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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 Capítulo 10 La Marca del Asesino
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10: Capítulo 10: La Marca del Asesino 10: Capítulo 10: La Marca del Asesino Hunk avanzaba con paso firme por las calles de Alfhaim, con el informe en su brazalete proyectando datos frente a él.

Sus ojos se endurecieron mientras repasaba la información.

“Kiro me habló de este Nox hace un tiempo… el callejón, las niñas…” Ahora tenía la confirmación.

Las dos niñas que acompañaban a Airi esa tarde habían sido marcadas por el asesino.

Y por haber estado con ellas, Airi también estaba en peligro.

Sin perder un segundo, Hunk aceleró el paso y se dirigió a la casa de Kiro.

Al llegar, golpeó la puerta con urgencia.

Pasaron unos segundos hasta que la puerta se abrió y Airi apareció con una sonrisa.

—¡Maestro Hunk!

—dijo alegremente—.

Pensé que estabas ocupado, ¿qué haces aquí?

Hunk respiró hondo, intentando no demostrar su preocupación.

—Solo vine a ver cómo están.

Mientras hablaba, escaneó la zona con su sentido de energía.

Pero no encontró ninguna señal extraña.

—¿Kiro está en casa?

—preguntó.

Airi negó con la cabeza.

—Salió a buscar a Ryu.

No sé exactamente dónde estarán.

Hunk chasqueó la lengua.

—Cuando lo veas, dile que esté alerta.

Si nota algo extraño, que me avise de inmediato.

Airi lo miró confundida.

—¿Pasa algo malo?

Hunk le revolvió el cabello con suavidad.

—Nada que no pueda manejar.

Solo dile eso a Kiro, ¿sí?

Airi asintió.

—¡Lo haré!

Hunk le dedicó una última mirada antes de marcharse.

Más tarde, al anochecer Desde un callejón oscuro, Hunk vigilaba los alrededores de la casa de Kiro.

No iba a arriesgarse a que el Nox atacara sin previo aviso.

Su brazalete vibró.

—¿Vanessa?

—dijo al responder la llamada.

—Buenas noches, exorcista.

Te llamo para informarte que, según el patrón del asesino, hoy no habrá ataque.

Siempre actúa cada cinco días como mínimo.

Hunk bufó.

—Eso no significa que no pueda cambiar su rutina.

—Lo sé, por eso estoy pendiente de cualquier reporte.

Pero al menos por hoy, la noche será tranquila.

—Si algo ocurre, te lo haré saber.

—Gracias, eso era todo.

Nos vemos.

La llamada terminó.

Hunk se apoyó contra la pared y suspiró.

“Esto no me gusta nada…” Kiro llegó a su casa después de entrenar, jadeando de cansancio.

—¡Estoy de vuelta!

Airi lo recibió en la sala.

—¡Bienvenido!

Oye, el maestro Hunk vino hoy y me pidió que te dijera algo.

—¿Eh?

¿Qué cosa?

—Que estés alerta y si notas algo raro, le avises.

Kiro frunció el ceño.

—¿Por qué me diría eso?

—No lo sé.

Parecía preocupado.

Kiro se quedó pensativo por un momento, pero al final solo se encogió de hombros.

—Bueno, si Hunk dice que esté alerta, lo estaré.

Pero ahora… ¡Necesito descansar!

Airi rió.

A la mañana siguiente, mientras desayunaban, Kiro hojeaba el periódico cuando una noticia le llamó la atención.

“Tragedia en los suburbios: familia asesinada en su hogar.” Airi, que estaba a su lado, leyó el titular y se cubrió la boca con las manos.

—No puede ser… Kiro siguió leyendo y vio la foto de la familia.

Su mirada se endureció.

—Esto debe ser obra de un Nox… Apretó los puños con rabia.

Miró mejor la foto de la niña que había en el periódico y su corazón dio un vuelco.

—Airi, ¿Es ella… la que tenía la herida en la cabeza esa tarde en el callejón?

Airi miró la foto con tristeza y asintió.

—Sí, era ella… Es una compañera de la escuela, era una chica muy gentil.

Me hubiera gustado ser su amiga… Kiro miró la imagen con furia.

—Airi, ¿Cómo llegaron a ese callejón aquella vez?

Airi suspiró y le explicó.

—Una amiga y yo vimos a un sujeto acosando a dos compañeras.

Lo enfrentamos y se fue, pero parecía molesto.

—¿Y luego?

—Esa misma tarde, cuando volvía a casa, lo vi otra vez en el callejón.

Estaba acosando a las mismas niñas, así que decidí intervenir.

Kiro sintió un escalofrío.

—¿Ese sujeto… podría ser el asesino?

Airi bajó la mirada.

—No lo sé… Pero últimamente no he visto a mi amiga y estoy preocupada por ella.

Kiro la miró con seriedad.

—Espero que no tenga nada que ver con esto… Más tarde, Kiro llegó a la casa de Ryu, como de costumbre para entrenar, pero se detuvo antes de tocar la puerta.

Dentro, escuchó gritos.

—¡Siempre lo mismo contigo!

—¡Déjame en paz y cállate de una vez!

“¿Debería tocar?” —pensó Kiro, dudando por un momento.

Finalmente, tomó aire y golpeó la puerta.

Después de unos segundos, el padre de Ryu abrió con una expresión molesta.

—¡Ryu!

¡Tu amigo está aquí otra vez!

Ryu bajó corriendo y al ver a Kiro, su expresión se relajó.

—Nos vemos.

—dijo rápidamente antes de salir.

Kiro y Ryu caminaron hasta el bosque y una vez llegaron al claro comenzaron a calentar para entrenar.

—Oye, ¿estás bien?

—preguntó Kiro.

Ryu suspiró.

—Lo de siempre.

Kiro sonrió nerviosamente.

—No sé cómo aguantas vivir así.

—Era más fácil cuando mi hermana mayor estaba en casa.

Pero hace dos años que se fue.

Kiro vio la expresión triste de Ryu y aprovechó la distracción para lanzarle un puñetazo.

—¡Eh!

—Ryu retrocedió, sobándose la mejilla.

—¡Por distraído!

Ryu entrecerró los ojos y creó una esfera de viento, lanzándola contra Kiro.

Kiro la esquivó saltando.

Pero entonces, algo extraño ocurrió.

La esfera de viento, en lugar de impactar contra los árboles, se desintegró en el aire.

Ryu se quedó boquiabierto.

—¿Qué…?

Kiro aterrizó y lo miró confundido.

—¿Qué pasa, Ryu?,¿Detuviste el ataque?

Ryu negó con la cabeza.

—No.

Planeaba que estallara en los árboles.

Intrigados, ambos se acercaron al lugar donde la esfera desapareció.

Pero de repente, chocaron contra una pared invisible y cayeron al suelo.

—¡Auch!

—se quejó Kiro, frotándose la cabeza.

Ryu se levantó rápidamente, tocando el aire frente a ellos.

—Es… ¿una barrera?

Kiro frunció el ceño.

—¿Es parte de tu técnica?

Ryu negó.

—No.

Esto no lo hice yo… Ambos intercambiaron miradas preocupadas.

La barrera que los detenía era mucho más fuerte que cualquier cosa que Ryu hubiera hecho antes.

Algo estaba pasando en ese bosque.

Kiro pasó su mano sobre la barrera, sorprendido por lo dura que era.

—Esto no se siente como una barrera normal… —murmuró.

Ryu, aún intrigado, sacó su cuchillo con los sellos grabados que estaba incrustado en la tierra, desactivando su propia barrera.

—Déjame probar algo.

—dijo mientras levantaba el cuchillo y lo intentaba clavar en la barrera desconocida.

El filo chocó contra la superficie invisible con un sonido seco y un leve destello oscuro.

Ryu frunció el ceño.

—No… No entra ni un poco.

Kiro se cruzó de brazos.

—Déjame intentarlo.

Tomó el cuchillo con ambas manos y envolvió sus brazos con su energía de luz.

—¡Voy!

Con fuerza, intentó clavar el cuchillo en la barrera, pero no pasaba nada.

—¡Otra vez!

Kiro apretó los dientes y golpeó con más fuerza.

Nada.

—¡Vamos, maldita cosa!

Después de varios intentos, la hoja del cuchillo finalmente logró hundirse un poco en la barrera.

Kiro sonrió con orgullo.

—¡Ja!

¡Lo logré!

Ryu asintió.

—Bien, ahora déjamelo a mí.

Tomó el cuchillo, cerró los ojos y comenzó a recitar el conjuro en voz baja.

Los sellos del arma se iluminaron y, poco a poco, la barrera comenzó a agrietarse.

El cuchillo cayó al suelo sin fuerzas.

—¡Ahora!

—gritó Ryu.

Kiro retrocedió y, con todas sus fuerzas, golpeó la barrera justo donde estaba la grieta.

¡CRACK!

La barrera se rompió parcialmente, creando un pequeño agujero en su estructura.

Pero antes de que pudieran celebrar, un escalofrío recorrió sus cuerpos.

Un aura oscura y densa salió desde el otro lado, envolviendo el aire con una presencia macabra.

Ryu tragó saliva.

—Kiro… ¿seguimos adelante?

Kiro sintió un nudo en el estómago, pero respiró hondo y asintió.

—Sí… Debemos ver qué o quién hizo esto.

Ambos se agacharon y pasaron por el agujero.

Dentro de la barrera, el aire se volvió denso y frío.

Cada paso que daban se sentía como si el suelo quisiera tragarlos.

El bosque dentro de la barrera era distinto.

Los árboles parecían más oscuros, como si la vida los hubiera abandonado.

Tras avanzar un poco más, llegaron a un claro donde encontraron una cueva.

—Esto… no me da buena espina.

—susurró Ryu.

Kiro tragó saliva y avanzó.

—Vamos.

Al entrar, el hedor a sangre los golpeó de inmediato.

—Ugh… —Ryu tapó su nariz.

El suelo y las paredes de la cueva estaban cubiertos de sangre seca.

Pero lo peor no era eso… Había personas amordazadas en el suelo.

Algunas estaban inconscientes.

Otras apenas podían moverse.

—¿Qué clase de monstruo hizo esto…?

—susurro Ryu paralizado al ver la escena.

Kiro sintió que el corazón se le detenía.

—¡Ryu, ayúdame a sacarlos!

Corrió hacia una de las figuras y se detuvo en seco al ver su uniforme.

—Este uniforme… es de la escuela de Airi.

Kiro no lo dudó y cargó a la chica en sus brazos.

—¡Ryu, vamos!

Pero Ryu estaba petrificado, mirando el horror que los rodeaba.

—E-esto es… —¡Ryu!

—Kiro le gritó—.

¡Muévete!

¡Esto es obra de un Nox, debemos irnos YA!

Ryu reaccionó de golpe y corrió a ayudar.

Ambos sacaron a la chica y escaparon a través del agujero de la barrera.

Una vez afuera, Ryu respiró agitadamente.

—Esto… esto es demasiado… Kiro lo miró con seriedad.

—Lleva a la chica al hospital.

No podemos perder más tiempo.

Ryu asintió, aún temblando.

—¿Y tú?

Kiro encendió su brazalete.

—Voy a llamar a Hunk, necesitamos a los exorcistas.

—Ten cuidado.

—le dijo Ryu antes de cargar a la chica y desaparecer entre los árboles.

Kiro activó su comunicación con Hunk.

—¡Vamos, contesta!

Pasaron unos segundos que se sintieron eternos.

—Hunk, ¿Dónde estás?

¡Esto es urgente!

Finalmente, la voz de Hunk se escuchó en la línea.

—¿Qué ocurre, Kiro?

—¡Encontré la guarida del Nox!

¡Está en un bosque cercano!

Kiro le envió la ubicación de inmediato.

—Ven rápido.

Hay personas aquí… y es peor de lo que imaginábamos.

Hunk tardó en responder.

—Kiro… sal de ahí ahora mismo.

El tono de su voz hizo que Kiro se congelara.

—¿Q-qué?

—¡No te quedes ahí!

¡Sal antes de que el Nox regrese!

Kiro sintió un escalofrío en su espalda, seguido del hedor a sangre.

De repente, una voz habló detrás de él.

—¿Qué haces aquí?

Kiro se giró lentamente, con el cuerpo paralizado por el terror.

Frente a él estaba el hombre del callejón.

Sus ojos rojos brillaban con una maldad pura.

—E-estaba… —Kiro apenas pudo hablar.

El Nox frunció el ceño y su tono se volvió más amenazante.

—Te pregunté, ¿Qué estás haciendo aquí?

Kiro tragó saliva con dificultad.

Su mente gritaba que corriera, pero su cuerpo no reaccionaba.

El Nox chasqueó la lengua con molestia y, tras unos segundos de tensión, esbozó una sonrisa torcida, señalando a Kiro.

—Tch… No olvidaré esto.

Estás marcado.

Y con un simple parpadeo, desapareció.

Kiro cayó al suelo, temblando.

No podía moverse.

El miedo seguía clavado en su pecho.

—¡Kiro!

Levantó la vista y vio a Hunk corriendo hacia él.

El exorcista lo agarró por los hombros.

—¿Qué pasó?

¿Estás herido?

Kiro negó lentamente con la cabeza.

—Ryu se llevó a una chica… debemos asegurarnos de que esté segura.

Hunk asintió.

—No te preocupes.

Ya está en camino al hospital.

Me los tope camino a aquí.

Se puso de pie y miró a Kiro con seriedad.

—Vete de aquí.

Ryu te espera en la salida del bosque.

Kiro respiró hondo, tratando de calmar su pulso acelerado.

Sin decir nada más, se levantó y comenzó a correr hacia la salida del bosque.

Pero mientras lo hacía, una sola idea se repetía en su mente.

“Estoy marcado…” Hunk avanzó con cautela por el interior de la barrera, con los puños apretados y la mandíbula tensa.

La energía negativa aún flotaba en el ambiente, opresiva y pesada.

Se adentró en la cueva con rapidez, pero al entrar, el aire se volvió más denso.

Sus ojos recorrieron la escena y su expresión se oscureció.

Todo estaba bañado en sangre.

Los cuerpos que antes estaban amordazados ahora yacían en el suelo, mutilados.

Algunos ni siquiera eran reconocibles.

Hunk cerró los ojos por un momento, respirando hondo para contener la ira que hervía dentro de él.

—Maldito hijo de… —gruñó, golpeando la pared con el puño.

El Nox se había deshecho de todas las pruebas vivas.

Había destrozado el lugar en un arrebato de ira antes de huir.

Hunk caminó entre los cuerpos, revisando los rostros.

Reconoció a varias personas reportadas como desaparecidas en los últimos meses.

Se preguntó cuántas más habrían pasado por este infierno antes de ser olvidadas.

Apretó los dientes.

—Esto no va a quedar así… Mientras tanto, Kiro llegó hasta donde Ryu lo esperaba.

—¡Kiro!

—exclamó Ryu al verlo, aliviado—.

Me alegra que estés bien.

Kiro suspiró, tratando de calmar su respiración.

—¿Y la chica?

—La llevaron al hospital.

Hunk tenía un contacto que la ayudó y la llevó al hospital.

Estará bien.

Kiro sintió un peso salir de su pecho.

—Menos mal… Espero que Hunk logre salvar a los demás también.

Ryu bajó la mirada.

—Kiro… ¿Viste lo que había ahí dentro?

Kiro guardó silencio.

—Sí… —susurró—.

Y no quiero volver a verlo nunca más.

Las horas pasaron y la policía llegó al lugar.

Vanessa se encargó de negociar con los oficiales para que Hunk no fuera acosado con preguntas innecesarias.

La escena era demasiado brutal para hacerse pública; el caso sería tratado con total confidencialidad.

Ahora, Hunk se encontraba en la casa de Kiro, sentado en el sofá con los brazos cruzados.

—Gracias a ti logramos salvar a la muchacha.

—dijo Hunk, mirándolo con seriedad—.

Era una compañera de tu hermana.

Kiro bajó la cabeza.

—Pero llegamos tarde… ahora todos están… —Kiro, no empieces con eso.

—¡Pero es cierto!

—exclamó Kiro, golpeando la mesa con el puño—.

Si hubiera hecho algo antes… si hubiera entrado a la cueva sin dudar… Hunk puso una mano sobre su cabeza y despeinó su cabello.

—Mira, chico.

No puedes salvar a todo el mundo.

Pero salvaste una vida.

Y eso ya es algo de lo que debes estar orgulloso.

Kiro tragó saliva, pero aún tenía un nudo en el estómago.

—Hunk… Antes de que llegaras, el Nox me encontró.

Hunk frunció el ceño.

—¡¿Cómo?!

¿Qué pasó?

Kiro apretó los puños.

—Me dijo que estoy marcado.

Los ojos de Hunk se endurecieron.

—Eso significa que ahora también eres uno de sus objetivos… Kiro lo miró con determinación.

—No importa.

Tengo una idea, podemos usar esto a nuestro favor.

Hunk arqueó una ceja.

—¿Qué quieres decir?

—El asesino tiene a tres objetivos claros: las chicas del callejón y ahora a mí.

Si sabemos a quiénes atacará, podemos crear una trampa y hacer que vaya a un solo punto.

Hunk suspiró, masajeandose las sienes.

—Maldita sea… No quería que te involucraras en esto, pero no tenemos opción.

—Exacto.

—dijo Kiro—.

Podemos atraparlo.

Hunk se quedó en silencio un momento antes de asentir.

—Hablaré con mi contacto y veremos cómo organizamos esto.

Mientras tanto, quédate alerta.

—¿Y qué pasa si viene hoy?

—Sé que ataca cada cinco días y han pasado dos desde el último.

Tenemos algo de tiempo.

Hunk se puso de pie.

—Voy a ver a mi contacto.

Mantente a salvo.

Kiro asintió.

—Tú también.

Hunk se marchó, y la noche cayó sobre Alfhaim.

Todo parecía tranquilo y Kiro subió para irse a dormir.

El día lo había dejado agotado por completo.

Mientras intentaba dormir pensaba en lo sucedido y una chispa de emoción creció en su pecho.

“Te atraparemos, Nox y te haré sufrir el triple.” Pero en mitad de la noche, un olor pútrido y espeso llenó la habitación de Kiro.

El joven frunció el ceño en su sueño, hasta que el hedor lo despertó.

—Urgh… ¿Qué demonios…?

Se llevó una mano a la nariz y se levantó de la cama, tambaleándose.

El olor era como el de un cadáver en descomposición.

Sin poder soportarlo más, se dirigió a la ventana para abrirla y dejar entrar aire fresco.

Pero cuando miró el cristal… vio un reflejo.

Alguien estaba detrás de él.

Los ojos de Kiro se abrieron de par en par y su cuerpo se congeló por completo.

Un escalofrío recorrió su espalda.

Giró lentamente, con el corazón latiendo a toda velocidad.

El Nox estaba ahí.

Los ojos rojos brillaban en la oscuridad con una maldad pura, observándolo con una sonrisa siniestra.

—Vaya, vaya… —susurró con diversión—.

Ya que viniste a mi casa sin permiso.

No es justo que yo no devuelva la visita, ¿no crees?

Kiro intentó moverse, pero sus piernas flaquearon por el miedo —Q-qué… —No hay que dejar lo mejor para el final… —murmuró el Nox, avanzando un paso—.

Podrías ser un obstáculo más adelante.

Antes de que Kiro pudiera reaccionar, una mano fría y fuerte se cerró alrededor de su cuello.

—¡Agh…!

—Kiro intentó liberarse, pero el agarre del Nox era inhumano.

Lo levantó del suelo con facilidad, apretando cada vez más.

Kiro pataleó, golpeando los brazos del Nox con desesperación.

Su respiración se volvía cada vez más débil.

—Sabes… la presa más deliciosa es la que aún cree que tiene esperanza.

La visión de Kiro se nubló.

El aire se le escapaba.

Su única respuesta fue un “Maldito…” antes de perder el conocimiento.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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