Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 107
- Inicio
- Todas las novelas
- Hikari no Unmei: El Destino de Luz
- Capítulo 107 - 107 Capítulo 107 Reunión de Emergencia
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
107: Capítulo 107: Reunión de Emergencia 107: Capítulo 107: Reunión de Emergencia El dolor era leve, pero persistente.
Kiro abrió los ojos con dificultad, la luz de la ventana se filtraba entre las cortinas con una suavidad extraña.
Estaba acostado en una camilla de sábanas blancas, la habitación olía a hierbas curativas y desinfectante.
Cuando intentó moverse, un pinchazo le recorrió los músculos.
Estaba vendado en el torso, con parches sobre su mejilla y una venda que le cruzaba la frente.
—Ugh… ¿qué pasó…?
—murmuró, llevándose una mano a la cabeza.
Se incorporó poco a poco, sintiendo cada fibra de su cuerpo quejarse con pereza.
Miró a través de la ventana.
Por un momento, se permitió creer que todo había sido un mal sueño.
Hasta que la enfermera apareció.
—Oh, así que el héroe despertó —dijo con una voz suave, mientras se ajustaba los lentes redondos.
Su cabello castaño estaba recogido en un moño apretado y su delantal blanco impecable la hacía parecer aún más estricta—.
¿Cómo te sientes, Kiro?
Kiro sonrió, aunque con cierta torpeza.
—Mejor…
supongo.
Me duele todo, pero creo que ya estoy bien.
Gracias por curarme.
La enfermera cruzó los brazos y lo miró con una mezcla de simpatía y cansancio.
—Te tengo tan fichado que ya sé cuándo vas a venir antes que tú mismo.
Cada vez que terminas uno de tus “entrenamientos especiales” terminas con hematomas, torceduras o alguna pequeña fractura.
Pero esto último…
ha sido de otro nivel.
—Son cosas que pasan —rió Kiro con nerviosismo, rascándose la nuca mientras desviaba la mirada.
—No debería pasar tan seguido.
Pero bueno, al menos no te quedarán cicatrices gracias a mi tratamiento.
Dales las gracias a tus células y a tu compañera Rei, que te trajo cargando como si fueras una mochila en un instante.
Kiro se encogió de hombros.
—Sí…
gracias a ella…
—Puedes irte si te sientes bien.
Pero no vuelvas pronto, ¿sí?, no quiero tener que vendarte por completo ahora.
—¡Intentaré!
—respondió Kiro con una sonrisa, bajando de la camilla.
Salió de la enfermería con paso algo tambaleante, pero seguro.
Se sintió extraño estar solo después de lo que había pasado.
El aire de la Academia se sentía más denso… o tal vez era su cuerpo el que aún no se recuperaba del todo.
Cuando llegó a la sede del emblema Stella, notó que todo estaba…
demasiado silencioso.
Demasiado.
Caminó por el pasillo principal, pero no encontró a nadie.
Ni Noell.
Ni Rei.
Ni siquiera Xia corriendo de un lado a otro para fastidiar a alguien.
Solo el eco de sus pasos.
“¿Dónde están todos…?” Fue entonces cuando escuchó un murmullo lejano, como de voces discutiendo.
El sonido provenía desde lo alto.
Subió al segundo piso, pasó frente a las habitaciones, pero no venía de ahí.
Había una escalera que nunca antes había pisado, polvorienta y mal iluminada, subía hasta el tercer piso de la sede.
Un lugar desconocido para él.
—¿Siempre hubo un tercer piso…?
—se preguntó.
Subió con paso lento.
El polvo le hacía cosquillas en la nariz y el aire estaba cargado de desuso.
Hasta que, al final del pasillo, encontró algo extraño: una doble puerta perfectamente limpia y reluciente, contrastando con el resto del piso en ruinas.
Se escuchaban voces dentro.
Kiro empujó con cuidado las puertas.
Al entrar, se encontró con una escena que no esperaba.
Una sala de laboratorio: mesas metálicas, estanterías llenas de herramientas, tubos de ensayo flotando en cristales y una gran mesa circular al centro.
Luz natural caía desde una cúpula superior de cristal.
Sin duda, era el lugar más avanzado y mejor diseñado de toda la sede… aunque el ambiente se sentía muy pesado.
Allí estaban: Rei, sentada al frente, con los brazos cruzados y el rostro más serio que Kiro le había visto.
Shizuki, de pie a su derecha, con las manos entrelazadas, visiblemente tensa.
Noell, con el rostro aún lleno de parches, estaba sentado y cabizbajo.
Xia, como siempre, parecía divertida…
pero había algo en su sonrisa que parecía contener furia.
Silfy, temblando ligeramente en una esquina, sus manos jugueteaban con un mechón de cabello, su respiración era rápida.
Kiro tragó saliva.
No había ambiente de equipo.
Era como si hubieran perdido una guerra.
Hasta que habló una voz desde el fondo de la sala.
—Bienvenido, Kirito —dijo Lyra, cruzada de brazos en la pared del fondo, con su sonrisa habitual ausente.
Sus ojos de estrella brillaban con una intensidad oscura, como si fueran dos astros a punto de apagarse—.
Ahora que estás aquí… podemos comenzar oficialmente la reunión del emblema Stella.
Kiro avanzó hasta tomar asiento.
El aire era denso, pesado, eléctrico.
—¿Qué… qué está pasando?
—preguntó, aún sin saber si quería o no la respuesta.
Rei se puso de pie.
—Lo que está pasando, Kiro… es que oficialmente… nos han declarado la guerra.
—¿Q-qué dijiste…?
—Kiro balbuceó, de pie junto a la mesa redonda—.
¿Nos declararon la guerra…?
Un escalofrío recorrió su espalda.
Todo su cuerpo se tensó al escuchar esa palabra de labios de Lyra.
El ambiente en el laboratorio era más pesado que nunca.
—Sí —respondió Lyra con voz calmada, pero seria—.
Hace unas horas, el emblema Inclementer presentó la solicitud oficial.
Según las reglas de la Academia, ambos líderes deben acordar los términos del enfrentamiento.
Tendremos una reunión con el director Leonardo Capella para definirlo.
Pero lo que ya es seguro… es que será una guerra campal entre emblemas.
Kiro frunció el ceño.
—No importa quiénes sean.
¡Ganaremos!
—exclamó, con los puños apretados.
El silencio que siguió fue más ensordecedor que cualquier grito.
Xia miró a otro lado, Shizuki sonrió apenas…
pero el resto no dijo nada.
Ni Noell, ni Silfy, ni siquiera Rei.
Solo se percibía la tensión, la duda…
el miedo.
Kiro tragó saliva, sintiendo cómo la seguridad se le escapaba.
—Tenemos una gran desventaja —continuó Lyra, mirando a todos con los brazos cruzados—.
Inclementer no solo tiene más fuerza, también tiene más miembros.
Ellos cuentan con doce alumnos activos, muy capaces…
mientras que nosotros, apenas ocho.
Y con Sanha ausente, puede que seamos incluso siete o menos.
Y si perdemos…
Hizo una pausa.
—…el emblema Stella será disuelto.
Eso fue como un latigazo para todos.
Silfy alzó la cabeza, pálida.
Noell abrió los ojos con asombro, incapaz de decir nada.
Xia bajó su sonrisa y miró a Rei.
Shizuki apretó con fuerza el borde de la mesa.
—¿D-disueltos…?
—preguntó Xia, dejando caer un mechón de cabello sobre su rostro—.
¿Estás diciendo que Stella desaparecerá?
—Así es —respondió Lyra sin rodeos—.
Esta guerra es todo o nada.
Y la verdad…
el director solo permitió esto porque Inclementer tiene una posición firme en la Academia.
Si nos negamos ahora, no solo perderíamos respeto.
También podríamos perder nuestra sede en un instante.
Las reglas lo permiten.
—¡Eso es inaceptable!
—Kiro golpeó la mesa con el puño—.
¡No podemos dejar que eso pase!
¡Este lugar…
esta sede… es nuestro hogar ahora!
Rei cerró los ojos.
Había algo de dolor detrás de su fachada indiferente.
—Ya no hay nada que podamos hacer —dijo Lyra con tono melancólico—.
Aun así, quiero saber qué piensan.
Es su derecho.
Esta decisión no recae solo en mí.
Quiero escuchar la voz de cada uno como miembros de Stella.
¿Quieren luchar?
¿O prefieren mantenerse al margen?
Kiro no dudó.
—¡Debemos pelear!
¡Quiero proteger este lugar!
Entrenaremos.
Seremos más fuertes que ellos.
No importa cuántos sean o qué tan poderosos sean.
¡Podemos hacerlo!
Rei giró su rostro lentamente hacia él, sus ojos verdes parpadeando con energía contenida.
—Kiro —dijo en voz baja, pero firme—.
Cállate.
—¿Qué…?
—Kiro la miró confundido—.
Si no luchamos perderemos todo.
—Y si luchamos también lo perderemos todo, ¿qué diferencia tiene?.
Tu entusiasmo no ayuda.
No ahora.
Esa positividad tuya… —Rei cerró los ojos—.
Es desagradable en este momento.
Kiro se quedó mudo.
La sala cayó en un silencio incómodo.
Entonces, Rei se puso de pie.
—Escúchenme.
Levanten la mano los que quieran luchar —ordenó.
Hubo unos segundos de duda.
Kiro alzó la mano sin titubear.
Xia lo siguió con una sonrisa confiada.
—¡Obvio que sí!
¡Quiero romperle los dientes a esos imbéciles!
¿Desde cuándo hay que pensarlo tanto?
El resto…
se quedó inmóvil.
Shizuki miraba a todos, insegura.
Sus ojos viajaban de Kiro a Rei, luego a su anillo, luego a Lyra.
Noell bajó la cabeza.
Silfy se mordía los labios, sin poder levantar la vista.
Rei los observó.
Con esa expresión neutral que no permitía saber si estaba decepcionada o resignada.
—Entonces…
ya está decidido —dijo—.
El emblema Stella no quiere luchar.
Solo dos levantaron la mano.
Somos débiles.
Estamos en el último lugar del ranking.
Y nos enfrentamos al segundo emblema más poderoso de la Academia.
Negarme a una guerra que ya está perdida es…
lo más lógico.
Kiro dio un paso al frente, su voz temblaba.
—¡¿Y qué hay de lo que somos?!
¡¿De lo que podemos llegar a ser?!
¡No podemos rendirnos así!
—¡Basta, Kiro!
—gritó Rei con autoridad—.
¡Esto no es un juego!
Aquí no estamos hablando de un simple entrenamiento.
Ya no importa si luchamos, nos hicieron jaque mate y solo estamos retrasando el final.
Él calló.
Pero sus ojos ardían con fuego.
—No podemos entrenarnos al nivel de Inclementer en dos semanas.
No tenemos tiempo.
No tenemos recursos.
Ni siquiera queremos pelear —dijo Rei, volviendo a sentarse—.
Y yo no pondré mi orgullo por encima de la verdad.
Kiro miró a los demás.
Noell, que lo miraba con dolor.
Silfy, que evitaba el contacto visual, mirando hacia abajo.
Shizuki, que temblaba, deseando hacer algo…
pero incapaz de romper su miedo.
Y Xia, cruzada de brazos, frustrada de ser la única en pie junto a él.
Un nudo se formó en su garganta.
Lyra se acercó lentamente, con la mirada más apagada de lo habitual.
—Entonces…
guarden sus cosas.
Si todo se mantiene así, el emblema Stella será historia.
Aún podrán asistir a clases, entrenar, pero…
no serán más parte de un emblema.
Kiro sintió como si le clavaran una lanza en el pecho.
Dio un paso atrás.
—…¿Así termina todo?
—susurró.
Lyra lo miró de lado.
—A veces, Kirito… hay cosas que no se pueden ganar solo con voluntad de uno.
Kiro bajó la cabeza.
Su puño apretado temblaba.
Pero mientras los demás comenzaban a retirarse uno a uno, él murmuró con los dientes apretados: —No pienso rendirme.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com