Hijos de la Luna - Capítulo 8
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8: Riusen 8: Riusen En el patio central de la academia, con sus árboles de raíces superficiales y bancos elegantes, un grupo de cuatro colegialas se apiñaba tras una columna, susurrando y observando a escondidas a un chico a lo lejos.
Sus voces se mezclaban en un murmullo admirativo: “A quién no le gustaría Riusen”, “Es tan guapo…”, “Qué porte”, “Dicen que es imbatible con la espada”, “Dicen que es un bastardo”.
Un chico más bajo que ellas pasó a su lado sin llamar la atención, hasta que notaron cómo se acercaba directamente al objetivo de su fascinación.
Riusen era innegablemente atractivo: pelo dorado y pulcro, ojos azul verdosos, mandíbula definida y una complexión musculosa pero ágil.
Aunque estaba sentado en un banco bajo la sombra de un árbol, comiendo un sanguche de carne, su altura era evidente.
A su lado descansaba una espada larga de buena factura.
Llevaba el uniforme blanco del club de gladiadores, decorado con galones dorados y una faja roja en la cintura, donde colgaba la vaina.
—Hola, Riushi —saludó Evan, levantando una mano con una sonrisa.
Las chicas quedaron heladas, como si vieran a un ratón saludar a un león de igual a igual.
—Hola, Evan.
¿Cómo te ha ido hoy?
—preguntó Riushi con su voz dulce pero masculina, que hizo tragar saliva al grupo de observadoras.
–Hoy fue todo un dia..– dijo Evan cerrando los ojos con pesar Evan se sentó a su lado.
Riushi le sacaba casi dos cabezas.
Para estar más cómodo, Evan se quitó su estoque corto, que parecía un juguete junto a la larga espada de su amigo.
Evan lo miró de arriba abajo, como si detectara un cambio imperceptible en su amigo de la infancia, pero al no poder definirlo, no preguntó.
Riushi miraba a Evan expectante de mas detalles.
—Hoy, de camino a la academia, me asaltaron —comentó Evan, encogiéndose de hombros.
Riushi dejó de masticar por un segundo y lo miró con preocupación, pero se relajó al ver que Evan estaba ileso.
—No te preocupes, no fue nada.
Por más increíble que parezca, una mujer en los tejados me salvó con una ballesta y luego se fue sin más.
Los mató como si nada —contó Evan con entusiasmo.
—¿No te lastimaron?
—preguntó Riushi preocupado.
—Ni un rasguño.
Tuve suerte.
Pero me asustaron; hasta ahora este día parece un sueño.
—Pero enserio que bueno que los haya matado.
Otros solo los hubieran lesionado para evitar problemas con la Ley del Yunque —dijo Evan con oscuridad en la mirada.
—Mmm…
Ellos también la tienen difícil —murmuró Riushi, pensativo—.
Evan se limitó a mirarlo con decepción —Ejemp, mi tío hablaba de eso esta mañana.
Parece que el gobernador del norte vino a Altus Forja a presionar a la reina para cambiar las cosas.
Dijo que podría apoyarlo, junto a algunos jinetes de dragones descontentos con su administración.
—Ojala logre cambiar algo— dijo Evan con resignación en su voz ambos se quedaron en un silencio cómodo un momento, RIushi dio otro bocado a su comida —¿Cuánto te salió ese sanguche?
—preguntó Evan con mirada disimuladamente hambrienta.
—Este, dos clavos —respondió Riushi con naturalidad.
—¡Dos clavos!
—Evan se impactó—.
¡Yo conseguí viaje hasta acá por solo tres sales!
—Estómago lleno, corazón contento —puntualizó Riushi, dándose un suave golpe en la panza.
Evan lo miró con los ojos entrecerrados.
Entonces, el estómago de Evan rugió.
Riushi contuvo una risa con el puño tapando su boca.
Evan lo fulminó con la mirada.
—Es un problema de mi estómago, no es que tenga hambre —se justificó Evan, con mal tono.
—Ademas tengo dinero para comprarme un sanguche, solo que la cocina ya cerró —agregó Evan justificante.
Riushi partió su sanguche en dos y le ofreció la mitad con un gesto.
—No, no, está bien —protestó Evan, pero Riushi acercó el pedazo hasta que su mano lo tomó por reflejo.
—Gra…
gracias —dijo Evan, resignado, y comenzó a comer con bocados pequeños.
Ambos miraron el cielo encerrado por el cuadrilátero donde se ubica el patio de la academia.
Allí, inmóvil, colgaba la luna rota, una imagen inquietante como el cuerpo seco de un dios.
—Quizá esto venga de la nada, pero…
¿cómo puede uno ser feliz cuando tu felicidad depende de otro?
—preguntó Riushi de pronto.
Evan cruzó los brazos, mirando a Riushi como si lo examinara.
“Tu felicidad solo debe depender de ti mismo.
Deberías ser más egoísta.
—Sí, algo así —admitió Riushi con un suspiro discreto—.
Pero no creo que yo pueda ser feliz.
El camino que elegí solo me llevará a sacrificarme por los demás.
Riushi bajó la mirada hacia sus propias manos, como si buscara una respuesta allí.
—Pero tampoco creo que me vaya bien con ninguna chica.
—¡Ah, sobre eso!
Qué casi me olvido —Evan sonrió para ocultar su vergüenza—.
Vengo de la biblioteca, donde una chica pelirroja llamada Diane preguntó por ti.
¡Parece que le gustas, Riushi!
Pensaba ayudarte a que la conozcas.
El nombre ‘Diane’ resonó en la cabeza de Riushi, lo hiso entrecerrar los ojos un instante, pero tras perder el hilo de su pensamiento solo lo ignoro..
—Mmm, no sé…
—Mira, Riushi, si funciona, sería bueno para ti.
Aunque seas un bastardo, con tu mérito con la espada y tu lealtad a la iglesia tienes oportunidad.
Además, esta chica no es cualquier noble, su perfume olía carísimo.
Y lo que podría darte una chance es que es muda; eso la hace más… asequible, si entiendes lo que quiero decir ¿no?, y quizá su padre acceda a emparejarla contigo.
Riushi cambió la expresión al escuchar que era muda, visiblemente impactado.
—No es que no puedas conseguir una prometida que no sea muda, pero entiendes a lo que voy.
Los desprestigiados como nosotros debemos elegir bien nuestras batallas —dijo Evan con desenvoltura.
Riushi cerró los ojos un segundo, con una resignación tranquila.
—Lo pensaré —dijo finalmente.
Evan lo miró sin entender la falta de entusiasmo.
Si fueran Fausto o Santi ya le estarían preguntando por el color de sus bragas.
Finalmente, suspiró.
Los dos amigos permanecieron en un silencio cómodo, mirando la luna rota.
Entonces, un grupo de chicos con uniformes blancos como el de Riushi se acercó.
—¡Te estábamos buscando, Riushi!
—dijo uno de pelo castaño—.
Tendremos un último duelo entre todos y nos iremos a casa.
Los recién llegados rodearon el banco, riendo y haciendo bromas exclusivas entre compañeros de club.
Ignoraron por completo a Evan.
Evan supo que era mejor evitar a esos chicos nobles, más grandes, fuertes y con menos empatía, como la mayoría.
Se sintió asfixiarse lentamente, incómodo, como un cordero en un salón real.
Lentamente, comenzó a alejarse, levantándose con cuidado sin hacer ruido mientras Riushi reía con una broma de sus compañeros.
Mientras Evan se marchaba discreto, Riushi volvió la cabeza para mirarlo, con una sombra de tristeza en sus ojos.
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