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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 109

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109: Capítulo 109: Pacto Demoniaco 109: Capítulo 109: Pacto Demoniaco La lluvia no había cesado en todo el día.

Un manto gris cubría los cielos de Alfhaim, oscureciendo incluso los pasillos de la Academia.

Cuando Kiro volvió a la sede Stella, las gotas ya no le molestaban.

No se molestó en cubrirse ni en sacudirse al entrar, simplemente caminó.

Justo al cruzar la entrada se encontró con Rei y Shizuki conversando al lado de una de las ventanas.

—Este clima… —murmuraba Rei, con los brazos cruzados—.

Desde esta mañana que no da tregua.

—Parece como si la Academia llorara… —dijo Shizuki con voz suave, mirando las gotas deslizarse por el cristal—.

¿Crees que sea una señal?

—No.

Es solo el maldito clima de Alfhaim —resopló Rei.

Fue entonces que ambas notaron la presencia de Kiro.

Él se acercó con algo de incertidumbre en la expresión, intentando sonreír.

Pero cuando los ojos de Shizuki lo encontraron, ella desvió la mirada rápidamente.

—Yo… iré a mi habitación.

—Shizuki se dio la vuelta con disimulo y se alejó por el pasillo.

Kiro la siguió con la mirada.

Su pecho se encogió apenas al verla marchar sin decirle una palabra.

Se quedó quieto unos segundos, tragando saliva.

—¿Qué le pasa?

—murmuró.

—Es normal, dejala así —contestó Rei con indiferencia.

Kiro suspiró y trató de recomponerse.

—Hola, Rei… ¿tenemos algo para hoy?

¿Algún plan, limpiamos, preparamos algo de comer… lo que sea?

Rei ni siquiera lo miró.

—No.

Nada.

Descansa solamente.

Ponte al día con tus tareas.

Haz lo que quieras —dijo con tono seco.

Kiro frunció el ceño, incrédulo.

—¿Descansar?

¡¿Rei, en serio?!

¡¿No escuchaste?!

¡Ya se anunció!

¡En dos semanas es la guerra!

¡Nos vamos a enfrentar a Inclementer!

¡Si perdemos, desaparecemos como emblema!

¡¿Y tú me dices que descanse?!

—Haz las maletas si tanto te preocupas.

Ese mismo día nos echarán.

Acéptalo de una vez—dijo ella sin alterarse, caminando hacia la salida.

—¡Tú eres la más fuerte de este emblema!

¡Seguro tienes un plan, alguna estrategia!

¡Un súper poder oculto o algo!

¡No puedes rendirte!

Rei se detuvo un instante.

Lo miró por encima del hombro, con una mirada helada.

—Ya basta.

No voy a hacer nada, nadie excepto tú busca pelear ahora.

Fin de la historia —y salió del salón.

Kiro quedó solo en medio del gran salón de la sede.

La lluvia seguía sonando al otro lado de las ventanas.

Se sentó con lentitud en uno de los sillones, encorvándose, las manos entrelazadas en su cabeza.

—¿Qué más… qué más puedo hacer?

—susurró, sintiéndose pequeño.

Intentó pensar en estrategias, motivaciones, discursos heroicos.

Nada.

Solo un torbellino de frustración.

Se llevó las manos al rostro, apretando los dientes.

—No puede terminar así… —¿Kirito?

La voz suave lo sacó de su espiral de pensamientos.

Al levantar la cabeza, encontró a la maestra Lyra parada frente a él, con su paraguas cerrado en una mano y su cabello ligeramente húmedo por la lluvia.

—¿Cómo estás?

—Estoy bien… solo que… —Kiro bajó la mirada—.

Es mi culpa.

Todo esto.

La guerra, la situación, el miedo en sus caras.

Si no hubiera peleado con esos idiotas… no… si no hubiera llevado a Noell a ese encargo…  Lyra dejó su paraguas a un lado y se sentó junto a él en el sofá.

Sin decir nada, tomó sus manos con delicadeza.

Kiro se puso tenso de inmediato, sorprendido por el gesto.

—M-maestra… Ella no lo soltó.

Sus ojos de estrellas lo miraron con dulzura, pero con una intensidad que lo obligó a sostenerle la mirada.

—Pequeño Kirito, escúchame… no te culpes por todo.

No cargues solo con esto.

Lo que ocurrió es responsabilidad de todos los que formamos parte de este emblema, no solo tuya.

Cuando uno cae, caemos todos.

Cuando uno comete un error… también es de todos.

Pero igual que eso… también somos responsables de levantarnos.

Juntos.

Kiro sintió que las palabras se le atascaban en la garganta.

No supo qué responder.

—Tu energía, tu impulso… —Lyra continuó—.

Son el corazón que le faltaba a este emblema.

Pero un corazón solo no puede mover un cuerpo entero.

Necesita que el resto despierte también.

Y lo harán.

Solo… no dejes de ser tú.

No te rindas.

Kiro asintió despacio, bajando la cabeza.

—Gracias, maestra… Lyra retiró sus manos suavemente.

—Y recuerda esto: nadie gana una batalla solo.

Jamás.

No importa cuán fuerte sea alguien.

Luchamos por otros.

Y con otros.

Siempre ha sido así.

Kiro se quedó mirando sus propias manos.

Las cerró en puños.

—Entonces haré que despierten.

Sin duda alguna, los haré ponerse de pie.

No dejaré que esto se termine.

Lyra sonrió con ternura.

—Eso quería escuchar, Kirito.

Confío en que sabrás que hacer.

El día siguiente transcurría lento, cubierto por una niebla suave que se negaba a disiparse, incluso al mediodía.

Las clases pasaban una tras otra y, como ya era costumbre estos últimos días, Shizuki seguía esquivando la mirada de Kiro con una naturalidad inquietante.

Cada vez que él intentaba acercarse, ella encontraba alguna excusa para marcharse.

Si Kiro daba un paso hacia su asiento, Shizuki ya estaba saliendo por la puerta.

Si la saludaba de lejos, ella fingía no oír.

Ryu, siempre atento, se le acercó en un momento libre entre clases.

—¿Sigue evitándote?

—le preguntó mientras cruzaba los brazos.

—Sí…

—respondió Kiro con un suspiro, recostando la cabeza en la mesa—.

No sé qué le pasa.

Pero no quiero forzarla.

—¿Le hiciste algo sin darte cuenta?

—No.

Al menos…

no que yo sepa.

—Entonces habla con ella.

No le des tantas vueltas..

—Eso intento, Ryu…

eso intento, pero no puedo.

Ryu le dio una palmada en la espalda.

—Claro que tú puedes.

Siempre puedes.

Confío en ti, Kiro.

Kiro sonrió débilmente.

Al terminar la última clase, Kiro se dirigió al estadio como cada semana.

Era el día de entrenamiento con los Paladins.

Pero al llegar, no había nadie.

Ni un alma.

El estadio, silencioso y casi desolado, parecía más grande que nunca.

Kiro caminó hasta el centro del campo, esperando ver aparecer a alguno de sus compañeros o a Kaede… pero nada.

—¿Eh?

¿Dónde están todos?

Una figura familiar caminaba por los senderos cercanos al estadio.

Era la maestra Lyra, algo apresurada, portaba un paraguas cerrado bajo el brazo a pesar de que no llovía.

Kiro corrió hasta ella.

—¡Maestra Lyra!

¿Qué pasó con el entrenamiento de hoy?

Lyra se detuvo y bajó la mirada por un momento, su tono se volvió más serio de lo habitual.

—Ya no habrá más entrenamientos conjuntos, Kirito.

Como ahora estamos oficialmente en guerra con el emblema Inclementer, ningún otro emblema puede ayudarnos directamente.

Las normas de neutralidad de la Academia son claras.

Tendrán que entrenar solos.

—…Oh.

—Kiro bajó los hombros, decepcionado—.

Justo ahora…

—Pero no todo está perdido —dijo Lyra, sacando una pequeña caja de su bolso—.

Esto es para ti.

Espero que te sirva.

Kiro tomó la caja, sorprendido.

—¿Qué es esto?

—Una semilla.

Aunque no lo parezca.

—¿Una semilla?

Lyra sonrió, enigmática, y se despidió rápidamente.

—Nos vemos, Kirito.

Me esperan en el despacho del director.

Kiro miró la caja en sus manos, sin entender.

Pero no se detuvo en eso mucho tiempo.

Caminó por los senderos con las manos en los bolsillos de su chaqueta, el viento agitando su cabello con suavidad.

—¿Qué más puedo hacer…?

—se preguntaba en voz baja—.

¿Cómo los convenzo…?

Esto no puede terminar así… Fue entonces que la vio.

En un parque pequeño, alejado de las aulas, Shizuki estaba sentada sola en una banca de piedra, leyendo un libro.

El sol del atardecer se colaba entre los árboles, bañando su figura en luz dorada.

Su sombra se alargaba como un puente hacia el lugar donde Kiro se encontraba.

La escena le pareció casi mágica.

Se acercó despacio, con paso silencioso.

Cuando estuvo junto a ella, se sentó sin decir nada.

—¡Hola!

—dijo con una sonrisa mientras levantaba una mano amigablemente.

Shizuki soltó el libro sobresaltada, que cayó sobre sus piernas.

Su cara se llenó de sorpresa.

Rápidamente bajó la vista, recogió el libro y murmuró: —L-lo siento… tengo que irme, debo… hacer algo.

Los demonios me esperan y t-tengo prisa.

Intentó levantarse, pero la voz de Kiro la detuvo: —Shizuki, solo quiero hablar un momento.

Me preocupas.

No quiero que esto se acabe… y aunque todo salga mal y perdamos, quiero seguir, quiero luchar por un poco de esperanza.

Shizuki se quedó quieta.

Por unos segundos no respondió, pero después se volvió a sentar con lentitud.

—Está bien… te escucharé —dijo en voz baja.

Kiro se apoyó con los codos en las rodillas, mirando hacia el suelo un momento antes de hablar.

—Quiero que sepas que, ese día, yo pelearé.

Aunque nadie más venga, estaré ahí.

¿Sabes por qué?

Porque no puedo permitir que nos quiten lo que tenemos.

Porque estar en Stella…

es como estar en una familia.

Y las familias se cuidan.

Shizuki se estremeció un poco.

No lo miraba, pero escuchaba con atención.

—No me enojaré con ustedes si deciden no luchar, no se preocupen.

Lo entiendo.

Da miedo enfrentar algo mucho más fuerte.

Yo también tengo miedo…

Pero prefiero pelear, a quedarme sentado y ver cómo nos arrebatan lo que construimos juntos.

Entonces, la voz de Shizuki tembló.

Esta vez, no era su tono habitual, ni su manera dramática de hablar.

Era sincera.

Vulnerable.

—Lo siento… por no estar de tu lado.

Tengo mucho miedo, Kiro.

No quiero perder esto… no quiero perderlos a ustedes.

Kiro alzó la vista y la miró.

Shizuki seguía hablando, mirando al horizonte.

—Siempre he estado sola.

Siempre…

y ahora, por primera vez, siento que tengo un lugar.

Que puedo pertenecer a algo.

Y no tengo idea de qué hacer.

¿Crees que… que puedo tener amigos?

¿Kiro… podemos ser amigos?

Kiro la miró con los ojos abiertos, sorprendido por la honestidad en sus palabras.

Shizuki giró la cabeza y lo miró directamente.

Sus ojos verdes temblaban y sus labios se apretaban, como si tratara de contener las lágrimas.

Su anillo negro brillaba con un reflejo del sol.

Pero Kiro… en vez de responder de inmediato, sonrió y apuntó con el dedo al libro que sostenía entre sus manos.

—¿Y ese libro?

¿Qué lees?

—¿Eh?

—Shizuki parpadeó, sorprendida.

—¿Puedes contarme de qué trata?

Ella se quedó en silencio, desconcertada.

Luego bajó un poco la mirada, sonrojada.

—E-es un libro viejo…

se llama “El Camino Dorado”…

Kiro soltó una risa.

—¿En serio?

Justamente ese es mi favorito.

Aunque no parezca, lo leí cuando era pequeño.

Lo tenía en mi casa y siempre lo leía con mi mamá, aunque nunca pude terminar de leerlo.

Shizuki parpadeó sorprendida ante el interés de Kiro.

—”El Camino Dorado”… —repitió Kiro en voz baja mientras miraba la portada del libro que Shizuki sostenía entre sus manos—.

Hace tanto tiempo que no lo veía… —¿De verdad lo conoces?

—preguntó ella, aún sorprendida.

—Claro —asintió con una sonrisa—.

Lo leí hace mucho tiempo.

Bueno… no lo terminé, pero me encantaba.

Esos héroes… ¿no son fascinantes?

Shizuki bajó un poco la mirada, acariciando con los dedos la tapa rugosa del libro.

—Sí… me gustaría estar en una historia así… —susurró—.

Viajar con amigos, tener aventuras, salvar gente.

Que no diera miedo seguir adelante, porque sabes que alguien te cubre la espalda… Su voz se fue apagando, hundiéndose en sus pensamientos.

Por un momento, Kiro la observó en silencio.

El viento movía los mechones oscuros con reflejos púrpura de su cabello, y la luz dorada del atardecer realzaba su expresión serena, aunque aún herida.

Entonces, Kiro habló con suavidad, sin perder esa chispa de convicción que lo caracterizaba: —Yo también quiero eso.

Ser el héroe de una historia.

Quiero recorrer el mundo, pelear por lo que creo, vivir grandes aventuras… que algún día, la gente escuche mi nombre y se inspire.

Pero… ¿sabes algo?

Shizuki lo miró.

—Esto —dijo Kiro, señalando el pequeño parque, la banca, a ella— tampoco está tan mal.

Quizá no somos héroes poderosos, ni vivimos en un cuento de hadas… pero nos tenemos a nosotros.

A veces eso es suficiente.

Hizo una pausa, tomó aire.

—No importa si tienes miedo, si estás insegura… lo que importa es que no estás sola.

Yo, Shizuki, soy tu amigo.

No solo yo… los demás en Stella también y nos ayudaremos como familia.

Así que dime… si eso no es tener compañeros cubriéndote la espalda… ¿entonces qué lo es?

Las palabras de Kiro calaron hondo.

La sombra de duda en los ojos de Shizuki comenzó a disiparse.

—Si nunca nos rendimos… —continuó él, con una sonrisa determinada—.

Algún día, puede que realmente seamos como esos héroes.

Ese es mi verdadero sueño, Shizuki… ser alguien fuerte para proteger a los demás.

Ser como el héroe dorado de aquella historia.

Kiro extendió su mano hacia ella, con la palma abierta, firme, segura.

—Entonces dime… ¿quieres ser mi compañera?

¿Nos convertimos en héroes de historias, juntos?

Shizuki lo miró.

No con nerviosismo ni con dudas.

Lo miró como si fuera la primera vez que realmente veía a Kiro.

Sus labios temblaron y sus pupilas verdes, normalmente fantasiosas o dispersas, ahora brillaban con una luz sincera.

Como si unas cadenas invisibles hubieran caído al suelo, sonrió.

Una sonrisa verdadera, sin adornos.

—Sí… —respondió, cerrando los ojos con suavidad, mientras el atardecer bañaba su rostro.

Una lágrima rebelde le cayó por la mejilla, pero se la secó con la manga rápidamente y se puso de pie con renovado ánimo.

Al instante, alzó su mano mostrando el anillo oscuro que siempre llevaba consigo.

La joya reflejaba la luz dorada con un brillo particular, casi mágico.

Entonces, Shizuki recuperó su aire dramático y teatral, pero esta vez con alegría en vez de inseguridad.

—¡La elegida del abismo y los demonios… acepta formar un pacto contigo, Kiro!

A cambio, te dará todo su poder.

Desde este día, serás mi “Espectro de Luz”.

Kiro se rio, y levantándose también, hizo una reverencia exagerada y heroica.

—¡Yo, Kiro, el futuro héroe más grande de todos, acepto con humildad y honor tu pacto!

¡Juro por mi espíritu que protegeré esta alianza!

Ambos soltaron una carcajada.

Por un momento, la guerra, la presión, el miedo… todo desapareció.

Solo eran dos amigos, compartiendo el momento.

Shizuki se giró, cruzando los brazos mientras fingía mirar al horizonte.

—Supongo que… si vamos a pelear… debería practicar unos hechizos nuevos.

No querrás que tu compañera te haga quedar mal, ¿verdad?

—¿Eh?

¡Vas a entrenar!

—respondió Kiro con una sonrisa—.

Bien, pero no pienso dejar que me superes.

¡A partir de ahora, entrenaremos juntos!

—Acepto el reto.

Pero debo advertirte… soy increíblemente poderosa.

—Claro, claro… —rió Kiro—.

No te contengas.

Shizuki asintió, y mientras caminaban juntos de regreso a la sede, algo se sintió distinto.

No era el atardecer.

No era la brisa.

Era la esperanza.

—Ah, espera un momento… —dijo Kiro, deteniéndose en seco.

Shizuki lo miró curiosa.

—¿Qué pasa?

Kiro metió la mano en el bolsillo interior de su chaqueta y sacó una pequeña cajita de madera clara, decorada con patrones de estrellas y lunas tallados en la superficie.

Era la que Lyra le había dado hace un momento.

—Lyra me dio esto —explicó—.

Dijo que era… una “semilla”.

—¿Una semilla?

—repitió Shizuki, acercándose—.

¿Como… de planta?

—Eso creí, pero ahora que lo pienso bien, es mucho más pesado que una simple semilla.

Vamos a ver.

Se sentaron juntos en el borde de una pequeña fuente dentro del campus, a resguardo del sol anaranjado del atardecer.

Kiro abrió con cuidado la tapa de la caja… y ambos se quedaron en silencio.

Allí, ordenadamente doblados, había varios parches bordados con esmero.

Eran rectangulares y de color negro, con un bordado plateado que representaba el símbolo del emblema Stella: una luna creciente abrazando una estrella.

Kiro parpadeó.

—No puedo creerlo… —murmuró—.

¡Son nuestros!

Shizuki los tomó con delicadeza, como si fueran joyas sagradas.

—Lyra… los hizo ella, ¿verdad?

—Sí.

Dijo que eran “semillas”, como si fueran el inicio de algo.

Y… —Kiro sonrió— creo que lo entiendo ahora.

Ambos se miraron un instante.

Fue como si compartieran un mismo pensamiento.

Entonces, sin decir más, Kiro se prendió uno de los parches en su chaqueta, justo sobre el corazón.

Shizuki lo imitó, colocándolo con un pequeño alfiler en la parte superior de su manga izquierda, como si fuera una insignia militar.

—Ahora sí… —dijo ella con una sonrisa—.

¡Oficialmente somos Stella!

Kiro alzó un pulgar.

—Y aún quedan más.

Mira —dijo señalando dentro de la caja—.

Lyra dejó uno para cada uno de nosotros.

—Entonces… es hora de repartirlos.

—Shizuki cerró el puño con decisión—.

¡Vamos a traer de vuelta a los demás!

Ambos salieron corriendo hacia la sede Stella, como si una nueva energía los impulsara.

Al llegar, la emoción se convirtió en desconcierto.

El interior estaba hecho un desastre.

Las ventanas entreabiertas dejaban pasar la brisa nocturna que arrastraba papeles por el suelo.

Las mesas estaban cubiertas de botellas vacías, envoltorios de comida y platos sucios.

Las cortinas estaban torcidas, el polvo volvía a acumularse en los rincones.

—¿Pero qué…?

—balbuceó Kiro—.

¿Quién hizo esto?

—Esto no puede ser obra de una sola persona… —dijo Shizuki, apartando una silla caída con el pie—.

¿Será que festejaron algo sin nosotros?

—¿Festejar?

—Kiro arqueó una ceja—.

Con lo que está pasando… no lo creo.

Ambos suspiraron.

—Supongo que si queremos salvar el emblema, también tenemos que limpiar su imagen.

—bromeó Shizuki, arremangándose la chaqueta.

—Primero la sede, después la reputación.

—rió Kiro, comenzando a recoger los platos.

Pasaron un buen rato limpiando entre risas y conversaciones.

Mientras barría, Shizuki le lanzó una pregunta: —Entonces, ¿cuál es el plan ahora?

—No lo tengo del todo claro —admitió Kiro, usando un trapo húmedo para limpiar el escritorio principal—.

Pero tú dijiste algo cierto.

No podemos con Inclementer solo tú y yo.

Shizuki se apoyó en la escoba.

—Yo me ocuparé de Noell.

Lo haré entrar en razón… aunque sea por métodos poco “ortodoxos”.

—Sonrió con picardía.

—Tienes mi bendición demoníaca para eso —rió Kiro—.

Yo iré tras Rei o Silfy, depende de con quién me cruce primero.

No voy a dejar que esto termine así.

Cuando terminaron, ya era entrada la noche.

Shizuki se retiró a su habitación para descansar, mientras Kiro se quedó en el salón, comiéndose un sándwich frío que había encontrado en la nevera.

El silencio le permitió reflexionar, hasta que escuchó pasos acercándose.

Rei apareció, caminando sin prisa hacia la cocina.

—Ah… —murmuró ella al verlo—.

Pensé que no había nadie aquí.

—Estaba esperando —dijo Kiro con sinceridad, dejando el sándwich a un lado—.

Quería hablar contigo.

Rei suspiró y comenzó a buscar algo de comida en los estantes.

—¿Otra vez con eso?

—Shizuki ya aceptó pelear —dijo él, firme—.

Lo hizo por su hermana… por ti y por todos nosotros.

Así que pensé que tú también podrías… no sé… hacer algo.

Rei se detuvo, con una lata en la mano.

—¿Pelear para perder?

—No.

Pelear para proteger lo que somos.

Rei, eres la más fuerte de todos nosotros.

Si estás con nosotros, ganaremos.

Ella bajó la cabeza por un segundo… luego se giró lentamente, sus ojos brillando con molestia.

—Esto no servirá de nada, Kiro.

Todo esto fue tu error desde el principio.

Gracias a tu impulso y tu terquedad, ahora todos estamos al borde del colapso.

Yo solo traté de ganar algo de tiempo para que nos dejaran empacar nuestras cosas por lo menos.

—Entonces ayúdame a corregirlo.

—Kiro se levantó—.

Tú puedes hacerlo.

Yo lo sé… sé que puedes.

—¡No soy una heroína!

—gritó Rei, alzando la voz por primera vez—.

¡No estoy aquí para salvar a nadie!

Hubo un silencio tenso.

Kiro dio un paso atrás, sorprendido.

Rei bajó la mirada.

—Yo… tampoco quiero ver como todo se desmorona —susurró—.

Pero ya lo sé…no hay nada que podamos hacer, lo mejor que se puede hacer es aceptar la realidad.

Kiro quiso hablar, pero Rei se dio media vuelta y se marchó, dejando al chico solo, masticando su impotencia.

—…lo siento —murmuró Kiro para sí mismo, mirando el parche de Stella cosido en su pecho—.

Pero todavía no puedo rendirme.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Krisray Felices Fiestas a todos!!

Junto a Kiro les deseo un feliz año nuevo 2026 <3

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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