Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 108
- Inicio
- Todas las novelas
- Hikari no Unmei: El Destino de Luz
- Capítulo 108 - 108 Capítulo 108 El Comunicado
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
108: Capítulo 108: El Comunicado 108: Capítulo 108: El Comunicado El cielo, antes claro y brillante, se hallaba cubierto de nubes oscuras que traían consigo un aire denso, cargado de una melancolía pesada.
Aunque no llovía, el ambiente en la Academia Farhaim parecía llorar por dentro.
Como si el propio mundo supiera que algo importante estaba por romperse.
En el aula, los estudiantes escribían apuntes o charlaban en voz baja, aprovechando los minutos libres que el maestro había concedido.
Pero entre todos, había uno que apenas parecía presente.
Kiro estaba recostado sobre su mesa, con los brazos cruzados debajo de la cabeza.
Su rostro apuntaba hacia la ventana, pero su mirada estaba perdida más allá del cristal empañado por la humedad.
Sus ojos se notaban apagados, sin el brillo chispeante de siempre.
Sus músculos dolían, su espíritu también.
La derrota no había sido en batalla… sino en confianza.
A su lado, Ryu lo observaba con el ceño ligeramente fruncido, preocupado.
En la otra esquina, Shizuki también había tomado asiento, pero en vez de sus usuales poses teatrales o sus bromas demoníacas, permanecía en silencio, encorvada sobre sus libros.
Apretaba su lápiz con fuerza, sin escribir una sola palabra.
—Kiro… —dijo Ryu en voz baja, ladeándose hacia él—.
¿Te pasa algo a ti y a Shizuki?
Se ven tristes… y no es por las clases, porque estas eran fáciles.
Si necesitas algo dime… ya sabes que estaré encantado de ayudar.
Kiro abrió lentamente un ojo y giró la cabeza hacia él.
Una leve sonrisa cansada apareció en sus labios.
—Eres un buen amigo, Ryu… Ojalá estuvieras en mi emblema.
—Su voz sonó más débil de lo normal.
Ryu frunció el ceño, intrigado.
—¿Qué pasó?
Kiro se incorporó lentamente, soltando un suspiro profundo.
Aún le dolía el cuerpo de la pelea contra Yoru, pero lo que más pesaba era el corazón.
—Tuve una pelea con unos del emblema Inclementer.
Bueno… más bien nos tendieron una trampa.
Pero por cómo pasaron las cosas, terminaron declarando una guerra de emblemas contra nosotros.
Ryu alzó las cejas, sorprendido.
—¿¡Guerra de emblemas!?
—Sí… Y el problema es que… nadie de mi emblema quiere pelear.
Nadie, excepto Xia y yo.
Pero Xia ni siquiera ha aparecido en días.
No sé cómo organizar nada si ni siquiera tengo a los míos conmigo.
Me siento…
no se… ¿agotado?.
Ryu se quedó callado por un momento.
Luego, una sonrisa segura apareció en su rostro.
—No te preocupes.
Confío en ti.
Estoy seguro de que ganarán.
Le levantó el pulgar con una energía contagiosa, imitando a como lo solía hacer Kiro.
Kiro lo miró, y por primera vez en todo el día, su expresión se iluminó ligeramente.
—Gracias, Ryu.
En serio.
—Y si están en problemas, podría hablar con alguien de mi emblema.
Quizás podríamos ayudarlos un poco.
Entrenamiento, estrategia… algo podemos hacer.
Nadie quiere que Inclementer se crea invencible, ¿verdad?
Kiro asintió.
—Eso ayudaría, pero…
nadie de mi equipo me escucha ahora.
Rei dijo que no tiene sentido pelear.
El resto bajó la cabeza.
Y yo…
ya no sé cómo hacerlos reaccionar.
Ryu cruzó los brazos.
—¿Y Shizuki?
¿Ella tampoco?
Kiro la miró de reojo.
Ella mantenía la vista baja, trazando círculos con la pluma sobre la hoja vacía.
Parecía completamente ausente.
—No lo sé.
Está rara… parece que no quiere hablar conmigo.
Creo que me está evitando desde la reunión.
Ryu inclinó la cabeza.
—No creo que sea eso.
Más bien… parece que está tan confundida como tú.
Quizás deberías hablar con ella.
Un ratito, aunque sea.
—Tal vez, pero no sé cuándo.
—Kiro dejó caer la cabeza sobre el pupitre otra vez—.
El tiempo se me va volando… y en menos de dos semanas será el enfrentamiento.
Ryu lo miró con firmeza.
—Entonces, para que puedas entrenar tranquilo… yo haré toda tu tarea estas dos semanas.
Kiro levantó la cabeza de golpe.
—¿¡Qué!?
—Lo que oíste.
No quiero que desaparezca el emblema Stella.
No quiero que tú desaparezcas.
Así que ponte a reunir a los tuyos y entrena.
¡Yo me encargo de la parte aburrida!
Kiro se quedó sin palabras.
Luego, sonrió.
Una sonrisa de verdad.
—¡Ryu!
Eres mi héroe.
—Bueno, no soy tan bueno como tú… pero hago lo que puedo.
Ambos se rieron en voz baja.
Un pequeño momento de paz entre la tormenta.
Kiro volvió a sentarse erguido.
Se pasó la mano por el cabello y observó el aula con otra energía.
Aunque su emblema estaba roto… aunque todos habían bajado la cabeza… él no pensaba rendirse.
No ahora.
—Gracias por estar conmigo —dijo, mirando a Ryu.
—Siempre —respondió él.
A lo lejos, Shizuki apretó su puño con fuerza.
Sin mirarlos, se mordió el labio y bajó aún más su rostro.
Una sombra cubrió sus ojos.
Por ahora… no podía alzar la mano.
Una enorme confusión rodeaba su mente.
Las clases terminaron con el estruendo de la campana, pero el sonido no se llevó consigo la tensión que pesaba sobre los pasillos.
Kiro salió del edificio principal con paso firme, apretando el estuche de sus libros bajo el brazo.
Su mirada estaba enfocada hacia adelante, el brillo en sus ojos había regresado, acompañado de una fuerza distinta: la determinación de quien sabe que aún hay batalla por pelear.
—Muy bien… —murmuró para sí mismo—.
No puedo rendirme ahora.
Recordaba las palabras de Ryu con claridad, aún retumbaban en su pecho: “Me haré cargo de todo lo demás.
Reúne a tu equipo”.
Era simple… y a la vez, lo más valioso que alguien podía haberle dicho en ese momento.
—Gracias, Ryu… —susurró al viento con una sonrisa decidida.
Estaba a punto de ir en busca de Shizuki cuando, de repente, una gota le cayó en la frente.
Luego otra.
En segundos, una fina lluvia comenzó a caer sobre toda la Academia.
Kiro miró al cielo, molesto.
—¿En serio?
¿Otra vez lluvia?
—bufó con fastidio mientras buscaba algún alero cercano—.
¡Este clima de Alfhaim es una broma!
Llueve hasta cuando estamos en pleno verano… Se refugió bajo una arcada entre los edificios, secándose con la manga.
Pero antes de que pudiera moverse, los altavoces de toda la Academia cobraron vida con un zumbido eléctrico que lo dejó helado.
La lluvia seguía cayendo, pero el aire se tornó aún más denso.
—Atención estudiantes de la Academia Farhaim… —La voz del director Leonardo Capella resonó con su acostumbrada solemnidad—.
Dentro de dos semanas exactas, se celebrará la esperada batalla entre emblemas: Stella contra Inclementer.
El enfrentamiento se llevará a cabo en el estadio de la Academia ante todo el alumnado y profesorado.
Kiro se quedó inmóvil, su respiración contenida.
—El formato ha sido ajustado: será una batalla campal con la modalidad “Captura el Nexo”.
El emblema que consiga destruir o tomar el nexo enemigo ganará.
El perdedor… lo perderá todo.
—Un silencio incómodo se impuso— Les deseamos buena suerte.
Y recuerden… el honor de su emblema depende de ustedes.
Buena tarde a todos y esperamos su participación.
El zumbido final de los altavoces se desvaneció.
Lo único que quedó fue el golpeteo constante de la lluvia sobre los tejados y el cuerpo de Kiro.
Permaneció de pie, empapándose poco a poco, mirando hacia donde creía que estaban los altavoces.
Su cuerpo tembló… pero no por el frío.
Era una mezcla de sensaciones indescriptibles: tristeza, impotencia… rabia.
—El… nexo… —repitió en voz baja, cerrando lentamente el puño—.
¿Captura el nexo, eh…?
Apretó los dientes y alzó la mirada hacia el cielo encapotado.
Las gotas golpeaban su rostro como pequeñas balas.
Su pelo, ahora mojado, chorreaba sobre sus mejillas.
—No voy a perder.
No vamos a perder… aunque tenga que entrenar hasta quedarme sin aliento.
¡No dejaré que el emblema Stella desaparezca!
Con el pecho ardiendo y el corazón golpeando como un tambor de guerra, Kiro comenzó a moverse por el campus, buscando a Shizuki.
Pero entonces, algo lo detuvo.
Un escalofrío recorrió su espalda.
Como si algo invisible lo acariciara desde la nuca hasta el centro de la espalda.
Todo su cuerpo se erizó.
La lluvia no era lo que lo congelaba… era otra cosa.
Una presencia.
—¿Qué es esto…?
—dijo jadeando.
Sus pasos se detuvieron junto a un charco.
Al mirar hacia abajo, su reflejo le devolvió una mirada extraña.
Sus ojos dorados… no estaban del mismo color.
Su ojo izquierdo… era oscuro.
Un negro profundo con un tenue resplandor morado en el centro.
Kiro retrocedió asustado.
—¿Mi ojo…?
¿Qué es esto…?
—”No te preocupes.
—Una voz grave y suave ahora resonó en su mente—.
Eres tú.
Y yo… soy parte de ti.” Kiro levantó la cabeza con fuerza, escaneando el lugar.
No había nadie.
Pero la voz seguía ahí, dentro, como una idea que no le pertenecía.
—¿D-Dravenel?
¿Eres tú?
—”Claro que sí, muchacho.
Te he prestado mi fuerza varias veces… y he sentido tu luz consumir mi oscuridad.
Una paradoja fascinante.
Pero aún no comprendes nada, Kiro.
No entiendes tu energía… ni tu poder.” —¿Y qué se supone que buscas tú con esto?
—preguntó Kiro, retrocediendo un paso.
—”Busco lo mismo que tú, ahora mismo.
Tu corazón clama por victoria, ¿no es así?
Por fuerza.
Odias sentirte débil, odiarías perder a tus amigos, odiarías verlos caer… ¿cuánto estás dispuesto a sacrificar para cambiar eso?, conozco tus verdaderos sentimientos, tu verdadero odio.
Odias a los debi…” —¡Cállate!
—gritó Kiro de repente.
Varios estudiantes lo miraron desde lejos, bajo sus paraguas.
Él tragó saliva y bajó la cabeza, apretando los puños.
La voz no se detuvo.
—”Aún no estás listo para aceptar la verdad.
Pero necesitas poder.
Y ese poder… yo te lo he dado.
En tu ojo izquierdo, reposa el fragmento de mi esencia, el sello del Emisario del Abismo.
La primera llave.
Úsala.” —¿Qué… demonios… eres tú en realidad?
¿Qué es lo que quieres de mí?
—”Solo soy alguien que necesita completar una misión.
Necesito encontrar a mis camaradas, mis fragmentos.
Pero para eso… tú debes sobrevivir.
Y no solo eso: debes ganar.
No permitiré que Stella caiga.
Si lo haces… —la voz se volvió fría, penetrante— Te destruiré yo mismo” Un silencio total.
Luego, Kiro habló con el rostro aún empapado por la lluvia.
—…No necesitas amenazarme.
Ganaré esta guerra.
Con tu ayuda… o sin ella.
Pero no me rendiré.
Porque Stella es mi hogar ahora.
Un leve eco de risa se escuchó en su mente, como una sombra divertida.
—”Así se habla, “Kirito”.
—Dravenel murmuró su apodo con burla— Entonces adelante… levántalos.
Hazlos luchar contigo.
Y prueba si realmente mereces la luz que tanto alardeas” La presencia desapareció.
El ojo volvió a la normalidad.
Y el silencio volvió a caer sobre el campus, acompañado por la lluvia tenue.
Kiro se quedó solo, su respiración agitada, su puño apretado.
Y una nueva misión en su pecho.
—Muy bien… —murmuró—.
Tengo que hacerlo.
Este emblema no caerá.
No mientras yo siga de pie.
Y entonces, echó a correr entre la lluvia.
Su objetivo ahora era claro: encontrar a Shizuki.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com