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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 111

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Capítulo 111: Capítulo 111: Un Mundo de Estrellas

La atmósfera en el laboratorio era distinta a cualquier otra parte de la sede Stella. A pesar de lo silencioso que era el lugar, cada rincón vibraba con una energía tenue, constante, como si el pasado de la sala —y de quienes la usaron antes— aún permaneciera en cada aparato, cada esquina, cada tubo de ensayo olvidado.

Shizuki, sentada en una silla giratoria con ruedas que chillaban cada vez que se movía, observaba en silencio a Silfy trabajar.

La joven de cabello plateado recogía uno por uno los instrumentos que habían traído en la bolsa. Algunos aún relucían con luz propia, mientras que otros estaban rotos y apenas chispeaban, por lo que fueron apartados con cuidado en un pequeño rincón.

—Vaya… eso parece algo muy complicado —pensó Shizuki, inclinando la cabeza mientras abrazaba sus piernas en la silla.

Silfy no dijo nada. Su concentración era tal que sus dedos se movían como si ejecutaran una coreografía perfectamente ensayada. Iba conectando cables, ajustando pernos, alineando cristales con una precisión quirúrgica.

Tras unos minutos, Silfy caminó hacia una estructura ubicada en uno de los laterales del laboratorio. A simple vista parecía un telescopio… pero no era uno cualquiera. Su base estaba compuesta por placas metálicas que chispeaban, y su soporte contenía una estructura circular de engranajes, energía comprimida y pequeños motores sincronizados. Al lado, una columna de cristal giraba lentamente dentro de una cápsula de energía líquida.

Shizuki no pudo evitar pensar que parecía algo salido de una novela de ciencia ficción… o de un sueño.

—¿Qué es eso? —preguntó finalmente, acercándose con pasos cortos.

Silfy encendió el sistema con un leve giro de una manivela, y pequeñas luces azules se encendieron a lo largo del aparato.

—Esto… es un experimento que estoy realizando con la maestra Lyra —dijo con voz baja, pero más firme que de costumbre—. Parece un telescopio común, pero su función es diferente. No solo permite ver las estrellas… sino más allá.

—¿¡Más allá!? —Shizuki abrió los ojos de par en par—. ¿Te refieres a otra dimensión? ¿A los pensamientos de los dioses? ¿A los recuerdos del tiempo?

Silfy negó con la cabeza con una tímida sonrisa.

—Si algo así… podría decirse. Este aparato puede registrar la vibración interna del vínculo con el espíritu… proyectarlo, analizarlo y… bueno, Lyra sabría explicarlo mejor —desvió la mirada, ligeramente avergonzada—. Ella creó la mayor parte hace muchos años, en colaboración con antiguos estudiantes.

Shizuki dio una vuelta sobre sí misma emocionada.

—¡Es genial! ¡Quiero uno para mis rituales de medianoche y para llamar a los dioses antiguos y oscuros que se esconden en los confines del alma!

Silfy contuvo una risita mientras levantaba un cuaderno antiguo del escritorio. Lo abrió con cuidado y comenzó a anotar los últimos ajustes realizados. En la parte superior, el título brillaba con tinta dorada:

“Experimento de Estrellas #10502”.

—¿Qué anotas ahí? —preguntó Shizuki con curiosidad, tratando de asomarse al papel.

—Los nombres de los participantes… y las frecuencias espirituales detectadas… —respondió Silfy mientras escribía—. Este experimento requiere el uso del vínculo espiritual con el portador. Tú… usas energía espiritual de forma directa, ¿cierto?

—¡Claro! —dijo Shizuki con orgullo—. Con mi anillo puedo invocar el poder de los demonios que me cuidan en la noche. ¡Soy una conductora del caos oscuro, la elegida de las estrellas malditas!

Silfy asintió satisfecha y presionó un botón en el escritorio. Varias luces verdes se encendieron, y una nueva máquina comenzó a activarse en una esquina: una silla modificada, rodeada por cables, tubos de energía y un aro luminoso por encima.

Shizuki tragó saliva.

—¿Y eso es…?

—Donde debes sentarte —dijo Silfy con tranquilidad, quitando una manta que cubría el aparato.

Shizuki avanzó con pasos lentos, entre emocionada y aterrada, como si fuera a entrar a una montaña rusa dimensional.

—¿Y esto es seguro? —preguntó mientras se sentaba lentamente—. Porque tengo muchos planes a futuro… quiero conquistar un continente, abrir una pastelería oscura y adoptar un dragón bebé…

—Ya lo he hecho varias veces… —dijo Silfy sin levantar la vista—. Solo… relájate y concéntrate en tu espíritu. Piensa en él, escucha su voz… y permanece atenta. No hagas nada más que eso y estarás bien.

Shizuki cerró los ojos con fuerza, como si eso hiciera más efecto. Su respiración comenzó a acompasarse.

Silfy se acercó al centro de la sala. Alzó la mano al frente con la palma abierta, y en ese instante… una ola de energía azulada emergió de su cuerpo, expandiéndose como una burbuja estelar.

El laboratorio cambió. El lugar era ahora un espacio estrellado y cálido que se abrió alrededor de ellas. Galaxias flotaban como polvo dorado por encima de los escritorios. Las constelaciones titilaban suavemente como si observaran desde lejos. La energía espacial crepitaba entre ambas.

—¿Q-qué es esto…? —dijo Shizuki en su mente, boquiabierta, sintiendo que flotaba entre los astros.

Era como soñar despierta.

—Buena suerte, Shizuki… —susurró Silfy en medio de la constelación—. Cierra los ojos… y déjate llevar.

Shizuki obedeció. Cerró lentamente los ojos.

Todo se volvió negro.

Después de un rato, Shizuki abrió los ojos.

O mejor dicho… despertó en otro mundo.

Todo su cuerpo se sentía distinto, como si ya no pesara. Liviana, flotando, sin dolor, sin miedo. Como si hubiera sido arrancada de su cuerpo y ahora se desplazara con el viento, etérea, como una pluma suspendida en el aire.

—¿Estoy soñando…? —se preguntó mentalmente mientras miraba sus manos—. No… esto no es un sueño. Es más bonito que uno.

A su alrededor, no había laboratorio, ni máquinas, ni paredes. Estaba en el espacio. Pero no un espacio oscuro y frío, sino uno bañado en un suave resplandor dorado y morado, con miles de estrellas flotando a su alrededor como luciérnagas eternas.

Más allá, muy a lo lejos, divisó una enorme luz violeta, hermosa, pulsante, como una supernova viva. Aunque no podía alcanzarla, sentía su calor y su presencia envolviéndolo todo. Era como si aquella luz respirara junto a ella.

—Es tan grande… tan lejos… y tan cálida… —pensó. Su voz no se oía, pero la sentía dentro de su cabeza, como si ya no necesitara hablar para expresarse.

Y entonces…

Chris. Chris. Chris. Chris. Busca.

Las palabras llegaron de pronto, como un eco dentro de su alma. Una voz repetía ese nombre una y otra vez. No era un sonido. No se oía en el aire. Era un susurro mudo en su cabeza.

—¿Chris…? —intentó pensar—. ¿Quién es Chris?

De pronto, la voz de Silfy cruzó el infinito.

—¡Shizuki! ¡Vuelve! ¡Abre los ojos! ¡Ahora! ¡Rápido!

Todo tembló. La luz morada parpadeó.

Shizuki fue arrastrada como una pluma al viento… y todo se volvió negro.

Cuando abrió los ojos otra vez, el techo del laboratorio la recibió. La tenue luz de las lámparas parpadeaba sobre su rostro. Silfy la miraba ansiosa, con las manos juntas sobre su pecho, visiblemente preocupada.

—¡Shizuki! —dijo aliviada—. ¡Menos mal!

Shizuki parpadeó un par de veces, luego una gran sonrisa se apoderó de su rostro. Se sentó de golpe en la silla como si se le hubieran cargado las baterías al máximo.

—¡Silfy, Silfy, Silfy! ¡Eso fue lo mejor que he vivido en toda mi vida! ¡Es como volar, soñar y bailar sobre estrellas al mismo tiempo! ¡Hagámoslo otra vez!

Silfy, con el rostro ruborizado y la expresión entre sorpresa y miedo, agitó las manos nerviosamente.

—N-no… ¡por favor, calma! Has estado dentro una hora entera. Me empezaba a asustar. No respondías a nada… y el sistema estaba al borde de sobrecarga… pensé que… pensé que tal vez… —bajó la cabeza—. Lo siento mucho, Shizuki.

Shizuki, aún rebosante de energía, se acercó y le colocó una mano sobre el hombro.

—No te preocupes, Silfy. Estoy perfecta. Ni me di cuenta del tiempo. Y fue increíble. Pero bueno… supongo que no se puede repetir ahora, ¿verdad?

Silfy negó con la cabeza.

—Necesitamos al menos una semana para que la energía se estabilice otra vez. Además… repetirlo puede ser muy peligroso, aún no lo tengo controlado del todo.

—Uff… —Shizuki infló las mejillas—. Bueno, ya que no me dejarás… ¡entonces me concentraré en otra cosa!

—¿Otra cosa?

Shizuki la señaló con dramatismo.

—Tú. He visto lo que puedes hacer. Esa aura, ese control… ¡tú puedes pelear! ¡Así que no tienes excusas para no unirte a la batalla!

Silfy se tensó. Bajó la mirada. Su voz salió en un susurro.

—Yo… de verdad no puedo pelear, Shizuki.

—¿Pero por qué? —preguntó la otra, sin rodeos—. ¿Acaso tienes alguna maldición demoníaca? ¿Una deuda con los dragones del tiempo? ¿Un contrato secreto que te impide golpear a alguien?

Silfy no respondió.

En lugar de hacerlo… cambió el tema.

—Shizuki… ¿qué viste allí?

La pregunta detuvo el ímpetu de Shizuki. Parpadeó un par de veces, y luego pensó en lo que había pasado en ese mundo de estrellas.

—Fue como flotar en el universo. Como si no existiera nada más… —su voz se volvió más tranquila—. Había una luz. Una gran luz morada. Y… una voz. Bueno, no era una voz real. Más bien… sentía una palabra repetirse dentro de mi cabeza. Como si me la susurraran al oído sin hablar…

Silfy esperó en silencio.

—La palabra era… Chris, la repetían una y otra vez —terminó Shizuki, bajando la voz como si se tratara de un conjuro maldito.

Silfy se quedó inmóvil unos segundos. Luego esbozó una pequeña sonrisa, como si finalmente se confirmara algo que esperaba desde hace tiempo.

—Entonces es verdad…

—¿Verdad qué? —preguntó Shizuki, cruzándose de brazos—. ¿Acaso estaba poseída por un espíritu estelar ancestral?

Silfy negó suavemente con la cabeza y dijo:

—Shizuki… yo no puedo pelear. Pero eso no significa que no haya alguien más capaz de hacerlo.

Shizuki la observó con atención. La sala se llenó de un aire extraño, como si la luz misma esperara las próximas palabras de Silfy.

—La carta ganadora de Stella… es Chris Mercy. El octavo miembro de nuestro emblema.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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