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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 100

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  4. Capítulo 100 - 100 Capítulo 100 Encuentro entre Emblemas 12
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100: Capítulo 100: Encuentro entre Emblemas 1/2 100: Capítulo 100: Encuentro entre Emblemas 1/2 El sol de la tarde comenzaba a teñir de oro las cúpulas de la Academia Farhaim.

El cielo, despejado y azul, parecía observar con atención lo que estaba por suceder.

Kiro corría a paso ligero por los pasillos exteriores, con su chaqueta agitándose al viento y una barra de cereal a medio terminar entre los dientes.

Había salido justo a tiempo de clases y, con el corazón acelerado, se dirigía al lugar donde iniciarían los entrenamientos conjuntos: el Gran Estadio Farhaim.

Al llegar a la entrada, se encontró con un grupo de alumnos ya reunidos.

El estadio era un gigantesco campo de césped con áreas de piedra blanca a los lados, gradas flotantes encantadas con energía.

Los emblemas Stella y Paladins estaban en sus respectivos grupos, separados a ambos lados del campo.

La diferencia era clara.

Los miembros de Paladins estaban perfectamente alineados, con sus uniformes impecables, hablando con seriedad y expresiones centradas.

Algunos hacían estiramientos sincronizados; otros simplemente esperaban firmes.

El aire a su alrededor parecía pesar más.

En contraste, los de Stella estaban… bueno, siendo ellos mismos.

Xia molestaba a Rei, Shizuki hacía poses teatrales mientras hablaba sola, y Noell parecía estar sudando de ansiedad aunque aún no habían empezado.

Kiro escaneó el lugar con los ojos hasta que lo vio: Ryu, de pie entre los miembros de Paladins, con su expresión tranquila y su cabello oscuro agitado por la brisa.

—¡Ryu!

—gritó Kiro mientras cruzaba el campo.

El chico del emblema Paladins volteó y, al reconocerlo, sonrió de inmediato.

—¡Kiro!

Llegaste justo a tiempo.

Ambos se chocaron los puños, como siempre hacían.

—¿Listo para esto?

Hace mucho que no tenemos un enfrentamiento, y esta vez… —Kiro sonrió—.

¡Esta vez no pienso perder!

Recuerda nuestra promesa.

—Lo sé —dijo Ryu, más serio pero con calidez en los ojos—.

Vamos a dar lo mejor.

Esta será una buena oportunidad para ver cuánto hemos crecido.

Ambos compartieron una mirada cargada de historia y confianza.

Luego, Kiro le dio una palmada amistosa en el hombro antes de regresar con su emblema.

Mientras se acercaba al grupo de Stella, lo primero que escuchó fue la voz de Xia: —¡Vamos, Rei!

No me digas que no quieres hacer al menos un duelo amistoso.

¡Una mísera ronda!

Te prometo que esta vez no uso mi técnica final…

al menos no al principio.

—¡No quiero jugar contigo!

—Rei le contestó mientras caminaba hacia la zona de sombra de las gradas—.

¡Vete a entrenar con un espantapájaros si tanta energía te sobra!

—Uuh, ¿eso fue un reto indirecto?

—Xia giró sobre sí misma y luego le guiñó a Kiro cuando lo vio—.

¡Ey, Kiro!

Llegaste justo para ver mi debut como campeona del entrenamiento cruzado.

—Ya lo veremos —rió Kiro.

Un poco más allá, Silfy se encontraba acurrucada en una esquina de sombra, observando todo con ojos enormes.

Tenía el cabello recogido en una coleta baja y su túnica ligeramente arrugada, como si llevara horas sin moverse.

Kiro se le acercó sonriendo.

—Hola… ¿Silky, cierto?

Silfy se tensó de inmediato y bajó la mirada.

—N-no… es Silfy —dijo en voz casi inaudible.

—¿Perdón?

No escuché bien —Kiro se inclinó un poco más hacia ella.

—¡Silfy!

—repitió, esta vez un poco más fuerte, aunque su cara ya estaba completamente roja.

Kiro retrocedió medio paso, sorprendido.

—¡Ah!

Silfy, ¡claro!

Lo siento, lo siento.

A veces soy un poco cabeza hueca.

¡Pero ya no se me va a olvidar!

Silfy lo miró de reojo y luego bajó la vista.

—Está bien… es solo que…

no estoy acostumbrada a hablar con todos.

Siempre estoy en el laboratorio con la maestra Lyra.

Kiro se rascó la cabeza.

—Tiene sentido.

Hace tiempo que no te veía.

Pero me alegra que estés aquí.

Por cierto, me llamo Kiro, solo Kiro.

Silfy dudó un momento antes de levantar la mirada y preguntar: —¿De verdad no tienes apellido?

Kiro se sorprendió por la pregunta, pero asintió.

—Sí.

Solo soy Kiro.

Pero no me molesta.

Me acostumbré.

Por eso quiero demostrar que igual puedo llegar lejos.

Silfy asintió lentamente.

—Yo tampoco tengo apellido.

A veces…

me preguntaba si era la única así por aquí.

Espero que no te molesten tanto como a mí.

—¡No hay de qué preocuparse!

—respondió Kiro, levantando el pulgar con una gran sonrisa—.

¡Con esfuerzo, brillaremos igual!

Eso pareció hacer que Silfy se relajara un poco.

Incluso dejó escapar una tímida sonrisa.

Pero antes de que pudiera decir algo más, Kiro vio a Shizuki y Noell cerca de la zona de reunión y se despidió con una sonrisa.

—Nos vemos en el entrenamiento.

¡Estoy seguro que lo harás genial!

—¡Ey, par de genios!

—saludó Kiro al llegar junto a Noell y Shizuki.

—Kiro —saludó Shizuki, mientras intentaba estirar sus piernas con una pose sacada de algún ritual demoníaco—.

Hoy es el día en que los abismos y las estrellas colisionan.

¡Qué honor estar vivos para presenciarlo!

—…¿Crees que hable así todo el entrenamiento?

—preguntó Kiro a Noell por lo bajo.

—Parece estar de buen humor —respondió el chico, con los brazos cruzados y la mirada seria—.

Por cierto, observé a Paladins.

Me di cuenta de que no están todos.

Kiro giró la cabeza hacia el grupo de Paladins.

En efecto, aunque era un emblema con al menos diez miembros registrados, solo habían venido unos seis.

—Quizá es para que sea más parejo —opinó Kiro—.

Recuerda que nosotros somos técnicamente ocho…

aunque el octavo siga desaparecido y nuestro líder está extraviado.

Así que en realidad somos seis ahora.

Y ellos también si lo ves.

—No sé si eso me tranquiliza o me preocupa —respondió Noell.

—¡Nada de eso importa!

—exclamó Shizuki alzando una mano—.

¡El destino ya está escrito!

¡Y los espíritus de las profundidades están de nuestro lado!

—¿Espíritus, eh?

—dijo Kiro riendo—.

¡Entonces no perdamos!

A la distancia, una figura caminaba lentamente hacia el centro del campo.

Su sola presencia hizo que el grupo de Paladins se alineara al instante y que los murmullos del ambiente se apagaran.

Era Kaede Minatsuki.

Firme e imponente, con el cabello ondeando como el viento, los ojos serenos como un lago en calma.

Su uniforme de Paladins parecía brillar con luz propia.

Cada paso que daba resonaba con autoridad.

—Comienza el verdadero entrenamiento —murmuró Noell.

El viento soplaba con suavidad sobre el estadio de la Academia Farhaim, moviendo las hojas de los árboles cercanos y agitando las banderas de los emblemas colocadas en lo alto de los pilares mágicos que rodeaban el campo.

En medio de ese silencio contenido, todos los ojos estaban puestos en ella.

Kaede Minatsuki.

Su porte era impecable.

De pie en el centro del campo, con su uniforme de Paladins perfectamente ajustado y preparado para el combate incluyendo unas hombreras de acero.

Tenía los brazos cruzados y el cabello azul pálido moviéndose con el viento, Kaede alzó la voz con firmeza pero serenidad: —A partir de este momento, el entrenamiento en conjunto da inicio oficialmente.

Justo a su lado, Rei caminó con seguridad para situarse junto a ella.

Ambas se miraron sin necesidad de palabras y asintieron al mismo tiempo, como si una sincronía invisible las guiara.

—Ya que Kaede y yo somos de tercer año, actuaremos como supervisoras durante todos los entrenamientos —dijo Rei, cruzando los brazos con expresión seria—.

El entrenamiento de esta semana se centrará en combates uno contra uno, y ustedes elegirán libremente a su contrincante.

Un murmullo emocionado recorrió los dos grupos de estudiantes.

Kiro, que estaba entre los miembros de Stella, sintió cómo su pulso se aceleraba.

—Kaede y yo los observaremos —continuó Rei—.

Si notamos errores o fallas técnicas, se los diremos.

Si necesitan correcciones, se las daremos.

Así que no vengan a quejarse después.

Kaede asintió y dio un paso al frente.

—Este entrenamiento también contará como práctica oficial.

Así que den todo de ustedes.

Y si no pueden soportar la presión… será mejor que lo sepan ahora y no cuando estén en combate real.

Kiro tragó saliva y miró a su alrededor.

Varios miembros de Paladins se empezaban a mover, buscando contrincantes con mirada desafiante.

Lo mismo hicieron Xia y Shizuki, aunque con más desorden.

—Distribúyanse por el campo —añadió Rei—.

Hagan sus duelos donde quieran.

Me da igual.

Ese fue el detonante.

Kiro alzó la vista y la dirigió directamente a Ryu.

Como si lo hubiera estado esperando, Ryu ya lo miraba desde el otro lado, con una leve sonrisa en los labios.

Ninguno necesitó decir una sola palabra.

Ambos caminaron hacia el centro del estadio, sus pasos resonando en perfecta sincronía.

Se detuvieron a una distancia prudente.

El viento giró entre ellos como si también quisiera ser testigo del enfrentamiento.

—Entonces… ¿usamos armas?

—preguntó Ryu, relajando los hombros.

Kiro se encogió de hombros, con su sonrisa habitual.

—No creo que haya problema.

¿Tienes algo en mente?

—Sí.

Un momento.

Ryu se giró hacia donde estaban las supervisoras.

Alzó la mano y llamó con voz clara: —¡Kaede!

La joven de cabello celeste se acercó con paso firme.

Traía una lanza de madera reforzada, utilizada para entrenamiento físico sin riesgo de heridas graves.

—Aquí tienes —dijo, entregándosela con precisión—.

¿Combate uno a uno?

—Sí…y me gustaría que lo observes, por favor —respondió Ryu, mirando brevemente hacia Kiro—.

En especial… a él.

Kaede entrecerró los ojos y observó a Kiro por unos segundos.

—Entiendo.

Los estaré observando.

Den lo mejor de ustedes.

Ryu asintió agradecido, girándose luego para tomar posición.

Kiro, por su parte, levantó la mano y llamó: —¡Rei!

La joven de mirada afilada alzó una ceja y se le acercó sin mucha prisa.

En su mano traía una cuchilla curva de entrenamiento, con protector en la empuñadura.

—Tienes suerte de que hoy me levanté de buen humor —dijo, lanzándole el arma con precisión.

Kiro la atrapó en el aire con ambas manos y le sonrió.

—¡Gracias, Rei!

—No me decepciones, o me voy a aburrir —respondió ella, girando sobre sus talones para volver junto a Kaede.

Kiro giró su cuchilla en la mano, adaptándose a su peso.

Alzó la vista hacia Ryu.

—No esperaba que usaras una lanza.

Ryu giró lentamente su arma con elegancia, clavando la punta en el suelo.

—Empecé a practicar hace poco.

Me ayuda a canalizar mejor mi energía de viento.

Aún no soy experto, pero…

vamos mejorando.

—Me impresiona —admitió Kiro—.

Y bueno, como tú usas un arma, ¡yo también!

Aunque no soy muy bueno, sí me veo genial con una cuchilla, ¿cierto?

—Eso es verdad.

Ambos se sonrieron.

Había entre ellos una rivalidad que no era enemistad, sino una especie de hermandad competitiva.

Ryu se puso en posición, la lanza en diagonal.

Kiro bajó el centro de gravedad y empuñó su cuchilla con firmeza.

—¿Listo, Kiro?

—Más que nunca, Ryu.

A la distancia, Kaede y Rei observaban en silencio.

—¿Conoces a ese chico?

—preguntó Kaede, con la mirada fija en Kiro.

—Claro que sí, si es de los míos —respondió Rei, cruzada de brazos—.

Ese chico es un caos.

Pero se las arregla para no romperse.

—Hm… —Kaede mantuvo la vista en el muchacho, como evaluando cada músculo tenso en su postura—.

Veamos qué puede hacer.

Una brisa atravesó el campo.

Kiro sintió la energía en su cuerpo fluir como una corriente cálida.

La cuchilla vibraba levemente, como si respondiera a su entusiasmo.

Entonces se lanzaron.

Kiro avanzó con un paso ágil, apuntando con su cuchilla hacia el flanco de Ryu.

Este giró elegantemente, deteniendo el golpe con el asta de su lanza, y contrarrestó con un barrido que obligó a Kiro a retroceder.

Ambos se separaron unos pasos, midiendo la distancia.

Ryu cargó esta vez, con un empuje recto.

Kiro esquivó hacia un lado y buscó su flanco nuevamente.

—¡Buen intento!

—gritó Ryu.

—¡Apenas empiezo!

—respondió Kiro, jadeando.

Desde la distancia, Kaede observaba con interés.

—Tiene velocidad… pero sus pasos son imprecisos —dijo con voz baja.

—Kiro nunca fue bueno siguiendo pasos —respondió Rei con una leve sonrisa—.

Pero sabes una cosa, es muy bueno improvisando.

Ambos muchachos intercambiaron una serie rápida de golpes: la lanza giraba en manos de Ryu con gracia, mientras que Kiro apostaba a la cercanía y la velocidad.

Aunque su técnica era algo errática, su energía era constante, pura, llena de luz.

—No está mal… —pensó Kaede—.

Este chico tiene espíritu.

Kiro retrocedió, jadeando.

—¡Ryu!

¡Vamos a terminar esto con todo!

—¡De acuerdo!

Ambos saltaron al mismo tiempo.

Cuchilla contra lanza.

Velocidad contra técnica.

Amigos, hermanos, rivales.

El impacto resonó como un estruendo menor.

Y en ese instante… todos los ojos del estadio se posaron sobre ellos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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