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Hijos de la Luna - Capítulo 11

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  4. Capítulo 11 - 11 La primera noche sin luna
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11: La primera noche sin luna 11: La primera noche sin luna Al cabo de un rato, un sonido familiar lo interrumpió y lo sacó de su ensimismamiento.

—Miauu, miauuu —Era Michu.

Parecía compadecerse de él, mirándolo con la cabeza ladeada y las pupilas finas como las de una serpiente.

—Michu… —exclamó Evan en un susurro, sorprendido.

Aclaró sus ideas un momento.

No era hora de deprimirse.

Tenía que hacer lo posible por sobrevivir.

—¡Busca a un guardia, Michu, o a alguien!

¡Si no, busca a Riushi en la academia!

Por favor —suplicó Evan con desesperación.

No sabía si Michu era tan inteligente, pero mostraba ser algo más que una gata ordinaria, y en las calles vacías era su única oportunidad.

Michu comenzó a marcharse apurada, pero antes, se acercó de nuevo a él.

En vez de irse, se levantó sobre sus patas traseras y, con un movimiento rápido y preciso, hundió sus garras en la hebilla del cinturón que ataba a Evan al poste.

Rasguñó y tiró con insistencia hasta que, con un clic sordo, la hebilla cedió.

—¿Eh?

—Evan no lo podía creer.

El cinturón se soltó.

Evan se frotó la muñeca adolorida, mirando a Michu con una mezcla de gratitud y asombro.

La gata le lanzó unos maullidos finales, como queriendo comunicarle algo obvio que Evan no entendió, y luego se marchó corriendo a saltos.

Evan miraba la ciudad, el cielo oscureciendo segundo a segundo, la luz cálida de su farol empezando a emanar, igual que los otros a lo largo de la costanera.

La ciudad estaba silenciosa, como sin un solo habitante; las ventanas cerradas sin dejar escapar ni un rayo de luz desde dentro.

Ya no lloraba.

Solo se sentía oscuro, descorazonado, sin esperanza.

Sus manos temblaban.

Este alivio inesperado —gracias a Michu— le despejó un poco la mente y comenzó a apreciar su entorno.

Las escasas nubes anaranjadas en el cielo, las estrellas tímidas apareciendo, el olor a césped de primavera, una brisa acariciando su cabello.

Era como si el mundo le quisiera decir que no era tan malo.

Pero no era suficiente.

Evan siguió con el rostro sombrío.

Ante esta situación de estar completamente solo en un panorama desolador, pensó que debía priorizar.

Se dirigió a un árbol a orinar para poder concentrarse mejor en pensar.

Correr hacia su casa, estaba fuera de discusión, ya era demasiado tarde.

Sería mejor encontrar algún rincón cercano donde esconderse, pero antes… Entonces caminó hacia la baranda de la costanera.

Allí se quedó mirando el agua varios metros por debajo.

Entre la luz del ocaso también podía ver el reflejo de la luna.

El viento en la costanera era fuerte y hacía que las ondas del mar le dificultaran ver por las ondulaciones, pero se concentró aún más, como queriendo ver cada detalle de la luna en su reflejo.

Y de pronto, entre las ondulaciones del reflejo, comenzó a ver letras: “No contemples el color violeta.

No voltees a ver la sombra.

No busques lo que dejaste.” Los ojos de Evan se entrecerraron para releer el mensaje cuantas veces pudiera antes de que desapareciera.

Finalmente, tras grabarse esas palabras en la memoria, la luna se ocultó tras el mundo.

Entonces, mientras miraba el ocaso, Evan recordó quién era.

Era un desgraciado, sí, pero también amigo de la luna, quizá el primero en siglos.

Y si ella había elegido ayudarlo ahora, eso significaba que aún tenía planes para él, y además Evan, aún tenía gente por la cual vivir.

De pronto, su corazón encontró el coraje y la esperanza para darlo todo y sobrevivir a esta noche.

Mirando reflexivo hacia lo lejos desde la costanera, miro al castillo acorazado.

Era como una montaña por sobre los edificios de la capital, se planteó correr hacia él, pero el sol estaba a punto de ocultarse.

Evan respiraba agitado, aunque no hubiera corrido.

Decidió volver al poste por si Michu había logrado traer a alguien, pero luego pensó en lo estúpido que había sido.

¿Quién le haría caso a una gata?

¿Quién sería tan tonto como para seguirla?

Lo mejor sería esconderse en algún rincón cercano, entre arbustos quizá.

Entre los peores peligros, estar cerca de árboles y arbustos es de los menos malos; podría defenderse con su espada corta.

Así que, después de ver el sol ocultarse en el mar, encontró un árbol con algunos arbustos alrededor donde podría ocultarse y sobrevivir con algo de suerte.

Entonces, en la ciudad oscura cuyos faroles no eran suficientes para salvarla de ahogarse en la negrura, sucedió un cambio.

Todas las torres de las iglesias, altas torres con campanas por sobre las casas y edificios, comenzaron a brillar con luz cálida.

Arriba, en lo alto de las iglesias, había pequeñas ventanas de las que emanaba una luz fuerte como faros en la ciudad.

Toda Altus Forja se iluminó con esta luz anaranjada.

Evan conocía esto: eran los cristales de luz de las Iglesias del Sol, que se encendían cuando el sol se ocultaba en las noches sin luna.

Era oficial ahora.

Evan estaba en las calles en una noche sin luna.

Por primera vez en su vida.

Sentía que quería quejarse con los dioses, quería gritar y maldecir, pero era más sabio no hacer ruido.

Así que solo se quedó agachado bajo un árbol entre los arbustos, como un conejo perseguido.

Afortunadamente, tenía luz para ver cualquier peligro antes de que se acercara.

Su mano ya estaba en la empuñadura de su espada, preparada.

Pasó algo de tiempo.

Evan se movía en círculos entre el anillo de arbustos alrededor del árbol no muy alto.

Miraba en todas direcciones: atento a que nada saliera de la costa al este, a que nada se le acercara por el norte o el sur de la gran plaza de la costanera, y a que nada emergiera de las calles al oeste, desde las residencias de Los Jardines.

También prestaba atención al viento; cerca de la costa siempre era fuerte, así que podría notar cualquier anomalía fácilmente.

Así, como un conejo esquizofrénico protegiendo todos los lados de su madriguera, con todos sus sentidos en alerta, Evan permaneció.

Tenía cuidado de no mirar mucho al cielo estrellado, pero por suerte estaban las ramas del árbol para cubrirlo, así que se permitía echar algunos vistazos.

En uno de esos, avistó una línea en el cielo estrellado: podría ser un cometa lejano enorme, o uno diminuto y cercano a punto de impactar en Altus Forja.

Un sonido como el de un cristal grueso rompiéndose sonó lejos, hacia el centro de la ciudad, confirmando la segunda opción.

Por suerte fue lejos y no tan fuerte como para hacer temblar el suelo, pero aun así, Evan podía escuchar a su corazón latir desesperado.

Siguió observando, esta vez con más atención hacia el oeste donde ocurrió el impacto, hacia las casas y las calles poco iluminadas entre ellas.

Aunque sin dejar de prestar menos atención a las otras direcciones.

Siguió así hasta que encontró la segunda anomalía, esta aún más perturbadora.

Un bulto de césped a cierta distancia de su arbusto llamó su atención.

Aunque había fuerte viento, este comenzó a retorcerse de forma extraña.

Poco a poco se enrolló, formando una espiral diabólicamente perfecta, como el caparazón de un caracol.

Luego, los tallos más altos del césped comenzaron a imitarlo, y luego más y más, acercándose a Evan.

Las ramas del árbol comenzaron a quebrarse, y otras, más fuertes, simplemente cedían y se enrollaban com si fueran de peluche.

Evan salió corriendo inmediatamente.

Lo primero que notó fue lo brillante de las estrellas y el viento… el viento no era unidireccional como siempre.

Golpeaba a Evan en una dirección arqueada, como un remolino, una espiral.

Mientras corría, se quitó su macuto para ir más rápido; era pobre como para hacer todo lo posible para salvarlo, pero no tanto como para morir por el.

Evan corría con todo, hasta que sintió cómo su cabello se enrollaba.

Todos sus músculos vibraban de miedo; sus pulmones, con un dolor agudo como si fueran a estallar; sudor frío mojaba su ropa; la visión, borrosa por lágrimas desesperadas.

Todo en él hacía un esfuerzo desgarrador por sobre los pobres límites de Evan, hasta que sintió un poder aterrador sacudir sus piernas.

Evan cayó.

Sentía cómo todo su cuerpo comenzaba a enrollarse, a acomodarse según la voluntad del mismo mundo.

su brazo desde su mano hasta su codo comenzó a enrollarse como si no tuviera huesos.

Cerró los ojos como quien prefiere no ver caer la espada sobre su cabeza.

Entonces, una voz familiar llegó a sus oídos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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