Hijo del Abismo - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - 20 Capítulo 8 - El Nido del Cobarde
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20: Capítulo 8 – El Nido del Cobarde 20: Capítulo 8 – El Nido del Cobarde El Piso Ocho olía a metal y a miedo.
Era una zona de túneles estrechos y almacenes improvisados, perfectos para el contrabando.
Mi Nivel 2 era una ventaja, pero mi XP de $1.2/10$ me recordaba que cualquier error me costaría meses de trabajo.
Lyra y yo nos movíamos con cautela.
Lyra estaba vestida con ropas sencillas para no llamar la atención, pero su cabello rojo brillante y su aura mágica la hacían imposible de ignorar.
—Echo-kun, aquí está el Puesto de Suministros del Gremio —susurró Lyra, señalando una puerta de acero reforzado—.
Es la guarida de tu padre.
Siento una concentración de energías Nivel 3 y Nivel 4 dentro.
—Nivel 4.
¿Quién es?
—pregunté.
—Debe ser un guardaespaldas.
Tu padre no lucharía solo.
Es un cobarde Nivel 3 —resonó K’tharr, su eco era de puro desprecio.
Nuestra misión: entrar, robar el libro de cuentas de la Corrupción y huir antes de que Darius Vexus, mi padre, apareciera.
I.
La Estrategia de la Distracción (Comedia y Timidez) —Lyra, necesito que uses tu magia.
Una distracción de sonido en el túnel de la derecha.
Hazlo sonar como si una gran criatura Nivel 5 se acercara.
Lyra se puso inmediatamente roja de pánico y vergüenza.
—¡Un Nivel 5!
¡Eso es demasiado ruidoso!
¡Voy a fallar!
¡Voy a explotar el túnel!
—Falla.
Pero haz que suene a Nivel 5.
La expectativa es nuestra arma.
Lyra asintió con una determinación adorable.
Ella se dirigió al túnel de la derecha, cerró los ojos, y concentró su maná inestable.
—¡¡Que la Corrupción del Pecado ruja como un dragón!
—gritó Lyra.
La magia no produjo un dragón.
Produjo el sonido de cientos de pequeños roedores chillando a la vez, y una ráfaga de viento húmedo que levantó el polvo.
(Humor de Mala Comunicación y Absurdo).
—¡Funciona!
¡Parece una plaga de ratas hambrientas!
¡El miedo al Hambre es real!
—K’tharr estaba emocionado.
El guardia de la puerta gritó, asustado por el sonido repentino de roedores.
—¡Ratas!
¡Ratas de Nivel 4!
II.
La Infiltración y el Archivo de Familia Mientras el guardia corría a investigar la “plaga de roedores”, yo me deslicé por la puerta.
El Nivel 2 me dio la velocidad necesaria.
Dentro, encontré la oficina de Darius Vexus.
Todo era impecable: metal, pergaminos organizados.
El olor a perfume caro y a hipocresía.
Busqué el libro de cuentas.
Encontré un archivo personal en un cajón con un símbolo de Rosa Helada (el símbolo de mi madre).
Abrí el archivo.
Dentro no había Corrupción, sino documentos de herencia y un registro del Gremio.
El registro de mi madre, Eliza Sora, estaba marcado con el título: “Mártir del Piso Treinta.” Y debajo, un registro de su deserción.
Mi padre, Darius Vexus, había informado de la muerte por deserción de Eliza, cobrando su compensación.
Él había usado su muerte para ascender en el Gremio.
La rabia me golpeó.
No era la rabia del Gryphon, sino mi propia rabia.
El dolor del abandono.
Justo entonces, escuché pasos.
Darius Vexus regresaba.
—¡Echo!
¡Date prisa!
—gritó K’tharr.
Encontré el libro de cuentas bajo llave.
Usé la Daga Eco del Hambre para forzar la cerradura.
El mecanismo cedió con un chasquido silencioso.
III.
La Confrontación Inesperada y el Escape Tomé el libro de cuentas (lleno de registros de venta de Corrupción) y una fotografía familiar de Darius.
Salí justo cuando Darius entraba por la puerta.
Su armadura brillante, su rostro arrogantemente hermoso y su Nivel 3.
—¡Akira Sora!
¡El mocoso!
¡Te atreves a entrar en mi oficina!
—rugió Darius.
—Soy Echo.
Y vine a recoger el legado de mi madre.
La vergüenza que vendiste por una promoción.
Darius sacó su espada.
—Te mataré y diré que la Mazmorra te reclamó.
El duelo duró tres segundos.
Yo no peleé.
Lyra, que había vuelto por mí, vio el peligro.
—¡Echo-kun!
¡El techo!
¡Mi magia se descontrola cuando me asusto!
—gritó Lyra, su rostro blanco por el miedo real.
Lyra, al ver el peligro, apuntó al techo.
No explotó el techo, sino que su magia errática creó un fuerte ruido sordo y un chorro de agua caliente que se disparó del sistema de tuberías, inundando la oficina.
Darius gritó, la furia reemplazada por la conmoción de su oficina arruinada.
—¡WAAAH!
¡Mi oficina!
¡Mi traje!
¡Mocosos!
Lyra y yo usamos el caos para escapar por una ventana de ventilación.
—¡Lo logramos, Echo-kun!
¡Mi magia es excelente en el caos!
—dijo Lyra, su rostro se puso rojo de orgullo y vergüenza por el agua.
Corrimos por los tejados, el libro de cuentas apretado en mi mano.
La venganza no era dulce, era costosa y húmeda, pero el primer paso estaba dado.
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