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Hijos de la Luna - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - 6 Diane
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6: Diane 6: Diane La biblioteca de la Academia era un santuario de silencio y madera vieja.

Evan abrió la pesada puerta de roble y el olor a papel antiguo, cuero y polvo sagrado lo envolvió.

La sala era amplia, con estantes largos.

La luz del atardecer se filtraba por las ventanas, iluminando motas de polvo que danzaban en el aire quieto.

En la recepción, una bibliotecaria joven y de rostro serio ajustaba unos catálogos, tenía un par de anteojos de cristal fino con montura de plata, rara vez Evan veía a alguien con ellos.

Al ver a Evan, su mirada fue profesional y distante.

—Disculpe —susurró él, consciente del silencio reverencial del lugar—.

¿Sabe de algún libro sobre los Loras y el primer escalón?

La mujer señaló sin hablar hacia el segundo estante de la izquierda.

Evan asintió en agradecimiento y se dirigió allí, pero no sin notar algo.

Cuando su mirada pasó por encima de su hombro hacia el único otro ocupante de la sala, vio cómo la recepcionista inclinaba levemente la cabeza, casi a modo de reverencia inconsciente, en esa dirección.

Allí, sentada sola en una larga mesa de estudio, estaba una chica.

Llevaba el mismo uniforme de academia que Evan — capa corta, chaqueta, cinturón ancho—, pero con una falda que le llegaba justo por encima de las rodillas.

Su cabello era rojo fuego, lacio cayendo sobre sus hombros.

Estaba absorta en un libro.

Noble, sin duda.

Y no cualquiera, podría ser de la rama de la familia real.

Apartó la mirada y se concentró en los estantes.

Sus dedos recorrieron los lomos gastados “Loras, Adars y consortes”…

“el precio de los escalones”…

“El camino del dios del viento”…

hasta que encontró un título prometedor: “El primer escalón a la divinidad y los secretos de los Loras”.

Lo tomó y, eligiendo el lugar más alejado de la chica, se sentó en el extremo opuesto.

Evan no sabia si esa chica era la estudiante de la que le hablo Julius, pero no iba a hablarle, no si podía evitarlo, no tenía valor suficiente para encarar a una chica y mucho menos a una noble.

Intentó leer.

Frunció el ceño.

Los conceptos eran densos, abstractos.

Hablaban de “grietas en el Kosmos” y de “impregnación divina”.

Levantó la vista, frustrado, y por primera vez se fijó en que la chica roja ya no estaba leyendo.

Lo estaba mirando.

No con curiosidad ociosa, sino con una atención intensa y tímida.

Sus ojos, de un bello color violeta, se encontraron con los de él por un segundo antes de bajar rápidamente, un rubor subiéndole por el cuello.

Evan se quedó paralizado.

¿Por qué lo miraba así?

Entonces, con una decisión repentina, la chica recogió su libro y su cuaderno, y se cambió de asiento.

No a otro lado de la mesa, sino justo enfrente de él.

Evan contuvo el aliento.

Ahora podía verla de cerca.

Su rostro era de una belleza serena y delicada.

Tenía la nariz pequeña, labios finos y esos ojos violetas que ahora estudiaban la mesa con nerviosismo.

Llevaba un pequeño broche plateado con forma de luna creciente en el cuello de su capa.

Olía a algo limpio y caro, como lavanda y papel nuevo.Curiosamente no tenía rastro de maquillaje, lo que Evan juzgo como positivo  Con movimientos rápidos pero elegantes, abrió su cuaderno —encuadernado en cuero fino—, tomó una pluma estilográfica y escribió algo.

Luego, tras una pausa en la que pareció reunir valor, giró el cuaderno hacia Evan.

La caligrafía era una obra de arte.

Trazos fluidos, inclinación perfecta, como copiada de un manuscrito real.

“¿Tú eres Evan?” (◕‿◕) Evan parpadeó, desconcertado.

¿Por qué escribía?

¿Era algún juego de nobles?

y ¿que hay con ese lindo garabato como de expresión humana?

Asintió con cautela.

—Sí, yo soy Evan.

¿Y tú… eres de quien el profesor Julius me habló?

La chica asintió con entusiasmo, una sonrisa pequeña y genuina iluminando su rostro.

Escribió de nuevo.

“¡Exacto!

Soy yo (✿◠‿◠) Me llamo Diane.

El profesor me dijo que tú podrías ayudarme con algo…” Ayudarla a ella?

no era el quien debía recibir ayuda?.

Pero entonces Evan recordó las palabras de Julius: “hazte su amigo si puedes”.

Esto era parte del trato, entonces.

Se enderezó en su asiento, adoptando una actitud más formal.

—De acuerdo —dijo, y su voz sonó más formal de lo que pretendía—.

Pero… me preguntaba.

¿Por qué escribes en tu cuaderno en vez de hablar?

La pregunta salió sin filtro, impulsada por una curiosidad que superó su cautela habitual.

No era un reproche, solo una genuina incomprensión.

Diane se quedó quieta un momento.

Su mirada, antes tímidamente curiosa, se posó en el cuaderno abierto como si fuera un abismo.

Finalmente, con un parpadeo lento que pareció cerrar un debate interno, bajó la pluma.

El rasguño de la punta sobre el papel fue el único sonido en el mundo.

“Es porque soy muda.

No puedo hablar aunque lo deseara.

(ಥ﹏ಥ)” Las palabras, en su caligrafía impecable, golpearon a Evan con fuerza.

Sus ojos se abrieron levemente.

En un instante, los prejuicios que sostenía contra ella —la noble ignorante, la hija de un mundo de privilegios despreciables— se resquebrajó.

Evan sintió que podía bajar la guardia.

Según él los discapacitados suelen ser más amables por norma general, incluso los nobles.

Además el muro que ella enfrenta es como el que Evan enfrenta contra la pobreza.

—Oh —logró decir—.

Lo siento… no me di cuenta, esque soy algo tonto.- dijo Evan con una sonrisa nerviosa “Está bien.

No podías saberlo.

(◕‿◕)b” —Cierto —dijo Evan, alzando la vista y buscando un nuevo comienzo—.

Entonces… ¿en qué puedo ayudarte?

Diane pareció pensar, mordisqueando suavemente el extremo de la pluma.

Luego escribió, más lento esta vez.

“Escuché que eres cercano a Riusen, del equipo de gladiadores… (´•̥ ̯ •̥`)” Ah.

Eso era.

Evan casi pudo ver el romántico drama desarrollándose.

Una noble tímida enamorada del bastardo héroe.

Un clásico.

—Sí, él y yo somos amigos de la infancia.

Lo conozco bastante bien.

¿Cómo puedo ayudarte con él?

El rubor de Diane se intensificó.

Escribió, tachó algo, y volvió a escribir.

“Quisiera… que me contaras sobre él.

Qué le gusta, cómo es… ese tipo de cosas.

Por favor (>﹏<)” Evan no pudo evitar una sonrisa pequeña y comprensiva.

La entiendo, si yo fuera mujer tambien caeria ante Riushi, ese tipo es realmente increible”.

Asintió.

—Claro.

Veamos… Evan habló en voz baja, consciente del silencio de la biblioteca, mientras Diane lo escuchaba con una atención absoluta que le resultaba conmovedora.

—Riusen es… alguien con un gran sentido del bien.

Es acólito de la Iglesia del Sol y un espadachín excepcional.

Siempre se esfuerza más de la cuenta, nunca pide ayuda.

Carga con el peso de los demás como si fuera su deber.

Creo que lo aprendió de su padre.-Evan hablaba con un deje de admiracion en su voz Diane asentía lentamente, tomando notas mentales.

Evan continuó, describiendo a su amigo: Es un tipo sencillo, le gusta la comida sabrosa, descansar a la sombra de un árbol, jugar al ajedrez… Con cada detalle, la expresión de Diane se volvía más cálida, más iluminada por una admiración genuina.

Cuando Evan terminó, ella escribió rápidamente.

“Gracias por contarme sobre él.

Es un tipo increible, verdad!

( ◜‿◝ )♡ “ -La verdad que si- asintio Evan.

Si alguien mereciera ser feliz, ese seria Riushi, asique si pudiera ayudarlo ahora a conocer a esta bella damisela, el lo haria con gusto.

Seguro que RIushi haria lo mismo por el.

“Y… me preguntaba si podrías presentárnoslo algún día (´∀`)♡” —Mmm… sí —dijo Evan, aunque con un deje de duda—.

Aunque ya no somos tan cercanos como antes, supongo que podría hablarle bien de ti y presentarlos.

“Eso significaría mucho para mí.

(人 •͈ᴗ•͈)” Quedaron en silencio por un momento, un silencio incómodo pero no desagradable.

Evan recordó entonces su propia misión.

—Oh, casi lo olvido.

Julius dijo que tú también podrías ayudarme a mí.

Diane parpadeó, como saliendo de un ensueño, y asintió con energía.

—Necesito ayuda con información sobre el primer escalón a la divinidad.

Soy de los suburbios, no estoy muy versado en estos temas.

Diane inclinó la cabeza, curiosa.

Escribió.

“¿De verdad?

¿No eres noble?

Sin ofender (>_<)” —No, obviamente no —dijo Evan con una media sonrisa—.

Pensé que el color de mi pelo lo delataba.

Soy un mestizo, con algo de sangre de Intis.

“Creía que los mestizos tenían el pelo blanco o negro con mechones blancos… por tu pelo negro pensé que podrías ser más bien un noble de Yuguen.

(・–・;)” —Oh, no —se rio Evan brevemente, sin humor—.

Estoy bastante seguro de que no soy noble.

Y sí, tengo un mechón blanco, solo que está algo escondido.

Se levantó un poco el pelo de la nuca, del lado izquierdo.

Allí, entre el negro azabache, había un mechón discreto pero innegable de pelo blanco como la nieve.

Los ojos de Diane se abrieron un poco, con un interés fascinado.

“Debe ser difícil para ti, estudiar y venir hasta aquí.

Es asombroso.

(☆ω☆)” El comentario cayó en el aire entre ellos.

Evan no supo cómo responder.

La empatía de los nobles siempre le había parecido condescendiente, pero la mirada de Diane no lo era.

Era sincera.

En lugar de responder, desvió la conversación.

—Ejepm sobre lo que necesitaba preguntarte… este libro habla de llegar a un lugar donde el dios te hace ‘dar el salto’.

¿Cómo funciona eso exactamente?

¿Cómo interactúa un dios contigo si no tiene forma?

Diane se concentró, su expresión tornándose seria y académica.

Escribió párrafos esta vez, explicando con claridad sorprendente sobre las “grietas” entre el Kosmos y el Nuos, los lugares de ascensión, y cómo los dioses remodelan a sus elegidos.

Evan escuchaba, asimilando cada palabra, haciendo preguntas puntuales.

Por primera vez, los conceptos abstractos empezaban a tener sentido.

“Esos lugares —templos, cumbres, cascadas, abismos— tienen grietas.

Por ahí se filtra su esencia.

Nos impregna, nos remodela.

Pero solo si considera que valemos la pena.(´・_・)` ” “No es ‘adquirir más poder’, sino ser una vasija más grande para contener el poder prestado del dios.

(-‸ლ) ” escribió ella al final, subrayando la última parte.

Evan se llevó los dedos a la barbilla, pensativo.

—Eso… había deducido algunas partes de las historias y mitos de héroes, pero la idea de que solo eran vasijas de los dioses es un nuevo punto de vista valioso.

–Gracias, Diane.

Me has ayudado mucho.– dijo Evan con una sonrisa sincera Diane escribió de nuevo, esta vez con trazos más firmes “Pero lo más importante es el precio.

Las historias de héroes rara vez lo muestran.

(>_<) ” “Cada dios pide algo a cambio de su poder.

Suele ser algo que te ate a él.

Y muchos llevan vidas… rotas, por lo que perdieron.

(╥_╥) ” —Vaya… eso si que no se me había ocurrido —dijo Evan, mirándola con genuino respeto.

“Si, es que… mi madre es una Adar.

Por eso lo sé.

( ̄ω ̄;) ” Evan contuvo una exclamación.

Las Adars mujeres en Ferraria se contaban con los dedos de una mano.

Pero todavía no quería involucrarse tanto con Diane, así que no preguntó más.

—Gracias, Diane.

Pero ya debo irme —dijo, mirando la luz tras la ventana—.

Vivo lejos, debo aprovechar la luz del día.

Diane asintió comprensiva.

Evan se levantó, la espina de la preocupación clavándose de nuevo.

El tiempo del dia se acababa.

Pero entonces, un toque suave en su manga lo detuvo.

Diane lo miraba con una expresión extraña, una mezcla de timidez y determinación.

Escribió una última línea, la mostró, y luego inmediatamente bajó la mirada, las orejas completamente rojas.

“Me pregunto si tú… ¿Quieres ser mi amigo?

(⁄ ⁄>⁄ ▽ ⁄<⁄ ⁄)” Evan la miró, atónito.

Amigo.

La palabra resonó en su cabeza.

Una noble, una chica que olía a lavanda y llevaba broches de plata, preguntándole eso a él.

Un plebeyo de Villa Verde.

—¿Amigos?… ¿Conmigo?

—preguntó, incapaz de ocultar su incredulidad.

Diane asintió, una y otra vez, con una insistencia casi infantil.

Sus ojos violeta brillaban con una esperanza vulnerable que desarmó por completo las defensas de Evan.

Nadie le había pedido eso a Evan jamás, menos una noble.

El riesgo era claro: ofenderla podía costarle la expulsión.

Pero su torpeza parecía genuina.

Quizá “amigo” para ella solo significaba compañía pasajera.

Un sí vacío bastaría para que lo dejara en paz y él pudiera volver a su mundo, donde al menos las reglas eran predecibles.

—Bueno… —dijo al fin, su voz un poco ronca—.

Si para ti está bien… de acuerdo.

La sonrisa que iluminó el rostro de Diane fue tan brillante.

Ella garabateó algo y le mostró el cuaderno, su letra saltando de alegría.

“¡Amigos entonces!

¡Gracias, Evan!

ヽ(>∀<☆)ノ” Evan sintió algo caliente y extraño en el pecho.

Un calor que no conocía.

Pero lo reprimió, recordo su resentimiento hacia los nobles y eso puso seria su expresión tonta —De nada… Diane.

Le hizo una breve reverencia de cabeza, más por costumbre que por protocolo, y se dio la vuelta.

Camino hasta la puerta y la cerró detrás de si Al salir de la biblioteca, una última imagen se le quedó grabada: Diane, sola en la mesa grande, con las manos apretadas contra sus sonrojados cachetes, mirando por la ventana hacia el cielo anaranjado del atardecer con una expresión de felicidad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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