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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 106

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  4. Capítulo 106 - 106 Capítulo 106 Hazlos Pagar
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106: Capítulo 106: Hazlos Pagar 106: Capítulo 106: Hazlos Pagar El aula estaba envuelta en un murmullo constante de voces, tinteros y hojas arrugadas.

La tarde se colaba por las ventanas del edificio principal de la Academia Farhaim, mientras los estudiantes terminaban sus ejercicios de clase.

Kiro, Ryu y Shizuki estaban sentados juntos al fondo, relajándose tras haber terminado su tarea antes que la mayoría.

—Oye, ¿y si hacemos algo que revolucione el mundo?

—preguntó Kiro, cruzando los brazos detrás de su cabeza y mirando al techo—.

Algo que cambie la historia… como una máquina de entrenamiento automática o algo así.

Shizuki se irguió como si acabara de tener una epifanía.

—¡¡Ya lo tengo!!

¿Y si hacemos que los caballos puedan volar?

¡Podemos ponerles propulsores mágicos!

¡Los Jinetes del Apocalipsis modernos!

Kiro frunció el ceño.

—Eso no tiene ningún sentido.

¿Estás bien, Shizuki?

—¡Es perfectamente lógico!

Imagínalo: fuego saliendo de los cascos, alas de acero…

¡Serían legendarios!

—Bueno, voladores o no, no sé si alguien quiera estar montado encima de un caballo que explota cada vez que pisa el suelo —bufó Kiro.

Ryu, más neutral, asintió lentamente.

—La idea está loca… pero no suena tan mal.

Aunque, ¿qué tal si vamos por algo más… realizable?

—¿Como qué?

—preguntó Kiro, curioso.

—¿Y si mejoramos nuestros brazaletes?

—sugirió Ryu—.

Agregarle algo para que puedan grabar sonidos.

Como un micrófono o algo que permita reproducir grabaciones.

Kiro chasqueó los dedos.

—¡Eso sí que suena útil!

Seríamos como… como espías.

Imagínate poder grabar a alguien y luego reproducirlo para atraparlo mintiendo.

—Sería como un libro de detectives —añadió Shizuki, entre risas—.

“¡Detective Kiro en acción!” —¡Me gusta!

—exclamó Kiro—.

Después de clases hablaré con Noell, seguro puede hacer algo así.

Ese tipo tiene un genio en la cabeza.

Además, le tengo que devolver un lápiz que me prestó esta mañana.

Se me olvidó el estuche otra vez…

—Eres un caso perdido, Kiro —bromeó Ryu.

—¡Eh!

¡Respeto al líder visionario!

Al terminar las clases, los pasillos de la Academia se llenaron de estudiantes recogiendo sus cosas.

Noell caminaba tranquilo hacia la salida, ordenando sus libros con sumo cuidado.

Cuando llegó a su casillero, notó algo fuera de lugar.

Había un pequeño papel doblado con su nombre escrito en tinta azul.

—¿Hmm…?

—murmuró mientras lo abría.

“La maestra Lyra necesita hablar contigo.

Reúnete con ella en el patio trasero del edificio A.

Es urgente.” Noell arqueó una ceja, ajustando sus gafas con el dedo.

—¿La maestra Lyra?

¿Por qué aquí?

—Se encogió de hombros—.

Quizá es algo de mis notas… No sospechó demasiado.

Aunque algo en su estómago le decía que algo no cuadraba, esa vocecita fue ahogada por la costumbre de seguir reglas.

Tomó su mochila y se dirigió hacia el lugar indicado.

El patio trasero del edificio A estaba desierto.

La luz comenzaba a menguar, y largas sombras se proyectaban desde las columnas y árboles.

Noell miró alrededor.

Su caminar era lento y sus pasos resonaban contra el empedrado.

—¿Maestra Lyra…?

—llamó.

Al avanzar, notó un pequeño callejón entre dos muros, una zona olvidada de la Academia.

El viento frío soplaba desde allí.

Tragó saliva.

Algo no andaba bien.

—¿Maestra Lyra, está ahí…?

—preguntó con voz temblorosa.

Y entonces lo sintió.

Un cambio en la presión del aire.

Se giró de golpe… y allí estaban.

Darius.

Yoru.

Caelus.

Los tres, uno al lado del otro, bloqueaban la salida del callejón.

Darius llevaba una sonrisa que helaba la sangre.

—Hola, Noell.

—¿Q-qué… quieren?

—preguntó, retrocediendo con torpeza—.

¿Qué hacen aquí?

Darius chasqueó los dedos, y de pronto, un muro semitransparente de energía cubrió ambos extremos del callejón, cerrándolos dentro.

Estaban atrapados.

—Fuiste muy tonto al venir aquí solo —dijo Yoru, avanzando lentamente—.

Aunque supongo que no podíamos esperar mucho más de alguien como tú.

—¡Esto es una trampa!

¡Ustedes…!

—Claro que lo es —le interrumpió Caelus, riendo entre dientes.

Yoru estiró la mano, y con un simple gesto, el suelo se cubrió de hielo.

Noell intentó correr, pero sus pies quedaron aprisionados en el hielo.

Una silla congelada se formó detrás de él y lo obligó a sentarse de golpe, inmovilizado.

—Vamos a darte una lección… por lo que hiciste —dijo Yoru, inclinándose hasta quedar cara a cara con él—.

Por mancharme.

Por no disculparte.

Por faltarnos el respeto, no solo a mi, sino a todo mi emblema.

—¡Ya me disculpé!

¡Fue un accidente…!

—No nos importa, genio.

Darius se acercó lentamente, su tono afilado como una navaja.

—Después de hoy… no volverás a pisar la Academia con la misma cara.

Esto te dejará cicatriz.

Noell respiraba con dificultad.

Quería gritar, pero algo dentro de él se quebraba.

Mientras tanto, Kiro caminaba por los senderos cercanos al edificio A, observando su brazalete.

Había estado afinando su habilidad para percibir energía, un ejercicio que el maestro Zimmerman le había recomendado para aumentar su sensibilidad y control.

—Hmm… su energía está cerca —murmuró, sintiendo el leve rastro de Noell—.

¿Qué hace Noell detrás del edificio…?

¿No dijo que regresaría a la sede?

Siguió avanzando.

Cada paso lo sentía más inquieto.

El ambiente estaba cargado, algo no cuadraba.

El flujo de energía… estaba distorsionado.

—Esto no es bueno —dijo, acelerando el paso.

Dobló la esquina… y se detuvo.

Una barrera cubría el acceso al oscuro callejón.

Kiro entrecerró los ojos.

Su corazón comenzó a latir más fuerte.

—¡Noell…!

El escudo de energía frente a Kiro palpitaba con una energía desconocida, densa como niebla negra.

No podía ver claramente qué había dentro, pero sentía la energía de Noell… debilitándose.

—No… ¡Noell!

Su respiración se agitó, sus manos se cerraron en puños temblorosos.

Y entonces lo oyó.

Golpes.

Quejidos.

Risas.

El sonido lo atravesó.

Su corazón comenzó a latir con fuerza, como si algo dentro de él se quebrara.

Toda la energía en su cuerpo se acumuló de golpe, explotando desde su centro como un torrente dorado.

Su ojo izquierdo se tornó oscuro, casi negro como la noche, y una voz resonó en su mente con una claridad absoluta: “Hazlos pagar” —¡AAAAAAAAHHHHH!

—Kiro rugió, el suelo bajo sus pies se resquebrajó por la presión.

Sin pensar, su cuerpo se lanzó al frente.

Golpeó con su brazo izquierdo el escudo… y lo destruyó.

La barrera se partió como un cristal, con un estallido seco que sacudió el aire.

El brazo de Kiro comenzó a sangrar al instante; un corte profundo le cruzaba desde el hombro hasta el antebrazo, como si el escudo se hubiera defendido antes de romperse.

—Tch… ¿qué… fue eso?

—dijo Darius, retrocediendo un paso.

Kiro caminaba con la mirada clavada en ellos, su cuerpo temblaba por la energía que liberaba.

Una energía luminosa, pero inestable, muy peligrosa.

—¡Yoru!

—gritó Caelus, pero el aludido ya se giraba para contraatacar.

Yoru extendió su mano con una esfera de hielo oscuro en ella, apuntando directamente a Kiro.

Pero Kiro lo vio… lento.

—¿Qué lento…?

¿Esto es todo?

—pensó Kiro mientras el mundo parecía moverse a cámara lenta.

En un instante, saltó al aire.

Su cuerpo trazó una línea brillante y descendió como un relámpago sobre Yoru, descargando un puñetazo directo al rostro.

¡BOOM!

El golpe resonó en todo el callejón.

Yoru salió disparado hacia atrás, su cuerpo rebotó contra el muro del fondo y luego impactó contra el escudo, aún levantado por Darius.

La energía de Kiro retumbó, empujando a Yoru con tanta violencia que el escudo se rompió en mil fragmentos brillantes.

¡CRAAACK!

Yoru cayó al suelo, inconsciente durante unos segundos.

Kiro aterrizó mal, su cuerpo trastabilló.

El exceso de energía empezaba a pasarle factura.

Cayó de rodillas y jadeó.

Su ojo volvió a la normalidad.

—M-mi brazo… no lo siento… —murmuró con dificultad.

El dolor lo azotó como una ola.

Le dolía todo.

Respirar era como tragar cuchillas.

—¿Qué… hice…?

Darius y Caelus lo miraban, pálidos, paralizados.

La rabia, el miedo, el asombro, todo se mezclaba en sus rostros.

Yoru comenzó a moverse, escupió sangre al suelo con un gruñido de furia, arrojando un diente.

—Tú… ¡maldito… bastardo…!

¡Esto no quedará así!

Kiro no respondió.

Apenas podía mantenerse de pie, pero su mirada seguía fija.

Luego la desvió… y allí vio a Noell.

Tendido en el suelo, cubierto de moretones.

Su cara estaba hinchada, el uniforme desgarrado y el labio partido.

Con un solo ojo medio abierto, miró a Kiro con debilidad… y se desmayó.

Kiro sintió cómo su estómago se retorcía.

Apretó los dientes con fuerza.

—Noell… Reuniendo cada chispa de energía que le quedaba, se alzó una vez más.

Las piernas le temblaban.

Sus brazos parecían de plomo.

Pero se puso en guardia, aunque apenas podía alzar los puños.

—N-no dejaré… que continúen con esto… —¡Darius, Caelus!

¡Que no escapen!

—ordenó Yoru, mientras se limpiaba la sangre de la boca.

Ambos asintieron.

Darius comenzó a generar una cadena de energía oscura entre sus manos, mientras Caelus preparaba una ráfaga cortante de energía.

Yoru dio un paso al frente, la rabia marcando su rostro.

—Tú… no vas a salir caminando de aquí, mocoso insolente.

Déjame enseñarte a respetar tu lugar.

Con un movimiento fugaz, apareció delante de Kiro.

¡THUD!

Un puño golpeó su brazo derecho.

¡CRACK!

El impacto fue tan fuerte que Kiro soltó un grito ahogado y cayó hacia atrás, pero antes de tocar el suelo… ¡BAM!

Un puñetazo en el estómago lo dobló en seco, haciéndole escupir saliva y sangre.

Kiro intentó devolver un golpe, pero su cuerpo ya no le respondía.

Su puño ni siquiera rozó a Yoru.

Y entonces, comenzó la golpiza.

¡THUD!

¡BAM!

¡CRACK!

Golpe tras golpe, patada tras patada, Kiro caía una y otra vez.

Cada vez que intentaba levantarse, una bota lo devolvía al suelo.

Su cara sangraba.

Su ropa estaba hecha rasgada.

Su cuerpo se sacudía con cada impacto como un muñeco de trapo.

—¡Tú… te crees un héroe!

—gritó Yoru, pateándolo en el estómago—.

¡No eres nada!

¡Nadie!

¡Sólo un insecto sin apellido!

Kiro ya no podía ver con claridad.

Todo era un remolino de sangre, dolor y ruido.

Su mente se nublaba.

Solo escuchaba ecos… golpes… su respiración entrecortada.

—Noell… Intentó mover un dedo.

No pudo.

Yoru alzó la pierna, dispuesto a terminarlo de una patada más en la cabeza.

Y entonces… Se oyó un ruido seco.

Una piedra golpeando el muro.

Yoru se detuvo, con el ceño fruncido.

Una voz serena, helada como el filo de una espada, resonó en el aire del callejón: —Deberías detenerte ahora.

Delante de Yoru, una figura delgada se alzaba entre las sombras del final del pasillo.

Su silueta femenina caminaba sin apuro, paso firme, cada pisada resonando en el suelo como tambores de juicio.

Su cabello morado pálido, atado a un lado, se movía como una llama viva, y sus ojos verdes…

ardían.

De vez en cuando, una chispa morada cruzaba sus pupilas como un rayo.

Rei Velmoria.

Tercer año.

Miembro de Stella.

Y para muchos…

la más peligrosa.

—¿Qué se supone que estás haciendo con él?

—su voz era calmada, pero fría, no dudaría en acabar con él de ser necesario.

Yoru levantó el pie sobre la cabeza de Kiro, sin inmutarse por su llegada.

—Esto no es tu asunto, Velmoria.

Apártate antes de que tengas el mismo destino.

—No me hables como si fueras superior —dijo Rei con una sonrisa sin rastro de humor—.

Si das un paso más… serás tú quien necesite ayuda para recordar su nombre.

Yoru bajó el pie para aplastar a Kiro.

¡CRACK!

Un relámpago morado cruzó el aire.

El impacto lanzó a Yoru hacia atrás como un muñeco, su cuerpo giró por los aires hasta caer a los pies de Caelus y Darius.

Una descarga eléctrica comenzó a sacudirlo como un títere atado a una batería viva.

Sus músculos se tensaron, grito de dolor.

—¡Yoru!

—gritaron los otros dos, pero nadie se atrevió a acercarse.

Rei caminó con lentitud hacia el centro del caos.

A su alrededor, pequeños rayos chispeaban en el aire como serpientes vivas.

Su cuerpo parecía flotar entre las vibraciones de su propia energía.

Se paró frente a Kiro y su expresión cambió.

Por un instante, algo parecido a la preocupación cruzó sus ojos.

Sus manos temblaron, pero se cerraron en puños para controlar la rabia.

—Si saben lo que les conviene, se rinden ahora.

O conocerán mi verdadero poder.

Yoru, aún temblando, se arrancó las chispas de encima con una descarga de su propia energía y se puso de pie tambaleándose.

—¡Maldita bruja…!

¡Esto no va a quedar así!

¡Pagarán por esto!

Yoru se lanzó hacia Rei con los ojos desorbitados, la furia consumiéndolo.

Rei se preparó, sus dedos se cargaron con energía morada.

Iba a derribarlo en un solo golpe.

Pero alguien más se interpuso.

Una nueva figura se deslizó desde la esquina del callejón, deteniéndose justo entre ambos.

Era alto, de porte noble y elegante.

Su cabello negro azulado caía en ondas sobre sus hombros, y sus ojos dorados brillaban como el sol entre las sombras.

Dante Virellan.

Tercer año.

Miembro del emblema Inclementer.

Y uno de sus pilares más fuertes.

—Vamos, Yoru, no rebajes más la imagen de nuestro emblema —dijo con una sonrisa educada, aunque falsa—.

Deja de rebuznar como cerdo herido y compórtate.

Rei bajó la guardia solo un poco, sin fiarse.

—Vaya, por fin aparece alguien interesante.

Si buscas pelea, te la daré encantada.

Dante se llevó una mano al pecho con gesto teatral.

—No, no, por favor.

No tan rápido.

Los plebeyos como tú siempre saltan a los golpes.

Tanta pasión, tan poca educación.

Nosotros, en cambio, somos gente de clase.

Educados.

Nobles.

Rei chasqueó la lengua.

Un tic se apoderó de su ojo izquierdo mientras se esforzaba por no dejarse llevar por la provocación.

—Ve al grano, Virellan.

¿Qué quieres?

La sonrisa de Dante se ensanchó.

—Simple.

Que resolvamos esto como personas civilizadas.

Nosotros, el emblema Inclementer, declaramos la guerra oficial al emblema Stella.

El silencio cayó de golpe.

Incluso Yoru dejó de moverse.

Darius y Caelus intercambiaron miradas de desconcierto.

Rei, por su parte, frunció el ceño.

—¿Estás loco?

—No —respondió Dante con calma—.

Según las normas de la Academia, los emblemas pueden resolver disputas mediante enfrentamientos formales.

Una batalla campal entre ambos equipos.

Dentro de dos semanas.

El ganador se lo lleva todo.

—¿Todo…?

—Rei entrecerró los ojos.

—Créditos, reputación, beneficios, privilegios, estrellas…

todo.

Una disputa limpia.

Sin lloriqueos.

Rei miró a Kiro en el suelo, inconsciente, cubierto de sangre.

Luego a Noell, desmayado.

Luego al rostro sonriente de Dante, más falso que una moneda de madera.

No tenía opción.

Si no aceptaba, llamarían al director.

Harían ver que Kiro comenzó la pelea.

Yoru es noble, Caelus también.

El emblema Inclementer era respetado, con influencias en la Academia.

Stella, en cambio… estaba en el fondo del barril, apunto de ser desechado.

Podían disolver su emblema si esto iba por vías administrativas.

“Malditos nobles y su juego sucio… No me dejan otra opción.” Dante dio un paso más cerca, con tono tranquilo pero afilado.

—¿Entonces?

¿Tienen el valor para defender su honor?

¿O prefieren que resolvamos este problema con el director?

Rei cerró los ojos.

Su puño temblaba.

Sus palabras, sin embargo, salieron claras.

—…El emblema Stella entra en guerra contra Inclementer.

La energía a su alrededor estalló por un segundo, como un relámpago contenido.

—El ganador… se queda con todo.

Dante sonrió.

—Lo ves.

Así se habla.

¿Ves que cuando se razona, todo puede resolverse?

Buena suerte, Stella… van a necesitarla.

Dante se dio media vuelta y con una seña, los otros tres lo siguieron.

Mientras caminaban fuera del callejón, Yoru volvió a mirar por encima del hombro y escupió al suelo.

—Nos vemos en el campo de batalla, escoria.

Los pasos se alejaron… y el silencio volvió.

Rei cayó de rodillas junto a Kiro.

—Idiota… —susurró, mientras colocaba su mano sobre su pecho—.

¿Por qué siempre tienes que actuar sin pensar?

Un pequeño zumbido eléctrico flotó en el aire mientras cerraba los ojos con fuerza.

La guerra entre los emblemas había comenzado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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