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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 112

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Capítulo 112: Capítulo 112: Donde Brillan las Estrellas Caídas

La mañana comenzó con un aire distinto. Aunque el sol apenas asomaba por los ventanales de la sede Stella, una extraña energía parecía moverse entre los pasillos… como si el tiempo estuviera acelerándose poco a poco.

Shizuki se encontraba sentada en el salón principal, rodeada por sus libros de sellos oscuros y mitología espiritual, hojeando distraídamente mientras recitaba en voz baja con tono dramático:

—Y cuando las lunas se alinean… el pacto será sellado… ¡Caiga Inclementer!

Justo entonces, Kiro entró al salón, tambaleándose un poco mientras acomodaba su chaqueta. Caminaba extraño… pesado… forzado.

—¿Estás bien, Kiro? —preguntó Shizuki levantando una ceja.

Kiro soltó un largo suspiro y dejó caer su mochila sobre el suelo.

—Sí… es solo que debajo de esto —dijo levantando ligeramente su chaqueta— llevo como quince kilos de pesas atadas al cuerpo.

—¡¿Quince?! ¿Estás loco? —exclamó Shizuki mientras lo inspeccionaba de cerca como si fuera una bomba de relojería.

—Es parte de mi nuevo entrenamiento. Tengo que moverme como si no las tuviera puestas… estoy seguro de que con esto me volveré más rápido y fuerte… aunque probablemente acabe adolorido —rió con cansancio.

—¡Ingenioso! —comentó Shizuki con un leve brillo en sus ojos—. Quizá debería empezar algo así… un entrenamiento de espíritus… ¡una carrera de maldiciones! ¡O pactar con más demonios!

“Sí, debería entrenar… no puedo quedarme atrás… “—pensó para sí mientras lo observaba con una mezcla de admiración y competitividad.

Justo entonces, Lyra apareció en la entrada del salón, sus pasos suaves resonando apenas sobre el suelo de madera. Vestía una capa ligera con detalles plateados y su cabello brillaba con reflejos dorados por la luz matutina.

—Buenos días, mis pequeñas estrellas —saludó con dulzura—. ¿Qué hacen tan temprano?

Shizuki no perdió el tiempo.

Se acercó a ella con dramatismo, una mano sobre el corazón y otra levantada como si invocara a los cielos.

—¡Oh, gran Lyra! Maestra de conocimientos arcanos, guía de lo imposible, te imploro hoy que tomes a esta humilde sirvienta como tu aprendiz de las artes oscuras y arcanas. Enséñame a invocar, sellar y conquistar las sombras del universo.

Lyra parpadeó varias veces. Miró a Kiro en busca de una explicación.

—Shizu… ya soy tu maestra —dijo simplemente.

—¡No-no! No como maestra de aula… ¡quiero que seas mi educadora, mentora mística, enciclopedia del bajo mundo! Quiero que entrenes mi fuerza demoníaca como solo tú podrías hacerlo.

Lyra sonrió, divertida.

—De verdad que eres única, Shizu —le dijo, siempre refiriéndose a ella con cariño—. Está bien, si tanto lo deseas… podemos hacer algo especial. Pero para eso, deberás acompañarme a otro sitio. ¿Puedes?

—¡Sí! ¡Prometo portar las sombras con honor!

—…De acuerdo. Vamos.

Kiro se acercó y le comentó en voz baja:

—Parece que quiere que la entrenes personalmente.

Lyra asintió suavemente.

—Lo he notado. Está intentando ayudar… como tú —dijo, lanzándole una mirada cómplice antes de llevarse a Shizuki con ella.

Subieron por las escaleras de la sede, cruzando el segundo piso y llegando hasta el tercero, donde casi nadie subía. Mientras caminaban, Lyra hablaba con serenidad:

—Shizu… sé que estás haciendo un esfuerzo por unirnos. Me alegra que estés con Kiro en esto.

Shizuki se encogió de hombros, con un aire más tímido.

—Yo… hago lo que puedo.

—Y eso está bien. Aunque no se logre el objetivo final, lo mejor de todo es el camino. Las estrellas no brillan solo cuando ganan, brillan porque arden todo el tiempo. Es el esfuerzo lo que las hace hermosas.

“Las estrellas arden… eso suena bien” —pensó Shizuki, anotando mentalmente cada palabra.

Finalmente, llegaron al laboratorio.

El lugar seguía igual de místico que antes. El aire tenía un olor a polvo antiguo y energía concentrada. Al fondo, frente a un escritorio desbordado de papeles y esquemas, Silfy dormía, con la cabeza apoyada en sus brazos.

—No hagamos tanto ruido —murmuró Lyra con una sonrisa, señalando a Silfy.

Shizuki asintió rápidamente, pero lo hizo con una serie de gestos teatrales exagerados, como si estuviera representando una ópera muda.

Avanzaron hasta el centro del lugar, donde reposaba el famoso “telescopio”. Lyra se agachó y levantó con cuidado una palanca lateral. Un ligero vapor brillante emergió y parte del cuerpo de la estructura se elevó, mostrando el núcleo motriz del telescopio.

Shizuki se quedó sin palabras.

En el interior, como un corazón latiendo, había una esfera galáctica, un cúmulo de luz condensada, que palpitaba suavemente, emitiendo ondas de energía luminosa que parecían envolver el aire.

—Woooow… —murmuró Shizuki con ojos como platos—. ¿Esto es…?

—El núcleo del telescopio —respondió Lyra con voz baja—. Mi maestra la creó hace muchos años. Lo mejor que hizo en su vida… y su mayor secreto. Esto… no solo sirve para mirar las estrellas.

Se volteó hacia ella, sus ojos de estrellas más brillantes que nunca.

—Shizu… ¿te gustan las estrellas?

La chica tragó saliva, maravillada por el espectáculo frente a ella, y luego miró fijamente los ojos de Lyra.

—Son… increíbles.

Lyra asintió, colocando una mano sobre el cristal del núcleo.

—Entonces eres perfecta para esto.

Una pausa profunda se instaló en el laboratorio. Todo parecía haberse detenido. Y fue en ese instante que Lyra, con voz más seria y pausada, pronunció las palabras que cambiarían muchas cosas:

—Déjame contarte… acerca de la verdadera capacidad de las estrellas.

…

—Por favor… —dijo Kiro, de pie en medio del pasillo del segundo piso de la sede Stella—. Te lo ruego, Rei… esta es nuestra única oportunidad. Si peleamos juntos, si todos lo hacemos, podemos ganar.

Rei permanecía recargada contra la pared, brazos cruzados y mirada cansada. Su postura hablaba por ella: no tenía intenciones de moverse.

—Ya te dije que no, Kiro. ¿Qué parte de eso no entendiste?

—¡Pero tú eres la más fuerte de Stella! ¡Eres de tercer año, eres una líder! ¡Tú puedes marcar la diferencia! ¡Si tú te unes, Silfy lo hará! ¡Y si ellas lo hacen, los demás también! ¡Tú eres… como el corazón de este emblema, aunque no quieras admitirlo!

Rei frunció el ceño.

—Ese corazón ya se cansó de latir por cosas que no tienen remedio. ¿Y sabes qué? No me importa lo que pase con este lugar. Al final, todos seguiremos aquí, ¿no? En la Academia. Nos dejarán seguir en clases, solo tendremos que cambiar nuestros dormitorios… ¿Y qué importa si el emblema desaparece?

Kiro abrió los ojos como platos. Le dolía escucharla decirlo… pero no se detuvo.

—¡¿Qué estás diciendo?! ¿Cómo puedes pensar así después de todo? ¡Tú creciste aquí! ¡Estás con Lyra desde hace años! ¡Fuiste una de las primeras! ¡¿Y ahora dices que no importa?!

—¡SÍ! —gritó Rei, liberando una pequeña descarga de energía morada desde su cuerpo, como un latido tenso—. Me queda un año aquí, Kiro. Solo uno. Ya pasé por esto antes. Vi gente entrar con esperanza, con sueños. Vi cómo el emblema se caía a pedazos poco a poco, cómo todos se iban rindiendo. ¿Y tú crees que quiero volver a pasar por eso?

—Pero… ¡Ahora es diferente!

—¿Diferente? —Rei entrecerró los ojos—. No, Kiro. Es exactamente igual. Solo que esta vez tú eres el que insiste con esas ideas de héroe. Alguna vez yo también fui como tu… ingenua y con esperanzas de que este emblema cambiará. Pero eso es solo una ilusión.

—Entonces… ¿Vas a rendirte sin más? —preguntó Kiro, con voz débil.

Rei no respondió. Solo bajó la mirada. Y un segundo después, desapareció. Como si el aire la absorbiera.

Kiro quedó solo, la puerta del pasillo cerrándose lentamente tras la estela de energía que ella había dejado.

Un profundo suspiro escapó de sus labios. Sin más opciones, tomó su chaqueta, ajustó el vendaje de su brazo derecho y salió rumbo al patio principal.

Fue entonces que chocó con algo tan sólido que casi se fue de espaldas.

—¡Ouch! ¡¿Qué rayos?! —dijo, sobándose la frente.

—…Tienes que mirar por dónde caminas, compañero —respondió una voz grave y tranquila.

Kiro levantó la mirada.

Frente a él, con un delantal de cuero, gafas oscuras sobre la frente y un martillo colgado del cinturón, estaba Loo Tupac. Su antiguo compañero de las pruebas, ahora miembro del emblema Flame of Disaster.

—¡¿Loo?! ¡No lo puedo creer! —exclamó Kiro—. ¡Hace muchísimo tiempo que no te veía!

—He estado ocupado. Trabajo de herrería, mantenimiento de armas para combates de alto nivel. Mi vida en ese emblema no ha estado tan mal —dijo con una sonrisa ladeada.

—¿Y qué haces aquí?

—Escuché que el emblema Stella está en problemas —respondió Loo, directo—. Me dijeron que hay una guerra de emblemas y tú estás en el medio.

Kiro asintió, bajando la mirada.

—Sí… ya estamos empezando a entrenar. Pero no todos quieren pelear. Algunos se rindieron por completo.

—Hm… suena complicado. ¿Y tú qué harás, compañero?

—¿Yo? —Kiro levantó el rostro—. Yo no me pienso rendir. Aunque tenga que luchar solo, pelearé por todos. ¡No dejaré que desaparezca Stella!

Loo sonrió.

—Eso quería oír. Hay algo que me gustaría mostrarte… ¿vienes conmigo?

—Claro, pero si podemos pasar a comer algo, sería mejor. Yo invito.

—Trato hecho, compañero.

Ambos comenzaron a caminar, intercambiando historias mientras el sol comenzaba a elevarse en el cielo.

Mientras tanto, en el laboratorio de Stella…

Shizuki permanecía sentada frente al núcleo del telescopio, absorta en cada palabra que decía Lyra.

—Las estrellas… son hermosas, ¿verdad, Shizu?

—Son… como pequeños sueños que flotan en la oscuridad —dijo Shizuki con sus ojos brillando.

Lyra se arrodilló junto al núcleo y acarició el cristal.

—Las estrellas no están ahí solo para iluminar la noche. Cada una guarda una chispa única de energía. Una firma espiritual. Son capaces de almacenar más poder del que puedes imaginar. Siempre al mirar al cielo verás que tienes una estrella brillando para ti.

Shizuki se inclinó hacia adelante.

—¿Y dices que cada persona tiene una estrella?

—Así es. Cada ser vivo que haya existido tiene una, estas tienen la capacidad de almacenar la energía, pero no solo la que conocemos como tal, sino que puede guardar hasta lo más mínimo de uno, son capaces de almacenar incluso recuerdos. Cuando una estrella “muere”, su energía no desaparece. Solo… espera. Su brillo se apaga, pero su esencia sigue ahí. Por eso… podemos llamarlas de vuelta.

—¿Llamarlas? ¿Cómo?

—Con magia estelar. La magia que permite canalizar el poder de las estrellas, invocar sus recuerdos y usar su energía como fuerza espiritual.

Los ojos de Shizuki se agrandaron.

—¡¿Puedo aprender eso?!

—Es por eso que estás aquí. Ayer Silfy me contó que entraste al mundo de estrellas. Al entrar a ese mundo sin colapsar, demostraste que tu espíritu es fuerte. Muy fuerte. Así que voy a enseñarte lo básico… pero ten cuidado, la magia estelar no es como las demás. No es elemental, ni física. Es emocional. Espiritual. Cada hechizo invoca memorias, deseos, voluntades de seres que alguna vez brillaron.

Shizuki apretó los puños, emocionada.

—¡Estoy lista! ¡Quiero intentarlo!

Lyra le pasó un pequeño libro con una estrella grabada en la portada. Al abrirlo, Shizuki vio una serie de círculos de invocación con nombres, fechas, y descripciones de las estrellas.

—Estas son las “constelaciones interiores”. Cada hechizo requiere una emoción pura: valentía, tristeza, ira, compasión. Debes aprender a canalizar una por vez. Si las mezclas o te confundes… la energía colapsará.

—Entendido —dijo Shizuki, tomando una postura teatral de concentración—. ¡Espíritus del cosmos! ¡Prepárense! ¡La elegida de las estrellas ha despertado!

Lyra rió suavemente, acercándose al telescopio.

—Esta “magia” la creó mi maestra hace mucho tiempo, así que prepárate para darlo todo, Shizu.

Shizuki se sentó frente al núcleo, respiró hondo… y la sala se llenó de un suave zumbido estelar.

Lyra se acomodó a su lado y murmuró:

—Y así… comenzamos un nuevo camino hacia el cielo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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