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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 113

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Capítulo 113: Capítulo 113: El Contrato del Forjador

La mañana apenas comenzaba, y el sol aún no se decidía entre ocultarse entre nubes o mostrarse con fuerza. Dentro del laboratorio de la sede Stella, Silfy seguía dormida sobre su escritorio, el cabello desordenado cubriéndole parte del rostro, respirando con tranquilidad mientras una fina luz matinal atravesaba los cristales del techo.

Shizuki, sentada al lado de Lyra, miraba a su compañera con curiosidad y cierta ternura.

—¿Entonces… debo esperar hasta que despierte? —preguntó con voz baja pero curiosa.

Lyra asintió con suavidad.

—Sí. Antes de comenzar a enseñarte más a fondo la magia estelar… quiero que veas el poder de Silfyri. —Miró de reojo a la joven dormida y luego continuó con voz serena—. Ayer me enteré que intentaste convencerla para que luche. Hiciste bien, pero… hay algo que debes saber de ella.

Shizuki ladeó la cabeza, sus ojos se entrecerraron con atención.

—¿Qué es?

—Silfy… es especial. Muy especial. No tiene apellido porque su familia la abandonó cuando era niña. Pero en su interior, nació con algo único. Su energía espiritual no es común. No es solo poderosa… es una condición diferente.

—¿Diferente cómo…? —preguntó Shizuki en voz baja, sus ojos verdes reflejando la luz del laboratorio.

—Existen ciertos casos raros —explicó Lyra— en los que la energía elemental de una persona no se clasifica en ningún tipo. O más raro aún, su espíritu es el que se manifiesta de formas inusuales. Silfy es uno de esos casos. Ella tiene un espíritu estelar innato. Su alma está conectada con el cosmos de forma natural, sin haberlo entrenado. Es como si su existencia misma naciera de una estrella.

Shizuki abrió los ojos, entre fascinada y preocupada.

—¿Entonces por qué no puede luchar?

Lyra guardó silencio por un segundo, luego bajó la mirada.

—Por eso mismo. Su espíritu es demasiado fuerte para su cuerpo. —Señaló con discreción el rostro de Silfy—. ¿Ves esa línea negra que baja desde su frente hasta su pómulo?

—Sí… parece una especie de tatuaje… —murmuró Shizuki.

—No lo es. Cuando entró a la Academia solo tenía una pequeña marca en forma de rayo sobre la frente. Ahora ha bajado más. Cada vez que usa su energía, esa marca se extiende. Si se prolonga demasiado, su espíritu y cuerpo podrían desequilibrarse… y colapsar.

—¡¿Colapsar?! —susurró Shizuki, horrorizada.

—Ella lo sabe. Por eso evita pelear. Pero eso no significa que no quiera ayudar. Silfy es alguien que siente muchísimo, incluso si no lo demuestra. Solo necesita que la entiendan… y que no la fuercen.

Shizuki bajó la mirada, tocando con suavidad su propio anillo oscuro. Observó a Silfy dormir y pensó en lo mucho que no sabía de sus compañeros. “No se puede pelear si uno ni siquiera entiende a los que tiene cerca”, pensó.

—Entonces… cuando despierte, ¿podrá enseñarme sobre la magia estelar?

Lyra sonrió.

—Ambas aprenderán. Y quizás, entonces… tú puedas mostrarle a ella otra forma de luchar.

Mientras tanto…

Kiro caminaba junto a Loo Tupac por los pasillos de piedra oscura que llevaban hacia la zona de la forja de la academia, justo al costado de la sede de Flame of Disaster. Un calor sofocante aumentaba con cada paso, el aire se hacía más denso y pesado.

—Este lugar… está más caluroso que el infierno —bromeó Kiro, abanicándose con su mano.

—No es para débiles —dijo Loo con su típica voz tranquila—. Usamos lava real aquí. Así se mantiene una temperatura ideal.

Kiro se detuvo en seco.

—¿¡Lava real!? ¿¡Eso no es peligroso!?

Loo se encogió de hombros.

—Solo si eres descuidado. Ahora ven, ya casi llegamos.

Pasaron por un par de herreros que golpeaban piezas con martillos energéticos, chispas saltando a cada segundo. El lugar parecía una mezcla entre un taller y un campo de batalla visual.

Finalmente, Loo se detuvo frente a una puerta metálica, oxidada en los bordes, con un símbolo grabado: un yunque ardiendo rodeado de llamas danzantes.

—Aquí está. —Golpeó la puerta con los nudillos—. Hako, te traje a mi “compañero”.

Desde el interior, se oyó el chirrido de metal raspando contra piedra. Segundos después, una voz respondió:

—Ya va.

Loo abrió la puerta se abrió lentamente.

Dentro del taller, rodeado de herramientas, moldes, lingotes y pequeños cristales de energía, había un muchacho afilando una espada con dedicación quirúrgica. Cuando Loo habló, el muchacho levantó la cabeza, se quitó la máscara protectora y se puso de pie.

Su cabello era plateado, aunque las puntas estaban teñidas de un naranja fuego, desordenado pero curioso. Sus ojos marrones, intensos, se clavaron en Kiro con una expresión analítica, como si intentara desarmarlo con la mirada antes de saludarlo.

Kiro dio un paso atrás, sorprendido.

—¿Eres… Hako?

El muchacho asintió.

—Así es. Me llamo Hako Hwyla. —Miró la espada que había estado puliendo—. Y tú eres el famoso chico que va a enfrentar a Inclementer sin nada de equipo. —Esbozó una sonrisa ladeada—. Que buen encargo será esta vez.

Kiro se rascó la nuca.

—¿Gracias?

Loo rió con suavidad.

—Te acostumbrarás a él. Si hay alguien que puede ayudarte a tener una oportunidad con tu equipo… es él.

—¿Qué es todo esto? —preguntó Kiro, mirando alrededor del taller con ojos abiertos de par en par. El aire olía a hierro caliente y aceite. Las herramientas colgaban de los muros como si cada una tuviera alma propia. El sonido lejano de un yunque golpeado daba ritmo al lugar.

Loo cruzó los brazos, relajado.

—Le pedí a Hako que te preparara un encargo especial.

—¿Especial…? —Kiro repitió, volviendo la vista hacia el chico de cabello plateado y puntas color fuego.

Hako se estiró con pereza, dejó a un lado la espada que afilaba y caminó hacia una estantería metálica. —Así que tú eres el chico del emblema Stella. El de los ojos brillantes y las ideas locas. —Sonrió sin disimular la emoción—. Entonces tengo algo justo para ti.

Kiro lo miró curioso mientras Hako rebuscaba entre unos estantes, hasta que sacó una caja forrada con cuero quemado y la colocó sobre el mostrador de trabajo. Loo asintió con la cabeza.

—Ábrela.

Kiro lo hizo sin esperar. Dentro encontró un par de guantes café sin dedos, tejidos con un patrón resistente, pero sorprendentemente ligeros al tacto. Tenían costuras reforzadas en los nudillos con un acabado metálico suave.

—Wow… —Kiro tomó los guantes con ambas manos, casi con reverencia—. Son geniales. Gracias… en serio.

—Póntelos —le indicó Hako, con una sonrisa apenas contenida.

Kiro se los colocó con rapidez, encajaban a la perfección. Sentía que su energía fluía mejor por los brazos, y los nudillos parecían más firmes. Flexionó los dedos.

—No están nada mal, ¿eh? —dijo con entusiasmo.

—¿Nada mal? —repitió Hako, ofendido a medias—. ¿Crees que son solo guantes? Estos funcionan como canalizadores de energía. —Apuntó al borde metálico—. Aumentan la presión al golpear y protegen tus nudillos. Son como un brazalete de combate, pero sin sacrificar movilidad.

Kiro abrió los ojos aún más.

—¿En serio… hacen todo eso?

—Y más —añadió Hako, con modestia forzada.

Kiro bajó la mirada a sus manos, sintiendo cómo la energía comenzaba a fluir con más claridad por los guantes. Su luz interna se encendía como si reconociera la nueva herramienta. Pero aun así, negó con la cabeza.

—Esto es mucho… no puedo aceptarlo así como así.

—Ya está pagado —dijo Loo, con media sonrisa—. No te preocupes. Consideralo un regalo para ayudarte a pelear mejor. Necesitas cada ventaja que puedas obtener.

Kiro bajó la mirada, conmovido.

—Gracias, Loo. De verdad.

Hako cruzó los brazos y apoyó la espalda en la pared.

—Los de Inclementer son una farsa. Van por ahí creyéndose nobles y “elegantes”, pero son los más sucios de toda la Academia.

Kiro levantó una ceja.

—¿También los odias?

—El año pasado intentaron hacernos caer con acusaciones falsas y sabotajes. Al final no fue tan grave, pero… perdimos muchas estrellas. Solo por eso, más les vale que tú les des su merecido.

Kiro apretó el puño derecho con fuerza. Los guantes brillaron suavemente.

—Entonces… lo haré también por ustedes. Por todos los que han sido aplastados por ellos. Ganaremos, lo juro.

—Eso me gusta —dijo Hako, caminando de nuevo al mostrador—. Pero si vas a trabajar con mis creaciones, hay una condición.

—¿Condición?

Hako sacó de uno de los cajones un enorme rollo de papel amarillento. Lo desenrolló sobre el mostrador con un golpazo. En letras grandes se leía:

“Contrato de Exclusividad para Equipamiento Personal: Herrero Hwyla”

Kiro parpadeó. El documento tenía varias cláusulas, desde “promesa de fidelidad en equipamiento” hasta “confidencialidad técnica del diseño”.

—¿Qué… qué es esto?

—Solo una formalidad —dijo Hako, sacando una pluma oscura—. Si vas a usar mis creaciones, quiero la garantía de que seré tu herrero principal. Nada de ir con otros después. Firma aquí.

Kiro lo miró incrédulo y giró la cabeza hacia Loo.

—¿Tú también firmaste esto?

Loo se encogió de hombros.

—No me acuerdo… pero es parte de su ritual con los nuevos. No es vinculante de verdad… creo.

Kiro suspiró, pero con una sonrisa resignada.

—Está bien. Me convencieron. Lo firmaré.

Firmó con la pluma y al terminar, Hako enrolló el contrato como si fuera un trofeo y lo guardó en un cilindro metálico.

—Perfecto. Ahora sí, soy oficialmente tu herrero personal. Tu cara me dice que necesitas algo más todavía.

—Pensaba en algo de armadura ligera. Y un cuchillo de combate, por si acaso.

—Hmm. Me gusta. —Hako anotó con rapidez en un cuaderno de metal—. Te lo tendría listo en un mes.

—¿¡Un mes!?

—Si quieres que lo haga en una semana, tendrá un pequeño costo extra…

—¡Aceptado!

Ambos estrecharon manos con firmeza.

—Entonces dime, ¿quieres algún diseño especial? ¿Rojos ardientes? ¿Luz pura? ¿Estilo ninja?

Kiro rió.

—Haz lo que creas mejor. Confío en ti.

Hako asintió, serio por primera vez.

—No te arrepentirás, socio.

Con los nuevos guantes puestos y el corazón un poco más ligero, Kiro salió del taller con Loo a su lado, la mente enfocada en la guerra que se avecinaba… pero también, con la certeza de que cada vez iría más preparado que nunca.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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