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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 102

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  4. Capítulo 102 - 102 Capítulo 102 La Sala de Encargos
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102: Capítulo 102: La Sala de Encargos 102: Capítulo 102: La Sala de Encargos El día transcurría con normalidad en la Academia Farhaim, pero para Kiro, esa palabra tenía poco sentido mientras sostenía una escoba como si fuera una espada tras una batalla.

—¡Rei…!

—se quejó, con la espalda apoyada contra una pared—.

Ya deberíamos parar por hoy… llevo como una hora barriendo el mismo pasillo, ¡y me siguen doliendo los músculos del entrenamiento con el maestro Duvalier!

Desde el otro lado del salón, Rei, con un trapo húmedo colgando de un balde, bufó con resignación.

—Sí, sí… lo admito.

Esto ya parece tortura.

Al menos que dure limpio hasta mañana… —suspiró mientras se dejaba caer en un sofá lleno de polvo recién levantado.

El cuartel de Stella, aunque ya no parecía una casa embrujada como en los primeros días, seguía arrastrando los años de abandono, sin duda la ayuda de Kiro a la limpieza había ayudado en gran manera.

Sin embargo, con el pasar de los días, el esfuerzo de Kiro no se notaba.

Cada día había algo nuevo, las telarañas volvían a colgar como trofeos de batalla.

Las ventanas se cubrían de una capa oscura de polvo.

Todavía necesitaban más ayuda si querían limpiar de una vez la sede.

En ese momento, la puerta principal se abrió con un ligero chirrido, y una voz familiar inundó el ambiente como una ráfaga alegre: —¡Kiritooo!

¡Reiri!

¿Ya están vivos o aún están atrapados en la guerra contra el polvo?

Kiro giró la cabeza de inmediato, ya sonriendo.

—¡Maestra Lyra!

Lyra, la siempre enérgica líder del emblema Stella, se adentró en la sede con una gracia casi teatral, su vestido ondeando ligeramente como si el viento le siguiera solo a ella.

—No sé si esto es guerra o penitencia —murmuró Kiro, soltando la escoba—.

¡Pero ganamos esta batalla!

—Aunque sí que agota —añadió Rei, masajeándose un hombro.

Lyra les dedicó una cálida sonrisa antes de caminar hacia Kiro.

—Han hecho un buen trabajo.

No está perfecto, pero ya no siento que me va a salir un espectro de las paredes.

Estoy orgullosa de ustedes, en especial de ti, Kirito —le guiñó un ojo mientras rebuscaba en su bolsillo.

—¿Eh?

¿De mí?

—Kiro parpadeó, confundido.

Lyra asintió y sacó un pequeño chip electrónico brillante, que colocó con cuidado en la palma de Kiro como si fuera un trofeo sagrado.

—A partir de ahora —dijo con solemnidad—, estás habilitado para aceptar encargos y misiones oficiales.

Este chip es tu llave, Kirito.

Los ojos de Kiro se iluminaron como farolas de festival.

—¡¿En serio…?!

¡¿Ya puedo…?!

¡WOOOOOH!

Rei lo miró desde el sofá con una mezcla de diversión y resignación.

—Trata de no derribar una ventana gritando… —¡Gracias!

¡Gracias!

¡Esto es increíble!

—Kiro sostuvo el chip como si fuese de cristal.

Lyra rió ante su entusiasmo.

—Agradecete a ti mismo.

Esto no es un regalo, es un reconocimiento a tu esfuerzo.

Tus evaluaciones, tu rendimiento físico, tu progreso en energía y tus reportes de clase fueron suficientes para habilitarte.

A partir de ahora, podrás aceptar tareas que te darán créditos extra y además sumarás experiencia de campo.

Kiro se llevó una mano al corazón.

—¡Haré que valga la pena, lo prometo!

Lyra levantó un dedo en señal de advertencia amistosa.

—Y cuidado, no te emociones demasiado.

También significa que ahora puedes ser llamado para encargos de limpieza comunitaria, transporte de materiales o misiones de vigilancia.

¡No todo es gloria y batallas épicas!

—¡Puedo con eso también!

—declaró Kiro.

En Farhaim, los estudiantes de emblema reciben una asignación mensual de créditos, que les permite comprar materiales, mejoras para el equipamiento o incluso cosas personales en la tienda de la Academia.

Pero solo los que aceptan misiones pueden aumentar esos ingresos.

Los demás, fuera de emblema, deben subsistir con cupones, ayuda externa o los recursos de sus familias.

—Ahora bien —dijo Lyra mientras Kiro examinaba el chip con emoción—.

¡Instálalo!

Vamos, quiero verte hacerlo.

Kiro asintió.

Tocó dos veces su muñeca con la otra mano.

Un haz de luz se encendió, revelando su brazalete holográfico, que parecía una simple pulsera cuando estaba inactivo.

La pantalla holográfica flotó ante sus ojos y se abrió con una interfaz clara.

Buscó la pequeña ranura lateral del dispositivo y, con cuidado, insertó el chip.

La pulsera emitió un pequeño zumbido y un nuevo icono apareció en la pantalla: “Encargos”.

—¡Aquí está!

—dijo Kiro, emocionado.

Abrió la nueva aplicación y lo primero que vio fue un gran “Sin encargos activos”.

—¿Y ahora…?

¿Dónde están las misiones?

Lyra hizo una pausa dramática.

Sus ojos brillaron como estrellas fugaces mientras levantaba un brazo con teatralidad.

—¡Ohhh, hace tanto tiempo que no me preguntaban eso…!

¡Kirito, acompáñame!

Te mostraré el corazón de los encargos.

¡Vamos, vamos!

Kiro se rio nervioso ante la actuación.

—Está bien.

“Reiri”, ¿vienes también?

Rei agitó la mano mientras se levantaba con rapidez.

—Ah, no, no… yo tengo cosas que hacer, papeles, informes…

adiós chico.

Salió corriendo por el pasillo con una sonrisa nerviosa, desapareciendo entre las sombras de la sede.

—¿Siempre hace eso?

—preguntó Kiro, arqueando una ceja.

—Siempre —respondió Lyra con una risita—.

Pero seguro nos ve desde una esquina.

Kiro asintió con comprensión, luego sintió un palmeó en el hombro.

—Ven, Kirito.

Este será tu primer paso… hacia el mundo de los encargos.

¡Te prometo que no lo olvidarás!

Los pasos de Kiro y Lyra resonaban sobre el suelo mientras recorrían la sede, ahora considerablemente más limpia gracias al esfuerzo conjunto de las últimas semanas.

Aunque todavía quedaban rincones donde el polvo parecía formar parte de la decoración.

—¿A dónde vamos exactamente?

—preguntó Kiro, aún jadeante tras la jornada de limpieza.

—Al lugar donde comienzan las verdaderas aventuras… o al menos donde deberías empezar a elegirlas tú —respondió Lyra con un tono dramáticamente misterioso.

Caminaron hasta la gran escalera central de la sede.

Pero en lugar de subirla, Lyra dio un rodeo y se detuvo frente a una pequeña puerta empotrada en la pared bajo los escalones, casi invisible entre las sombras.

Kiro la miró con curiosidad.

—¿Eh?

¿Esto es… una alacena?

—preguntó, ladeando la cabeza.

—No, no, mi querido Kirito… —respondió Lyra alzando el índice con aire sabio—.

Esta es la Sala de los Encargos de Stella.

—¿¡La sala qué!?

—Sí, donde los valientes elegían su destino, donde se tomaban las decisiones que marcaban leyendas… aunque bueno, hace tiempo que nadie entra ahí —añadió con un tono desenfadado.

Kiro miró la puerta, luego a Lyra, y finalmente tragó saliva antes de girar el pomo.

Una nube de polvo se lanzó al mundo como si escapara de una prisión sellada, y Kiro fue el primero en recibir su castigo.

—¡Achú!

¡Achú-achú-ACHÚ!

—estornudó con desesperación, agitando las manos como si pudiera disipar el polvo con ellas.

—Oh, eso es buena señal.

Si estornudas al entrar, significa que la habitación te acepta —comentó Lyra, totalmente seria.

—¿Qué clase de lógica es esa…?

—Kiro entró con cuidado, cubriéndose la nariz.

La Sala de los Encargos era un cuarto estrecho y rectangular, repleto de estanterías de madera carcomida y mesas cubiertas con capas de polvo tan gruesas como un colchón.

Telarañas colgaban de cada esquina, y el olor a humedad era tan fuerte que parecía pegarse a la ropa.

—¿Desde hace cuánto no entran aquí…?

—preguntó Kiro, tosiendo entre cada palabra.

—Mmm… no sabría decirte exactamente… ¿cinco, seis añitos?

Tal vez más… pero, ¿realmente importa?

En Stella promovemos la libertad total.

¡Cada uno persigue su sueño como mejor le parezca!

—Sí, bueno… —Kiro miró alrededor, horrorizado—.

Parece que el sueño de todos era no volver a pisar este cuarto jamás.

En una de las mesas encontró un gran libro cubierto de ceniza y telarañas.

Lo abrió con cuidado, y una nueva nube de polvo le cayó directamente al rostro.

—¡ACHÚ!

¡ACHÚUUU!

—¡Bien, te acepta otra vez!

Kiro hojeó las páginas y notó una serie de inscripciones escritas a mano con tinta seca.

Se detuvo en una de ellas, con la fecha de emisión arriba: Encargo: Protección de caravana al distrito de agua baja.

Fecha: Hace 5 años.

Estado: Pendiente.

—¿Cinco años…?

—susurró Kiro, sus ojos temblando con incredulidad—.

¿Esto sigue aquí… sin que nadie lo haya tocado?

—¿Qué encontraste, Kirito?

—¡Un encargo que lleva esperando desde antes de que yo entrara a la Academia!

¡Esto es historia antigua!

¡¿Qué sigue?!

¿¡Un encargo de la era pre-guerra!?

Kiro retrocedió un paso, tragando saliva, su mano temblorosa apuntando a las estanterías cubiertas de polvo como si fueran ruinas malditas.

—Maestra Lyra… sinceramente… ya no me apetece tanto la idea de hacer encargos… Lyra le palmeó el hombro con una sonrisa comprensiva.

—No te preocupes, Kirito.

Aquí puedes elegir tu propio camino.

Si prefieres seguir entrenando o ayudando a tus compañeros, está bien también.

—Gracias… gracias de verdad —dijo con alivio.

—Aunque eso sí —añadió con tono travieso—.

Aquí dentro no solo hay polvo… hace años detectamos una especie de hongo flotante extraño, que puede provocar alucinaciones si respiras mucho tiempo sus esporas así que si no harás algún encargo, te recomiendo salir cuanto antes de la sala.

Kiro no esperó una palabra más.

Salió disparado de la sala como si lo persiguiera una maldición ancestral, sacudiéndose la ropa mientras jadeaba.

—¡No quiero volver nunca más ahí…!

Al día siguiente…

En la clase de Estrategias de Energía, Kiro, Ryu y Shizuki estaban sentados juntos como de costumbre, ahora los 3 eran un grupo más.

Kiro dibujaba círculos sin sentido en la pantalla holográfica, mientras Ryu revisaba su cuaderno.

—Ayer acepté un encargo —dijo Ryu de pronto, rompiendo el silencio.

—¿¡Qué!?

—saltó Kiro de inmediato—.

¡No, no, no, ni lo pienses!

Hacer encargos es una trampa, ¡una estafa cósmica!

Créeme, estás mejor entrenando.

No valen la pena.

Shizuki parpadeó, curiosa.

—¿En serio?

Yo quería intentar uno… ¿Cómo se aceptan?

—¿No tienes chip?

—preguntó Kiro.

—No… pero Noell me dijo que ayer Lyra le dio uno.

Kiro chasqueó la lengua.

—Habla con ella.

Pero cuidado… si te lleva a la Sala de los Encargos… puede que no regreses jamás… —¿Exageras un poco, no?

—dijo Ryu con una risa contenida.

—¡No has visto lo que yo vi!

—Kiro alzó un dedo al aire, dramático.

—Bueno… —Ryu se encogió de hombros—.

El mío estuvo tranquilo.

Solo tuve que ayudar a Kaede con una entrega de suministros al pueblo.

Kiro lo miró con escepticismo.

—¿Solo eso?

—Me pagaron 300 créditos.

Silencio.

Kiro abrió los ojos como platos.

Su mente parecía congelada por un instante.

Luego, una sonrisa traviesa y codiciosa apareció en su rostro como si un interruptor se hubiera activado.

Se levantó de golpe.

—¡Los encargos son lo mejor del mundo!

¡Voy a hacerlos todos!

¡Cada uno, hasta el último!

¡No dejaré uno sin cumplir!

¡Seré el maestro de los encargos!

Ryu y Shizuki lo miraron, confundidos.

—¿Hace dos segundos no los odiabas…?

—¡Eso era el yo pasado!

¡El yo actual tiene hambre y ambición!

—Los demonios aprueban tu motivación —dijo Shizuki con una sonrisa.

—¡Gracias, demonios imaginarios!

¡Este Kirito irá por el primer encargo real del emblema Stella en años!

Shizuki aplaudió suavemente.

— Yo te ayudaré, compañero del abismo.

Kiro apretó el puño con fuerza.

Había tomado una decisión.

No dejaría que su emblema se quedara atrás ni que la Sala de los Encargos fuera solo una leyenda enterrada en polvo.

Si nadie más se atrevía a revivirla… él lo haría.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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