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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 105

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  4. Capítulo 105 - 105 Capítulo 105 Una Misión después de Mil Lunas 22
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105: Capítulo 105: Una Misión después de Mil Lunas 2/2 105: Capítulo 105: Una Misión después de Mil Lunas 2/2 La ciudad de Aqua latía con vida bajo el cielo despejado.

El sonido de las ruedas de los carruajes, el tintinear de las campanas en los templos dedicados a Aiko, el murmullo constante del agua deslizándose por los canales… todo hacía sentir que el pueblo era más que una parada en el camino: era parte del mundo de Alfhaim en su forma más tranquila y encantadora.

Mientras Kiro y Noell caminaban por una calle adornada con faroles y macetas floridas, Kiro comenzó a notar algo curioso.

Varias personas —algunos adultos, otros jóvenes— los miraban al pasar.

Algunas miradas eran disimuladas, otras más directas.

—Oye… —comentó Kiro con tono despreocupado—.

¿Te pasa lo mismo o soy yo?

Siento que todos me ven como si me conocieran.

Noell se tensó.

Ajustó sus gafas y miró a su alrededor, claramente incómodo.

—Sí, también lo noté… —respondió en voz baja—.

Es que hay… hay muchos de la Academia por aquí.

Kiro arqueó una ceja.

—¿Cómo lo sabes?

—Estuve hablando con unos de mi clase —explicó Noell, ahora en tono más confiado—.

Me dijeron que la mayoría de estudiantes de Farhaim no viven en la Academia.

Casi todos se alojan aquí, en el pueblo Aqua.

Es el lugar más cercano y con mejores servicios… y más barato que los alojamientos dentro del campus.

—¡Así que por eso me ven con esta cara de: “yo te he visto en algún lado”!

—exclamó Kiro mientras se llevaba las manos detrás de la cabeza, mirando al cielo con una sonrisa—.

Yo pensaba que era por lo guapo.

Noell soltó una pequeña carcajada.

—Claro, claro… lo que tu digas.

Ambos rieron y siguieron avanzando por las calles adoquinadas, atravesando una plaza donde un grupo de niños jugaban con barcos de papel flotando por un canal.

Al fondo, cerca de donde el lago comenzaba a ensancharse, se alzaba un muelle de madera desgastada, con algunas casas pequeñas en sus costados.

—¿Es esta?

—preguntó Noell mirando el panel de su brazalete.

—Sí.

Número treinta y dos.

—Kiro se detuvo frente a una casa de madera de dos pisos, sencilla, pero bien cuidada.

Tenía macetas colgando con flores rosadas y una baranda vieja que crujía con el viento.

Kiro se acercó a la puerta y tocó dos veces.

—¿Hola?

¿Aquí vive Torae?

Hubo un momento de silencio.

Luego, la puerta se abrió parcialmente y un chico de unos doce o trece años asomó la cabeza.

Tenía el cabello desordenado y una expresión de sospecha.

—¿Quiénes son ustedes?

No quiero problemas —dijo con firmeza.

Kiro levantó ambas manos en señal de paz.

—Tranquilo, tranquilo.

No venimos a robarte tu casa ni nada.

Somos de la Academia Farhaim.

Venimos a hacer una entrega.

Noell sacó de su mochila una pequeña caja sellada con una cinta azul y el símbolo de Farhaim, y se la mostró al chico.

—Traemos las medicinas que solicitaron por encargo oficial.

El chico los observó por un momento y luego frunció el ceño, claramente decepcionado.

—Hmph… pensé que vendrían aventureros o algo así.

Pero ya que.

Kiro rio, alzó el pulgar con orgullo y una sonrisa amplia.

—¡Pues nosotros seremos aventureros pronto!

O mejor dicho, ¡exorcistas de élite en camino!

Así que técnicamente… somos geniales.

El chico cruzó los brazos, pero parecía menos a la defensiva.

—Bueno… igual gracias por la medicina.

Mi abuela la necesita.

Noell le entregó la caja y el chico la tomó con cuidado.

—¿Tú eres Torae?

—preguntó Kiro.

El chico negó con la cabeza.

—No.

Torae es mi abuela.

Está descansando.

Pero gracias por traer esto.

De verdad.

Sin decir mucho más, el chico cerró la puerta con suavidad, dejándolos en el porche.

Ambos chicos se miraron por un momento y luego chocaron los puños con una sonrisa triunfal.

—Misión completada —dijo Noell.

—¡Primera entrega del emblema Stella en años, y salió perfecta!

—añadió Kiro—.

¡Vamos a celebrarlo!

—¿Con un postre?

—¿Acaso hay otra forma?

Mientras caminaban de regreso al centro del pueblo, Kiro se abanicaba con su chaqueta.

—Hace un calor infernal… esto no es normal.

¿Qué pasa con el clima?

—Debe ser por la temporada —respondió Noell, revisando su brazalete para ubicar alguna heladería cercana—.

Este verano vino fuerte.

—¿Sabes qué estaría increíble ahora?

—comentó Kiro con ojos brillantes—.

¡Un helado de dos pisos!

Con frutas, crema y chispas… no, espera.

¡Con salsa de caramelo!

—Solo si invitas tú —bromeó Noell.

—¿Yo?

¡Pero los dos trajimos el encargo!

¡Ambos cobramos!

—respondió Kiro señalándolo, con indignación falsa.

—¡Y tú eres el líder en esta misión!

—¡Líder honorario!

Ambos rieron de nuevo mientras doblaban por una calle donde se veía un pequeño puesto de helados artesanales, atendido por una señora mayor con delantal floreado.

El cartel de madera decía “Helados del Espejo Celeste”.

—Este se ve perfecto —dijo Noell.

—¡Vamos!

La luz del atardecer se filtraba entre las copas de los árboles, dorando el empedrado del pueblo Aqua con reflejos cálidos.

El viento era suave, y las campanas de una iglesia cercana marcaban la hora.

Kiro y Noell estaban sentados en una pequeña mesa de madera fuera de la heladería, bajo una sombrilla blanca decorada con cintas celestes.

Habían elegido sentarse afuera para disfrutar del clima y del bullicio del lugar, donde familias, estudiantes y comerciantes paseaban tranquilamente por las calles.

—¿Cómo está el tuyo?

—preguntó Kiro, con la cara iluminada por la emoción.

Daba pequeñas lamidas a su enorme helado de chocolate.

—Tiene un sabor peculiar… es como dulce pero con algo salado —respondió Noell, observando su helado color azul traslúcido—.

Supuestamente este se llama “Aguas del Lago”.

No está mal.

Kiro rió con un tono relajado mientras estiraba las piernas bajo la mesa.

—Qué nombre más raro.

Pero bueno, al menos refresca.

Este calor sí que está fuerte.

—Sí… aunque creo que cuando terminemos, deberíamos regresar a la Academia.

No quiero que pase algo si llegamos tarde —dijo Noell mientras limpiaba con cuidado una gota de helado que amenazaba con caer sobre su pantalón.

Kiro lo miró con una ceja alzada.

—¿Volver tan pronto?

Vamos, Noell, no todos los días salimos al mundo real.

Mira cuánta vida hay aquí… ¡y cuántas cosas más podríamos probar!

Noell iba a replicar, pero justo en ese instante, tres figuras comenzaron a acercarse desde el otro lado de la calle.

Vestían un uniforme negro con líneas plateadas y en su pecho traian el escudo del emblema Inclementer bordado.

El que iba en el centro sonreía con una tranquilidad afilada.

—Hola, Kiro… ese es tu nombre, ¿no?

Kiro levantó la vista mientras aún tenía la cuchara en la boca.

Parpadeó, reconociendo al muchacho del centro.

—Tú… tú eres Darius Elinval.

¿El de la clase de técnica con espadas?

Darius sonrió, inclinando apenas la cabeza.

—Así es.

Me alegra que lo recuerdes.

No esperaba verte aquí.

—Tampoco yo.

Pero oye, eras fuerte —comentó Kiro con sinceridad—.

Para ser de primer año, tenías movimientos muy buenos.

—Gracias… viniendo de ti, me halaga —dijo con una media sonrisa.

Luego miró hacia Noell—.

¿Y este es tu amigo?

—Sí, Noell Sandrick, también de Stella.

Uno de los chicos que acompañaba a Darius, un joven de cabello rojo oscuro y gesto impaciente, se adelantó.

Observó a Noell con desdén y de pronto dio un paso muy cercano, forzando la incomodidad.

—Entonces ustedes son de Stella… —murmuró, y de pronto frunció el ceño—.

¡Oye!

¡Me manchaste la camisa!

Noell retrocedió instintivamente, confundido.

—¿Qué?

¡Yo no hice nada!

¡Imposible…!

Cuando miró, en efecto, una pequeña mancha de helado azul se deslizaba por la tela blanca.

Noell se puso nervioso al instante, sacando servilletas de forma torpe.

—P-perdón, no fue mi intención, te juro que no…

Déjame limpiarlo… Pero el chico apartó su mano con violencia.

—¡¿Qué te pasa, idiota?!

¿Estás diciendo que soy un mentiroso?

¡Este uniforme cuesta más de lo que tú ganas en un mes!

Kiro ya se estaba levantando.

Su expresión había cambiado por completo: los ojos, antes relajados, estaban fijos y fríos.

—Oye… ya basta.

Es solo una camisa.

No es para tanto.

Darius se cruzó de brazos, mirando la escena como si observara una obra de teatro.

—Kiro, creo que no entiendes.

Ese es Yoru Thirandor, nuestro superior.

De segundo año, hijo de la familia Thirandor, nobles de la región de Caru.

Y él —señaló al otro— es Caelus Maelis, también de sangre noble.

Yoru, el de la camisa manchada, habló con tono arrogante mientras limpiaba su pecho con una mueca de asco.

—¿Qué hacían aquí?

¿Una entrega?

¿Recogiendo basura?

Vaya, Stella ha caído bajo.

Enviar a los novatos a hacer el trabajo de los fracasados… Kiro apretó los dientes.

Su mano temblaba.

Dio un paso adelante.

—Lárguense ya.

Yoru lo ignoró y apuntó a Noell.

—Tú.

Págame la camisa.

Ahora.

O no saldrás de aquí caminando.

Kiro se adelantó, interponiéndose entre ambos.

Le tomó la muñeca a Yoru con firmeza, su mirada clavada en la de él.

—Te dije que te largaras.

Por un segundo, el ambiente se congeló.

—¿O si no qué, sin-apellido?

—preguntó Yoru, ladeando la cabeza con una sonrisa provocadora.

Kiro apretó el puño, a punto de golpearlo, cuando sintió a Noell abrazándolo por la espalda.

—¡Kiro, no lo hagas!

—le dijo con voz temblorosa—.

No vale la pena… por favor… En medio del forcejeo, ambos resbalaron con el borde de la mesa y los dos helados que sostenían cayeron.

Uno golpeó de lleno el pecho de Yoru, y el otro su cabello perfectamente peinado.

Un silencio sepulcral envolvió la calle.

Kiro y Noell se congelaron.

Yoru permaneció inmóvil unos segundos.

Bajó lentamente la mirada, observando la mezcla de chocolate y azul derramándose por su ropa y goteando por su frente.

Temblaba.

No por el frío, sino por la furia contenida.

Darius entrecerró los ojos, incómodo.

—Yoru… Yoru alzó la mano con la palma extendida hacia sus compañeros.

—Nos vamos.

Ahora.

—¿Qué?

¿Solo así?

—preguntó Caelus.

—Dije ahora.

Se dieron media vuelta.

Al alejarse, Yoru se detuvo un instante y miró sobre el hombro, apuntando a Kiro y Noell con dos dedos…

y luego deslizándolos por su propio cuello en un gesto de amenaza.

Kiro se quedó de pie, inmóvil, con los puños cerrados.

—Eso… no va a quedar así, ¿verdad?

—murmuró Noell.

—No… —respondió Kiro, mirando el horizonte—.

Esos sujetos de seguro volverán.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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