba la copa de vino de mis manos.

“Ella ya casi está aquí… si te ve con esto en un momento tan serio, se enojará”, comentó tranquilamente Shemhazai, haciendo desaparecer la copa con magia.

“¿Tienes miedo?”, dije con tono burlón, sonriendo con sorna.

“Yo no.

Solo trato de salvarte”, replicó con un deje de fastidio, justo antes de que la puerta de la habitación se abriera.

“¿A quién quieres salvar, Shemhazai?”, una voz fría y femenina llenó la habitación, provocando que mi cuerpo se tensara de forma automática.

Eché un vistazo de reojo a Shemhazai, quien me devolvió una sonrisa burlona.

“Oh, no es nada, Penemue.

Solo estábamos tratando de—” Antes de que pudiera terminar, me lancé sobre él, cubriéndole la boca con una mano.

“¡Por fin llegas!

Solo estábamos hablando del problema del Cielo.

No puedo involucrarme demasiado…

podría estar en peligro, ¿no?”, dije juguetonamente, mientras apretaba un poco más mi agarre sobre su boca.

Shemhazai intentaba soltarse desesperadamente, pero ya era demasiado tarde.

Penemue entró con pasos suaves pero firmes, su expresión tan imperturbable como siempre.

Su larga cabellera oscura caía sobre su túnica ceremonial, y su mirada se clavó en mí como cuchillas de hielo.

“Pensé que estarías organizando tus tropas, Azazel… No bebiendo vino con tus segundos al mando.” Solté a Shemhazai, quien jadeó como si hubiera corrido una maratón.

“¿Ves?

No hará nada”, le susurré antes de girarme completamente hacia Penemue.

“Me tomé un pequeño descanso.

Incluso un líder necesita respirar un poco.

Además, ¡yo ya lo tengo todo controlado!”, dije con una sonrisa despreocupada, alzando las manos.

Ella no respondió.

Solo cruzó los brazos.

Shemhazai se aclaró la garganta, aún sobándose la mandíbula.

“Penemue, el reporte del infiltrado en el Vaticano menciona una anomalía… algo que ni siquiera los altos mandos celestiales logran entender del todo.” Penemue alzó una ceja.

“¿Longinus?” “Asumen que sí.

Aunque no han podido confirmar de cuál se trata”, añadió Shemhazai.

“Solo se sabe que algo respondió mal.” Baraqiel, hasta ahora en silencio, habló en voz baja pero firme: “Sea lo que sea, quiero que esto termine pronto.

Mientras más se alargue, más lejos estaré de mi pequeña princesa.” Me giré lentamente hacia él.

“¿Akeno?” Asintió, con un suspiro.

“Prometí no ausentarme tanto.

Ella ya es fuerte… pero sigue siendo una niña.

Mi niña.” Una pequeña sonrisa apareció en mis labios.

“Tienes un lado blando, viejo amigo.” “Solo con ella”, respondió con serenidad, pero en su mirada había determinación.

“Así que terminemos con esto rápido.” Penemue resopló con ligera molestia.

“No sabemos ni siquiera con qué estamos lidiando.

Por ahora, hay que observar, no actuar.” “Estoy de acuerdo”, dije finalmente, caminando hacia la gran mesa de mapas mágicos que ocupaba el centro de la habitación.

“No tenemos nombre, rostro ni certeza.

Solo caos en el Vaticano y mucho ruido celestial.

No vale la pena mover piezas si no sabemos el tablero.” Shemhazai se inclinó ligeramente.

“¿Entonces qué hacemos?” “Continuar con lo que estábamos haciendo: seguir reclutando posibles portadores de Sacred Gears, reforzar las alianzas con mercenarios mágicos y… vigilar.

Cuando el polvo se asiente, veremos qué quedó en pie.” Penemue cruzó los brazos.

“¿Y si se trata del Boosted Gear?” “Entonces,” dije con voz tranquila mientras mis dedos tocaban el mapa del mundo humano, “ya vendrá a nosotros.

Solo hay que estar listos cuando lo haga.” Baraqiel miró hacia la puerta, pensativo.

“Mientras tanto, quiero tener a mis hombres cerca de las zonas clave.

Si algo ocurre, nos enteraremos primero.” “Perfecto”, dije, girando con una sonrisa.

“Ahora sí… volvamos al trabajo.

Ya habrá tiempo para vino… y para tus princesas, Baraqiel.” Dije burlonamente.

“Como sea” dijo Baraqiel mientras bufaba, haciéndome sonreír aún más.

“¿Tienes algo más sobre el blanco?” dije curioso.

“Aún no se mueve del territorio.

Pase lo que pase, siguen bajo la supervisión de ese anciano” respondió Baraqiel con frialdad.

“¿Cuántos años tiene?” pregunté pensativo.

“Tres años.

Tiene la misma edad que mi princesa” dijo con frialdad, mientras entrecerraba los ojos.

“Un padre jamás debería hacerle eso a un hijo… ¿Tú lo harías?” pregunté tranquilamente, observando cómo apretaba los dientes en silencio.

“Está claro que no” murmuré, respondiéndome a mí mismo por él, antes de suspirar pesadamente, mirando de reojo a Shemhazai antes de centrarme nuevamente en el mapa mágico.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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