high school dxd: Sombras de un dios errante - Capítulo 8
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8: Capítulo 7: El tratado 8: Capítulo 7: El tratado Perspectiva de Cleria Belial – Kuoh “Finalmente…” murmuré con cansancio al descender de ese maldito tren, caminando con firmeza hacia el pasadizo oculto conectado con la casa Bael.
No me molesté en dar más pasos cuando activé un círculo mágico de transporte, desapareciendo en un destello de luz.
Aparecí en el recibidor de mi residencia, soltando un suspiro agotado mientras me dirigía con lentitud hacia el sofá.
“¿Sigue aquí?”, pregunté con desinterés, mientras mis hombros caían al compás de mi fatiga.
Una mujer de cabello oscuro recogido en una trenza elegante entró de inmediato a la sala, haciendo una leve reverencia.
“Bienvenida, señorita Cleria”, saludó con formalidad antes de levantar el rostro.
“No, se marchó hace algunas horas.
Sin embargo, le indiqué que regresara a las 10 a.
m., como usted me pidió”, agregó con precisión.
“Bien hecho, Emilia”, respondí con una pequeña sonrisa.
Emilia llevaba décadas a mi lado.
Era una de mis únicas piezas, estaban mi alfil, mi reina…
y finalmente ,mi torre.
Firme, leal y silenciosa.
Un pilar.
“Avísame cuando lleguen”, pedí sin mirar atrás, subiendo las escaleras hacia mi habitación.
Los últimos días habían sido un infierno.
La maldita casa Bael se había empeñado en arrastrar su orgullo sobre mi gestión en Kuoh, y mi familia… como siempre, distantes, pero presionando desde las sombras.
Según ellos, estaba traicionando la pureza demoníaca al buscar entendimientos con la facción del cielo.
¿Y por qué?
Por un mocoso.
Una anomalía.
Un niño de nombre Hyoudou Issei.
Ese mocoso me ha traído más dolores de cabeza de los que puedo contar.
Y sin embargo… no puedo culparlo.
Solo es un niño.
Inocente, sin malicia.
El problema es lo que representa.
Una pequeña sonrisa se formó en mis labios mientras me dejaba caer en la cama.
“Mocoso…” murmuré divertida, cerrando los ojos con pesadez.
Dormir… aunque sea por unas horas.
Perspectiva de Damián / Issei El día de ayer fue… especial.
Mi primer cumpleaños en esta vida.
Personas reunidas solo por mí.
Risas, canciones, abrazos.
Un día simple, pero precioso.
Y sin embargo, en la noche… los recuerdos volvieron.
No aquellos falsos, no aquellos creados… sino los reales.
Los que dolían *Flashback – Damián Sitsebans | Afueras de la mansión Sitsebans* “P-por favor…” gemí con la voz quebrada, apretando con fuerza mi brazo herido, las lágrimas retenidas quemaban mis ojos.
Mi mirada no se apartaba de aquel hombre de mirada gélida: mi abuelo Harold.
“B-basura… una simple, patética basura”, escupió con frialdad mientras hundía la bota metálica en mi pecho.
“Repítelo.
Si lo dices, te dejo ir.
Podrás celebrar tu cumpleaños como cualquier niño mimado… ¿no es eso lo que quieres?”, dijo con sarcasmo cruel.
Mi garganta ardía, mis labios sangraban, pero aún así intenté hablar.
“P-por favor…” No terminé.
Su patada me alcanzó en la cara, arrancándome un grito ahogado.
El sabor metálico de la sangre llenó mi boca.
Algunas heridas ya estaban secas… otras seguían sangrando.
“¡Otra vez!”, gritó.
“Dilo, mocoso.
Si no puedes decir lo que deseas, jamás podrás obtenerlo.” Su mano se aferró a mi muñeca izquierda.
Sentí el dolor antes de escucharlo… mi codo fue torcido con brutalidad, acompañado por un nuevo gemido desgarrado.
Dislocado… como mi hombro.
Actualidad Un escalofrío recorrió mi espalda.
Aun siendo un bebé, esos recuerdos me perseguían como sombras silenciosas.
Abrí los ojos lentamente y observé a mi madre dormir.
“Por favor…” susurré, acurrucándome contra ella, aferrándome a su ropa como si fuera mi único refugio.
Un gesto tembloroso, un ruego callado… como si aún tuviera miedo de no ser escuchado.
Exactamente así pasó mi noche… Por primera vez en meses, yo no fui quien tuvo que ignorar todas esas voces.
Por primera vez, ellas se quedaron calladas mientras yo recordaba mi pasado… No pude realmente dormir ese día.
Y curiosamente, noté que el no haber dormido no me afectó en lo más mínimo.
Normalmente, si un bebé no duerme, eso le afectaría bastante, sobre todo en su etapa de crecimiento… Sin embargo, yo seguía normal.
Tal vez he sido bastante escéptico últimamente… Empiezo a creer que esas voces que siempre escucho son síntomas de esquizofrenia.
Ahora realmente no sé si estoy en una reencarnación… o si esto es una ascensión al cielo.
Recuerdo que mencionaban mucho que, luego de morir, mientras subías al cielo, recordabas toda tu vida, ¿no?
Tal vez esto sea algo así.
Solté un pequeño suspiro de cansancio mientras mi madre me daba algo similar a compota.
Tenía un sabor bastante delicioso.
Realmente no me importa qué era… pero me traía buenos recuerdos de mi vida pasada.
Luego de haberme escapado de casa, solo podía hacer trabajos casuales.
Las veces que no podía trabajar ni conseguir dinero, tenía que robar, y escapar tan rápido como pudiera.
Por fin el entrenamiento de mi abuelo sirvió de algo en esos tiempos… Solía robar un pequeño margen de productos cuando eso sucedía.
El sabor de las compotas de mango y aquellos paquetes de galletas de chocolate que usaba como sustento, fueron lo que me mantuvo vivo sin morir de inanición.
Aunque fueron momentos desesperantes, puedo decir que… fueron de los mejores momentos de mi vida.
Sonreí ligeramente mientras seguía comiendo lo que mi madre me ofrecía.
Luego de terminar, como era costumbre, me llevó al pueblo a dar un pequeño paseo.
Aunque fuese algo humillante, si no pensaba demasiado en eso, se convertía en una experiencia casi fantasiosa.
Estaba suspendido en una especie de cargador aferrado a su pecho, mis pies colgaban en el aire mientras ella acariciaba suavemente mi cabeza, hablándome tranquilamente sobre el pueblo de Kuoh.
Ahora podía entender el idioma, así que prestaba atención mientras memorizaba cada aspecto del lugar.
Aunque era considerado un pueblo, Kuoh era increíblemente grande.
Los pueblos que visité en mi vida pasada eran tan grandes como una vigésima parte de esto.
Con el tiempo, comencé a notar algunos cambios en el ambiente.
Años de entrenamiento militar y mercenario me enseñaron a prestar atención a todo.
Desde cómo cambiaba el aire, si aumentaba repentinamente en una sola dirección, hasta si hacía más calor o frío de lo normal.
Aprender a confiar en mis sentidos fue lo más básico que aprendí.
Sin embargo, ahora… el sentimiento era extraño.
Similar, pero diferente.
Podía sentir algo más… Era como si mis instintos me revelaran temperaturas.
Mientras más fría era una zona, más tranquilo me sentía.
Había experimentado esto antes… La primera vez que recibí un disparo en el cuerpo.
Estaba en estado de alerta máxima.
Todo me incomodaba.
Cualquier sonido ajeno a lo normal, cualquier brisa o cambio de calor… Y esta vez, a mi alrededor hacía frío.
Mi madre parecía tener algo de calor al menos así lo sentí, pero yo no podía apartar esa sensación.
Fue la primera vez que realmente me concentré en eso.
Comencé a mirar en todas las direcciones que me eran posibles, ignorando las risas y burlas de mi madre.
Mi mirada eventualmente se centró en un extraño edificio, alejado del resto de las casas, como si evitara cualquier conexión física con los vecinos.
En su frente tenía un pequeño jardín, junto a un apartado donde descansaban algunos vehículos… aparentemente, un garaje.
Sentí cómo los pequeños vellos de mis brazos se erizaban, y mi corazón comenzaba a latir con fuerza.
Algo no estaba bien.
Después de algunos segundos observando el edificio, sentí que alguien me estaba observando.
Intenté agudizar la vista.
Aunque algo borroso, pude distinguir a una mujer peli-castaña mirándonos desde el tercer piso, aparentemente cruzada de brazos.
No pude ver bien su rostro ni su figura, pero sí lo suficiente como para notar cómo levantaba su mano, agitándola suavemente de lado a lado… Un saludo.
Inmediatamente aparté la mirada, fingiendo interesarme en otra dirección, mientras mi madre seguía llevándome por esa calle.
*Perspectiva de Touji Shidou – Mansión Belial, Kuoh* La tensión era casi palpable.
Un grupo de ángeles se encontraba detrás de Masaomi Yaegaki y de mí, todos en silencio, atentos a cualquier movimiento.
Ambos estábamos rígidos, tensos, observando cómo Cleria Belial conversaba en voz baja con la señora Gabriel.
“¿Qué está pasando?
“susurró Masaomi, acercándose un poco más.
“¿No se supone que tú eres el más cercano a Cleria?
“le respondí en un murmullo, irritado.
Finalmente, Cleria desvió la mirada de Gabriel y la fijó en nosotros.
Era una mujer con una belleza difícil de ignorar: su cabello, una mezcla extraña entre albino y lila, sus ojos oliva, su rostro juvenil… parecía una adolescente de 16, aunque hace más de seis años que se le había concedido el territorio de Kuoh.
Aunque hermosa, claro está, no se compara con mi esposa.
“Estamos aquí por el niño, ¿no?
¿Por qué no vamos al grano?
“dijo Cleria, con una sonrisa suave.
“Venimos con una petición ” respondió Gabriel con seriedad” El cielo desea tomar al niño bajo su protección.
Queremos que, en el futuro, forme parte de nuestros exorcistas.
Lo que significa, por supuesto, que no deseamos que ningún demonio lo reclame como parte de su nobleza” “¿En serio?
“Cleria ladeó la cabeza y sonrió, juguetona.
“Eso no suena muy justo” “¿Qué tal si esperamos?
“continuó ella” El chico podrá tomar sus propias decisiones llegado el momento” “Sí, pero lo que no queremos es que ustedes lo “orienten” de forma…
forzada.
Creo que sabes a qué me refiero “Gabriel endureció su tono, sin apartar la vista de Cleria.
Ambas se giraron hacia una ventana al fondo de la sala.
Casi todos los presentes ,ángeles y demonios por igual, imitaron el gesto, aunque para Masaomi y para mí, el gesto no tenía sentido…
al principio.
Una de las piezas de Cleria se acercó a la ventana.
Era una joven de unos 20 años, cabello castaño atado en una coleta, vestida como sirvienta.
Se quedó observando unos segundos, y luego, con una sonrisa ligera, levantó la mano en un gesto de saludo hacia el exterior.
La confusión se apoderó de mí.
“Su energía se triplicó por un momento “dijo la pieza con voz fría.
“Y luego volvió a la normalidad “añadió Cleria, cruzando los brazos.
“Es una adquisición excepcional.
Si quieren manejar esto de forma pacífica, deberán hacerlo mejor “añadió, con una sonrisa sutil.
“¿No es eso…
injusto?
“preguntó Gabriel, entrecerrando los ojos.
“Superó por momentos el nivel de un demonio de clase media-alta “declaró Cleria.
Tragué saliva, sintiendo un escalofrío recorrerme la espalda.
¿Tan poderoso?
“Está bien…
“suspiró Gabriel, cediendo un poco, “¿Qué es lo que propones?” “Primero: nadie lo tocará hasta que cumpla los 14 años.
Si alguien fuera de nosotros lo intenta, todos estaremos autorizados para protegerlo “dijo Cleria, levantando un dedo.
“Segundo: le diremos toda la verdad llegado el momento, y será él quien tome la decisión “levantó otro dedo.
“Y tercero: durante todo este tiempo, nuestra alianza permanecerá en silencio.
Pero estaremos obligados a protegernos entre nosotros “finalizó, levantando el tercero.
Gabriel la observó con detenimiento, desconcertada.
“¿Estás pidiendo…
protección?” “¿Estás pidiendo un intercambio, no?
Dije que sería mutuo, ¿no es así?
“Cleria respondió juguetonamente, aunque su semblante se endureció apenas un poco.
“Está bien, es válido “aceptó finalmente Gabriel con un suspiro ” Pero solo si aceptas nuestras condiciones “añadió, mostrando una leve sonrisa.
“Bien, ¿cuáles serían?
“preguntó Cleria mientras tomaba una pequeña taza, llenándola de té y bebiendo con tranquilidad.
“Primero, un equipo de ángeles vigilará todo Kuoh, día y noche.
El equipo rotará semanalmente “Gabriel levantó un dedo, imitando el gesto anterior de Cleria.
“Segundo, quiero que algunos de esos ángeles estén cerca del niño, ya sea como vecinos, profesores cuando entre al jardín o a la escuela “dijo, alzando un segundo dedo.
“Y finalmente: ningún demonio puede entrar a Kuoh a menos que se nos notifique con anterioridad.
Si algún demonio entra sin previo aviso, atacaremos.
Si avisan, permaneceremos al margen, protegiendo al niño desde la distancia “concluyó, levantando el tercer dedo con seriedad.
La expresión de Cleria se suavizó ligeramente.
“Está bien, es razonable “aceptó, sonriendo con calma antes de extender la mano hacia Gabriel “Entonces es un acuerdo… será un gusto trabajar con ustedes, señorita Gabriel.” Gabriel devolvió la sonrisa, aunque aún se notaba cierta tensión en sus ojos.
Estrechó la mano de Cleria con firmeza.
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