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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 1

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  4. Capítulo 1 - 1 Capítulo 1 La Promesa en la Oscuridad
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1: Capítulo 1: La Promesa en la Oscuridad 1: Capítulo 1: La Promesa en la Oscuridad En una casa solitaria en medio de un bosque tupido, todo parecía en calma.

Los rayos de la luna atravesaban tímidamente las ventanas rotas, pero en el interior, el escenario era un caos.

La sangre cubría las paredes y el suelo de madera.

En el centro de la sala, un niño de cabello amarillo y ojos dorados llamado Kiro sostenía un cuchillo de carnicero, sus manos temblaban.

Detrás de él, su hermana pequeña, de apenas cinco años, sollozaba sin consuelo, abrazándose a sí misma mientras las lágrimas le surcaban el rostro.

Frente al niño, emergiendo de las sombras, apareció el Nox que había destrozado su mundo.

Un monstruo de oscuridad.

Su cuerpo parecía una amalgama de sombras y carne podrida, con un rostro alargado y ojos que brillaban de un rojo antinatural.

Sus extremidades eran desproporcionadas, sus manos semejaban garras capaces de desgarrar el metal, y una mueca torcida exponía colmillos afilados como dagas.

Cada paso que daba resonaba con un eco hueco, haciendo vibrar el aire.

El niño apretó el cuchillo con fuerza y gritó con todo el miedo y la furia que podía reunir.

—¡No te acerques!

¡No te dejaré tocarla!

El Nox lanzó una risa grave y burlona que helaba el alma, acercándose lentamente.

Kiro retrocedió, empujando a su hermana hacia la puerta trasera.

—Airi, corre.

Sal y no mires atrás.

¡Corre ahora!

Airi, aterrorizada, no podía moverse.

Sus pequeñas piernas parecían clavadas al suelo.

—Hermano… no… —murmuró entre lágrimas, mientras se agarraba la ropa con manos temblorosas.

El Nox se abalanzó hacia ellos.

Kiro, sin pensarlo, se lanzó también.

Ambos forcejearon.

El niño apenas podía sostener el peso de la criatura.

Con un grito desesperado, logró hundir el cuchillo en el hombro de la bestia, pero esto solo la enfureció más.

Con un gruñido, el Nox mordió el brazo de Kiro cayendo ambos al suelo, haciendo que este gritara de dolor mientras la sangre manaba profusamente.

—¡Corre, Airi!

¡Por favor, huye!

—rogó, con lágrimas en los ojos y la voz quebrada.

Airi intentó dar un paso, pero sus pies no respondían.

Su hermano, viendo que no tenía otra opción, giró rápidamente la cabeza hacia el cuchillo aún clavado en la criatura.

Ignorando el dolor, lo tomó con su otra mano y lo hundió de nuevo, esta vez en la cabeza del Nox.

La criatura lanzó un fuerte aullido que hizo temblar la casa, retrocediendo unos pasos.

Kiro se levantó como pudo, tambaleándose.

El Nox sacó el cuchillo de su cabeza y, con una sonrisa siniestra, comenzó a regenerarse.

—¿Eso es todo?

—susurró con una voz grave y gélida que retumbó en la sala.

Cuando el Nox se preparaba para atacar de nuevo, una ráfaga de luz atravesó la habitación, envolviendo a la criatura.

En un instante, el Nox fue desintegrado.

Kiro cayó al suelo agotado, y antes de perder el conocimiento, pudo ver la figura de un hombre robusto con cabello oscuro y una armadura adornada con inscripciones brillantes.

Este levantó la mano, aún emanando energía.

—Estás a salvo ahora, muchacho.

No temas más, los exorcistas estamos aquí.

—El hombre se acercó, observando las heridas de Kiro con preocupación.

Se agachó junto al niño, sosteniéndolo para evitar que cayera del todo.

—¡Hermanito!

—sollozó Airi, corriendo hacia él.

—Resiste, chico.

Tienes una voluntad fuerte.

—El hombre apretó los dientes, levantando a ambos niños.

Todo comenzó a desvanecerse en la mente de Kiro mientras el dolor y el agotamiento lo sumían en la oscuridad.

Aquel día cambió su vida para siempre.

Y aunque los años pasaron, las heridas seguían allí, más vivas que nunca… Kiro, ahora con 15 años, se encontraba sentado en el borde de un muelle en un enorme puerto de Alfhaim.

El sol del atardecer pintaba el cielo con tonos dorados y naranjas que se reflejaban en el agua.

Los barcos se balanceaban suavemente, y el bullicio del puerto lo rodeaba, aunque para él todo estaba en silencio.

Su mente volvía una y otra vez a aquel día.

El día donde perdió a sus padres y hogar.

Con la mirada fija en el horizonte, apretó el puño.

—Juro que acabaré con todos los Nox.

No dejaré que nadie más pase por lo que nosotros vivimos, Airi.

Cambiaré este mundo.

—¡Kiro!

—Una voz grave interrumpió sus pensamientos.

Era Hunk, su maestro, caminando hacia él con paso firme y semblante serio.

—¿Cuánto tiempo llevas ahí?

Te dije que debíamos llegar al centro de la ciudad antes de que anocheciera.

Kiro se levantó apresuradamente, rascándose la nuca con una risa nerviosa.

—Perdón, maestro.

Me distraje un poco.

Estaba… pensando.

Hunk suspiró, pero una sonrisa leve se dibujó en su rostro.

—Siempre estás en las nubes, chico.

Vamos, tenemos tiempo, pero no lo desperdiciemos.

Kiro asintió, pero al recordar algo, su expresión cambió a una de alarma.

—¡Ah, lo había olvidado!

¡Vamos a ver el festival!

—Corrió hacia las calles sin esperar una respuesta.

—¡No corras tanto, cabeza hueca!

—gritó Hunk detrás de él, con una risa.

—Aún queda tiempo.

Relájate o acabarás tropezándote… otra vez.

Kiro se detuvo un momento y giró con una sonrisa amplia.

—¡Solo intento llegar antes que tú, viejo!

—Y siguió corriendo, perdiéndose entre las callejuelas llenas de vida y color.

Hunk lo miró con una mezcla de resignación y afecto.

—Eres un caso perdido, chico, pero esa energía que tienes no está mal.

Con estas palabras, lo siguió a paso tranquilo, mientras las luces del puerto empezaban a encenderse para dar la bienvenida a la noche.

Kiro subió corriendo una pequeña cuesta, jadeando un poco por el esfuerzo.

Cuando llegó a la cima, sus ojos se iluminaron ante la vista del festival.

Frente a él, las coloridas luces de faroles colgantes se reflejaban en el agua del puerto.

Un gran letrero rezaba: “Bienvenidos al Festival de la Bendición del Mar”.

La brisa salada soplaba suavemente, mezclándose con el aroma de la comida recién preparada y el murmullo de las multitudes.

Alfhaim, la nación costera de los mares cristalinos y las ciudades vibrantes, estaba en su máximo esplendor esa noche.

La ciudad principal era un lugar donde lo moderno se encontraba con la naturaleza.

Rascacielos de cristal y metal se alzaban junto a antiguos templos con tejados curvados, decorados con motivos marinos.

Las calles serpenteaban entre plazas adornadas con fuentes que brotaban agua luminosa, y el puerto era un bullicio de actividad, con pescadores, comerciantes y turistas disfrutando del festival.

Kiro, embelesado por el ambiente, no tardó en acercarse a un puesto de comida y comprar una brocheta de pollo.

La devoraba con tanta pasión que ni siquiera notó cuando Hunk llegó tras él.

—Vaya, chico, parece que no has comido en días —dijo Hunk con una carcajada, cruzándose de brazos mientras observaba a Kiro devorar la brocheta.

Kiro se detuvo en seco, su rostro se sonrojó un poco, y rápidamente se metió el resto de la brocheta en la boca.

—¡No es eso!

Es que…

¡está muy buena!

—respondió con la boca llena, intentando no atragantarse.

Hunk negó con la cabeza, divertido.

—No cambiarás nunca.

Este festival, por cierto, es una tradición importante aquí ¿sabías?.

Se celebra la bendición de los pescadores y sus barcos.

Y esta vez, ni más ni menos que la diosa Aiko está presente para realizar la ceremonia.

Kiro tragó lo último de la brocheta y arqueó una ceja.

—¿La diosa Aiko?

¿Quién es esa?

Hunk lo miró atónito por un momento, como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar.

—¿En serio?

¿No sabes quién es Aiko?

—Eh… no mucho, se me olvida.

—Kiro se encogió de hombros.

—Nunca he sido muy fanático de las religiones y esas cosas.

El rostro de Hunk se endureció, y con una mirada fulminante, señaló a Kiro.

—Esto no es solo religión, chico.

Es cultura general.

¿Acaso no te enseñaron nada de esto en la escuela?

Kiro se rascó la nuca con una sonrisa nerviosa.

—Bueno, ya sabes que la escuela y yo no nos llevamos bien… Así que, ¿por qué no me lo explicas tú?

Hunk suspiró profundamente, como si estuviera hablando con un caso perdido.

—Está bien, escucha.

Este mundo tiene ocho naciones, y cada una está protegida por un dios primordial.

Aquí, en Alfhaim, tenemos a Aiko, la diosa del agua.

Es conocida por su gracia y por cuidar de los mares y ríos.

Mientras hablaba, Hunk se dio cuenta de que Kiro apenas prestaba atención.

El chico estaba ocupado devorando no una, sino dos brochetas de pollo al mismo tiempo.

—¡Oye!

¿Acaso estás escuchando algo de lo que digo?

Kiro levantó un pulgar mientras terminaba una brocheta.

—¡Claro, claro!

Algo de dioses y agua, ¿no?

—respondió con la boca llena.

Hunk apretó los dientes, visiblemente molesto.

—Eres imposible… De pronto, un silencio reverente se extendió por todo el puerto.

Las conversaciones se detuvieron, y todas las miradas se dirigieron hacia la figura que avanzaba desde el fondo.

Era la diosa Aiko.

Su presencia llenaba el lugar con una calma indescriptible.

Era una mujer joven de cabello blanco con mechones azulados que caían como cascadas hasta su cintura.

Vestía un elegante kimono celeste con bordados que parecían reflejar olas en movimiento.

Con cada paso, una brisa fresca y perfumada seguía sus movimientos.

Aiko se detuvo al borde del muelle, cerca de las embarcaciones.

Cerró los ojos y juntó las manos como si estuviera rezando.

De su cuerpo emanó una energía luminosa que se expandió como pequeñas gotas de lluvia flotantes.

Las luces danzaron en el aire, envolviendo los barcos y reflejándose en el agua como estrellas.

El espectáculo era mágico, dejando a todos los presentes boquiabiertos.

Kiro, que rara vez soltaba su comida, apenas podía contener su asombro.

—¡Increíble!

¿Así se ve la energía divina?

—preguntó en voz baja, con los ojos brillando de emoción.

Hunk asintió, pero no dijo nada.

Estaba tan impresionado como él.

—Esto, chico, es lo que significa ser digno de un poder superior.

Cuando la ceremonia terminó, Hunk le hizo un gesto a Kiro.

—Vamos, hay algo que quiero mostrarte.

Caminaron hacia el centro de la ciudad, donde las plazas estaban adornadas con flores y luces.

Las fuentes lanzaban chorros de agua que parecían bailar al ritmo de la música que tocaban los músicos callejeros.

Los rascacielos proyectaban sombras largas, pero el ambiente seguía siendo cálido y acogedor.

En un parque rodeado de árboles luminosos, una mujer esperaba en un banco, sosteniendo un maletín.

Hunk le indicó a Kiro que esperara mientras él se acercaba a hablar con ella.

Intercambiaron algunas palabras, y luego Hunk regresó con un montón de papeles en la mano.

—¿Qué es eso?

—preguntó Kiro, inclinándose para mirar.

Hunk le entregó el formulario con una sonrisa.

—Es para ti.

Es la inscripción a la Escuela de Energía Kalo, la más grande y prestigiosa del mundo.

Kiro abrió los ojos de par en par, sorprendido.

—¿En serio?

Pero siempre dices que no soy lo suficientemente disciplinado para algo así… Hunk levantó una mano, interrumpiéndolo.

—Lo sé, pero no quiero arrebatarte tu sueño.

Además, sé que no soportas la escuela normal, y esta será una oportunidad para que mejores y te acerques a lo que deseas: convertirte en un exorcista fuerte.

Kiro, emocionado hasta el borde de las lágrimas, hizo una reverencia tan profunda que casi tocó el suelo.

—¡Gracias, maestro!

¡Prometo que no te decepcionaré!

Hunk se echó a reír, dándole un golpecito en la cabeza.

—Eso espero, chico.

Pero hay un detalle…

eres un año menor al requisito de ingreso, así que tendrás que pasar una prueba extra.

Kiro levantó el puño con determinación.

—¡No importa!

Puedo con lo que sea.

Lo superaré, lo prometo.

—Eso quiero oír.

—Hunk le pasó el formulario.

—Traemelo mañana, y me encargaré de lo demás.

Kiro tomó los papeles con cuidado, como si fueran un tesoro y sonrió ampliamente.

—¡Lo haré!

Con esa promesa, el festival continuaba por otro lado, pero para Kiro, esa noche ya era inolvidable.

Su camino hacia convertirse en un exorcista daba un nuevo y emocionante giro.

Su camino apenas comenzaba.

Pronto, encontraría la oportunidad que cambiaría su destino para siempre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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