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HIJO DEL REY HÉROE - Capítulo 559

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Capítulo 559: Cap. 519: Asesinado a martillazos (1)

La noche caía lentamente y los guardias, al tomar sus puestos, estaban tensos, sabiendo perfectamente que quizá no vivirían para contarlo al día siguiente.

En semejante situación, no había bromas, risas ni burlas, como era habitual entre ellos.

Los soldados, que hasta ahora nunca habían tenido que enfrentarse a ninguna verdadera adversidad a pesar del riguroso entrenamiento, por fin empezaron a darse cuenta de que no estaban de pícnic. No se trataba de pasarlo bien o divertirse, sino de luchar por su propia supervivencia.

«Uf…»

Respirando hondo, uno de los guardias miró a su alrededor, con la frente cubierta de sudor y una expresión llena de miedo ante el más mínimo sonido.

«¿Qué diablos hago yo aquí?»

No era un soldado profesional. Solo era un mercenario que había oído hablar de las recompensas prometidas a quienes supieran luchar y había acudido a este lugar.

Admitió que se había dejado cegar por el señuelo de las riquezas, lo que le hizo olvidar lo que muy probablemente ocurriría.

Aun así, ¿no era demasiado duro?

«¡Joder!»

Maldijo al príncipe para sus adentros. Debería haber sabido que todos los nobles solo tienen labia y que nunca dan recompensas sin esconder algún tipo de trampa.

«¡Joder! ¡Joder! ¡Joder! ¡A la mierda con todo!»

Cuanto más esperaba a solas en la oscuridad, más injusta le parecía la situación en la que se encontraba.

¿Qué importaba que nunca lo hubieran obligado a venir?

Si alistarse era voluntario, ¿por qué no dejaban marchar a los que ya no querían luchar?

Al final, todos esos bastardos egoístas solo querían usarlos como carne de cañón.

—Joder. ¿Quizá debería desertar sin más?

—Hola.

—¡Agh!

El hombre dio un respingo y se giró, blandiendo su lanza con todas sus fuerzas.

Aunque se estuviera portando de forma tan patética, no dejaba de ser un aventurero experimentado. De hecho, estaba seguro de que a estas alturas ya habría alcanzado el Rango Plata si esos cabrones no le hubieran denegado el ascenso por alguna estúpida excusa como haber abandonado a su compañero durante la exploración de una mazmorra.

Esperaba que su lanza hiciera algo de daño, pero…

¡Clang…!

Le temblaron las manos y casi se le cayó la lanza por la fuerza del impacto mientras oía el sonido del metal al chocar.

—¿Eh…?

Atónito, por fin abrió los ojos y fijó la mirada en la persona a la que había atacado.

—Pero qué…

Ante él había una joven de piel oscura con un precioso cabello de color plata que vestía un atuendo de sirvienta. La reconoció con facilidad; al fin y al cabo, solo habían venido unas pocas sirvientas de la Torre de Babel, y todas eran extremadamente hermosas y alimentaban las conversaciones subidas de tono de muchos soldados cuando estaban borrachos.

—¿Nuwa?

En efecto, era Nuwa. La joven que a veces tenía una expresión ausente y otras, una voz vivaz.

Ahora mismo, sin embargo, solo podía mirar con incredulidad cómo su lanza, que había blandido con todas sus fuerzas, había sido detenida por el cuello de la joven.

No había ni el más mínimo rastro de herida en su cuello y no percibía que emanara maná alguno de su cuerpo.

Eso significaba que, literalmente, había detenido la lanza con la fuerza de su propia carne.

«No…»

¿Podía siquiera considerarse que la había bloqueado? A juzgar por su expresión indiferente, estaba claro que era algo que no le importaba en lo más mínimo.

¡Glup!

Tragó saliva, sintiendo de repente la garganta completamente seca.

—¿Tu lanza?

Su voz era tranquila, claramente distante, y él se dio cuenta a toda prisa de que su lanza seguía apoyada en el cuello de la joven.

—¡Lo siento!

Retiró la lanza de inmediato, pero ella se limitó a mirarlo como si sintiera curiosidad por saber por qué estaba tan estresado.

Al final, ella simplemente lo ignoró y empezó a caminar.

—¡Eh! ¿Adónde vas?

—¿Afuera?

La forma en que lo miró, como si estuviera haciendo una pregunta estúpida, le dolió bastante. Pero era hermosa, así que podía perdonársela por esta vez;

Sacando pecho, se dio unas ligeras palmaditas y dijo: —Afuera es peligroso. Deberías quedarte a mi lado, yo me aseguraré de protegerte.

Si antes Nuwa parecía perdida y confusa, ahora estaba completamente perpleja.

—¿Tú?

—Sí. Puede que no lo parezca, pero soy bastante poderoso, ¿sabes?

—Eres débil.

—Oh…

Una voz simple y directa, tajante y sincera. Nuwa ignoró al hombre, que parecía haberse quedado petrificado por sus palabras, y empezó a alejarse de nuevo.

Levantándose la falda, rodeó con la mano la vara que llevaba atada al muslo y la sacó.

Dejó de caminar en cuanto alcanzó cierta distancia y entonces…, sin mirar atrás para comprobar si el hombre le hacía caso, pasó a la acción.

¡Vush!

Su maná se agitó con fuerza y la vara empezó a alargarse y a cambiar de forma hasta transformarse en un enorme martillo.

Era un arma que Theresa había creado especialmente para ella. Una basada en su sangre y en la piel y escamas que mudó unos días antes de abandonar la capital.

No era un arma divina. Pero Theresa aun así la consideraba una de las mejores que jamás había creado. Después de todo, era un arma que había creado un vínculo con Nuwa y que podía crecer junto a ella devorando la sangre de sus enemigos.

¿Qué mejor arma podría haber para la Princesa de la Gula?

—¿¡Qué!?

Ignoró los gritos de asombro del lastimoso hombre que estaba a su espalda y, con un ligero movimiento, descargó el martillo con todas sus fuerzas contra el suelo.

[Golpe débil]

El martillo golpeó el suelo y entonces…

¡BOOM!

Se formó un cráter, un foso gigantesco que parecía tener más de cinco metros de profundidad.

La tierra retumbó y se agrietó bajo la potencia de su ataque, destruyendo todo a su alrededor.

—¡Argh!

Alguien gimió; una voz diferente a la del debilucho que tenía a su espalda. La sangre salpicó y varias extremidades quedaron reducidas a pulpa.

Al observar todo aquello, el rostro de Nuwa solo reflejaba decepción.

—Demasiado débiles.

Eran demasiado débiles para nutrir su arma.

Por suerte, no había solo una o tres personas como esas.

Lentamente, empezó a hundirse en las sombras hasta que se desvaneció.

Aquella noche volvió a llenarse de gritos. Solo que, esta vez, no eran los de los soldados de Lustburg.

“

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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