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Hijos de la Luna - Capítulo 1

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1: Prólogo 1: Prólogo En una tierra sumida en una oscuridad perpetua, donde ni el sol ni la luna alcanzaban con su luz, el horizonte inmutable se tiñe de una tenue luminiscencia violeta, naranja y azul.

Contra este fulgor fantasmal se recorta la silueta de un castillo solitario.

No hay nada más a la vista, solo la planicie yermo y una extraña cúpula que envuelve la fortaleza, apenas visible por los reflejos del horizonte en ella, como una burbuja de aceite flotando en la oscuridad.

En el salón del trono, bañado por la fría luz de estrellas y del horizonte, una alfombra carmesí con bordes dorados conduce hasta un sitial de sombras.

Allí, un hombre de presencia imponente, cuyas ropas se confunden con la penumbra, yace en el trono.

Sobre su regazo, una joven descansa, iluminada débilmente por el resplandor del horizonte.

Su piel es blanca como la porcelana, y viste un sencillo vestido de un lila pálido.

Una melena de pelo lacio y blanco como la nieve le cae hasta la cintura.

su rostro sereno e inanimado, con unos ojos rosados fijos en la nada.

Una esposa de hierro ciñe su tobillo, de la que nace una cadena que serpentea hasta perderse en las sombras del salón.

Ella apoya la cabeza en el pecho del hombre, y él posa una mano sobre su cabellera, en un gesto que podría parecer paternal.

De pronto, en la negrura del firmamento, entre las nubes del cosmos y las innumerables estrellas, una de ellas se desprendió.

Comenzó a descender, enrojeciéndose en su caída, hasta estrellarse contra la cúpula del castillo con la furia de un volcán desatado.

Escondidas en la negrura de aquella tierra, fuerzas innombrables que es mejor no vislumbrar percibieron la brecha y se aproximaron.

Pero el viento fue más rápido.

El salón no se inmutó, pero el estruendo, familiar y a la vez ajeno, quebró la quietud.

El hombre apartó a la joven de su regazo y se acercó a la ventana.

Al ver la grieta en su cúpula, un crujir de cadenas rotas le hizo cerrar los ojos, exhalando un suspiro cargado de decepción.

Al volverse, el trono estaba vacío.

Sus ojos violeta se abrieron, ahora con un destello de alarma.

Al girar de nuevo hacia la grieta, distinguió una nueva silueta en el techo de una de las torres cercanas al borde de la fortaleza.

Allí estaba ella, danzando.

Giraba sobre sus pies con una levedad etérea, acompañando el movimiento con sus brazos esbeltos, al compás de una brisa que jugueteaba con su falda.

En su rostro habitaba una sonrisa, y sus labios se movían, parecía que hablara a un amigo invisible(se reencontrará con un viejo amigo).

No, no solo lo parecía.

El hombre, por fin, comprendió lo que estaba pasando.

Desde su salón, abandonó la contemplación de aquella escena fantástica y extendió su mano, cerrándola en un puño, como si pudiera atraparla a la distancia.

La cúpula comenzó a regenerarse.

En un último y pausado movimiento, la chica detuvo su danza.

Extendió su palma hacia arriba, se la acercó a los labios y, tras un susurro, sopló suavemente.

De su mano partieron diminutas partículas, como granos de arena plateada, que el viento arrastró consigo hacia el cielo.

El hombre apretó el puño con más fuerza, pero la cúpula no se selló a tiempo.

El viento había escapado con el obsequio de la chica.

Con rabia, el hombre se llevó su puño al pecho y algo se quebró en la realidad.

La joven levitó por un instante, como si el suelo hubiera olvidado retenerla.

Entonces, el concepto de “abajo” se desplazó, y ella comenzó a caer hacia la ventana, como si cayera hacia una piscina de oscuridad.

Aceptó su destino con una sonrisa en los labios y los ojos cerrados, no con miedo, sino con alivio.

Solo regresaba al mismo cautiverio de siglos, pero ahora con una certeza que ardía en su pecho: su prisión, comenzaba a debilitarse.

al fin y al cabo todas las cosas se desgastan.

Hoy sorprendentemente no había sido un día igual que ayer.

La rueda del mundo, al fin, se había puesto en marcha.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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